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Elogio de la revolución por la palabra

El 26 de enero Armand Gatti cumplirá 77 años. Dramaturgo, poeta, director de teatro y cine, guionista, este testigo infatigable de la época contemporánea, cuya obra íntegra es un llamado a la resistencia, vive en el departamento de Seine-Saint-Denis, en la región de París, donde ha creado una "universidad del pobre". En pocas semanas Gatti emprenderá una nueva tarea: la puesta en escena de La Internacional, el canto de los proletarios desde hace más de un siglo. Una vida y un personaje apasionantes.

En Armand Gatti todo es aventura, compromiso y generosidad, comenzando por su vida, que nutre sus textos. En este hombre desmelenado, vestido de negro de la cabeza a los pies, todo es sublevación, combate por la dignidad, desmesura, como lo prueban las dieciséis horas de Adam, quoi? (Adán, ¿qué?) montada en Marsella en 1993, o Kepler, le langage nécessaire (Kepler, el lenguaje necesario), representada en Estrasburgo en 1995 a lo largo de dos jornadas de diez horas cada una. La vida y la obra se interpenetran, dialogan, forman un todo, una misma epopeya1.

Concebido en Chicago, nacido en una vereda de Mónaco y bautizado como Dante Salvador, Armand Gatti pasará su infancia en Tonkin, la barriada pobre de Montecarlo… Su padre -Auguste Reinier Gatti, inmigrante piamontés, anarcosindicalista y eterno exiliado- es barrendero en Mónaco, y su madre -Letizia Luzona, católica y miembro de la Orden Tercera de San Francisco- es empleada doméstica. El hombre que después de la guerra optaría por llamarse Armand, debe a uno y otra su fuerte vínculo con la lengua francesa y su gusto por la palabra.

Su padre, que murió apaleado en una huelga en 1941, fue analfabeto hasta que aprendió a leer en las trincheras de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Contaba al pequeño Armand historias que lo maravillaban. En cuanto a su madre, que a los 83 años, pocos días antes de morir, se afilió al Partido Revolucionario Italiano "para asustar a los ricos", todavía la escucha: "Debes ser el primero de la clase en francés, porque es el idioma de los patrones; de otro modo pasarás la vida limpiándoles el culo". Les rendirá homenaje a ambos, fundamentalmente en el texto Ton nom est joie (Tu nombre es alegría), que se transformaría en un poema cinematográfico y en una pieza de teatro: La vie imaginaire de l"éboueur Auguste Geai, (La vida imaginaria del barrendero Augusto Geai), en 1962.

A los 16 años, durante la segunda guerra mundial, Armand Gatti entra en la Resistencia. En la guerrilla de Berbeyrolle, lee a Gramsci, Rimbaud, Chuang-Tseu, Rabí Abulafia y Michaux, su "maestro". Detenido en 1942 por un soldado del régimen de Vichy, es entregado a la Gestapo, que en Tulle lo tortura aplastándole las manos, a lo que responde recitando poemas. "La palabra es la resistencia", proclamará en adelante. Escapa milagrosamente a la muerte y ya deportado es forzado a trabajar en la construcción de una urbanización en el Báltico. Allí conocerá a tres valientes rabinos que actúan en secreto para sus camaradas detenidos: entonces se le revelan las virtudes del teatro. "Me enseñaron que la muerte podía sublimarse. Se dirigían al alma, trascendían el horror. Comprendí que el teatro era más fuerte que el campo de concentración, que era un espacio de vida".

Se escapa, participa en la batalla de Francia y de Holanda. Desde su primera película, L´Enclos (El recinto), realizada en 1961, hasta su obra L´inconnu numéro 5 du fossé des fusillés du pentagone d´Arras (El desconocido número 5 del foso de los fusilados del pentágono de Arras), presentada en Sarcelles en 1997, no dejará de mantener presentes la Resistencia y el universo del campo de concentración. El desconocido número 5 es el filósofo y lógico Jean Cavaillès, organizador de la red Cahors, fusilado por los nazis en 1944, al que Armand Gatti gusta citar: "Nadie combate para ser libre, sino porque ya lo es".

Luego de la Liberación se convertirá en periodista. En Guatemala compartirá la vida de un grupo guerrillero, hasta que el ejército asesina a Felipe, su acompañante, quien lo exhortaba "a hacer existir sus palabras". Ese reportaje marcará el fin del periodismo y el comienzo del teatro. Y en adelante, Guatemala no lo abandonaría más: desde Crapeau-buffle (Sapo-búfalo), que Jean Vilar montaría en la sala del TNP en 1959, hasta Premier voyage en langue maya (Primer viaje en lengua maya), en 1998… "Decidí hacerme eco de las palabras de Felipe", afirma. "En los mayas encontré una verdad que explica cinco siglos de resistencia. Nos hablan de hoy. En teatro, tres mil años no son nada".

