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El sudeste europeo, bajo dominio de la OTAN

La intervención de la OTAN en Kosovo habría respondido a intereses estrátegicos más importantes que la protección de las minorías y los derechos humanos. La necesidad de debilitar la influencia rusa y de ocupar un enclave estrátegico en el sudeste europeo y a las puertas de Asia precipitaron la participación estadounidense. Hoy se verifica que la guerra de Kosovo y la posterior intervención produjeron consecuencias contrarias a las esperadas. Ante los representantes civiles y militares de las fuerzas internacionales, el proceso de segregación étnica continúa (ver recuadro). La reconstrucción de la provincia parece muy lejana.

Nadie lo pone en duda: la guerra de Kosovo fue producto de la dislocación de Yugoslavia. Pero los acontecimientos posteriores mostraron que ese conflicto buscaba también imponer un nuevo orden estratégico en todo el sudeste de Europa. Es difícil establecer, desde su origen, los objetivos estratégicos perseguidos por Estados Unidos. Al principio, predominaba el deseo de mantener la unidad de Yugoslavia, expresado en una carta que el presidente estadounidense George Bush envió en 1991 al primer ministro yugoslavo, Ante Markovic. Ese deseo era compartido por los otros vencedores de la segunda guerra mundial (Rusia, Reino Unido y Francia). En una segunda etapa se hizo sentir la influencia preponderante de la política alemana: Bonn, en efecto, tomó partido inmediatamente por el desmantelamiento de la antigua Federación Yugoslava y por el reconocimiento de los Estados que se escindían, en sus límites internos.

Ahí yace el origen de todas las tragedias ulteriores: era evidente que una gran parte de la población yugoslava -los serbios de Croacia, los croatas y serbios de Bosnia- no aceptaría esa modificación. Se agregó luego la influencia del Vaticano, que deseaba la emergencia de dos nuevos Estados católicos: Croacia y Eslovenia. Y, por último, influyó la acción de un lobby croata, muy activo, en el mundo político de Estados Unidos.

Pero, sobre todo, Washington quiso defender ostensiblemente la causa de la comunidad musulmana de Bosnia y, luego, la existencia de un Estado musulmán bosnio. Se trataba de demostrar que Estados Unidos podía ser favorable a los países de predominio islámico, al tiempo que se oponía a varios Estados musulmanes, como Libia, Sudán, Irak o Irán. Durante la crisis fue creciendo además una preocupación esencial: alejar de esa parte de Europa cualquier influencia de Rusia, para evitar que tornara a tener un papel importante en ese continente.

Ocurre que la lógica de la pulseada había llevado a la Yugoslavia de entonces -es decir, en la práctica, a la dirección serbia- a buscar el apoyo de Moscú. Eso no coincidía con la tendencia original del Kremlin, pues contrariamente a lo que suele creerse, ésta no resultaba de una tradición histórica inquebrantable. Esa tradición -en la medida en que existió- siempre llevó a Rusia a brindar su apoyo a Bulgaria antes que a cualquier otra nación balcánica.

Esa no era tampoco la tendencia natural de Belgrado. Durante un tiempo, cuando la economía yugoslava iniciaba la "transición", el presidente Slobodan Milosevic fue uno de los interlocutores más cooperativos del Fondo Monetario Internacional, o sea, indirectamente, de los gobiernos occidentales1. Luego, para obtener la indulgencia, si no el apoyo, de los países desarrollados, la dirección serbia promovió al puesto de presidente de la Federación Yugoslava al escritor Dobritsa Tchossic, figura emblemática por su resistencia al totalitarismo. Más tarde, para ocupar el cargo de Primer Ministro, recurrió a Milan Panic, un hombre de negocios estadounidense que regresó a Belgrado para esa ocasión.

La estrategia como principio

Pero de nada sirvió: en cuanto los países europeos (instigados fundamentalmente por Alemania), se inclinaron junto con Estados Unidos a favor de las repúblicas que se habían separado de la antigua Federación, el gobierno de Belgrado no tuvo más remedio que apoyarse únicamente en Moscú. Así, para alejar a Rusia de la región e impedir que recuperara su influencia sobre la misma, Washington se convirtió en enemigo de los serbios. En este caso como en cualquier otro, la dialéctica de los conflictos prevaleció sobre las intenciones iniciales de los protagonistas y sobre todos los cálculos previos.

Los verdaderos objetivos de la política estadounidense y la voluntad de Washington de establecer en los Balcanes un nuevo orden estratégico, aparecieron luego de la firma del acuerdo de Dayton, en noviembre de 1995. Su aplicación -de respetarse la letra- hubiera permitido aplacar la crisis de manera durable: el tratado preveía explícitamente el establecimiento de vínculos particulares entre la República Serbia de Bosnia y lo que quedaba de Yugoslavia, al igual que entre la parte croata y la propia Croacia, de manera que se hubieran podido mantener relaciones flexibles entre todos los territorios en cuestión. Ahora bien, en ningún momento se tomó esa dirección. Y las sanciones contra Yugoslavia, que debían ser levantadas, fueron sin embargo mantenidas en lo esencial.

