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Recuadros:

Contra la "comida basura"

El proyecto de agricultura campesina de la Confedération paysanne se inscribe en la lucha contra el productivismo y contra la industrialización agrícola que está en la base de la contaminación de alimentos; también contra la imposición de organismos genéticamente modificados.

El autor de estas líneas tenía exactamente veinte años en 1973, cuando ante unas 80 mil personas reunidas en Larzac, en Rajal del Gorp, Bernard Lambert, líder de los campesinos trabajadores, dijo: "Nunca más los campesinos serán versalleses. Por eso estamos aquí, para celebrar el matrimonio de los Lip1 y de Larzac" . Esta primera gran concentración de apoyo a los 103 campesinos de la meseta opuestos a la extensión de un campo militar había sido convocada por el reducido y nuevo Movimiento de campesinos trabajadores constituido en contra de la Federación nacional de los sindicatos de explotadores agrícolas (FNSEA), sindicato "único" directamente surgido de la corporación campesina del régimen de Vichy, así como su sección "jóvenes" , el Centro nacional de jóvenes agricultores (CNJA).

Nacida de las contradicciones en la modernización de la agricultura de los años 60 y de las reivindicaciones de mayo del 68, esta oposición afirmó de entrada su ambición de reinstalar las cuestiones agrícolas y rurales en el contexto más amplio de las luchas del conjunto de la sociedad. La modernización intensa de la agricultura francesa, alentada por los poderes públicos y la creación del mercado común europeo a comienzos de los años 60, harían surgir graves problemas. Salvo algunos sectores (protegidos por la Política agrícola común -PAC- como el cultivo de cereales y la remolacha azucarera; u otros que gozaban de las ventajas de mercados bien identificados, como los vinos y las bebidas alcohólicas de calidad), la mayor parte del campesinado empezó a pasar por crisis de superproducción reiteradas. Se sumaban tensiones internas muy fuertes respecto a la distribución de los medios de producción, tanto entre los campesinos como entre regiones (concentración aquí, desertificación allá), con un generalizado aceleramiento del éxodo rural. En nombre de la "unidad campesina" , la FNSEA y el CNJA coadministraban esta política con el ministerio de agricultura, con un espíritu evidentemente corporativo: "los asuntos agrícolas son asunto de los agricultores y sus organizaciones".

Contra esta gestión, contra la industrialización de la agricultura y la regresión del campesinado, se constituyó poco a poco la Confédération paysanne, nacida oficialmente en 19872 y comprometida en una reflexión que se nutre de un enfrentamiento diversificado pero permanente con la lógica del mercado: la defensa de los campesinos integrados por las empresas de alimentos de ganado en los años 70, apoyo a los agricultores endeudados frente a los banqueros (entre ellos el Crédit agricole) desde los años 80; acciones múltiples para una distribución territorial más equitativa; reivindicación de los precios garantizados, pero sólo para volúmenes de producción con topes por explotación, especialmente en oportunidad de crisis de superproducción (leche, carne, viticultura, etc).

En la región Loire Atlantique, a comienzos de los años 80, productores integrados en una cooperativa denunciaron públicamente las prácticas ilegales a las que se ven obligados, como por ejemplo la utilización de hormonas prohibidas para mejorar artificialmente los rendimientos de su ganado y tratar de mantener así sus ingresos. Fue esa al parecer la primera vez que a través de la crítica de un modo de producción, un sindicato profesional planteó en público la cuestión de la finalidad social del trabajo de quienes se propone defender y representar. ¡A riesgo de que la mayor parte de los campesinos no lo comprenda! Esta crítica del productivismo en agricultura se referirá no solamente a la calidad de los productos y a la seguridad sanitaria para los consumidores, sino también a los impactos sociales (cantidad de campesinos, condiciones de trabajo), a la ocupación del territorio y la degradación de los recursos naturales -agua, suelos, biodiversidad- tanto en las zonas de explotación intensiva como en las amenazadas por la desertificación, por ejemplo en lo que hace a los riesgos de incendio, avalanchas en la montaña, etc.

