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Corea del Norte mirada al telescopio

El visitante que logra penetrar en Corea del norte, no tiene permitido entablar contacto con la población. El discurso oficial atribuye la caída del bloque del Este europeo a una educación política deficiente y presenta al propio país como invencible gracias a su posición revolucionaria. Los estragos de la hambruna se niegan o son minimizados, pero resultan evidentes.

En Seúl hay varias agencias de turismo que organizan visitas a la DMZ -la zona desmilitarizada que separa a las dos Coreas- para echar un vistazo sobre el país enemigo. Por la mañana temprano, los visitantes se reúnen en el Hotel Lotte, en el centro de la ciudad. En la camioneta que los lleva hasta la DMZ una guía los informa sobre la inhumanidad del país comunista. Ese salvajismo norcoreano, subraya, es lo que explica que Estados Unidos y Corea del Sur se nieguen… a votar los tratados internacionales contra las minas antipersonales.

A medida que nos acercamos crece el número de barricadas construidas con bolsas de arena, controles militares y soldados montando guardia. Primero se invita a los turistas a pasear por un parque donde se levantan estatuas a los héroes de la guerra de Corea, para luego pasar delante del "Freedoom Village" (villa de la libertad), un pueblo de campesinos que se ven obligados a cerrar las puertas de sus casas a las once de la noche y a retirarse de los campos luego de la caída del sol. El principal motivo de su presencia en el lugar es mostrar a los telescopios del norte que la vida en el sur es agradable. Como recompensa, viven en casas espaciosas y no pagan impuestos.

Luego de un control de pasaportes, llegamos a la zona inaccesible, fuertemente minada, fortuitamente devenida reserva de pájaros exóticos, como la grulla de Manchuria. Desde el Observatorio de la Reunificación, suerte de anfiteatro flanqueado por una gran abertura vidriada, se puede avistar Corea del Norte. Ante nuestros ojos se exhibe la "villa de la propaganda" -cuyo verdadero nombre es Kijong-dong. Aunque nadie vive allí, siempre hay ropa secándose al sol en el frente de las casas y hasta hace poco salía humo de las chimeneas de las fábricas. El cese de la actividad fue interpretado como la confirmación de una crisis de tal gravedad en el norte, que había afectado incluso los operativos de propaganda orientados hacia el sur.

Empujándose unos a otros, con la esperanza de ver algo o alguien moviéndose, los turistas esperan su turno para mirar del otro lado. Entonces aparecen algunas casas derruidas y un paisaje rural marcado por los omnipresentes carteles de propaganda. Pero a la distancia, a través del lente telescópico, todo luce difuso.

El circuito turístico fue concebido para subrayar la dimensión del conflicto y la tensión entre las dos Coreas. El efecto buscado se disipa rápidamente, a pesar del carácter brutal, infranqueable y militarizado de la frontera. En las entradas de los túneles cavados en los años 70 por los coreanos del norte para realizar incursiones en el sur son tantas las capas de pintura añadidas para crear un efecto de camuflaje, que es imposible tomarlo en serio.

También los soldados procuran subrayar la gravedad del ambiente. Dedican miradas severas a los turistas (pero no pueden evitar intercambiar chistes entre ellos y también con las mujeres que sirven de guías). En realidad, sería impensable llevar a tantos turistas a un lugar verdaderamente peligroso. Parece como si la visita buscara en realidad justificar la necesidad de Corea del Sur de mantener dentro de su territorio soldados estadounidenses y campos minados.

En la "Villa del Armisticio" (firmado en 1953), los soldados del Sur, ataviados con uniformes al estilo estadounidense, superan en diez centímetros a los del Norte, signo evidente de que las raciones alimentarias hace ya varios años que son insuficientes al otro lado de la DMZ. Los movimientos de los sureños son flexibles y desgarbados, contrastando con la casi incómoda inmovilidad de sus homólogos del norte, que parecen todavía más pequeños debajo de sus voluminosos cascos redondos y abultados. A la tarde, de regreso a Seúl, la guía señalará en varias oportunidades un punto lejano con el extremo de su dedo, repitiendo en tono grave: "Allá, es Corea del Norte."

Dandong, pequeña ciudad del norte de China, construyó su fama alrededor de la industria química, pero también de su emplazamiento en la margen izquierda del río Yalu, desde donde se puede ver la ciudad norcoreana de Sinuiju con la ayuda de un telescopio. Así, cada día, decenas de personas que se pasean a la orilla del río apuntan con el dedo a unas casas sin terminar, o la calesita oxidada e inmóvil, o acaso a las chimeneas de las fábricas cerradas. "Empezaron a construir las casas cuando aquí se construía un rascacielo por día. Pero cuando estaban a medio construir, se quedaron sin dinero", explican las personas mayores que se pasean por la tarde al costado del río, haciendo su gimnasia cotidiana.