Los objetivos estratégicos de Estados Unidos y la voluntad de apartar a Rusia se vieron confirmados durante la guerra de Kosovo, desatada por la OTAN sin el aval de las Naciones Unidas ni de Rusia2. Pero las primeras acciones de la guerra -que, según los expertos occidentales, provocarían la casi inmediata capitulación yugoslava- causaron una crisis de confianza en el campo atlántico, en particular entre los responsables estadounidenses. El clima taciturno que reinó en la ceremonia del cincuentenario de la OTAN, fue una muestra de ello. La declaración final de esa reunión reconoció incluso el papel que el Consejo de Seguridad de la ONU debía jugar en la crisis, e incluía esta reveladora afirmación: "Rusia tiene particular responsabilidad en las Naciones Unidas y un papel importante a desarrollar en la búsqueda de una solución al conflicto de Kosovo."

En la práctica, sin embargo, se hizo todo lo posible para impedir que Rusia pudiera intervenir en el terreno e influir en la solución de la crisis. Cuando un batallón ligero de infantería rusa venido de Bosnia llegó de manera sorpresiva al aeropuerto de Pristina, el 12-6-99, se hizo todo lo necesario para que no fuera reforzado. Inmediatamente, la diplomacia estadounidense se movilizó ante el gobierno rumano y el búlgaro y obtuvo de ambos que prohibiesen a Rusia la utilización de su espacio aéreo y el sobrevuelo de su territorio.

Esa iniciativa fue a la vez decisiva y significativa, pues logró bloquear la presencia militar rusa en Kosovo en su más bajo nivel y, además, mostró que Rumania y -en cierta medida- Bulgaria, ya se comportaban como si fueran miembros de la OTAN. La actitud de sus gobiernos fue aún más notoria, teniendo en cuenta que la opinión pública de ambos países era -según los sondeos- muy favorable a Yugoslavia y muy hostil a los bombardeos de la OTAN.

La inesperada prolongación de la guerra de Kosovo permitió a la diplomacia rusa poner en marcha una mediación que logró, el 9-6-99, la firma del acuerdo de Kumanovo, en la frontera macedonia. Al contrario de las propuestas presentadas en las reuniones de Rambouillet (Francia), este acuerdo preveía la ocupación de Kosovo por fuerzas de la ONU, en las cuales la OTAN sólo tendría una parte "sustancial", lo que permitía prever una participación rusa.

La reacción estadounidense a ese acuerdo, firmado también por los gobiernos occidentales, fue reveladora. En Bruselas, el estado mayor de la OTAN anunció inmediatamente la designación del general británico Michael Jackson al mando de las fuerzas de ocupación y la repartición del control de Kosovo en cinco zonas, respectivamente atribuidas a cinco países de la OTAN: Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Italia y Francia. Así les fue notificado a los representantes yugoslavos cuando tomaron contacto con los de la OTAN. Se recuerda que entonces Rusia reaccionó enérgicamente, enviando a su agregado militar en Belgrado para declarar que las disposiciones previstas no eran de ninguna manera conformes a la letra y al espíritu del acuerdo del 9-6-99. Ello dio lugar a una negociación suplementaria, desarrollada en Moscú y en Colonia (Alemania), que concluyó con la integración del contingente ruso en una de las zonas occidentales.

Sin embargo, desde ese momento los dirigentes occidentales, en particular los estadounidenses, se tomarían numerosas libertades con la letra y el espíritu de los acuerdos. Estos mencionaban los "principios de soberanía y de integridad territoriales de la República Federal de Yugoslavia": pero nada de eso subsistía, dado que las autoridades establecidas en virtud de esos tratados, con el apoyo sobre el terreno de la OTAN, generaban de manera autónoma y sin el menor contacto con Belgrado una nueva legislación que distinguía radicalmente a Kosovo del resto de Yugoslavia, incluido un nuevo código de justicia y la adopción del marco alemán como única moneda de circulación en el territorio. Por otra parte, mientras que los acuerdos estipulaban que la OTAN suministraría "una participación sustancial" a la "presencia internacional de seguridad" que debía establecerse en Kosovo, de hecho, la Alianza es allí la única autoridad militar y cualquier otra participación depende de ella.