En el curso de los años 80 la Confedération pasa progresivamente de la crítica a la elaboración de un proyecto de recambio: el de una agricultura campesina. Este concepto apunta a la reapropiación, por parte de los agricultores, de prácticas más autónomas y económicas ante las empresas capitalistas. También constituye una referencia en la lucha sindical contra el productivismo. Este suele ser presentado como "indispensable" para satisfacer la demanda alimentaria europea y mundial, justificando entonces la famosa "capacidad exportadora" de la agricultura francesa, reafirmada en la ley de orientación agrícola de 1980.

El concepto de agricultura campesina se opone a toda imposición de una agricultura dual: por una parte una producción masiva, industrializada, supuestamente a bajo precio, garantizada por campesinos supuestamente ricos, destinada a consumidores de bajo nivel de vida; por otra, "nichos" de producciones de calidad, por consiguiente "obligatoriamente" más caras, garantizadas por campesinos más bien pobres (no competitivos, se sobreentiende), al servicio de consumidores más pudientes.

Este lugar común es falso. La dualidad que se perfila no separa a campesinos ricos de campesinos pobres.

En 1992 sobreviene la reforma de la PAC en la Unión Europea, y después los acuerdos de las Rondas de Uruguay, el Acuerdo General sobre Tarifas Aduaneras y Comercio (GATT) adoptados en 1993 y firmados en 1994 en Marruecos. Al constatar que la PAC está estancada y después de formular críticas que cabe compartir en muchos aspectos (costo presupuestario, estragos sociales y de medio ambiente, perturbación de los intercambios mundiales debido a las subvenciones para los exportaciones de los excedentes europeos, etc.), la Comisión Europea inicia una profunda reforma. Pero fiel a sus dogmas ultraliberales, Bruselas hace ratificar soluciones diametralmente opuestas: desregulación mediante reducción de precios y desmantelamiento, en una primera etapa parcial, del mercado común agrícola. Para amortizar el choque, los grandes sectores (cultivo de cereales y ganado bovino) que gozaban del beneficio de precios garantizados, reciben la oferta de ayudas directas que compensan los ingresos. Sobre todo, no hay que poner en cuestión el productivismo… Esta reorientación radical suscita dos cuestiones fundamentales, no específicas de la agricultura: la del lugar de las políticas públicas ante un mercado que ya se quiere mundial, y la de la legitimidad de las ayudas públicas.

Tomando conciencia de los límites de una acción estrictamente campesina y franco-francesa, la Confédération lanza entonces dos iniciativas: por una parte, con la Confédération paysanne europea (CPE), la construcción de un movimiento campesino internacional, Via Campesina, que hoy reúne más de 69 organizaciones de 37 países de cuatro continentes; y por otra la creación de una Alianza de productores, ecologistas y consumidores cuya ambición es constituir en Francia un lugar de intercambios y de iniciativas sobre las cuestiones de agricultura, ruralidad y alimentación.

La nueva PAC no hizo más que confirmar lo perfectamente previsible: el agravamiento de las disparidades entre campesinos, crisis de superproducción todavía más severas en sectores débilmente protegidos (cerdo, aves de corral, frutas y verduras, etc). Ahora debe afrontar una crisis de confianza de los consumidores respecto de la agricultura industrial sostenida por París y Bruselas: el asunto de la carne con hormonas en 1995 y 1999; de la "vaca loca" en 1996 y, más recientemente, de la dioxina y los posos de depuradoras en los alimentos del ganado, sin olvidar la contaminación de las aguas por los nitratos y pesticidas en Bretaña y la cuenca parisina3. En Francia intervienen en este contexto la adopción de una nueva ley de orientación agrícola y a escala europea una nueva etapa de reforma de la PAC. La Confédération paysanne, cuya representatividad ante los poderes públicos fue ampliada en 1997 por el gobierno de Lionel Jospin, se hará escuchar sobre las nuevas orientaciones que preconiza, especialmente sobre la multifuncionalidad de la agricultura, y contra la FNSEA y sus cerealeros, sobre las primeras medidas de disminución de ayudas en función de la dimensión de las explotaciones. En cuanto a la Comisión europea, mantiene su rumbo ultraliberal.

