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La probeta Ecuador

Si hubiese que elegir una conclusión entre las varias que pueden extraerse de la crisis ecuatoriana, lo más razonable sería inclinarse por su ejemplaridad.

Económica, en primer lugar. Lo que ocurre en Ecuador era previsible para cualquiera que quisiese verlo, menos para la clase política ecuatoriana y sus asesores argentinos del equipo de Domingo Cavallo, artífice de la convertibilidad rioplatense (ver El precio de la convertibilidadpágs. 1 y 4 a7). "Con una deuda de 16.500 millones, equivalente al 126% de su PBI y un pago de intereses que representa el 35% de ese producto y más de la mitad del presupuesto del país, la situación de Ecuador se parece mucho a una quiebra no declarada"1.

Ahora el vicepresidente de Morgan Stanley, Carlos Janada, declara muy suelto de cuerpo que "habría que haber devaluado hace dos años" y, respecto al futuro, que "si no hay consenso (en la sociedad ecuatoriana), volverán al punto de partida"2. Es decir, a la crisis generalizada. Pero más interesantes que las de este ejecutivo comprometido con intereses distintos de los de la nación ecuatoriana son las conclusiones del prestigioso economista Paul Krugman, quien sostiene que la importancia de lo ocurrido "no tiene mucho que ver con el propio Ecuador (…) sino con el debate acerca de lo que habrá que hacer cuando golpee la próxima gran crisis" (que él da por segura "en algún momento de esta década"). En síntesis, Krugman recuerda que ante una crisis financiera hay dos soluciones posibles: la suspensión temporal de las reglas de juego del mercado, durante la que "los inversores deben ser persuadidos -y si es necesario forzados- a mantener el dinero en su sitio mientras las autoridades controlan la situación (burden sharing)"; u otorgar a los inversores una garantía "de acero", es decir la convertibilidad a la argentina o directamente la dolarización. Krugman concluye que en Ecuador la primera opción fue un fracaso y que la dolarización actual "podría funcionar si va acompañada por profundas reformas internas, lo que vendría a ser algo así como el viejo chiste que dice que se puede matar a alguien mediante brujería, siempre que se le suministre una buena dosis de arsénico"3.

Y aquí tenemos la clave política. ¿Cómo lograr el "consenso" al que aspira el vocero de Morgan Stanley en una sociedad cuya abrumadora mayoría gana el salario mínimo (42 dólares mensuales); que ha soportado una devaluación del 200% antes de la dolarización (con congelamiento de los depósitos bancarios) y que está harta de la corrupción desenfrenada e ineficacia de la clase política? El mundo de los negocios (grandes) no presentará en cambio problemas: la dolarización "será el primer paso para el escenario soñado por los inversionistas: la privatización a gran escala de los bienes y empresas públicas. Allí están los grandes negocios del futuro de este país, puesto que Ecuador no ha privatizado nada". La liquidación de los bienes públicos ecuatorianos supondría "negocios" por unos 30.000 millones de dólares4.

Con el antecedente de Venezuela, no es aventurado imaginar en el futuro mediato de Ecuador un desenlace similar, o un enfrentamiento generalizado. ¿Alguien hubiese dado un centavo hace dos años por el futuro político del encarcelado golpista Hugo Chávez, que hoy goza del apoyo de la mayoría de los venezolanos?5. Es interesante notar que además de un sector militar, el 71% de la población ecuatoriana respaldó el derrocamiento del gobierno, pero el 79% se pronunció por "el orden constitucional". Para entender este aparente contrasentido hay que asumir que las sociedades no se están hartando de la democracia, sino de sus representantes, de sus falsas promesas, de su cinismo, de su deshonestidad. Ya no soportan que se los trate como a criaturas o, peor, como a borregos. Quieren avizorar el porvenir, aunque el presente sea duro. Aspiran a acabar un día con sus desventuras; si no ellos, sus hijos. Desean vivir en un país integrado al mundo pero dueño de sus decisiones; en una sociedad digna. El general ecuatoriano Paco Mocayo declaró, en plena insurrección, que "igual asoma un Chávez"6. Antonio Vargas, el líder de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (CONAIE; 25% de la población; el 65% es mestizo), fue muy claro en sus propósitos. "¿Qué nos ofrece esta democracia formal? Elecciones. Y los electos -que lo son gracias a su dinero y a la TV- nunca cumplen con sus promesas (…) Solicitar la destitución de los tres poderes del Estado no es quizá constitucional, pero esos poderes violan permanentemente la Constitución. La dolarización, por ejemplo, es inconstitucional. Para comenzar, reivindicamos la soberanía…"7.

Sería un grave error subestimar lo ocurrido en Ecuador solo porque es un país pequeño. Venezuela no lo es. El problema que enfrenta hoy la democracia en América Latina no es el desafecto de sus poblaciones, sino el corsé que representa la vía económica elegida por casi todos sus países y los efectos sobre la mayoría de la población. En este número se analiza el laberinto en que se ha metido Argentina con la convertibilidad, sistema a cuyas dificultades hay que sumar la ineficacia del Estado y la altísima y masiva corrupción, dos taras antiguas que el gobierno anterior convirtió en metástasis generalizada. Es cierto que una devaluación sin tino sería irresponsable y gravísima; tanto como continuar en el actual círculo vicioso8. Si todas las maneras posibles de prever o enfrentar una crisis no dan resultado; si el país se ve obligado a vivir bajo el permanente chantaje de la fuga de capitales; si ese condicionamiento impide cualquier corrección política o económica -desde mejorar el desempleo, pasando por impedir la deslocalización de empresas, hasta la inversión en educación e investigación, etc.-; ¿no es el caso de pensar en cambiar el modelo?

Si la clase política ha renunciado a la soberanía y a conducir el país según las aspiraciones de la mayoría para convertirse en simple gestora de intereses internacionales, la realidad acabará por desenmascararla. Más allá del contenido de sus propuestas y posibilidades políticas reales, los indígenas y buena parte de la sociedad de Ecuador acaban de sumarse a quienes ya lo han comprendido.

  1. Angel Jozami, "Ecuador dificulta una solución de consenso a la deuda externa latinoamericana", El País, Madrid, 3-10-99.
  2. Declaraciones a CNN en español, el 25-1-00.
  3. Paul Krugman, "Crisis planners will watch ´dollarized´ Ecuador", International Herald Tribune, París, 20-1-00.
  4. Aníbal del Río, "Una democracia secuestrada", Clarín, Buenos Aires, 24-1-00.
  5. Ignacio Ramonet, "Chavez" y Luis Bilbao, "La revolución pacífica", Le Monde diplomatique, Ed. Cono Sur Nº 4 y 5, octubre y noviembre de 1999, respectivamente.
  6. Entrevista de Juan Jesús Aznarez, El País, Madrid, 22-1-00.
  7. Nicole Bonnet, "Trois questions à Antonio Vargas", Le Monde, 23-1-00.
  8. Hasta los defensores declarados de la convertibilidad aceptan que es un camino sin salida. Ver Jeffrey Sachs, "La gran ilusión"; Julio Sevares, "Más costos que beneficios" y Rodolfo Terragno, "Dolarización es eutanasia", en Clarín, Buenos Aires, 9, 21 y 28-1-00, respectivamente.
Autor/es Carlos Gabetta
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 8 - Febrero 2000
Páginas:3
Temas Militares, Corrupción, Desarrollo, Deuda Externa, Mundialización (Economía), Neoliberalismo, Privatizaciones, Estado (Política), Geopolítica, Políticas Locales
Países Argentina, Ecuador, Venezuela