Así, a través de las diferentes crisis yugoslavas, tomaba forma una nueva situación estratégica en los Balcanes. Gracias a la guerra de Bosnia, la presencia militar de la OTAN en ese país -aprobada por la ONU y puesta bajo un mando que depende directamente de la Alianza- se ha vuelto ahora permanente. Con el objetivo de vigilar la aplicación del embargo contra Yugoslavia, Estados Unidos obtuvo la autorización del gobierno húngaro para abrir en su territorio una delegación militar directamente dependiente de Washington: actualmente la integración de Hungría al sistema atlántico va mucho más allá, pues adhirió a la Alianza y por lo tanto a su organización política y militar. De la misma forma y en la misma ocasión, otras delegaciones militares estadounidenses habían sido establecidas en Albania y en Macedonia.

Ambos países sirvieron como bases de retaguardia a las fuerzas de la OTAN desplegadas ante Yugoslavia y hubieran podido servir -de haberse llegado a ese punto- para el lanzamiento de operaciones terrestres de gran magnitud, aunque ninguno de ellos forma parte de la OTAN. El territorio albanés dio profundidad estratégica a la acción del Ejército de Liberación de Kosovo (UCK) durante el conflicto. En cuanto a Macedonia, donde se hallaban algunos de los principales dispositivos de comando de la OTAN, el acceso a su territorio estaba asegurado para Washington ante cualquier hipótesis por la pertenencia de Grecia y -en segundo plano- de Turquía a la organización atlántica y por las posiciones y facilidades militares que Estados Unidos tiene en esos países. De esta manera, la guerra de Kosovo completó la dominación militar de la OTAN en el Sudeste europeo. La ocupación de Kosovo es ya un hecho consumado y durable. Y, fenómeno sin precedentes, la organización militar de la Alianza atlántica ejerce abiertamente una suerte de protectorado sobre un territorio, con el consentimiento, además, de la ONU.

La presencia rusa en Kosovo se debe únicamente a una acción desarrollada por sorpresa y rápidamente bloqueada, limitada y reducida por la presión de los países miembros de la Alianza. Todo indica que éstos mantendrán durante mucho tiempo sus tropas en el terreno, ya sea invocando la necesidad de mantener separado a Kosovo del resto de Yugoslavia, ya sea -si buscan el mantenimiento teórico de las fronteras internacionales- para no dejar el control del territorio a una autoridad exclusivamente albanesa, que podría proceder a su anexión a la propia Albania.

Las declaraciones del ex embajador de Estados Unidos ante la OTAN, Robert E. Hunter, actualmente consultor de la Rand Corporation, son ilustrativas: Kosovo "constituye la puerta de entrada a regiones de interés primordial para los occidentales: el continente árabe-israelí, Irak e Irán, Afganistán, el mar Caspio y el Transcáucaso. La estabilidad de Europa del sur es esencial para la protección de los intereses occidentales y para la reducción de los peligros provenientes de más al Este"3.

De la guerra fría a la posguerra fría, del desmoronamiento del bloque del Este a la nueva situación política y estratégica en los Balcanes, la lógica de los acontecimientos es evidente. La extensión de la OTAN a los países del Este de Europa es su complemento y su prolongación. En este aspecto, la estrategia estadounidense obedece a su mayor preocupación: evitar el surgimiento de cualquier potencia mundial capaz de poner en duda su total supremacía, como lo fue en un momento la Unión Soviética. Esta obsesión se aplica en primer lugar a Rusia. El ex consejero nacional de Seguridad del presidente James Carter, Zbigniew Brzezinski, escribió al respecto: "La ampliación de la Alianza nos protege del riesgo, improbable pero real, de que Rusia retome su conducta del pasado. Esa ampliación contribuirá además a impedir que ello suceda"4.

Por otra parte, la misma lógica puede inspirar idénticas acciones en otros teatros de operaciones. Así ocurre en Asia Central y en la región del Cáucaso, zonas que fueron calificadas "de interés nacional para Estados Unidos" por una votación de 1997 del Congreso estadounidense. También es un ejemplo el conflicto que agita a Daguestán y a Chechenia, en una región que Brzezinski calificaba como "los Balcanes de Eurasia" y donde posiblemente esté comenzando un largo conflicto. Diez años después de la caída del muro de Berlín, la guerra de Kosovo anuncia el fin de la posguerra fría y el comienzo de una nueva fase de enfrentamientos

  1. Susan Woodward, Balkan tragedy, chaos and dissolution after the cold war, Brookings Institution, 1995. François Chesnais, Tania Noctiummes, Jean Pierre Page, Réflexions sur la guerre en Yougoslavie, l'Esprit frappeur, París, 1999.
  2. Paul-Marie de La Gorce, "Histoire secrète des négociations de Rambouillet", Le Monde diplomatique, París, mayo 1999; Eric Rouleau, "Errements de la diplomatie française", Le Monde diplomatique, París, diciembre 1999.
  3. Washington Post, 21-4-99.
  4. Citado por Gilbert Achcar, La nouvelle guerre froide, PUF, París, 1999.

