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Polonia ante la Unión Europea

Muchos polacos esperaban obtener "dividendos económicos" de su coraje político: siendo los primeros en sacar a su país del comunismo, ¿no han contribuido acaso a liberar a los occidentales de la onerosa "amenaza" soviética, permitiendo además la unificación alemana? Como reconocimiento, ahora se ven obligados a financiar ellos mismos su adhesión a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), y también la adopción de los "logros comunitarios". Y a funcionar como filtro contra los inmigrantes del Este.

Solo un país del ex bloque del Este superó claramente el nivel de PBI que tenía en 1989: Polonia. Por ello, la mayoría de los analistas occidentales lo califican de "alumno modelo" en el "difícil curso" de los países "en transición" hacia el capitalismo. Pero a pesar de que emergió una generación de entusiastas empresarios, al cabo de una década de reestructuraciones el ánimo de la población parece más bien sombrío. Ahora son los herederos del sindicato Solidaridad, actualmente en el poder, quienes sufren la desilusión, en tanto que los "ex comunistas", por igual motivo, logran unir a los "nostálgicos" de la Polonia popular con ciertos sectores económicos.

Para entender la reelección en la primera vuelta, el 8 de octubre pasado, del presidente Alexandre Kwasniewski (53,9% de los votos), y la derrota de Lech Walesa (1,1%), es imprescindible considerar que el 44% de los polacos califica como positiva la época de la Polonia popular. Más aún: según otra encuesta, el 47% piensa que el socialismo es una buena doctrina que fue mal aplicada, contra el 41% que considera al capitalismo como un sistema mejor1.

Esas convicciones hallan sus raíces en el balance social real de la "transición". No sorprende que Kwasniewski haya obtenido sus mejores resultados allí donde el desempleo es mayor. Igualmente, si el escepticismo de los polacos persiste a pesar de los indicadores macroeconómicos (casi todos buenos) presentados por Varsovia, es porque los efectos de la mundialización y de la adaptación a las normas de la Unión Europea (UE) establecidas en Maastricht exigen de su parte no una pausa en las "reformas", sino, al contrario, un mayor esfuerzo. La diputada socialista francesa y relatora del Parlamento Europeo Pervenche Berès anuncia en efecto que "los nuevos miembros de la UE deben esperar un impacto económico importante en los primeros años posteriores a su adhesión"2.

En Varsovia, la crisis rusa de 1998 no frenó verdaderamente el crecimiento3 y la moneda -el zloty- no sufrió ataques especulativos. La inflación disminuye, la producción industrial aumenta y el nivel sanitario mejora4. En 1998 Polonia atrajo alrededor del 40% de las inversiones extranjeras directas de la llamada "Europa central y oriental". Las mismas representaban en total más de 22.000 millones de dólares a fines de 19995. Las previsiones estiman un crecimiento económico del 5% al 6% en los próximos años.

Pérdida de soberanía

Sin embargo, ese panorama oculta algunos puntos negros. El desempleo volvió a subir a más del 13% y las reestructuraciones previstas (en la agricultura, las minas, la siderurgia, las telecomunicaciones, las refinerías, la electricidad, los transportes públicos, etc.), explican por qué las élites se inquietan ante el descontento creciente. Es que el crecimiento estuvo acompañado de una polarización social y de la repartición de diferencias regionales. En ciertas regiones, el desempleo supera el 20%. Por otra parte, la baja de los subsidios oficiales a los transportes dificulta los viajes cotidianos hacia los grandes polos de actividad, donde se ha vuelto imposible radicarse a causa de la caída en la construcción de viviendas para alquileres económicos. Para colmo, no sólo se descuidan los principios de justicia y fraternidad social proclamados por los comunistas y luego por Solidaridad: los polacos también descubren ahora que con el predominio de la economía mundializada la soberanía nacional quedó vacía de contenido.

Actualmente, el capital extranjero controla el 76,9% del sector bancario, en término de fondos propios. Las mejores empresas fueron vendidas, generalmente por menos de su valor, y a veces la herramienta productiva fue pura y simplemente destruida. En un comercio del pueblo de Sufczyn, cerca de Varsovia, una vendedora declara: "Los jugos de fruta Hortex ya no son buenos. Los estadounidenses compraron la empresa, quedándose con 300 de los 3.000 obreros que trabajaban allí. Ahora envasan jugo concentrado traído de Estados Unidos y nuestros campesinos ya no tienen donde vender sus frutas".

Esa evolución explica la nostalgia que despiertan los principios socialistas y también el resurgimiento de las tentaciones nacionalistas. Se recortaron los presupuestos sociales y lo único que aumenta son los gastos vinculados a la compra de armas occidentales "OTAN-compatibles", a la adopción de los "logros comunitarios" y al control de fronteras.

