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Recuadros:

"Sobremarcha" en Venezuela

En una época en la que grandes y pequeños países del mundo reverencian al pensamiento único en economía, política y sociedad, con la secuela de confusión entre moral, poder y riqueza, resulta por lo menos refrescante conocer la realidad de un país que rescata los objetivos olvidados (democracia participativa, industrialización interna, integración regional), practica instrumentos novedosos en la acción pública y tiene un plan estratégico.

¿Qué pensar de un Presidente que dirige un importante mensaje al país por cadena nacional y declara que reconoce como uno de sus maestros al pensador argentino Oscar Varsavsky, fallecido en 1976? Esto ya es extraño, pero cuando el Presidente enfatiza la necesidad de poner la solidaridad por encima del "nefasto neoliberalismo"; o cuando ataca por corrupción a algunos gobernadores y alcaldes y declara sus propios bienes (no tiene casa, ni coche, ni acciones, ni jugosas cuentas bancarias; sólo un terreno), el asombro aumenta. Pero los venezolanos se van acostumbrando: lo narrado ocurrió el 13 de septiembre pasado, cuando el presidente Hugo Chávez presentó su programa de gobierno para los próximos 100 días.

¿Cómo es ese plan venezolano? ¿Cuál es la forma de financiamiento? Chávez explicó a los ciudadanos que en los últimos tres años el Banco Central de Venezuela acumuló 2.200 millones de dólares por ganancias cambiarias; los debía transferir al Tesoro Nacional, pero no lo hizo. El Presidente comentó: la orden de retener ese dinero venía del Fondo Monetario Internacional (FMI). "No inviertan porque el gasto público presiona la inflación"… "¿Y la gente? A eso nos llevaba el neoliberalismo", recalcó.

Ahora el gobierno hizo entrar esas utilidades en sus arcas. Con ellos financiará un plan extraordinario de inversiones públicas. Chávez lo anunció como "la sobremarcha" o el "big push" (gran empujón) y tiene varios propósitos: mejorar el índice de desarrollo humano (disminuir el analfabetismo, la desnutrición, la mortalidad materno-infantil); impulsar el proceso de rehabilitación de la infraestructura social (escuelas, atención ambulatoria de la salud, hospitales, viviendas); potenciar el desarrollo económico del país y acelerar la recuperación del empleo productivo.

De los 2.200 millones de dólares, el 40% se destinará a inversión física, el 37% a inversión social, el 12,3% a inversión productiva, el 6,8% a tecnología y el 3,9% a seguridad ciudadana. Antes de la "sobremarcha" ya estaban en construcción 100.000 viviendas, a las que ahora se agregarán 9.000. Se espera que la inversión en infraestructura física, en desarrollo social y en unidades de producción cívico-militares genere alrededor de 600.000 empleos. Se creará además el Banco de Desarrollo Venezolano (transformando el Fondo de Inversiones de Venezuela) y se establecerá un programa de financiamiento hipotecario dirigido a la compra de vivienda por la clase media.

La situación actual del país se caracteriza por una consolidación política y la salida de una durísima recesión económica1. Para quienes insisten en subrayar el carácter autoritario del proceso, es bueno recordar que desde diciembre de 1998 se realizaron seis elecciones. Hugo Chávez fue electo dos veces presidente, una nueva Constitución vio la luz y el Congreso Nacional vivió una profunda renovación, luego de la implosión de un sistema político que duró medio siglo, regido por gobiernos socialdemócratas y socialcristianos (entre ambos suman ahora apenas el 5% de los votos). La libertad política y de expresión es plena: la casi totalidad de la prensa y los canales de televisión se opone al gobierno y no le ahorra críticas.

Desde la primacía de lo político surgió un sistema de poder que une la dimensión moral con instrumentos económicos. Este hecho es muy importante en Venezuela, donde se vive de la renta del petróleo, que capta el Estado y distribuye el gobierno. El poder político articula también el poder económico. La apropiación de la renta petrolera fue en general el botín de grupos políticos y empresarios, que la acumularon y evadieron, o la difundieron sobre todo a través del empleo público; pero en general no se la utilizó para desarrollar la agricultura ni para crear una industria diversificada. Se realizaron importantes emprendimientos hidroléctricos y mineros; se crearon ciudades pujantes, como Puerto Ordaz; pero faltó un proceso sistemático de producción dirigido al mercado interno. De tal modo, gran parte de la renta petrolera se fue en importaciones; y el 80% de las exportaciones es petróleo.