Desde hace por lo menos diez años esos viejos -muchos de ellos ex combatientes de la guerra de Corea1- esperan con impaciencia y preocupación que el gobierno de Pyongyang se decida por fin a promover reformas económicas: "Allá se mueren de hambre. Cuando la gente logra escaparse para este lado, a pesar del control policial, les damos lo que podemos, víveres, ropa de abrigo, dinero. Después de haber arriesgado nuestras vidas por ellos durante la guerra, no podemos verlos morir así. Pero su gobierno hace las cosas mal. ¿Sin reformas económicas, cómo van a salir adelante?"

Sin embargo, Dandong está lejos de ser una ciudad rica: los turistas pueden pasear por el viejo puente que atraviesa el Yalu, del que sólo queda la mitad -fue bombardeado por Estados Unidos durante la guerra- o tomar una Zodiac para ir a ver desde lo más cerca posible a "esa pobre gente". Fuera de eso, no hay nada más para hacer, salvo atiborrarse de comida o visitar los burdeles, bautizados púdicamente como "salas de masajes". Sólo desde Sinuiju, en la otra margen del Yalu, es decir en Corea del Norte, la sucia y caótica ciudad de Dandong se ve activa y opulenta.

Una vez atravesado el río, a través del enorme puente de hierro construido junto al que fue bombardeado, la sensación que se experimenta es la de ingresar en el lugar de rodaje de una película de posguerra. La estación de Sinuiju está al costado de una gran plaza presidida por una enorme estatua del presidente Kim II Sung, el "Gran Líder", fallecido en 1994, a quien le fuera concedido el título de "presidente eterno"2. Un retrato gigantesco, también de Kim II Sung, domina el monumento. Cada persona lleva en el pecho una pequeña insignia con el retrato del "Gran Líder", único objeto reluciente en un paisaje enlodado, opaco, sin colores, con gente de piel oscurecida y curtida por el frío, el alimento insuficiente y la pobreza.

Las autoridades de Corea del Norte estiman que desde el punto de vista político, la apertura económica es demasiado riesgosa. El turismo les va a proporcionar las indispensables divisas. Parece difícil de creer, pero el dinero invertido por el grupo surcoreano Hyundai para permitir que sus conciudadanos visiten el Monte Kumgang, montaña sagrada que está en el norte, es la primera fuente de divisas del país3. En el mismo sentido va la decisión de abrir un primer casino en la zona de Rajin-Sobong, cerca de la frontera con China y Rusia, destinado exclusivamente a extranjeros. El lugar se transformará en "zona turística especial" y hace ya unos años fue designada "zona económica especial".

Las visitas a Corea del Norte siguen una pauta estricta. Una vez llegados a la estación de Pyongyang, los turistas -no importa cuántos sean: una sola persona puede constituir un "grupo"- son conducidos siempre por dos guías. En efecto, sería imprudente dejar a un guía a solas con extranjeros. Todo está calculado al milímetro. Todo está diseñado para reducir al mínimo el contacto con la gente: los traslados se efectúan en camionetas, nunca en ómnibus o taxi, siendo la excepción única un breve paseo en subterráneo, entre dos estaciones que son el orgullo de las autoridades. En consonancia con la decoración extravagante y el muy revolucionario estilo de cada estación, en cada vagón cuelga un retrato doble de Kim padre y Kim hijo. Las visitas a los museos también se realizan en horarios distintos que las de los escolares.

Durante las comidas, los turistas permanecen aislados. Comen en sus inmensos y desérticos hoteles de lujo, o en una pequeña habitación, pero siempre lejos de la gente. Eso sí, pueden disfrutar de copiosos banquetes, difíciles de imaginar sobre otras mesas norcoreanas. En la capital existen también algunos restaurantes donde pueden ser conducidos los turistas, entre ellos el muy conocido Okryukwan, el de los tallarines fríos con granos de trigo sarraceno que acaba de abrir una sucursal en Seúl4. Al entrar, los clientes coreanos deben mostrar sus billetes a una mujer de aspecto incorruptible que mantiene cerrada la puerta y les concede el derecho de comer una ración. Los tallarines fríos también pueden ser degustados en el hotel Koryo, frecuentado sólo por funcionarios del régimen o por las pocas personas que están en contacto con los extranjeros y donde hay que pagar con divisas.

