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Debates entre mujeres en tierras del islam

Acceso a la educación, sobre todo superior, presencia en el mercado laboral, control de la natalidad: en unas décadas la condición de la mujer se ha transformado profundamente en tierras del islam. Pero cada una de esas conquistas choca con resistencias y cambiar las mentalidades es más difícil que cambiar las leyes. Divididos en corrientes múltiples, laicas, liberales, islámicas, los movimientos de mujeres cuestionan tradiciones ancestrales, reivindican más derechos, releen el Corán y la historia musulmana, a veces en dispersión, otras en asombrosa unidad.

El premio Nobel de la paz que ganó Shirin Ebadi -el primero para una mujer musulmana- atrajo la atención del mundo sobre la lucha de las iraníes por la igualdad de derechos, y puede incluso aparecer como el signo de un progreso notable en Irán. Pero el presidente Mohamed Khatami lo borró de un plumazo, al opinar que ese premio "no es muy importante". Con lo cual agregó otro elemento a la desilusión de los iraníes, ya descontentos con la incapacidad de los reformadores para promover una sociedad más democrática. Por lo demás, las elecciones legislativas del 20 de febrero de 2004 sellaron el fracaso de los siete años de intentos de reforma de la Revolución islámico-teocrática 1.

Marruecos, por su lado, adoptó a comienzos de este año una nueva ley de familia (moudawana). Una reforma que hará época, porque fundamenta jurídicamente la igualdad entre los hombres y las mujeres (ver recuadro, pág. 30). Marruecos es el segundo país árabe-musulmán que da este paso, después de Túnez. Sin embargo, detrás de una fachada de apertura, el rey Mohamed VI, en el trono desde 1999, ejerce un poder absoluto y, exceptuando esta ley sobre la familia, los avances democráticos son limitados.

La actitud de la población marroquí se parece a la que se encuentra en Irán, despolitizada y desengañada con respecto al poder. Pero no es el único punto en común. Igual que Irán, Marruecos es un Estado islámico. El rey es al mismo tiempo jefe de Estado y jefe religioso, "comendador de los creyentes" (Amir al-Mouminin). La observación de los ritos islámicos es obligatoria para las musulmanas, aun cuando el año pasado las refractarias al ramadán fueron exoneradas de multas y sólo recibieron advertencias. El país sigue siendo profundamente conservador, con las tradiciones y el islam reforzándose mutuamente.

Tanto en Irán como en Marruecos los progresos se han producido dentro del marco islámico: a través del ijtihad (estudio individual de las fuentes religiosas) y del tafsir (exégesis del Corán). Y en ambos países las mujeres cumplieron roles activos. Se definen como militantes de los derechos de las mujeres: la mayoría de ellas, sobre todo en Marruecos, rechaza el término de "feministas", que juzgan demasiado restringido y referido a una época y un espacio que no son los suyos; estas mujeres representan un amplio abanico que va del islamismo al laicismo, otra palabra que incomoda a muchas de ellas en los dos países.

La reforma de la ley marroquí sobre la familia es fruto de un largo proceso, impulsado principalmente por el rey y por un movimiento de mujeres muy vigoroso, desarrollado en el marco de la sharia (ley islámica). Las mujeres disponen ahora de un estatuto legal idéntico al de los hombres; tienen derecho a iniciar un juicio de divorcio, comparten los derechos en el seno de la familia y ya no están bajo la tutela de un hombre de la familia (padre, hermano o marido); son libres e independientes. Pero han tenido que aceptar compromisos. Por ejemplo, no se pudo abolir la poligamia, claramente autorizada por el Corán, aun cuando su práctica se ha vuelto casi imposible.

De todas maneras, la traducción de los principios de la reforma en textos legales resultó tumultuosa. El primer ministro socialista Abderrahman Youssoufi había propuesto en 1999 un proyecto anterior de reforma, el "Plan para la integración de las mujeres al desarrollo", presentado al Banco Mundial, lo que suscitó las críticas del ministro de Asuntos Islámicos, Abdelkebir Alaui M'Dghari. Finalmente, el debate se hizo público, el gobierno retrocedió y se formaron dos bandos: las militantes de los derechos de la mujer, que se reunieron para crear la Primavera de la Igualdad y, enfrente, los islamitas y sus aliados conservadores.