En enero de 1998 en Nerac, la destrucción simbólica de semillas de maíz transgénico de Novartis contribuyó a una movilización francesa e internacional contra las trasnacionales de la biotecnología que se proponen imponer sus organismos genéticamente modificados (OGM) y confiscar lo viviente mediante su patentamiento4. En estos últimos años, la sociedad reencontró el gusto por la lucha y la resistencia activa contra el horror ultraliberal; en 1995 en ocasión de las huelgas ferroviarias y en 1997 de las huelgas de camioneros. Y desde fines del verano de 1999, gran parte de la población, superando la visión consumista a causa de los escándalos alimentarios, aprobó el cuestionamiento de la comida basura y el rechazo de un modelo de agricultura y de alimentación que responde solamente a los intereses de las trasnacionales. Por fin se inicia un debate público que podría desembocar en la instauración de un control ciudadano a escala planetaria.

Por eso con otros sindicatos y asociaciones, la Confédération va a estar a fines de noviembre en Seattle para oponerse a los proyectos de liberalización programados por la Ronda del milenio de la Organización Mundial de Comercio. Expresará allí su visión de la agricultura y la alimentación al lado de los que defienden el respeto al derecho al trabajo, el medio ambiente, los servicios públicos para educación, salud, protección social y el respeto a las identidades culturales. Desde lo local a lo internacional, porque frente a lo que está en juego, no podremos ganar solos.

  1. Desde la primavera de 1973, los obreros en lucha contra el cierre de esta empresa de relojería no sólo ocupaban la fábrica sino que habían puesto en marcha la producción y venta de relojes mediante redes solidarias.
  2. La Confédération paysanne nació en 1987 de la fusión de la Confederación de sindicatos de trabajadores campesinos (CNSTP) y de la Federación nacional de los sindicatos campesinos (FNSP). Témoignage chrétien, París, 23-9-99.
  3. Francois Dufour, "Los aprendices de brujo de la agroalimentación" , Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, septiembre de 1999.
  4. Jean Pierre Berlan y Richard C. Lewontin, "La menace du complexe génético-industriel" , Le Monde diplomatique, diciembre de 1998.

Activista agrícola

El 12 de agosto pasado, en respuesta a la decisión de EE.UU. de aplicar altas tasas al ingreso de queso roquefort luego de que Europa prohibiera el ingreso de carne bovina con hormonas, unos 300 agricultores desmontaron, en la localidad francesa de Millau, un restaurante McDonald´s en fase de construcción. Por esa razón fueron encarcelados cinco militantes de la Conféderation paysanne. Cuatro de ellos fueron liberados tres días más tarde, mientras José Bové permanecía trás las rejas a causa de sus antecedentes.

Ecologista radical, Bové luchó por diversas causas, como el cese de los ensayos átomicos en el atolón de Mururoa y la prohibición de incorporar organismos genéticamente modificados en los alimentos. En febrero de 1998 había sido condenado en suspenso por destruir semillas de maíz transgénico de Novartis. Liberado el 7 de septiembre pasado, luego de que asociaciones agrícolas de todo el mundo (inclusive EE. UU.) aportaran dinero para la fianza, Bové se ha convertido en referente nacional y símbolo de la lucha contra la "comida basura".


Autor/es José Bové
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 4 - Octubre 1999
Páginas:40, 41
Traducción Marta Vassallo
Temas Transgénicos, Agricultura, Deuda Externa, Neoliberalismo, Políticas Locales, Consumo, Medioambiente, Salud
Países Marruecos, Uruguay, Francia