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El día en que el Sur se rebeló

Los países que controlan la Organización Mundial de Comercio (OMC), evidentemente no tomaron en cuenta o subestimaron algunas señales de resistencia emanadas de los países no desarrollados, que al materializarse en Seattle contribuyeron al fracaso.

La jornada del 2 de diciembre de 1999 marcará un vuelco decisivo en la evolución de las negociaciones de Seattle. Ese día una cantidad de delegados de países del Sur dejaron estallar su cólera por haber sido confinados al rol de simples comparsas de un teatro del absurdo. Hacía horas que deambulaban por los pasillos y vestíbulos del centro de conferencias, mientras prescindiendo de ellos, los negociadores de los países ricos regateaban las principales disposiciones del orden del día. Pudieron constatar que se los relegaba " a las afueras", lejos de la negociación: igual que los periodistas y observadores de las ONG, se veían reducidos al boca en boca y a las informaciones que se filtraban gradualmente en el curso de las reuniones de prensa, la mitad de las cuales fueron anuladas a último momento.

Algunos de ellos ignoraban incluso que las verdaderas tratativas se desarrollaban en los salones verdes -Green Rooms- que a partir de entonces se habían convertido en los emblemas del carácter antidemocrático de la OMC. Según el comisario europeo Pascal Lamy, unas treinta delegaciones se reunían en esos famosos salones, que según él "no estaban cerrados a los países en vías de desarrollo: el subcontinente indio estaba representado por países como la India, y el continente africano por Sudáfrica, Marruecos y Egipto. Sin embargo, los países que no tenían acceso impugnaron ese sistema"1. En realidad, las cuatro grandes potencias que forman el grupo QUAD (Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea y Japón) convocaban a los representantes del Sur puntualmente, en función de los temas abordados.

La arbitrariedad de estas cooptaciones competía con el carácter informal de reuniones a puerta cerrada, donde se tomaban decisiones cruciales bajo la batuta de Charlene Barshevsky, huésped de honor de la ceremonia en tanto representante comercial de Estados Unidos. Al día siguiente de verificado el fracaso, el director general de la OMC Mike Moore se afanaba por subrayar que "las negociaciones se habían desarrollado en el marco de un comité plenario"2. En realidad, desde la inauguración de la conferencia, el 1º de diciembre, la señora Barshevsky había hecho saber a ese comité plenario que "se reservaba el derecho de celebrar reuniones con una cantidad reducida de delegaciones en el salón verde, aunque prefería una aproximación más inclusiva que permitiera la participación de todas las delegaciones"3.

Unas horas después, la sala de prensa del centro de conferencias estaba inundada de comunicados de los países del Sur. El ministro de comercio e industria de Ghana, en calidad de primer vicepresidente de la Organización de la Unidad Africana (OUA) estigmatizaba "la ausencia de transparencia en las negociaciones y la marginación de los países africanos, generalmente excluidos de decisiones de importancia vital para sus poblaciones". Los ministros de la OUA se manifestaban especialmente preocupados por la voluntad que proclamaron los dirigentes de la negociación de producir un texto ministerial "a cualquier precio, incluido al precio de procedimientos supuestamente dirigidos a garantizar la participación y el consenso". El texto anticipaba que los miembros de la OUA estaban resueltos a hacer fracasar el consenso necesario para el lanzamiento del Ciclo del milenio. Los Estados miembros del mercado común del Caribe (Caricom), a los que se sumaron varios países de América Latina, también sacaban conclusiones sin apelación sobre la falta de apertura y transparencia de los procedimientos y rechazaban además todo consenso impuesto.

En una atmósfera cada vez más tensa, estas reacciones ponían en evidencia los métodos de intimidación y manipulación que practica habitualmente la OMC. Desde el momento que no estaba garantizada la unanimidad estatutaria, el fracaso de la conferencia estaba de hecho programado. Dos organizaciones no gubernamentales, la Red de ONG europeas sobre lo agroalimentario, el comercio, el medio ambiente y el desarrollo (Rongead) y el Centre for International Environmental Law (CIEL) incitaban a las delegaciones del Sur a federarse, sintetizando en un comunicado global sus respectivas posiciones, de evidentes similitudes, para alentarlas a definir una estrategia común. Intentaban aportar un apoyo técnico a las delegaciones de Africa francoparlante que se quejaban de que todos los textos oficiales estuvieran redactados en inglés (idioma en que el francés Pascal Lamy creyó adecuado expresarse, cuando el francés y el castellano también son idiomas oficiales de la OMC).