Reactivación económica

En el plano económico, Venezuela está saliendo de una profunda recesión: en 1999, el Producto Bruto Interno cayó 7,2%. Los motivos fueron varios. En primer lugar, incidió la reducción de la producción y de las exportaciones de petróleo, pactadas en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) para provocar una suba de los precios. En el sector no petrolero también influyó esta baja, ya que se contrajo el gasto público; a ello se sumaron una disminución de la inversión privada por incertidumbre política, un ajuste fiscal y una caída de las exportaciones no petroleras por recesión en los mercados vecinos. Las circunstancias fueron cambiando a lo largo de 1999, con la recuperación del precio del petróleo -que tiene un impacto muy importante en la balanza de pagos- y de las cuentas fiscales. El precio de la "cesta petrolera venezolana" (crudos y productos) pasó de 10,6 dólares el barril en 1998 a 16,0 en 1999 y a 26,3 dólares entre enero y septiembre de 2000. Entre el aumento del valor de las exportaciones petroleras y la contracción de las importaciones de 1999, el saldo de la cuenta corriente de la balanza de pagos pasó de un déficit de 2,7 puntos del PBI en 1998, a un excedente de 5,8 puntos en 1999 y de 10,1 puntos en 2000. También se pagó capital de la deuda externa, que disminuyó de 41.000 millones de dólares en 1994 a 29.000 millones a fines de 1999. El déficit fiscal se redujo de 6,6 puntos del PIB en 1998, a 1,2 puntos en 1999 y hubo un leve superávit en el primer semestre de 2000, pese a que el gasto público aumentó en cerca del 50% en términos reales con respecto al mismo período de 1999 (que fue el momento de mayor compresión en el gasto). El Cuadro muestra la evolución reciente de la economía venezolana, que marca una importante recuperación.

En el mediano y largo plazo, el programa económico del gobierno plantea la ocupación de territorios fértiles, ahora vacíos. La política territorial se basa en el desarrollo de tres grandes ejes: el Occidental (Maracaibo-Guasdualito), el Oriental (Isla Margarita-Ciudad Guayana) y el Orinoco-Apure.

La política internacional del nuevo gobierno tiene como prioridades la integración latinoamericana y caribeña, así como la defensa del Amazonas. La mayor amenaza se vislumbra en el conflicto interno de Colombia.

La integración latinoamericana y caribeña es una de las piezas maestras de la política exterior. Tiene aspectos políticos, económicos, culturales y militares. Aspira a que la Comunidad Andina se convierta en el Mercado Común Andino y que éste se integre con el Mercosur. Mientras tanto ha avanzado en la integración con Brasil en lo económico, político, territorial y energético. Venezuela pretende llevar adelante Petroamérica (una macroempresa que agruparía a las empresas petroleras estatales de la región), y entretanto ha firmado acuerdos de cooperación entre Petróleos de Venezuela S.A. y Petrobras de Brasil, y ha anunciado la colaboración con YPFB de Bolivia, ANCAP de Uruguay y ENAP de Chile.

En cuanto a la defensa de la cuenca amazónica, allí confluyen ocho países interesados en proteger y desarrollar el pulmón vegetal más grande del mundo. Es un punto fundamental para la ecología mundial y para la preservación del patrimonio histórico y cultural de las comunidades que la habitan.