Crónica de una liberación

9 de junio de 1999. El acuerdo de Kumanovo entre la OTAN y el estado mayor del ejército yugoslavo establece el fin de la campaña aérea de la OTAN. Belgrado tiene once días para retirar sus fuerzas de Kosovo.

10 de junio.Con la resolución 1.244, el Consejo de Seguridad de la ONU decide "proceder sin tardanza al rápido despliegue de presencias internacionales civiles y de seguridad eficaces en Kosovo". La misión de las Naciones Unidas, la Minuk, deberá establecer "una administración interina en cuyo cuadro la población de Kosovo gozará de una autonomía sustancial en el seno de la República Federal de Yugoslavia". La resolución no alude al referendum prometido en el texto de Rambouillet.

12 de junio. Con 35.000 hombres, la KFOR entra en Kosovo. Allí se encuentra con un contingente ruso que, habiendo partido dos días antes de Bosnia, ocupa el aeropuerto de Pristina. El 18, se llega a un acuerdo: los soldados rusos podrán patrullar en los sectores aliados bajo el mando de uno de sus oficiales, pero toda operación deberá ser coordinada con el comandante en jefe aliado del sector en cuestión.

21 de junio. Ashim Thaçi, primer ministro del "gobierno provisorio" (autoproclamado), y el general británico Mike Jackson, jefe de la KFOR, firman un acuerdo de desmilitarización del Ejército de Liberación de Kosovo (UCK).

29 de junio. Más de 10.000 opositores desfilan en Cacak (Serbia) para exigir la renuncia del presidente Slobodan Milosevic y el establecimiento de elecciones anticipadas. Las manifestaciones de este tipo se multiplicarán en las ciudades serbias durante todo el verano y el otoño boreal.

30 de junio. El secretario general de la ONU, Kofi Annan, elige al francés Bernard Kouchner como su representante especial en Kosovo, encargado de dirigir la administración internacional.

23 de julio. El descubrimiento de catorce serbios masacrados en el pueblo de Gracko confirma la gravedad de la "contra-limpieza étnica" en curso. Mientras la mayoría de los 800.000 refugiados kosovares albaneses pudieron regresar, unos 200.000 serbios y gitanos debieron exiliarse.

28 de julio. Reunida en Bruselas, la primera reunión de donantes evalúa las necesidades inmediatas de funcionamiento y de reconstrucción de Kosovo en más de 500 millones de dólares. A largo plazo, establece 2.000 millones de dólares de promesas de financiamiento.

3 de septiembre. El marco se convierte en moneda oficial en Kosovo.

21 de septiembre. Los 10.000 a 20.000 hombres del UCK deben supuestamente entregar sus armas. 5.000 de entre ellos deberían integrar un Cuerpo de protección de Kosovo (TMK), teóricamente civil. Temiendo que éste se convierta en el futuro ejército de Kosovo, los jefes de la comunidad serbia anuncian al día siguiente su renuncia al Consejo transitorio multiétnico que asesora a Bernard Kouchner.

3 de noviembre. En un informe conjunto, el HCR y la OSCE denuncian el clima de violencia e impunidad del cual son victimas los no albaneses, e incluso hasta ciertos albaneses moderados. En cuatro meses, cuentan 348 asesinatos, 116 secuestros, 1.070 actos de pillaje y 1.106 incendios criminales. Por su parte, los investigadores del Tribunal Penal Internacional para la ex-Yugoslavia (TPIY) exhumaron 2.108 cuerpos de kosovares albaneses.

6 de diciembre. La OSCE hace públicos los dos tomos de su informe sobre violaciones de derechos humanos en Kosovo, El primer tomo (octubre 1998-junio 1999) corresponde al período de guerra, el segundo (junio-octubre 1999) al período posterior a la entrada de las tropas de la OTAN.

15 de diciembre. La Minuk y los tres principales partidos albaneses de Kosovo acuerdan constituir un Consejo de ocho miembros (cuatro kosovares y cuatro representantes de la Minuk) que, presidido por Bernard Kouchner, dirigirá la administración de la provincia. Los serbios de Kosovo, quienes no firmaron el acuerdo, mantienen su política de "silla vacía".


Autor/es Paul-Marie De La Gorce
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 9 - Marzo 2000
Páginas:14, 15
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Conflictos Armados, Geopolítica
Países Estados Unidos, Irak, Afganistán, Albania, Serbia (ver Yugoslavia), Libia, Sudán, Alemania (ex RDA y RFA), Bulgaria, Croacia (ex Yugoslavia), Eslovenia (ex Yugoslavia), Francia, Grecia, Hungría, Italia, Macedonia (ex Yugoslavia), Rumania, Rusia, Turquía, Vaticano, Yugoslavia, Irán