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Recuadros:

El clima, rehén de los lobbies industriales

¿Venecia anegada, Bangladesh sumergido y las Maldivas borradas del mapa en menos de cien años? Este escenario catastrófico no surge de siniestras predicciones milenaristas, sino de un conjunto de hipótesis científicas sobre la evolución del clima. El resonante fracaso de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los cambios climáticos, que tuvo lugar en La Haya en noviembre de 2000, deja el camino libre al recalentamiento de la atmósfera, en el que la actividad humana tiene un papel decisivo, según el tercer informe científico de Naciones Unidas sobre cambio climático, presentado en enero pasado en Shanghai.

Como muchos temían, la Conferencia de La Haya sobre cambios climáticos realizada en noviembre de 2000 concluyó en un fracaso. Las razones de este fiasco se deben a la intransigencia de Estados Unidos y sus aliados (Japón, Canadá, Australia) -el bien denominado grupo del Paraguas (Umbrella)- que del Protocolo firmado en Kyoto en 1997 durante la conferencia anterior1, sólo aceptaron los mecanismos de flexibilidad. Una interpretación tan liberal que, a pesar de la presión de Londres, los negociadores de la Unión Europea (UE), conducidos por la ministra francesa de medio ambiente Dominique Voynet, se negaron a suscribirla, ya que mediante una serie de escapatorias, hubiese vaciado el texto de contenido.

Entre estas estratagemas figuran: el recurso ilimitado a los derechos de emisión (los famosos "derechos de contaminación"), en lugar de la reducción efectiva de las emisiones de gas de efecto invernadero (GEI)2 por medio de políticas nacionales, y una amplia inclusión de los bosques en la contabilización de los esfuerzos de cada país, que se saldaría, al fin de cuentas, con un aumento del 12,5% de las emisiones de GEI en los países del Norte. Sin contar los más que imprecisos pliegos de condiciones de las transferencias de "mecanismos de desarrollo limpio" hacia los países del Sur, que podrían incluir las centrales nucleares. Con el riesgo de ofrecer a las petroleras multinacionales y a otros grandes productores de energía la posibilidad de disfrazarse de ecologistas para obtener apoyos financieros públicos a inversiones poco respetuosas de las exigencias ambientales.

"Oposición constructiva"

Estos lobbies son omnipresentes en los pasillos de los encuentros internacionales como el de La Haya. En su mayoría son grupos estadounidenses, agrupados en un frente común bajo la bandera de la Cámara de Comercio Internacional (CCI). Su estrategia evolucionó, ya que luego de haber vapuleado sistemáticamente las negociaciones sobre cambio climático, las empresas transnacionales invocan ahora un enfoque más "constructivo". En cambio, se apegan a obtener un uso ilimitado de los mecanismos de flexibilidad inscriptos en el protocolo de Kyoto3. Esta retórica de la flexibilidad y las escapatorias defendidas por el grupo del Umbrella surge incontestablemente de su influencia sobre los negociadores estadounidenses.

Empezando por el comercio de los permisos de emisión: mientras que este mecanismo, según los términos del protocolo, entraría en vigor sólo en 2008, el corretaje de estos permisos ya es un sector especulativo floreciente: el monto global de estos jugosos mercados a término se elevaba ya en 1999 a 50.000 millones de dólares4, y podría alcanzar proporciones astronómicas -calculadas en billones de dólares- en pocas décadas. De ahí la anticipación de los mercados, que especulan aun antes de la puesta en práctica del protocolo de Kyoto. El Banco Mundial puso en pie un prototipo de Fondos para el carbono, que apunta a alentar proyectos de implantación industrial en los países del Sur. Shell y Mitsubishi, así como el gobierno de los Países Bajos, figuran entre los primeros inversores. A cambio, este Fondo propone a los inversores -gobiernos y empresas- créditos de emisión a bajas tasas. Una manera de financiar una parte de los mecanismos de "desarrollo limpio" especulando sobre el gas carbónico.

En la misma línea, la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (CNUCED) participó en la creación de la Asociación Internacional del Mercado de Emisiones (International Emissions Trading Association), que agrupa protagonistas como la Bolsa de Australia, la International Petroleum Exchange, Shell, British Petroleum, Amoco, Statoil y Tokyo Electric Power. El propósito de esta colaboración, esencialmente compuesto por empresas de los países del grupo del Umbrella, es establecer un mercado global de emisiones, cualquiera sea el futuro del protocolo de Kyoto y, llegado el caso, al margen de este. Otros grupos, como la Société Générale de Surveillance, Trexler y Asociados, Winrock International, Evolution Market LLS, también entraron en danza. Richard Sandor, de la Compañía de productos financieros ambientales (Environmental Financial Products Company), expone su proyecto: "Nuestro objetivo es hacer converger mercados de capitales y mercados ambientales"5. A los mercados de emisiones se incorporarán los de productos derivados, y los fondos especulativos de alto riesgo (hedge funds) se sumarán a esta nueva economía de casino.