El 12 de marzo de 2000, en Rabat, cerca del Día Internacional de la Mujer, manifestaciones de apoyo a este Plan reunieron entre 100.000 y 200.000 personas, con la participación de grupos de mujeres, movimientos por los derechos humanos y partidos políticos (y, por lo menos, seis ministros en ejercicio). Algunos reclamaban una reforma todavía más audaz. Pero en Casablanca una contramanifestación islamita que denunciaba el Plan como pro-occidental y anti-musulmán movilizó una multitud claramente más numerosa.

El rey nombró entonces una comisión de quince miembros para revisar el Plan y hacerlo compatible con la ley islámica. Entre las tres mujeres de la comisión estaba Nouzha Guessous, de 50 años, profesora de la Facultad de medicina y farmacia en Casablanca, miembro fundadora de la Organización Marroquí por los Derechos Humanos (OMDH), que no pertenece a ningún partido político. Ella se declara feminista, "pero -precisa- en sentido amplio: inscribo mi actuación en lo universal y no creo que eso esté en contradicción con los principios fundamentales del islam". En su opinión, la denuncia del carácter supuestamente anti-musulmán del Plan obligó a "los intelectuales marroquíes y a las organizaciones de mujeres a elaborar una argumentación muy sólida, basándose en referencias musulmanas, para probar que sus propuestas no eran dictadas por los organismos internacionales o las culturas occidentales, sino que también estaban bien ancladas en nuestro patrimonio árabe-musulmán. En mi opinión, éste es el cambio táctico más importante en la lucha de las mujeres". La lectura del discurso en que el rey anunció la reforma es edificante: cada una de las reformas está legitimada mediante una referencia al Corán y a las tradiciones proféticas, aun cuando el contenido de los cambios es exactamente igual al proyecto del año 2000.

La ley contra las costumbres

De alguna manera, los cinco atentados suicidas que el 16 de mayo de 2003 mataron a 45 personas en Casablanca aceleraron las decisiones. En efecto, este acontecimiento sin precedentes traumatizó profundamente a la población. Aunque los terroristas pertenecían a la yihad salafista, vinculada con Al-Qaeda, muchos marroquíes atribuyen la responsabilidad de estos atentados al movimiento islámico local, cuya delegación parlamentaria es el Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD). Por lo cual este partido se apresuró a aprobar el proyecto revisado. 

Como explica Guessous, "los acontecimientos del 16 de mayo repercutieron como una campana de alarma ante el riesgo de desviaciones extremistas; y obligaron a todos a tomar posiciones, incluso al Estado marroquí, que lo hizo al afirmar solemnemente que Marruecos no volvería atrás en la construcción de un Estado democrático, abierto y tolerante. Estos acontecimientos mostraron que el poder debía tomar en cuenta la situación general del país, especialmente en el plano socioeconómico. También reforzaron la necesidad de mostrar que estamos en conformidad con los principios del islam".

El politólogo marroquí Mohamed Tozy califica a esta reforma del código de familia como revolucionaria. Pero, en su opinión, debiera ir acompañada de un esfuerzo educativo y de cambios sociales. Cosa que confirma Leila Rhiwi, profesora de comunicación en la Universidad de Rabat y coordinadora de la Primavera de la Igualdad, al formular una inquietud muy difundida en el país: "Esta ley tiene una importancia capital; pone a la igualdad en el lugar de la sumisión. Pero temo que en la práctica, ante muchos tribunales de Marruecos, no se la aplique. Le hemos dejado mucha libertad a los magistrados. Queda mucho por hacer". Y agrega: "Yo soy musulmana desde el punto de vista del aporte cultural del islam, pero me inscribo en el registro del laicismo. No me niego a que me califiquen como ‘feminista laica'. Hemos comenzado a hablar de laicismo al mismo tiempo que de democracia, sobre todo después del 16 de mayo..."