Su encuentro en 1956 con Mao Tse Tung, el dirigente de la revolución china, terminará de influenciar la forma de su teatro. Mao le dice que para que una representación sea lograda, basta con responder a la pregunta: "¿Quién se dirige a quién?". "Eso me pareció el centro de la creación. Desde entonces hago teatro según Mao Tse Tung".

Desde entonces… produjo unas cuarenta piezas teatrales y películas2. En los años 1960, el hombre a quien el general Charles de Gaulle calificó de "poeta de refritos" cuando ordenó a André Malraux que prohibiera La pasión del general Franco, dio nueva vida a los centros dramáticos. Luego siguió un trabajo incesante, en Francia y en el exterior, en nombre de todos aquellos que son escarnecidos por la sociedad; un teatro épico, desconcertante, fragmentado, inspirado. Creaciones verdaderamente populares, en el extremo opuesto del teatro clásico, que mezclaban política, ciencia y filosofía, sin estar desprovistas de humor, "una creación que no tiene nada que ver con la del consenso y la del mínimo común denominador, la televisión y las mediciones de audiencia, la gangrenización de los pobres por parte de los ricos".

En el departamento de Seine-Saint-Denis, donde en los años 1980 se "afincó" La Parole errante (La palabra errante)3, se concentran hoy en día sus proyectos, un lugar que califica de "universidad del pobre" para todos los "que tienen una cultura para inventar".

La Internacional, que se construirá en torno a un episodio trágico de la guerra civil española, es uno de esos proyectos.

"La guerra civil española es el punto máximo de la batalla del siglo. El momento central se sitúa en el río Jarama, cuando los medios, en la ocasión los cánticos, fueron utilizados como armas contra el enemigo… Un día, los brigadistas oyen La Internacional. Aunque sorprendidos, piensan que los que están del otro lado sólo pueden ser de los suyos, ya que los franquistas cantan otras cosas. Así es que se precipitan hacia el batallón que llega: sobreviene el abrazo y la muerte. Las tropas moras de los franquistas les habían tendido una trampa", cuenta Gatti..

Derrotados del lenguaje

En Montreal, en 1987, ese episodio dio lugar a una obra de teatro: Le Passage des oiseaux dans le ciel (El paso de los pájaros en el cielo). Pero fiel a su pasión por la invención colectiva y permanente, Gatti elabora La Internacional teniendo en cuenta nuevos participantes. "Siempre cuestiono lo que ya fue hecho, en función de la gente", dice. "La relación con el personaje depende del nivel al que se pertenece y de las experiencias vividas, sobre todo para mí, que trabajo con los marginados por la sociedad: inmigrantes, prisioneros, desempleados, personas aisladas, iletrados…"

De las cuarenta personas que se abocarán a la tarea, unos veinte serán estudiantes, en virtud de un acuerdo de colaboración con la Universidad de París VIII Saint-Denis, donde desde octubre y hasta febrero de 2001, se desarrollan cursos consagrados a Armand Gatti.

Se sumarán luego otros veinte reclutados por La Parole errante: "Se participa sobre la base del trabajo voluntario; eso es fundamental. Hay que tener ganas, estar motivado". Pero a no equivocarse: para ese hombre que insiste en que "las palabras son armas", no se trata de "administrar la miseria".

Gatti no es un asistente social. "Lo único que me interesa es la escritura. Y detrás de la escritura, el gusto por el esfuerzo. El lenguaje y las preocupaciones artísticas motivan mucho más esta experiencia que la solución de un problema social, sea cual fuere". Y para evitar cualquier malentendido, precisa: "Lo que nosotros buscamos no es lo social, es la revolución. La verdadera revolución es la de la palabra. Yo me impongo objetivos muy altos para arrancar a mis hermanos del lenguaje miserable al que fueron condenados por la sociedad. El dominio de la palabra es subversión e insolencia".

Como es su costumbre, el espíritu de los rabinos del campo de concentración del Báltico y la palabra de Mao estarán presentes. A todas las personas que intervengan en La Internacional les va a preguntar: "¿Quién es usted? ¿A quién se dirige?". "Y como siempre, les exigiré que sean honestos, que desciendan dentro de ellos mismos y testimonien luego ante el grupo, ante una cámara, en público. Esto es aún más importante teniendo en cuenta que muchos de ellos son derrotados del lenguaje. En la escuela, en los medios, en sus familias, en todos lados los aplastan. A cada uno de ellos les digo: 'Por más abajo que te encuentres, eres alguien, y sólo a través del lenguaje lo puedes saber'. Gracias a ese ejercicio dejan de ser víctimas eternas, explotados y exiliados. Sin escritura no hay cultura, no hay dignidad. Mi objetivo es llevarlos a la escritura".

Los derrotados son la pasión de Gatti, y si el grupo es la forma de encarnarla, es sin dudas porque sin grupo no existe la solidaridad, ya que éste es la estructura que une culturas y confesiones diferentes en una misma aventura, pero es también porque, a su entender, el teatro de caracteres es cosa del pasado.

