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Muerte programada del secreto bancario suizo

Hace dos siglos que, racionalizada por la doctrina calvinista, la recepción, custodia, encubrimiento y reinversión de capitales en fuga procedentes de todo el mundo son la base de la solidez financiera y la prosperidad suizas. Pero el secreto bancario está en la mira de la OCDE, Estados Unidos, el G8 y especialmente de la Unión Europea, decidida a aplicar a terceros sus normas sobre evasión fiscal. Su eliminación tendrá consecuencias dramáticas en la Confederación, pero al mismo tiempo podría convertirla en miembro de la Unión.

El crimen organizado internacional utiliza en gran escala a los bancos helvéticos para reciclar y blanquear sus ganancias. En Suiza la justicia, la policía y las leyes de procedimiento penal son competencia de la soberanía de los cantones, y entre ellos, sólo la República y cantón de Ginebra hace verdaderos esfuerzos para preservar su plaza financiera de la infiltración sistemática de los mafiosos rusos, los barones de los cárteles sudamericanos o los señores de las tríadas chinas.

El dinero de la corrupción y del saqueo de los Estados del Tercer Mundo por parte de dictadores y élites autóctonas es la segunda gran fuente de la fabulosa riqueza del paraíso helvético. Suiza aplica la libre convertibilidad de las monedas. Su neutralidad política, el cinismo y la extrema competencia de sus banqueros incitaron tradicionalmente a dictadores de toda especie (los Sani Abacha de Nigeria; Mobutu, del ex Zaire; Jean-Claude Duvalier, de Haití; Marcos, de Filipinas y otros), a depositar con total confianza el producto de sus rapiñas en el Paradeplatz de Zurich o en la calle de la Corraterie de Ginebra.

Pero la ley helvética es tan compleja que muy pocos gobiernos africanos, latinoamericanos o asiáticos tienen alguna posibilidad de recuperar unas pocas migajas de las fortunas de sus tiranos destituidos. Así, sobre los cerca de 3.400 millones de euros desviados por Sani Abacha entre 1993 y su muerte en 1998, colocados en diecinueve bancos suizos, sólo se recuperaron y bloquearon 730 millones y sólo 115 millones fueron restituidos a las autoridades de Lagos1.

La tercera renta particularmente jugosa es la evasión fiscal internacional. Los estafadores del fisco del mundo entero, pero sobre todo de Alemania, Italia y Francia, transfieren sus capitales a Suiza. Por una sencilla razón: en casi todas partes del mundo, la evasión fiscal constituye un delito penalmente justiciable. Pero no en Suiza, donde la falsa declaración de impuestos y la sustracción intencional de ganancias sujetas a gravámenes constituyen tan sólo infracciones administrativas. Sólo la fabricación de documentos falsos es objeto de sanción penal. Por lo tanto, en materia de evasión fiscal, el secreto bancario es absoluto y no se levanta en ninguna circunstancia.

Se objetará que Suiza firmó con casi todos los Estados del mundo convenciones llamadas de ayuda mutua judicial, basadas en el principio de reciprocidad. Pero para que sus autoridades otorguen esa ayuda mutua a una autoridad extranjera, hace falta que los hechos en los que están involucradas se definan como un delito penal en ambos Estados. Y puesto que el código penal de la Confederación no hace mención a la evasión fiscal, los estafadores del fisco alemanes, franceses o italianos -clientes de los bancos suizos o de sus sucursales en Bahamas o Hong Kong- pueden dormir tranquilos. Ningún juez ni autoridad fiscal de Ginebra, Basilea, Berna o Zurich dará la menor información a los jueces franceses, alemanes o italianos.