Otro de los estribillos de los negociadores del grupo del Umbrella: la inclusión amplia de los pozos de carbono, de las plantaciones de bosques y de territorios agrícolas (denominados, en la jerga, LULUCF por Land Use, Land Use Change and Forestry Activities), en los mecanismos de "desarrollo limpio". El American Farm Bureau Federation (AFBF) es uno de los lobbies más poderosos de Estados Unidos y sus revindicaciones políticas desbordan el marco de la agricultura. En efecto, la mayoría de sus miembros no son agricultores, sino especuladores que contribuyen a la cartera de inversiones del AFBF, evaluada en 4.000 millones de dólares, y donde se encuentran firmas como Philip Morris, Sweyerhauser, Union Carbide y Ford Motor. Además de poner en duda que las actividades humanas contribuyan al recalentamiento del planeta6, su preocupación está centrada en "los impactos que los acuerdos internacionales sobre el cambio climático podrían tener sobre la competitividad de la agricultura estadounidense (…). Es importante que las negociaciones en curso garanticen una flexibilidad máxima, de manera que Estados Unidos pueda disponer plena e inmediatamente del carbono secuestrado por las actividades agrícolas"7.

Garantes industriales

La AFBF lanzó la agrupación de los Farmers Against the Climate Treaty (Granjeros contra el Tratado Climático, FACT) que, como lo indica de manera más que clara su denominación, se opone a toda negociación sobre el clima. ¿El motivo? La aplicación del protocolo de Kyoto traería aparejada una caída vertiginosa de los beneficios del sector, "teniendo en cuenta sus necesidades intensivas en carburante y energía", según el senador republicano Chuck Hagel, uno de los activos representantes del FACT en el Congreso estadounidense8. Igualmente explícito es el mensaje, de uso interno, dirigido en un correo del 11-9-00 por el vicepresidente de asuntos ambientales de la firma papelera SmurfitStone, Allen Koleff, a W. Henson Moore, presidente de la American Forest and Paper Association (AF & PA). En esta misiva, Koleff insiste en felicitar a Henson Moore por el "viraje de 180 grados del Departamento de Estado" respecto a la inclusión de los pozos de carbono en la negociación sobre el cambio climático: "No dudo de que esta "epifanía" por parte del Estado es resultado de los esfuerzos sin tregua del grupo de trabajo sobre cambio climático de la AF & PA"9. Sin contar el importante refuerzo de think-tanks a veces dificiles de identificar, como el Science and Environmental Policy Project, que en su sitio en Internet se define como una organización sin fines de lucro. Allí se ecuentra Fred Singer, uno de los principales representantes del revisionismo climático, que difunde sus mensajes de rechazo a las precauciones ante el recalentamiento climático en las columnas del Washington Times, periódico que pertenece a la secta del reverendo Sun Myung Moon.

También la firma Monsanto puede regocijarse de los beneficios que le permitiría una amplia inclusión de los territorios agrícolas en los controvertidos mecanismos de absorción del gas carbónico inscriptos en el LULUCF. Esta sería una ocasión para hacer valer su herbicida Roundup como "amigo del clima" (climate friendly), de la misma manera que sus semillas transgénicas Roundup Ready, sin contar los futuros beneficios de plantaciones de organismos modificados geneticamente (OGM), de alta absorción de gas carbónico. Monsanto ya se había mostrado muy activo al margen de precedentes conferencias sobre cambio climático, yendo hasta hacerse representar ante el GIEC, grupo de expertos autorizado por las Naciones Unidas autor, en mayo de 1999, de un informe especial sobre el LULUCF.

