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Contra "la imagen única"

El cineasta británico Peter Watkins, autor de algunas de las mejores películas políticas de las últimas décadas -particularmente War Game y Punishment Park- acaba de terminar en Francia el rodaje de La Commune, (La Comuna). Fiel a su estilo narrativo, Watkins filma los acontecimientos de la Comuna como si se tratara de una emisión televisiva rodada en directo. Propone una especie de documental viviente, exaltante y trágico, sobre aquellas jornadas de marzo de 1871 en las cuales el pueblo humilde de París emprendiera, por cuarta vez en menos de un siglo, una nueva y radical revolución.

"Hoy en día, un realizador que se niega a someterse a la ideología de la cultura de masas, basada en el desprecio del público, y que no quiere adoptar un montaje frenético hecho de estructuras narrativas simplistas, de violencia, de ruido, de acción incesante, en resumen, que rechaza la forma única, o lo que yo llamo la monoforma, ese realizador no puede filmar en condiciones decentes; es imposible". Quien habla así es Peter Watkins, cineasta inglés nacido en 1937 y uno de los más grandes realizadores vivientes. Aunque filma desde hace más de treinta y cinco años, desde mediados de la década del 70 Watkins enfrenta enormes dificultades para llevar sus proyectos a cabo.

"Son más que dificultades", especifica. "Desde el año 1976, fecha en que fuera producida profesionalmente mi última película, Edward Munch, me es imposible conseguir fondos normalmente, a tal punto que muchos piensan que he muerto". Sin embargo, quienes tuvieron la suerte de ver sus largometrajes iconoclastas, críticos, complejos, rebeldes, no los olvidan tan pronto. Watkins acaba de terminar La Commune (La Comuna), rodada en las afueras de París con más de doscientos actores, muchos no profesionales. La película fue producida esencialmente por 13 Production, una sociedad marsellesa, La Sept-Arte y el Museo de Orsay. El presupuesto total es de poco más de un millón de dólares. Antes de volver a Vilnius (Lituania), donde vive actualmente, el autor de War Game (Juego de Guerra, 1965), Privilège (Privilegio,1967), The Gladiators (Los Gladiadores, 1969) y de Punishment Park (Parque del Castigo, 1970), deja tras de sí un nuevo largometraje sobre la palabra popular, el poder y la oposición. Una película política que apela a lo colectivo, a la reflexión y a la acción.

Un cineasta diferente

Inglaterra descubrió a Watkins en diciembre de 1965. Tenía 28 años y había sido contratado el año anterior por la televisión. La BBC difundía una película sobre la batalla que el 16 de abril de 1746 enfrentó en Culloden a las tropas del escocés Charles Edward Stuart con las del Duque de Cumberland. Lo que podría haber sido tan sólo un documental estrictamente histórico resultó una embestida contra el imperialismo, con una impronta tanto más contemporánea cuanto que su ejecución tampoco tiene nada de clásico: un reportero de la televisión es catapultado en pleno siglo XVIII y se entrevista con los actores de esta batalla.

El año siguiente, en su nueva película The War Game, un brulote pacifista y antinuclear -siempre para la BBC- Watkins denuncia la ausencia de debate sobre el arsenal nuclear y la desinformación. Los detractores de Watkins arremetieron y se prohibió la televisación de la película.

Punishment Park, rodada en 1970 en Estados Unidos, fustiga una América violenta que se burla de los derechos humanos, donde los contestatarios son considerados como "criminales políticos". Una vez más la película saca su fuerza del efecto de realidad que transmite: fue bajada de cartel cuatro días después de su estreno en Nueva York…

Un espectador desprevenido podría creer que con Edward Munch, rodada en 1976, las cosas se arreglarían… Esta notable película entremezcla con precisión lo íntimo y lo social; sigue siendo una de las más inteligentes y más fuertes biografías de artista que jamás se haya filmado. Sin embargo, fue muy mal distribuida y es casi imposible verla. Un destino aún peor le fue reservado a The Journey (El Viaje), película de catorce horas que recoge la palabra de "gente común" entrevistada en doce países entre 1983 y 1986: ningún canal de televisión demostró interés por ella. En cuanto a The Freethinker (El Librepensador), una biografía de August Strindberg y de su mujer, la actriz Siri Von Essen, rodada entre 1992 y 1994, ¿alguien la vio?

Aun cuando declara que La Commune tal vez sea su última película (sólo pudo concretar su proyecto gracias a una "inesperada oportunidad", el acuerdo de Thierry Garrel de La Sept-Arte, y el apoyo convencido de Paul Saadoun, director de 13 Production), Watkins no renuncia. "La televisión le impuso a la sociedad estructuras narrativas totalitarias sin que nadie haya tenido tiempo de reaccionar, debido a su rapidez, su arrogancia y su costado misterioso. Eso es la monoforma: pese a las apariencias, la monoforma es rígida y controlada, ignora las posibilidades sin limites del público, que los medios masivos consideran inmaduro".