En cuanto a los peligros, la percepción es que el principal es la situación de Colombia, que amenaza a toda América Latina y en especial a sus países limítrofes2. Una intervención armada de Estados Unidos -sea de modo directo o testaferros mediante- desencadenaría un proceso de consecuencias nefastas. Una de ellas, el éxodo masivo de población colombiana hacia Venezuela, Brasil, Ecuador y Perú. Se habla también de la aplicación de desfoliantes (el herbicida transgénico fusarium oxysporium) para erradicar los cultivos de coca, con lo cual se causaría un daño enorme al medio ambiente, pues afectaría a una amplia gama de vegetales (como ocurrió en Vietnam) y podría difundirse en la Amazonia3. El gobierno venezolano plantea que es más racional combatir el consumo en los países desarrollados y, sobre todo, el lavado del dinero del narcotráfico, que en un 80% se realiza en el mercado internacional del dinero. Brasil y Venezuela suscribieron un pacto de alianza militar y no participan junto a EE.UU. en maniobras conjuntas (ver págs. 8-9).

La base política del régimen

Mientras en América Latina se repite en todos los tonos que no hay más modelo que el neoliberal vigente, aparece un sistema democrático que cambia la coalición gobernante, implanta un nuevo grupo dirigente y altera la relación entre el Estado y el mercado. Este régimen venezolano tiene una base primaria de sustentación: la relación del presidente Chávez con los ciudadanos. No puede explicarse de otro modo (salvo por el hastío de los ciudadanos por los políticos tradicionales), que un gobierno gane seis elecciones en dos años mientras el PBI cae el 7%. Los domingos por la mañana el Presidente responde por radio y televisión, durante 4 o 5 horas seguidas, a llamados telefónicos en los que la gente plantea sus problemas concretos. "Acto demagógico", acusa la oposición; "acción concreta a favor del pueblo", responden los oficialistas. Pero mirado desde afuera, aparece como un excelente método para conocer la realidad y calibrar la dimensión de los problemas que enfrentan las personas comunes.

Esta relación con la gente sobrevivió a momentos de grave recesión económica. Ahora, con el aumento sustancial de los ingresos petroleros, tiene mejores perspectivas. Si bien las razones del apoyo al Presidente son sobre todo de índole política, podrían debilitarse si se produjera un deterioro económico; de allí la urgencia de provocar un proceso de crecimiento del PBI y del empleo en los próximos 100 días.

Para prevenir las fluctuaciones de los precios internacionales del petróleo, que pueden conducir al país de la abundancia a la miseria, se ha creado un Fondo de Estabilización Macroeconómica, donde se depositan parte de las utilidades generadas por el petróleo para ser utilizadas en los momentos de baja de precios. Este fondo ya captó 2.500 millones de dólares y se espera llegar a 4.000 millones a fines de 2000. De todos modos, permanece vigente el mandato de uno de los políticos venezolanos más influyentes en el último medio siglo, Rómulo Betancourt, cuyo lema era "hay que sembrar el petróleo". Hoy, sembrar el petróleo quiere decir industrializar, desarrollar la agricultura, implantar actividades productivas que afiancen un capitalismo basado en el beneficio y el salario, en lugar de un ciberfeudalismo sostenido por la renta.

Tal vez, el acto de mayor trascendencia histórica de este gobierno haya sido impedir la privatización de la empresa petrolera estatal (el gobierno anterior estaba a punto de hacerlo), e incluir en la Constitución Nacional dos artículos que establecen que "el Estado se reserva, mediante la ley orgánica respectiva, y por razones de conveniencia nacional, la actividad petrolera y otras industrias, explotaciones, servicios y bienes de interés público y de carácter estratégico" (art. 302). Además, "por razones de soberanía económica, política y de estrategia nacional, el Estado conservará la totalidad de las acciones de Petróleos de Venezuela S.A. o del ente creado para el manejo de la industria petrolera, exceptuando las de las filiales, asociaciones estratégicas, empresas o cualquier otra que se haya constituido o se constituya como consecuencia del desarrollo de negocios de Petróleos de Venezuela S.A." (art. 303). Con esta herramienta, el Estado venezolano es ahora una pieza fundamental en el fortalecimiento de la OPEP, entidad que contribuyó a crear en septiembre de 1960. Su acción fue importante en la suba de los precios del petróleo y la reunión en Caracas de la OPEP en septiembre de 2000 marca un hito en su restablecimiento. Los jefes de Estado y los ministros de Energía de sus países miembros se reunieron por segunda vez en cuarenta años (la primera reunión fue en Argelia en 1975).