Diez años después de iniciada la "transición" se torna difícil justificar el déficit de la balanza comercial -que pasó de 2.955 millones de dólares en 1992 a 18.522 en 1999- sólo por las inversiones necesarias en infraestructura. Un ex consejero de Lech Walesa, alto funcionario del ministerio de Trabajo, subraya: "Hacemos con los créditos como en la época de Gierek, pero él invirtió una parte de los mismos. Hoy en día sólo el 15% del déficit comercial puede ser imputado a compras para infraestructuras, pero nadie se atreve a decirlo por miedo a asustar a los occidentales". Empobrecidos, los polacos consumen a crédito, lo cual amenaza el equilibrio macroeconómico, mientras que el reembolso de los vencimientos de la deuda pasará de 2.800 millones de dólares en 2000 a 4.000 millones en 2004. ¿Será por eso que los dirigentes desean adherir a la UE en 2003? Todos los partidos importantes quieren acelerar la integración, que supuestamente garantizará la estabilidad de la economía, de las instituciones creadas a partir de 1989 y de las élites que las manejan. La UE es vista como un paraguas protector gracias a sus salidas comerciales, su mercado laboral, y a la llegada masiva de capitales atraídos por una mano de obra barata y calificada, una apuesta que sigue siendo aleatoria.

"Un puente, no un muro"

Si bien el 59% de los polacos se declara favorable a la adhesión -contra un 25% que se opone- el 44% piensa que ello beneficiará sobre todo a la UE, el 8% cree que favorecerá sobre todo a Polonia, y el 29% estima que los beneficios serán mutuos6. Algunos creadores reaccionan ante los efectos de la "apertura cultural" al mercado mundial. Así, el director de cine Wojciech Siemion apoya el combate a favor de la excepción cultural, mientras que el presidente de la Asociación de Artistas Plásticos, Geno Malkowski, declara: "Siempre consideré que una cultura separada de la vida social era una cultura muerta, y que no dejaría su marca en la historia". Por su parte, el jefe de redacción del diario Trybuna, Janusz Rolicki, lanzó la idea de un Congreso de intelectuales para la defensa de la cultura, pero luego debió renunciar bajo la presión del ex partido comunista (SLD), que en ese tema defiende -como los demás- una línea social-liberal.

Si bien hasta ahora el programa europeo Faro no fue objeto de ningún balance democrático, los gastos vinculados a la adopción de las normas de la UE ya superan los fondos obtenidos7. Desde ahora hasta 2002 Varsovia deberá asimilar más de 100.000 páginas de directivas europeas y adoptar más de 180 leyes. Algunos polacos se preguntan cómo fue que, sin subsidios masivos de la UE, su país logró salir globalmente adelante mejor que la ex República Democrática Alemana, que sí los tuvo, pero que debió soportar las consecuencias de la sumisión al "gran mercado europeo" y las exhortaciones de sus "compatriotas" del Oeste. La exigencia alemana de una rápida adhesión de Polonia a la UE comienza a parecer sospechosa…

Y en tal sentido, la continuación de las negociaciones será mucho más difícil que con los "pequeños" países, como la República Checa o Eslovenia. Luego de aumentar sus derechos aduaneros en 1999 para reequilibrar su balanza comercial, Polonia recibió una advertencia de los responsables de las relaciones agrícolas de la UE con los países candidatos: "Los polacos van por mal camino. Lo conveniente es efectuar reestructuraciones, no escaparse de la realidad de la competencia"8. Finalmente, al término de delicadas negociaciones se llegó a un acuerdo en septiembre de 2000, que prevé la supresión, a partir de 2001, de los derechos aduaneros sobre el 75% de los productos agrícolas9. En junio de 2000 once temas estaban "provisoriamente" acordados, contra dieciocho que quedaban por negociar, sobre la circulación de mercancías, de personas y de capitales; la legislación sobre las sociedades y la competencia; la fiscalidad; la agricultura; la pesca; la aduana; la energía; la cultura; el medio ambiente, etc., sin olvidar el doloroso asunto de Schengen10.

En efecto, los polacos se niegan a que su país se convierta en el "vigilante" del continente, que debería servir de "filtro migratorio" entre, por un lado la "Europa mala" y el Tercer Mundo, y por otro, el "núcleo duro de los ricos"11. Comerciantes de Bialystok se manifestaron contra esa política. Henryk Wujec, ex dirigente de Solidaridad, estimó: "Lo único que quieren los dirigentes de la UE es el cierre de la frontera"12. Jacek Saryusz-Wolski, representante polaco en las negociaciones con Bruselas, afirmó: "Quedar al margen, en la periferia de la UE, no nos interesa (…) La frontera oriental debe ser un puente, no un muro"13.

De hecho, los polacos saben bien que Europa es una península de Eurasia: por lo tanto, Polonia sólo experimentará un real progreso si se articulan políticas audaces de co-desarrollo que permitan la construcción de vías de comunicación seguras, rápidas y abiertas, que unan París con Pekín, vía Berlín, Varsovia, Minsk y Moscú. Por otra parte, la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI) abrirá en 2001 en Varsovia una oficina encargada de ayudar a los países europeos "en desarrollo" (Ucrania, Bielorrusia, Rumania, etc.).