Khadija Touissi, de 40 años, consultora en administración y secretaria general de una organización de derechos humanos, el Foro Verdad y Justicia, se declara feminista y completamente laica. También ella teme que "los jueces y los magistrados no pongan en práctica la nueva reforma; son todos hombres y sólo conocen la discriminación".

¿Qué piensan las propias mujeres islamitas, como Nadia Yassin, portavoz de Jama'a al-Adl wal-Ishan (Justicia y Caridad), cuyo padre,  Ahmed Yassin, de 76 años y fundador del movimiento 2, escribió en un libro titulado La Révolution à l'heure de l'Islam que se trataba de "islamizar la modernidad y no de modernizar el islam"? Nadia Yassin se considera "militante social neo-sufista" y rechaza el término feminista, "demasiado revanchista" para su gusto. Admite que la decisión de manifestar en el año 2000 contra la reforma constituyó "un error táctico. Era un gesto político, destinado a mostrar la fuerza de los islamitas. Pero también nos oponíamos a la reforma porque había surgido de la Conferencia de Pekín 3 que nos fue impuesta por el mundo exterior. Tal vez nuestra sociedad esté enferma, pero debemos encontrar nuestros propios remedios. Las mujeres occidentales no tenían ningún derecho antes de pelear por ellos. Entre nosotros, las cosas ocurrieron a la inversa: fuimos privadas de nuestros derechos poco a poco".

Pero, sobre todo, cree que "nuestro mundo es espiritual por naturaleza. Para nosotros, los derechos de las mujeres incluyen tres polos: los hombres, las mujeres y Dios. Nosotras leemos y releemos los textos sagrados: la condición de las mujeres se estropeó en nuestra sociedad hacia la época del califa Mou'awiya 4, cuando se volvieron esclavas. Reivindicamos nuevos derechos, pero lo hacemos para lograr una mejor armonía entre todos los miembros de la familia. Los derechos de las mujeres pueden volverse perjudiciales y conducir al estallido de la familia, cosa que hay que evitar". Y critica las insuficiencias de la reforma: "La nueva ley debería ir mucho más lejos y dar a las mujeres el derecho a decidir por sí mismas en qué condiciones aceptan la poligamia y el repudio. Y no toca en absoluto la cuestión de la herencia de las mujeres".

Su movimiento, Al-Adl wal-Ihsan, ejerce una verdadera influencia, especialmente en las ciudades y en las universidades 5: tiene algo de holístico, puesto que propaga la esperanza de cambio en todos los niveles, espiritual, político y cultural. Cuestiona el statu quo del rey y extrae su legitimidad de un verdadero apoyo popular. Al negarse a transigir con sus principios, queda fuera del sistema político. La mayoría de sus partidarios votan al PJD, partido religioso conservador que atrae a los marroquíes cuidadosos de la tradición. Según Hakima Mukatry, una responsable de al-Adl wal-Ihsan en Rabat, "nuestras ideas son muy diferentes de las del PJD. Ellos aceptan el juego político, nosotras no".

Muchas mujeres que sufrieron la vieja moudawana se sienten atraídas por Al-Adl wal-ihsan, como Najia Rahman, de 44 años, que viene de Oujda, en el este del país, donde era una rebelde: se negaba a cubrirse la cabeza y a orar. Sin embargo, se casó. Lo que empeoró las cosas. Después de años de malos tratos, dedicados únicamente a los niños y al trabajo, encontró los escritos de Ahmed Yassin: "Y me dije, esto es nuevo; no es como Hassan al-Banna o Sayyid Qotb 6. De pronto sentí que algo se disparaba en mí y adherí. Hace ya 18 años. Los militantes me alentaron a divorciarme, a retomar mi carrera, pero sobre todo a reflexionar. En estos momentos estoy terminando mi doctorado en psicología". ¿La Ley de familia? "No me va a ayudar a cobrar mi pensión alimentaria. El problema no es la ley: son las mentalidades, la corrupción y la ausencia de educación de las personas que forman los tribunales de primera instancia."