Todas las películas de Watkins se dedican a demostrar que lo que está en juego es el control social y el dominio del poder: "Los profesionales de los medios cumplen un papel clave en el mantenimiento de los sistemas autoritarios, así como en la escalada de las violencias físicas, sexuales y morales". La televisión podría haber sido un auténtico medio democrático de comunicación y de interacción. "Pero está en manos de una elite de poderosos magnates, ejecutivos, responsables de programación y productores que disponen de un poder colosal e imponen en todos los ámbitos su ideología mundialista y comercial, cruel y cínica y por supuesto se niegan a compartir este poder. Quieren estar tranquilos para manipular los espíritus… En todos lados surgen entonces las mismas imágenes, la misma negativa a desarrollar una responsabilidad y una relación inteligente con la comunidad", afirma. Para acompañar el pensamiento único, se habría creado entonces la imagen única. Una imagen y una cultura supuestamente "populares", pero que "en realidad son artificiales y no tienen nada que ver con el pueblo". Una cultura para quien el pueblo es un fantasma.

¿Quién es responsable? Sin vacilar, Watkins contesta: la televisión. "Si la televisión hubiese emprendido un rumbo distinto en los años ´60 y "70, la sociedad sería hoy en día mucho más humana y justa, eso es indudable para mí. La cultura de masas que se impuso, vulgar, estrecha y brutal, hecha de simplismo y de voyeurismo, plagada de estereotipos sexistas y chauvinistas, abocada al culto del dinero, debe ser responsabilizada por un sinnúmero de desastres". Para Watkins, La Commune representa una manera de oponerse a la máquina descerebradora. La película empieza con un plano que muestra el sitio de rodaje después de la ultima escena y que informa que la película fue rodada durante trece días en secuencias. Luego los actores se presentan y presentan a su personaje. Estamos a la vez en marzo de 1871 y en la actualidad. "Les pedimos que imaginen el 17 de marzo de 1871", se señala; aparecen los ojos de las cámaras, como en un reportaje. Poco después descubrimos a dos periodistas de un canal de televisión local… El dispositivo de rodaje, el sistema de fabricación y el procedimiento narrativo son explícitos. Durante toda la película el espectador es remitido continuamente a su condición de tal, y en consecuencia a su sentido crítico.

La apuesta de La Commune es filmar en primer lugar ideas y encarnar el pensamiento mostrando los mecanismos de materialización de las ideas; cómo las ideas se convierten en actos. Resulta de ello una película sobre la idea de la Comuna, sobre esa idea siempre viviente, donde se ve el sublevamiento parisino no como un fracaso sino como el inicio de una reflexión, el comienzo de un concepto de solidaridad y de compromiso. Con numerosos paralelos con nuestra época, como el racismo, el lugar y el papel de las mujeres, la distribución de las riquezas, la mundialización, la censura, el fracaso de la escuela…

No hay que ir a ver esta película para encontrarse con protagonistas de entonces como Louise Michel, Jules Valles y demás insurrectos: no es ése el tema. Aunque impulsado por una gran preocupación por la exactitud histórica, el proyecto, al ser proteiforme, es mucho más ambicioso. Es la palabra popular, el nacimiento de esa palabra y la democracia en este comienzo del siglo XXI. También es la difícil elaboración de un discurso y de un procedimiento colectivo, dado que La Commune tampoco es un panegírico del primer poder revolucionario proletario: no se ocultan los tanteos, los errores, las divergencias individuales y los conflictos. Una vez más, es la voluntad de no hacer una película "en sentido único" y de rechazar las habituales fronteras entre el público y los medios masivos, aun cuando, alerta, el realizador confía que "es consciente de no haber sorteado todas las trampas".

El productor Thierry Garrel afirma que "la duración no es un problema cuando el tema lo merece. Estamos dispuestos a modificar la grilla de un horario nocturno…"1. En cuanto a las salas cinematográficas, la película todavía no ha encontrado un distribuidor…2

  1. La Commune se difundirá en Francia por el Canal Arte, el 17-5-00, en su versión integral, de cinco horas y cuarenta minutos.
  2. Sin embargo, se podrá ver La Commune versión cine -dos horas cuarenta minutos- en la sala del Museo de Orsay, en París, en la segunda quincena de marzo, en el marco de actos y de exposiciones sobre la Comuna.
Autor/es Philippe Lafosse
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 9 - Marzo 2000
Páginas:36
Traducción Dominique Guthmann
Temas Cine, Mundialización (Cultura)
Países Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Lituania