Pero la UE -Francia en particular- insiste en reforzar los controles por medio de la informatización de datos, de helicópteros furtivos y de campos de retención14. Semejante evolución sólo podrá empujar a los pueblos de Eurasia a encerrarse en un recoveco nacionalista. Varsovia contribuyó a despertar ese peligro al adherir a la OTAN y apoyar los bombardeos contra Yugoslavia.

No al cierre de la frontera oriental

Muchas explotaciones polacas sobreviven gracias a los intercambios fronterizos con la ex URSS. Los productos vendidos por los comerciantes de toda la Comunidad de Estados Independientes (CEI) permiten aprovisionarse de bienes baratos. Numerosos comercios quebrarían sin los diez millones de ciudadanos de la CEI que anualmente pasan la frontera polaca. Con la instauración de visas desaparecerá toda una economía de subsistencia de ambos lados de la frontera.

Una campesina de la región de Chelm exclama: "¿Quién vendrá a comprar nuestras legumbres cuando se cierre la frontera? Estoy en contra. Después de todo, los ruskis (denominación popular que engloba a rusos, bielorrusos y ucranianos) son más cercanos a nosotros que los alemanes; con ellos nos entendemos". Aunque la extrema derecha no logró instalarse en Polonia luego de 1989, las campañas insidiosas de las cadenas oficiales y de diarios considerados liberales parecen querer despertar, sobre un fondo de inseguridad y de epidemias, la desconfianza respecto de quienes vienen del Este. Al cabo de un cierto plazo, el liberalismo real puede provocar xenofobia y las campañas antirracistas pensadas para dotarse de una buena conciencia, sólo contribuyen a despertar desconfianza.

Ante auditores de países candidatos a la adhesión a la UE, una economista española sintetizó veinte años de políticas europeas de la siguiente forma: "La pertenencia a la UE no resolvió los principales problemas estructurales de España, pero tornó más difícil su solución, a la vez que creó otros nuevos"15. Llamaba así a examinar nuevamente las lógicas adoptadas por Bruselas, para que Europa se convierta efectivamente en un espacio de paz y de cooperación.

  1. Ver respectivamente Le Point, París, 6-10-00, y encuesta de CBOS, Le Sondoscope, julio de 2000.
  2. "Avertissement au sujet du "choc" économique de l'adhésion", Europolitique, Bruselas, Nº2111, 31-8-00.
  3. De 2,6% en 1992, el crecimiento pasó a 7% en 1995, para caer luego a 4,1% en 1999. Patrick Lenain, "Pologne: une transition réussie", L'Observateur OCDE, 5-10-00. Comisión Económica para Europa de la ONU, Economic Survey of Europe, Nº 1006, junio-julio de 2000.
  4. La tasa de inflación pasó de 45,3% en 1992 a 7,4% en 1999, Comisión Económica para Europa de la ONU, op.cit.
  5. Patrick Lenain, op. cit, Comisión Económica de la ONU para Europa, op. cit.
  6. Encuesta de CBOS, op. cit.
  7. Stephen Holmes, "L'aide de l'Ouest à l'Est: une copie à revoir", Correo de la Unesco, noviembre de 1999.
  8. Helmut Stadler, Europolitique, Bruselas, Nº 2514,5-7-00.
  9. "Accord agricole entre la Pologne et l'Union européenne", Le Figaro économie, París,28-9-00.
  10. La convención de Schengen, del 19-6-90, suprimió los controles fronterizos entre los Estados firmantes, y los reforzó en las fronteras exteriores de la UE.
  11. Gilles Lepesant, "La Pologne et son Est", en "Les confins de l'OTAN", Nouveaux Mondes, Ginebra, Nº 9, otoño de 1999.
  12. Nathalie Nougarèyde, "Les travailleurs au noir de l'ex-URSS affluent en Europe centrale", Le Monde, París, 12-10-00.
  13. Jacek Saryusz-Wolski, "Nous voulons une vraie politique orientale de l"Union européenne", Le Monde, París, 8/9-10-00.
  14. Robert Graham, John Reed, Michael Smith, "France talks tough line over Polish border security", Financial Times, 18-5-00.
  15. Miren Etxezarreta, "European paradise: some misgivings from the periphery", Conferencia en la Fundación Rosa Luxemburgo: Eastward Enlargement of the European Union: the social dimension, Berlín, 16/18-6-00.
Autor/es Bruno Drweski
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 20 - Febrero 2001
Páginas:22, 23
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Deuda Externa, Mundialización (Economía), Neoliberalismo, Estado (Política), Geopolítica, Unión Europea, Migraciones
Países Estados Unidos, Bielorrusia (Ex URSS), Eslovenia (ex Yugoslavia), España, Francia, Luxemburgo, Polonia, República Checa (ex Checoslovaquia), Rumania, Ucrania, Yugoslavia