Reunidos en una casa particular de Casablanca, los miembros del movimiento intercambian libremente sus puntos de vista sobre todos los temas, en presencia de una o dos mujeres (Al-Adl wal-Ihsan está a favor del carácter mixto de las actividades) y bajo la presidencia de Nadia Yassin. Según ellos, hay que "desacralizar la historia musulmana, reinterpretarla, cambiar a la gente reeducándola de A a Z". Dicen estar "dispuestos a entrar en el juego político, pero sólo si no es falso, lo que el palacio es incapaz de garantizar. Y no queremos sólo una reforma electoral sino una verdadera reforma constitucional. El palacio sabe que nosotros cuestionamos su legitimidad. Pero también cuestionamos los privilegios del movimiento de mujeres laicas, que son elites fracófonas". De modo que las mujeres marroquíes están divididas en dos campos monolíticos que se detestan y no se encuentran casi nunca.

Irán, sin cambios profundos

En Irán la situación se presenta de manera totalmente diferente y las alianzas son sorprendentes 7. Las militantes se definen en una cantidad asombrosa de categorías: desde tradicionales a modernas, de islamitas a laicas, de conservadoras a izquierdistas, pasando por el centro liberal, con infinitas variantes. Sin embargo, muchas militantes se identifican, al menos al inicio, con el movimiento reformista conducido por Mohamed Khatami, con su discurso sobre la sociedad civil, la libertad de expresión y la importancia del derecho, ante la fuerte oposición, a veces violenta, de los "duros de pelar" de la teocracia conservadora. En realidad, las mujeres y sus reivindicaciones de igualdad son una de las claves del movimiento a favor de las reformas democráticas.

Sus éxitos son muy modestos. Especialmente porque las leyes votadas por el Parlamento pueden ser anuladas por el Consejo de los Guardianes, que tiene derecho de veto. Así, por ejemplo, desde el 29 de noviembre de 2003 las madres iraníes divorciadas tienen la posibilidad de conservar la custodia de sus hijos varones hasta la edad de siete años (antes era hasta los dos años). Ya tenían la custodia de las hijas hasta los siete años, gracias a los esfuerzos encarnizados de Shirin Ebadi, que en 1997 atrajo la atención sobre esta cuestión, al defender a la madre divorciada de una niña de seis años, Aryan, que murió por los malos tratos infligidos por la suegra y el hermano de ésta en la casa del padre. Después de dos décadas de negativas, esta pequeña modificación apareció como un avance considerable.

En junio de 2002, al término de un proceso muy largo, la edad mínima para casarse pasó a ser de trece años para las niñas y de quince para los varones. Un compromiso, ya que la ley votada por el Parlamento, en agosto de 2000, preconizaba respectivamente los quince y los dieciocho años.

Sin embargo, desde 2001 cualquier mujer mayor de dieciocho años tiene derecho a desplazarse al extranjero sin autorización, salvo si está casada; en ese caso necesita el permiso del marido 8. Pero otras leyes que el Parlamento votó desde el año 2000 (en ocasión de la sexta majilis) quedaron invalidadas: la reforma de las leyes sobre la prensa y el divorcio, la prohibición de la tortura en las cárceles, la adhesión al Convenio sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra las Mujeres (Cedaw). Lo esencial se mantiene sin cambios: todavía hoy la vida de una mujer sigue valiendo menos que la de un hombre. Así, el "precio de la sangre" (la compensación pagada en caso de accidente o de muerte) sigue siendo la mitad de lo que se paga por un hombre (de la misma manera que un adepto a una religión minoritaria sólo vale la mitad que un musulmán).

Y luego está la cuestión del hidjab, el código de vestimenta de rigor para un musulmán (cuya transgresión puede acarrear hasta 74 latigazos). Después de años de silencio, bajo el gobierno de Khatami, los religiosos reformadores plantearon esa cuestión en diversas publicaciones; el más conocido de ellos es el ex ministro del Interior, Abdollah Nuri. Por haber explicado que la sharia obliga a la mujer creyente a cubrirse la cabeza y el cuerpo, pero no dice nada sobre las no creyentes, fue enviado a prisión por cinco años 9.