Los lobbies europeos tampoco se quedan atrás: la Unión de las Confederaciones de la Industria y de los Empleadores de Europa (UNICE) y la Mesa Redonda Europea de Industriales (ERT)10, que agrupa a los directivos de cuarenta y cinco de las mayores firmas europeas, acordaron un compromiso "voluntario" en la lucha contra el efecto invernadero. Producir más sin consumir más energía, fuera de todo cuadro regulador y de todo control, beneficiándose al mismo tiempo de la canasta de mercados de permisos de emisiones y del apoyo del Fondo mundial para el medio ambiente para la implantación de proyectos industriales "limpios" en los países del Sur. Merced a su trabajo de lobby, el desarrollo durable vendría a quedar "garantizado" por estos grupos industriales, algo en verdad poco convincente.11

Inc., Agone, Marsella, 1999.

  1. Monique Chemillier-Gendreau, "Marchandisation de la survie planetaire", Le Monde diplomatique, París, enero 1998.
  2. Dióxido de carbono o gas carbónico (desechos industriales, explosión de los transportes automóviles y aéreos), clorofluorocarbones (utilizados en la fabricación de líquidos refrigerantes, propulsores a gas o agentes de fabricación de espumas y solventes), metano (de origen agrícola, relacionado con el avance demográfico), óxido nitroso (combustión de vegetales, utilización de abonos nitrogenados).
  3. West Coast Environmental Law Research Foundation, "Sinking the Climate: will Canada"s approach to carbon sequestration sink the Kyoto Protocol?", Vancouver, septiembre 2000. En Internet: http://www.wcel.org
  4. The Wall Street Journal Europe, 17-10-00.
  5. Financial Times, Londres, 4-11-1999.
  6. Dominique Frommel, "Ola de calor sobre elplaneta", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, diciembre 1999.
  7. Correo dirigido el 13-11-00 (primer día de negociación en La Haya) a Dan Glickman, secretario de Agricultura estadounidense, firmado en conjunto por: American Farm Bureau Federation, American Soybean Association, National Cattlemen´s Beef Association, National Corn Growers Association, National Farmers Union.
  8. El senador republicano de Nebraska, Pat Roberts, realizó un llamado solemne al "despertar" de la población rural de Estados Unidos, felicitando al FACT por su oposición a todo tipo de tratado. Fuente: http://www.fb.org
  9. Esta carta no contiene una firma manuscrita, pero está dactilografiada sobre papel con encabezado.
  10. Véase el libro de referencia sobre la cuestión de los lobbies europeos: Belén Balanyà, Ann Doherty, Olivier Hoedeman, Adam Ma"anit, Erik Wesselius, Europe Inc., Agone, Marsella, 1999.
  11. 3 West Coast Environmental Law Research Foundation, "Sinking the Climate: will Canada´s approach to carbon sequestration sink the Kyoto Protocol?", Vancouver, septiembre 2000. En Internet: http://www.wcel.org

Compromisos incumplidos de Kyoto

Seis conferencias sobre cambio climático, denominadas Conferencias de las Partes (COP), se sucedieron desde 1995 bajo el auspicio de las Naciones Unidas, con dos etapas cruciales: Kyoto en 1997, que dio luz al protocolo; La Haya, en noviembre de 2000, donde debía definirse la puesta en marcha de tal documento, en vistas de su ratificación por el conjunto de los 183 países representados.

El protocolo de Kyoto, adoptado en 1997, compromete a los países industrializados a reducir globalmente sus emisiones de gas de efecto invernadero en un 5% antes de 2010. Ahora bien, según un estudio reciente de la Agencia Internacional de la Energía, publicado en el World Energy Outlook 2000, en los próximos veinte años, las emisiones de dióxido de carbono aumentarán un 60% respecto de su nivel en 1997. Según este escenario de referencia, las de Estados Unidos aumentarán un 42% en lugar de disminuir un 7% conforme a los objetivos fijados por el protocolo 2010. Para Europa occidental, esta diferencia sería del 18%. Resulta por lo tanto urgente modificar de manera profunda el modo de vida de los ciudadanos occidentales y los métodos de producción industriales: ahorro de energía, uso restringido del automóvil, desarrollo de energías alternativas y de energías renovables financiadas por impuestos a la contaminación, son algunas de las declinaciones de un indispensable civismo climático1.

  1. Véase el informe de Yves Cochet, vicepresidente de la Asamblea nacional de Francia, Stratégies et moyens de développement de l"efficacité énergétique et des sources d"énergie renouvelables en France, La Documentation française, París, noviembre 2000.


Autor/es Agnès Sinaí
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 20 - Febrero 2001
Páginas:24, 25
Traducción Pablo Stancanelli
Temas Deuda Externa, Neoliberalismo, Geopolítica, Medioambiente
Países Canadá, Estados Unidos, Australia, Bangladesh, Japón, Maldivas, Francia