La delegación estadounidense envió incluso a varios de sus abogados a la sala de sesiones plenarias, vacía en sus tres cuartas partes, para asesorar de emergencia a delegados de Costa de Marfil, visiblemente desorientados y ociosos. Además de los representantes de Rongead y de CIEL, los de World Wildlife Fund (WWF) y Third World Network iban de delegación en delegación para incitarlos a pedir cláusulas de suspensión y a no firmar ningún documento sin haberlo hecho analizar previamente por expertos.

La mayor parte de los países del Sur no habían dispuesto de medios para constituir delegaciones suficientemente sólidas: cada una tenía por lo general entre tres y cinco delegados, a menudo funcionarios poco avezados en negociaciones comerciales internacionales, de modo que se hallaban en la imposibilidad física de asistir a todos los grupos de trabajo. En cuanto a los parlamentarios que acompañaban a los ministros, también engrosaban la cohorte de comparsas y su cantidad revelaba las mismas disparidades existentes entre los negociadores. Cuando se votó el proyecto de creación de un foro parlamentario en el seno de la OMC impulsado por los europeos (ver R. Petrella) los representantes de los países del norte constituían grupos numerosos, pero los sitios de Ecuador, Egipto, República Dominicana, Gabón, Fidji, Isla Mauricio, entre otros, estaban vacíos.

La rebelión de los países del Sur no hubiera debido constituir una sorpresa. Reunido en Marruecos del 14 al 16 de septiembre, sólo dos meses antes de Seattle, el Grupo de los 774 había lanzado una advertencia formal a los organizadores de la conferencia, al exigir previamente a toda nueva medida de liberalización la aplicación de la norma de las tres R: "reevaluar, reparar, reformar". El ministro de Relaciones Exteriores de Guyana Clement Rohee, a quien se unió el ministro de comercio e industria de Bangladesh Tofail Ahmed, había subrayado que los países en vías de desarrollo se veían fragilizados por las exigencias sin contrapartida de los Estados y las empresas trasnacionales dueños de las decisiones, mientras que el orden del día proyectado en las negociaciones prácticamente ignoraba las preocupaciones del Sur.

La segunda advertencia no escuchada fue la de los 71 países del grupo Africa, Caribe, Pacífico (ACP) reunidos en Santo Domingo cuatro días antes de la inauguración de la conferencia de Seattle. Exigían insistentemente "un tratamiento especial y diferenciado", es decir, la inversa de las cláusulas de la nación más favorecida y del tratamiento nacional que son la biblia de la OMC. En el curso de este encuentro, el presidente de Madagascar Didier Ratsiraka había calificado a la mundialización de "doctrina totalitaria, apuntalada por un pensamiento único, impuesto por la máxima potencia del momento" y había fustigado a la OMC, "institución privilegiada de la mundialización, que va a imponer todas sus normas a todas las actividades humanas de ahora en más definidas como objeto de comercio"5.

Autoproclamándose "servidor" del Sur, Mike Moore había vaciado de todo contenido esa profesión de fe al añadir que no iba a tratar de disuadir a los países desarrollados de que extendieran sus negociaciones a nuevos terrenos. Este diálogo de sordos no podía culminar sino en el estrepitoso fracaso de la Ronda del milenio, y de facto en la moratoria que reclamaban los países en vías de desarrollo… y las decenas de miles de manifestantes que la historia consagrará conjuntamente como los vencedores de la batalla de Seattle.

  1. Audición ante la delegación de la Unión Europea de la Asamblea nacional, el 9-12-99.
  2. Comunicado del 7-12-99 que se puede consultar en el sitio de Internet de la OMC: http://www.wto.org
  3. Informe difundido a la prensa el 2 de diciembre.
  4. En realidad este grupo reúne a unos 130 países en vías de desarrollo.
  5. Le Monde, 28/29-11-1999.
Autor/es Agnès Sinaí
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 7 - Enero 2000
Páginas:6
Traducción Marta Vassallo
Temas Deuda Externa, Mundialización (Economía), Neoliberalismo, Geopolítica, Movimientos Sociales
Países Canadá, Estados Unidos, Egipto, Gabón, Ghana, Madagascar, Marruecos, Islas Mauricio, Sudáfrica, República Dominicana, Ecuador, Guyana, Bangladesh, India, Japón, Islas Fidji