Laicismo y feminismo

Los nuevos debates se tornan públicos gracias a la revista mensual Zanan (Mujeres), fundada en 1992 por Shahla Sherkat, que logró celebridad gracias a un feminismo comprometido que no se aparta demasiado del islam. Zanan representa por lejos la tirada más importante de la prensa femenina, llegando a 40.000 ejemplares; su competidora más seria sólo vende unos 5.000 ejemplares. "Cuando lancé Zanan -cuenta Shahla Sherkat- simplemente quería hacer algo útil con mis diez años de experiencia en los problemas de las mujeres. Fue necesaria una buena dosis de coraje. La palabra ‘feminista' era una injuria. Yo no quería pasar por una partidaria del feminismo, simplemente quería debatir sobre ello. El feminismo aquí es un fenómeno completamente nuevo, que puede alentar a las mujeres a protestar juntas contra la desigualdad de los sexos. Por eso me niego a agregarle cualquier adjetivo, como ‘islámico' o ‘laico'. No me preocupo por las etiquetas. Simplemente soy feminista."

Durante un coloquio en Berlín, en 2000, Shahla Sherkat cuestionó públicamente las reglas de la hidjab. Otros reformadores conocidos participaron y todos fueron condenados: Shahla Sherkat recibió seis meses de prisión en suspenso. Shahla Lahiji, militante de derechos humanos y directora desde hace veinte años de las ediciones Roshangran (premiadas por PEN International en Estados Unidos y por Pandora Prize en el Reino Unido) se ganó cuatro años y medio firmes (pena que fue reducida luego a seis meses) por haber hablado de la censura.

"La cuestión de las mujeres es todavía muy delicada -explica Shahla Lahiji-. La expresión ‘feminista islámica' plantea problemas: la gente cree que te sientes superior a los hombres y que te paseas desnuda. El problema es que la religión se ha inmiscuido en la vida privada: necesitamos separar la religión del Estado. Ellos (los mollahs) quieren agravar la segregación, con parques públicos y ómnibus reservados a las mujeres, etc. Cuando lo que realmente necesitamos es educar a los hombres." Lahiji tiene prohibido hablar en público. Como todo el mundo en Irán, acepta la norma. Lleva el hidjab "porque es la ley. Aunque no me gusta lo que hay detrás, a saber: ‘ustedes las mujeres son el corazón del pecado'".

Pero su carácter no se ha agriado. Por el contrario, rebosa esperanza al evocar los efectos de la guerra contra Irak en los años 1980: "Las mujeres se volvieron jefas de familia y eso las llenó de confianza. Era el comienzo. Hoy, la nueva generación hace cosas sorprendentes. Hay tantos talentos entre nosotras. ¡Miren el cine! No hay muchos papeles femeninos, no puede haber contacto físico entre los sexos, ¡pero vean cuántos realizadores de primer nivel son mujeres! Y todas las que hay diplomadas: chicas sentadas en los bancos de las facultades que estudian matemáticas o tecnologías de la información. El año pasado, más del 62% de los estudiantes de primer año eran mujeres. Con todos los límites que nos imponen, es simplemente magia".

Noushin Ahmadi Khorasani, de 35 años, es otra personalidad abierta y laica. Publica una revista trimestral, Fasi Zanan (La temporada de las mujeres), y milita por los derechos humanos. Dirige, conjuntamente con Parvin Ardalan, el Centro Cultural de las Mujeres, donde montan espectáculos públicos desde 1999, a pesar del considerable acoso oficial de que son objeto. Han logrado crear una organización no gubernamental, lo que les llevó dos años, ya que no tienen ninguna de las ventajas o financiamientos de que gozan las asociaciones no laicas. Ahmadi Khorasani y Ardalan se dicen abiertamente feministas: "Y somos laicas. Pero no tenemos necesidad de decirlo, porque en Irán eso está implícito en la expresión ‘derechos humanos', que sobreentiende la separación entre la religión y el Estado. Hasta hace dos años, la palabra feminista era también sinónimo de laico. Ni siquiera Shirin Ebadi se decía feminista en esa época".