A pesar de los múltiples pedidos de ayuda alimenticia, Corea del Norte quiere dar de sí misma, tanto a los turistas como a sus ciudadanos, la imagen de un país que gracias a la fuerza de sus ideas revolucionarias, no necesita nada. El "querido líder" Kim Jong II aparece todo el tiempo en televisión observando satisfecho las papas y pepinos "revolucionarios" que por sí solos deberían ser capaces de resolver los problemas de penuria alimenticia5. Por ejemplo, en el pabellón de agricultura del palacio de la "Exposición de las tres revoluciones", no se hace ninguna referencia a la hambruna que castiga al país, que sin embargo ha causado una cantidad de víctimas considerable, aunque difícil de evaluar.

Luego de días enteros de insistencia, logramos entrar al primer supermercado de la capital. Los productos no son muchos: tres modelos de zapatos, un solo tipo de palangana rosa, una pistola de madera como único juguete en el sector infantil y galletas y fideos secos en el sector de la comida. En la ciudad, como en el campo, todo el mundo se desplaza con una bolsa al hombro, llena de todo lo que hay en el suelo: raíces, plantas o flores comestibles. Cuando le preguntamos si es para comer, el guía deja escapar una risa algo forzada: "¡Por supuesto que no! Es para los conejos." Y agrega, serio: "Mucha gente de Corea cría conejos."

La escasez no afecta a la ideología del poder6. Al contrario, desde la caída del muro de Berlín y el derrumbe del imperio soviético (1989 y 1993), la capital no ha reparado en gastos para intensificar las obras consagradas a la revolución: el monumento en honor a la fundación del Partido de los Trabajadores, el monumento por la Victoria de la Liberación de la Madre Patria, etc. Todos fueron construidos después de 1993. Según el análisis de Pyongyang, el "problema" del bloque comunista europeo fue la insuficiente atención prestada a la educación política. En eso, aquí no se ahorran esfuerzos. En las escuelas, las paredes están tapizadas de dibujos que muestran soldados estadounidenses con cabezas de rata, aplastados por un joven coreano valiente y hermoso. En la ciudad, los afiches revolucionarios se completan con lemas publicitarios, que presentan la última campaña política (dedicada en estos últimos años a la "lucha revolucionaria por la agricultura"), y con los retratos de Kim II Sung o de Kim Jong.

Luego de otro verano en el que se sucedieron las tensiones y las amenazas militares, Corea del Norte y Estados Unidos reanudaron el diálogo. Es concebible que en un futuro cercano veamos a los dos países intercambiando embajadores, con la aprobación de Seúl, que desea el retorno de Pyongyang al regazo de la "comunidad internacional". Mientras tanto, y a pesar de esos tanteos de apertura, el país sigue envuelto en una espesa capa de propaganda y recelo.

  1. Durante la guerra (1950-1953), China y la Unión Soviética apoyaban a los soldados del norte contra el sur y Estados Unidos, que comandaba una fuerza con mandato de la ONU. China envió cientos de miles de voluntarios a combatir junto a los norcoreanos.
  2. En un sistema con frecuencia definido como la única dinastía hereditaria comunista, Kim Jong II, hijo y sucesor de Kim Il Sung, es jefe del ejército y también secretario del Partido de los Trabajadores coreanos, pero el título de Presidente fue consagrado para siempre a su padre, incluso en el más allá.
  3. Cerca de 100.000 turistas surcoreanos llegaron a los montes Keumgang a fines de julio de 1999. El éxito de la travesía no parece desmentido, ni siquiera después de la detención durante tres días de una turista surcoreana acusada de espionaje por las autoridades norcoreanas, en junio pasado. Luego de una interrupción de seis semanas, los viajes se reanudaron normalmente.
  4. Es la primera vez que tiene lugar un intercambio de este tipo.
  5. Hay una sola cadena de televisión y las emisoras de radio y televisión no pueden recibir otras emisiones, tampoco en las proximidades de la frontera con China o Corea del Sur.
  6. Vase Selig S. Harrison, "Craquements en Corée du Nord" y "Derrière la façade du régime de Pyongyang" , Le Monde diplomatique, febrero de 1997 y septiembre de 1998 respectivamente.
Autor/es Itala María Sala
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 5 - Noviembre 1999
Páginas:20, 21
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Conflictos Armados, Deuda Externa, Derechos Humanos, Estado (Justicia), Estado (Política), Geopolítica, Políticas Locales
Países Estados Unidos, China, Corea del Norte, Corea del Sur, Rusia