"Para mí ya no hay personaje psicológico. Lo que importa es el cruce de lenguajes, el grupo como gramática. La psicología es retrógrada, atrasada e ilusoria". Mientras sus manos se agitan, agrega con entusiasmo: "El sentido viene del grupo. En chino, los signos adquieren significación al agruparse. Por ejemplo, los signos de fuego o de agua adoptan un sentido diferente según las palabras que tienen al lado". Hace una pausa y añade: "Para los mayas, el individuo es un elemento entre otros tantos, como la tierra, el sol, la lluvia; es complementario, forma parte de un todo con el que debe estar en armonía. A todos mis granujas trato de insuflarles energía para que se abran a nuevos horizontes, para que arriesguen algo de ellos y se imaginen en un todo del que estarán orgullosos".

Así es como poco a poco, a partir de la palabra de unos y otros, Gatti, ágil como un lobo negro, construye una pieza hecha con los aportes de todos y cuidadosa de la originalidad de cada uno. Es siempre un trabajo riguroso de varios meses, un compromiso total que no acepta ningún diletantismo. Con el paso de las semanas, se alza un edificio: "Hacer teatro, es construir una catedral", dice. No es la mente la única convocada, sino también el cuerpo: los participantes son iniciados en la práctica del kung-fu: "En primer lugar porque obliga a combatir la miseria física y a recuperar posiciones dignas, a reconciliarse con el cuerpo; y además, porque permite trabajar los signos".

Lo que resiste vive

Así, en junio o julio de 2001 se desarrollarán en Saint Denis dos o tres representaciones de La Internacional. "Nunca damos más, sería una explotación", dice Jean-Jacques Hocquard, administrador de La Parole errante. "El espectáculo no es lo que cuenta, sino la trayectoria y lo que cada uno deviene, la relación solidaria con un conjunto". Y Gatti, ese profeta laico, agrega: "Lo esencial es la prueba y la liberación, la reconciliación con uno mismo y con los demás. Las representaciones están destinadas a testigos: los magistrados que juzgaron delincuentes, los policías que los detuvieron, las personas capaces de dar un trabajo, los padres… Es por eso que no hacemos muchas. No fabricamos un producto y no le proponemos a nadie entrar en el mundo del teatro, sino armarse de lo necesario para rechazar la sumisión a la fatalidad. A partir de allí, cada cual reencuentra su vida".

Semejante obra alcanzaría para ocupar todo el tiempo de la mayoría de las compañías teatrales. Pero no es el caso de La Parole errante, que multiplica los proyectos paralelos y complementarios. Además de la colaboración en proyectos con la Asociación Francesa de Astronomía, desde comienzos de 2000 está en marcha la rehabilitación del galpón donde trabajara Georges Méliès4, ya que La Parole errante se halla en el sitio donde tenía su estudio el autor de más de quinientas películas. Alumnos de la escuela de arquitectura de París-La Villette elaboraron los planos y jóvenes de centros de aprendizaje y de liceos técnicos y profesionales trabajan en su realización. La ambición es que ese galpón, nacido de la unión de las capacidades intelectuales y manuales, se convierta en un "lugar de referencia para la comunidad", un lugar adonde se vaya a aprender y a comprender "para transformar aún más el mundo". Su inauguración está prevista para fines de 2001 con una obra que Gatti ya está preparando: Gramsci conçu comme un voyage interstellaire (Gramsci concebido como un viaje interestelar)5.

Sentado frente a su escritorio, Armand Gatti -que en su época de guerrillero leía a "Gramsci sobre los árboles"- observa con placer un árbol plantado durante la Comuna de París y al que protegió: un plátano que aparece en Viaje a la luna6.

"Lo que resiste, vive", suele repetir apretando los puños y mirando tanto hacia el árbol de Méliès como hacia sus amigos, todos esos Felipes que aunque desaparecidos nunca lo abandonaron.

  1. Le Monde diplomatique, París, febrero de 1992.
  2. La mayoría de las obras de Armand Gatti fueron publicadas por Editions Verdier, París. También se encuentran cassettes sobre su trabajo.
  3. La parole errante funciona en La Maison de l´Arbre,9, rue François-Debergue, 93100 Montreuil-sous-bois, Francia.Teléfono: 3314870 0076.
  4. Georges Méliès (1861-1938), uno de los más importantes pioneros del cine. A comienzos del siglo XX realizó cientos de ingeniosas películas y creó muchas de las técnicas cinematográficas actuales.
  5. Antonio Gramsci (1891-1937): teórico marxista ypolítico italiano, uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano, filósofo de la praxis. Pasó los últimos nueve años de suvida en la cárcel, bajo el fascismo de Mussolini.
  6. Película de Georges Méliès, 1902.
Autor/es Philippe Lafosse
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 19 - Enero 2001
Páginas:36, 37
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Teatro, Movimientos Sociales, Educación, Clase obrera
Países Guatemala, Francia, Holanda (Países Bajos), Mónaco