El gobierno venezolano no sólo enfrenta problemas de corto plazo. Hay una cuestión estructural, que consiste en la cultura y en la economía de la renta. El petróleo es una bendición porque constituye una fuente extraordinaria de divisas, pero también una maldición porque esta abundancia determina que se tienda a importar cualquier bien antes que fabricarlo en Venezuela. ¿Para qué esforzarse en la producción local, si las importaciones resultan de mejor calidad y más baratas? Resulta el equivalente de lo que fue el oro de América para la España de la conquista. Ahora como entonces, la mayor parte del beneficio queda fuera del país. En su discurso, el presidente Chávez desarrolló el tema. La estructura del precio de los combustibles en los países desarrollados es la siguiente: "18% es el precio del barril, y los impuestos que cobran esos países a sus ciudadanos impacta 60%; lo que ganan los intermediarios o especuladores también es más que la materia prima, 2 o 3 puntos por encima del barril petrolero. Esta es la verdad."

Frente a esta realidad se impone la ejecución de una política económica de desarrollo, a menos de permitir la extinción del espíritu del capitalismo para dejar lugar al goce de la renta y a que los grupos que se la apropian en mayor medida vivan muy bien sobre la base de importaciones y cuentas bancarias en el extranjero.

El gobierno venezolano se encuentra así en medio de dos vertientes. La primera es la necesidad de contar con un grupo social con capacidad de producción económica; la segunda, con el imperativo de dirigir una mayor parte del gasto de los hogares hacia productos nacionales. Es factible que la articulación de estas dos vertientes pueda generar una dinámica propia, en torno a la dupla beneficio/salario, que representa un modo de producción con eje en un capitalismo más competitivo que rentístico.

Otro elemento importante es la obediencia y la cooperación en tareas de gobierno de las fuerzas armadas. Por ejemplo, los batallones cívico-militares aplicados a la producción, apuntan a generar 100.000 empleos. Un general en actividad es ministro de Infraestructura.

El hecho de que casi todos los países de América Latina hayan sufrido dictaduras castrenses hace que la participación militar se observe con desconfianza, pero es necesario diferenciar situaciones en las que el ejército actúa como agente y defensor de oligarquías locales y transnacionales de los casos en que obedece al poder legítimo, respeta las reglas del juego democrático, organiza y da trabajo a los más pobres, participa en actividades productivas y construye infraestructura. Acaso esta función surja en Venezuela no sólo de la voluntad política: también es el resultado de los ajustes que mataron al Estado como burocracia eficiente y vector de transformación.

Queda planteada la discusión: ¿Cuál es la misión y la hipótesis de conflicto de los ejércitos latinoamericanos? ¿Acaso se dedicarán a mantener el orden interno, con propensión policial, por cuenta de las oligarquías locales y en cumplimiento de mandatos transnacionales? ¿U obedecerán, ayudarán y preservarán a gobiernos legítimos, democráticos y populares, que realicen reformas estructurales? Claro que para que esta última hipótesis sea viable, debe haber gobiernos democráticos y populares con voluntad y aptitud para conducir procesos de cambio y también ejércitos con vocación democrática y popular.

Seis elecciones, nueva Constitución, cambio de sistema político, cambio de modo de acumulación en la economía… Venezuela se ha lanzado a la aventura de la independencia y el desarrollo. En la noche del 14 al 15 de julio de 1789, dicen que Luis XVI fue despertado a causa de la toma de la Bastilla. ¿"Es una rebelión?" preguntó; "No, majestad", le contestaron, "es una revolución".

  1. Luis Bilbao, "La revolución pacífica", Le Monde diplomatique, Edición Cono Sur, noviembrede 1999.
  2. Luis Bilbao, "Militarización de la política", Le Monde diplomatique, Edición Cono Sur, septiembrede 2000.
  3. Matilde Sánchez, "En las fronteras del peligro", Clarín, Suplemento Zona, Buenos Aires,24-9-00.