Por su parte Azam Taleqani, directora de la revista reformista Payam-e-Hajer (El Mensaje de Hajer), actualmente prohibida, es una militante de la vieja escuela, inscripta en la corriente nacional-religiosa. Esta hija de un célebre ayatollah, envejecida y enferma, sigue siendo muy respetada. "Los hombres deberían volver a evaluar la situación de las mujeres, pero yo me preocupo por el conjunto de la sociedad, no sólo por la mujeres." A pesar de sus problemas de salud se presentó como candidata en la última elección presidencial, "para probar a la Constitución: no hay ninguna razón para que una mujer no pueda presentarse". Durante el verano de 2003 protestó sola, todo el día bajo un calor aplastante, contra el asesinato en la cárcel, el 12 de julio, de la periodista iraní-canadiense Zahara Kazami, detenida por haber fotografiado la prisión de Evin. ¿Cómo se define esta mujer indomable? Sonríe: "Si lo supiera, sería más eficaz. Espero saberlo antes de morir".

Mahboubeh Ommi Abbasqolizadeh, de 44 años, dirige desde 1993 la revista trimestral Farzaneh (Sensata), primera revista iraní dedicada a los estudios feministas (women's studies). Dirige también varias organizaciones, algunas gubernamentales. Su éxito, se dice, viene del hecho de que ha sabido mantenerse cerca del establishment islámico. Cuenta así su itinerario: "Yo era islamita en la época de la Revolución. Luego, en los años 1980, estudié en Egipto, incluso las cuestiones de género. Me volví feminista islamita, lo que significa militar a favor de progresos mucho más importantes por medio de lo que llamamos la ‘yihad dinámica'. Pero hoy he vuelto a cambiar, me defino como feminista musulmana y me apoyo en el movimiento de los intelectuales religiosos".

Entre los intelectuales religiosos 10, una de las personalidades más respetadas es Hamidreza Jalaeipour, profesor de sociología de la universidad de Teherán, que dice: "Yo soy musulmán, pero no islamita. No creo en el islam como ideología. Nosotros, los intelectuales religiosos, creemos en un ‘laicismo objetivo', en la separación de la religión y del Estado como instituciones pero no en términos culturales". Según él, "Irán ha pasado por una fase fundamentalista, pero muchos de nosotros nos hemos vuelto ‘pos-fundamentalistas' y bregamos por un islam mínimo". ¿Cuál podría ser un ejemplo de "laicismo objetivo"? "Tal vez Turquía, bajo el actual gobierno del Partido de Justicia y Desarrollo, es el país que más se acerca a eso."

Mahboubeh Abbasqolizadeh observa: "Como no tenemos el laicismo, éste representa para nosotros la democracia. Creo que es posible reconciliar islam y democracia. La dificultad surge cuando se trata de aplicar este principio a las mujeres. Es una idea muy nueva".

Mujeres como Shirin Ebadi tienen un papel importante a cumplir. En su modesta vivienda de Teherán, con un pañuelo azul brillante sobre su cabeza, esta abogada de 56 años, militante de los derechos de las mujeres y de los niños, sigue creyendo que la reforma y el islam son compatibles. "En todo caso, la Constitución preconiza su propia revisión si la necesidad se hace sentir. Prevé un procedimiento de referéndum con posibilidad de modificar la ley. Entonces, las reformas no son imposibles." En lo que se refiere a las mujeres afirma: "El movimiento de las mujeres está cada día mejor organizado y es más solidario. Las mujeres iraníes son suficientemente instruidas, no tienen necesidad de jefes. Son unidas, valientes y conscientes. Y seguirán peleando por la igualdad de derechos".

Shirin Ebadi se dice musulmana. Como Nouzha Guessous en Marruecos, sabe que hay que encontrar un terreno de entendimiento donde el islam pueda coexistir con los derechos universales y la democracia.