Paraíso amenazado

Pero los vientos están cambiando de manera muy preocupante para la plaza financiera helvética, que según un estudio de la universidad de Basilea, genera alrededor del 35% de los haberes privados mundiales y garantiza el 11% del Producto Bruto Interno del país2. En efecto, los miembros de la Unión Europea (UE) obtuvieron, el pasado 27 de noviembre, un compromiso para la armonización de la fiscalización de los ingresos del capital que en determinado plazo constituye una amenaza seria para los bancos suizos. Por cierto, la UE se toma todo su tiempo: el proyecto de directiva prevé un intercambio de información generalizado entre las administraciones fiscales recién…¡en el 2010! No obstante, desde ahora hasta fines de 2002, tendrán lugar discusiones con los terceros países, en primer lugar los europeos como Mónaco, Lichtenstein y Suiza, con el fin de asegurarse de que adopten la legislación comunitaria. En otras palabras, el secreto bancario tendrá que ser negociado con la UE.

Los Quince no son los únicos que quieren desecar el oasis helvético, directa o indirectamente en la mira también de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), que acaba de dotarse de un arsenal de lucha contra la corrupción. El secreto bancario suizo está también en la mira de Estados Unidos y del G8: en la última reunión de los ministros de economía de esos países miembros, que tuvo lugar en Fukuoka (Japón), el 8 y 9 de julio pasado, se elaboró una lista de los principales paraísos fiscales que se trataría de cerrar. Suiza figura en un lugar relevante.

En 1984, el pueblo suizo fue llamado a pronunciarse acerca de una iniciativa popular constitucional lanzada por el Partido Socialista, las Iglesias y los sindicatos, que solicitaba una redefinición restrictiva del secreto bancario. El 73% de los votantes la rechazó. Para combatirla, la Asociación de Banqueros Suizos utilizó, además de millones de dólares, el siguiente argumento: el secreto bancario es, de hecho, un derecho de las personas, el garante de la esfera privada; suprimirlo significaría abrir las puertas al Estado totalitario.

Pero entretanto, y sobre todo a partir de la crisis financiera asiática y los múltiples casos de corrupción sacados a luz, los estragos provocados por la banca mundializada y los paraísos fiscales trajeron importantes cambios en la opinión pública. Estos cambios repercutieron en los representantes electos, como lo atestigua en Francia la creación de una misión parlamentaria de información sobre los obstáculos al control y a la represión de la delincuencia financiera y del blanqueo de capitales en Europa, que generó informes nada complacientes sobre Lichtenstein3 y Mónaco4. Los gobiernos acompañaron el movimiento5, si bien en una medida todavía muy limitada.

Segundo error de los banqueros: por motivos evidentes, siempre fueron hostiles a la adhesión a la Comunidad Económica Europea (CEE), devenida en Unión Europea. El 6 de diciembre de 1992, el pueblo suizo, sometido a una intensa propaganda de los banqueros, llegó al extremo de votar mayoritariamente en contra de la adhesión al Espacio Económico Europeo (EEE) que asocia en una unión aduanera a los Quince con los últimos miembros de la Asociación Europea de Libre Intercambio (ALELE): Islandia, Lichtenstein y Noruega. Aquí también la oligarquía de las finanzas se equivocó. Persuadida de que bastaba permanecer fuera de la UE para salvaguardar el secreto bancario, ahora descubre estupefacta que ésta decide aplicar a terceros países sus normas en materia de evasión fiscal.

Su tercer error consistió en subestimar las fuertes tendencias de las políticas fiscales europeas, armonización comunitaria y disminución de los impuestos. Pero para preservar el equilibrio de los presupuestos, la baja de las tasas impositivas implica una lucha más firme contra el fraude y la evasión, y por ende la liquidación efectiva de los paraísos fiscales.

Es famosa la frase de Chateaubriand: "Neutral en las grandes revoluciones de los Estados que los rodeaban, los suizos se enriquecieron con la desgracia de los demás y fundaron un banco sobre las calamidades humanas". Una oligarquía financiera reina desde hace cerca de docientos años sobre un Estado y un pueblo cuya legislación, sistema ideológico y burocracias electorales están estrechamente adaptadas a sus necesidades. Gracias a un sistema bancario hipertrofiado, también gracias a esas instituciones que son el secreto bancario y la cuenta de número, esta oligarquía funciona como un encubridor del sistema capitalista mundial.