¿Davos? No, Porto Alegre…

Ramonet, Ignacio

Los organizadores del Foro económico mundial que todos los inviernos reúne a buena parte del Gotha mundial de las finanzas y las transnacionales1 en la localidad suiza de Davos, no son sectarios: siempre se ocuparon celosamente de invitar a sus debates a un grupo selecto de intelectuales, artistas e investigadores, incluso sindicalistas, como asimismo a dirigentes políticos. A cada una de esas dos categorías de participantes se le asigna una función precisa: a los primeros, la de prestigiar, dar un suplemento de alma y un barniz cultural y social a un encuentro enteramente consagrado a la exaltación del lucro; a la mayor parte de los segundos, presidentes y ministros, la de darse a conocer y jurar fidelidad a los nuevos dueños del mundo.

En 2001, Davos tendrá un competidor mucho más representativo del planeta tal cual es: el Foro Social Mundial (FSM), que se reunirá para la misma fecha, del 25 al 30 de enero, en el hemisferio Sur, en Porto Alegre, Brasil. En efecto, el público que se espera es significativamente diferente: dirigentes sindicales, responsables de asociaciones, fundaciones y organizaciones no gubernamentales, representantes de redes de movimientos ciudadanos -culturales, ecológicos, feministas, de derechos humanos- de todos los continentes. En suma, no sólo todos los que estaban o hubieran podido estar en Seattle, sino muchos otros además: organizaciones de pequeñas y medianas empresas del Sur, aniquiladas por la "globalización", iglesias, representantes nacionales y locales. Entre 2000 y 3000 participantes, portadores de las aspiraciones de sus respectivas sociedades.

El Foro social mundial será un lugar de intercambios y debates sobre las grandes opciones económicas, sociales, culturales, científicas, tecnológicas y políticas que afronta la humanidad, pero a diferencia de Davos serán abordadas desde una perspectiva cívica, es decir desde el punto de vista de los ciudadanos, no de los financistas2. Los intelectuales y creadores invitados no serán aliados adicionales sino participantes de pleno derecho. Los representantes podrán ver de cerca lo que se agita en un contrapoder planetario en emergencia. En cuanto a ministros y gobernadores que frecuentan Davos, si quieren tendrán la oportunidad de constatar que hay otros actores en la vida pública internacional.

No es fortuito que el primer FMS se reúna en Porto Alegre, capital del estado brasileño de Rio Grande do Sul. La ciudad -y desde las elecciones de 1998 el gobierno del Estado- han puesto en marcha formas de democracia participativa que se estudian atentamente en muchos países3. Estas iniciativas son las que modestamente muestran que es verdaderamente posible otro mundo4. El Foro permitirá dar a conocer y sin duda imaginar, otros, a escala nacional e internacional. Le Monde diplomatique, que por supuesto estará presente en Porto Alegre, informará sobre todo eso a sus lectores.

  1. Ver Ignacio Ramonet, "Davos", Le Monde diplomatique, París, marzo 1996. También Lewis Lapham, La Montagne des vanités, Maisonneuve et Larose, París, 2000, un innovador reportaje en los pasillos de la sesión 1998 del Foro económico mundial.
  2. El Foro social mundial que tendrá lugar todos los años en la misma fecha que el de Davos, se encuentra bajo la responsabilidad de un comité de organización que reúne a las grandes organizaciones asociativas y sindicales brasileñas, con el respaldo de un comité de apoyo internacional. Su sitio: fsm2001@uol.com.br.
  3. Ver el suplemento "Quand la ville est porteuse des espérances de citoyenneté", Le Monde diplomatique, París, mayo 2000.
  4. Ver Manière de voir Nº 41, "Un autre monde est possible", septiembre-octubre 1998, y Manière de voir Nº 52, "Penser le XXI siècle", julio-agosto 2000.


Autor/es Alfredo Eric Calcagno, Eric Calcagno
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 16 - Octubre 2000
Páginas:12, 13
Temas Deuda Externa, Mundialización (Economía), Neoliberalismo, Estado (Política), Políticas Locales
Países Estados Unidos, Brasil, Argelia, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Perú, Uruguay, Venezuela, Vietnam, España, Francia