  1. En efecto, el Consejo de los Guardianes de la Revolución descalificó a 2.500 candidatos reformistas. Otros se retiraron. De todas maneras, los reformistas que habían ganado el 70% de las bancas en 2000 sólo sumaron ahora 43 bancas sobre 289, aunque todavía faltan asignar en la segunda vuelta 64 bancas pretendidas por 128 candidatos. La participación en la votación sólo fue del 28% en Teherán y del 50,6% en el conjunto del país. Véase Bernard Hourcade, "El despertar de Irán", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, febrero 2004.
  2. Asesinado el 22 de marzo último en un ataque israelí, véase en esta edición "El campo de la muerte", pág 7.
  3. La Conferencia Internacional sobre los derechos de las mujeres, organizada por la Organización de Naciones Unidas, que se desarrolló en Pekín en 1995.
  4. Primer califa de la dinastía de los ommeyades (657-680).
  5. Nadia Yassin afirma que el movimiento cuenta con cientos de miles de simpatizantes, mientras que el islamólogo marroquí Mohamed Tozy los ubica entre diez y veinte mil.
  6. Respectivamente, fundador de los Hermanos Musulmanes en 1928 y uno de sus teóricos, que sería ejecutado por Nasser en 1965.
  7. Véase especialmente Azadeh Kian, "Des femmes iraniennes contre le clergé", Le Monde diplomatique, noviembre 1996.
  8. En los años 1980-1990 se introdujeron algunas reformas: las mujeres fueron autorizadas a estudiar algunos temas que antes tenían prohibidos; el acceso a la planificación familiar y a la contracepción se volvieron libres, se modificaron las leyes sobre el divorcio y hubo mujeres nombradas como magistradas consultivas (Ebadi había perdido su puesto de magistrada en 1979).
  9. Véase Ziba Mir-Hosseini, "The Conservative-Reformist Conflict over Women's Rights in Islam", International Journal of Politics, Culture and Society, Nº 16, Boston, otoño de 2002; "Debating Women: Gender and the Public Sphere in Post-Revolutionnary Iran", en Amyn Sajoo (ed.), Civil Society in Comparative Muslim Contexts, I. B. Tauris & Institute of Ismaili Studies, Londres, 2002; Islam and Gender: the Religious Debate in Contemporary fran, Princeton University Press, 1999; y I. B. Tauris, Londres, 2000.
  10. Entre quienes también se cuentan Abdolkarim Sorush y Alireza Alavitabar.

El nuevo código de familia en Marruecos (moudawana)

Ha adoptado varios principios:

La igualdad
  • Marido y mujer comparten de manera conjunta las responsabilidades familiares.
  • La esposa ya no tiene obligación legal de obedecer a su marido.
  • Las mujeres adultas son enteramente responsables de ellas mismas, y ya no están bajo la tutela del hombre de la familia (padre, hermano o marido); son libres e independientes.
  • La edad mínima para casarse se ha llevado a 18 años para los hombres y para las mujeres.
  • El divorcio
  • Se reconoce tanto al hombre como a la mujer el derecho a divorciarse, bajo la responsabilidad del juez.
  • Se reconoce el principio del divorcio por consentimiento mutuo.
La poligamia
  • La poligamia debe ser autorizada por el juez, según criterios legales muy estrictos. Esto hace que en la práctica sea casi imposible.
  • La mujer puede imponer en el contrato matrimonial una cláusula que impida al marido tomar otras mujeres.
  • Si no se ha establecido con anterioridad ninguna cláusula, la primera mujer debe ser informada de la intención de su marido de volver a casarse; la segunda mujer también debe ser informada del primer matrimonio; finalmente, la primera mujer puede solicitar el divorcio.
Derechos de los niños
  • Las mujeres tienen la posibilidad de conservar la custodia de sus hijos, aun cuando se casen de nuevo o se muden fuera de la región donde vive el ex marido.
  • Un niño puede ser reconocido por su padre, aun cuando el matrimonio no esté registrado oficialmente.


Autor/es Wendy Kristianasen
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 58 - Abril 2004
Páginas:28,29,30
Traducción Lucía Vera
Temas Sexismo, Discriminación, Derechos Humanos, Islamismo
Países Marruecos, Irán