Las grandes y poderosas ciudades-Estado de Zurich, Ginebra, Basilea y Berna forman la verdadera estructura económica y política de la Confederación. Su poder financiero data de fines del siglo XVII, del triunfo de la Contrarreforma. En 1865, Luis XIV revocó el edicto de Nantes. Los burgueses protestantes de Francia, prósperos en su gran mayoría, fueron perseguidos y sus bienes confiscados. Miles de ellos huyeron a Suiza, o al menos enviaron allí sus caudales. La recepción, la custodia, el encubrimiento y la reinversión de los capitales en fuga del mundo entero son, desde entonces, el fundamento de la prosperidad helvética.

El sistema de encubrimiento se perfeccionó enormemente durante la segunda guerra mundial. Hitler enfrentaba un problema aparentemente insoluble. Su moneda había perdido todo valor en el mercado internacional. Pero necesitaba conseguir en el mercado mundial, y en divisas, las materias primas estratégicas (wofram, manganeso, osmio, tungsteno, etc.), que necesitaba para continuar su guerra. En los países ocupados, los nazis habían robado las reservas de oro de los bancos centrales. En los campos de la muerte, arrancaban a los deportados sus alianzas, brazaletes y dientes de oro.

Entre junio de 1940 y abril de 1945, el 75% de todo ese oro robado fue transferido a Suiza. En contrapartida, los blanqueadores helvéticos enviaban mes a mes a Berlín decenas de millones de francos suizos convertibles. Los bancos de la Confederación contribuyeron así a prolongar el conflicto, sacándole de paso provecho. Desde esa época, los imperios bancarios suizos figuran entre los más poderosos del mundo.

El sacramento de ahorro

El manejo del dinero reviste en Suiza el carácter de un sacramento: guardarlo, recibirlo, contarlo, atesorarlo, especular, encubrir, son todas actividades investidas de una majestad casi ontológica, que ninguna palabra debe venir a profanar y que se llevan a cabo en un silencioso recogimiento. Quienquiera cometa el pecado de hablar de más las desacraliza. Un sacrilegio semejante está lógicamente penado por la ley.

Ese silencio y ese recogimiento tienen, en la teoria calvinista del ahorro sagrado, un corolario: el banquero de Ginebra, de Zurich o de Basilea (o el de Basilea en Panamá) asume su función de guardián intransigente de la moral. Frente a un mundo de malvados y descreídos, su silencio protege la virtud. Sólo el hombre honesto goza del secreto bancario, siendo ese secreto la recompensa por su honestidad. En principio, el banquero no acepta, como deudor o acreedor, sino a un hombre de cuya virtud está seguro. De él se presume que no realizará operaciones sino dentro del territorio definido por los preceptos de la Iglesia y la ley de los Estados6.

Lamentablemente, su práctica cotidiana desmiente cruelmente ese credo. Este fracaso tiene en primer lugar una causa teórica: la doctrina calvinista del ahorro como valor en sí mismo implica el reconocimiento, en la periferia, de la existencia infrahumana y de la explotación de millones de seres, si no como valor, al menos como una ineluctable necesidad histórica. Evidentemente, semejante contradicción anula la enseñanza de igualdad del Evangelio, la fe y sus mandamientos que el banquero pretende servir mediante la institución del secreto. En segundo lugar, el fracaso tiene una causa práctica. Es precisamente el secreto lo que incita al banquero a hacer lo contrario de lo que pretende.

Neutralidad, hipocresía, ganancias… Se estima en un 27% la parte de Suiza en el conjunto de los mercados financieros offshore del mundo7. Con ese porcentaje, la Confederación aventaja largamente a Luxemburgo y a los diversos paraísos fiscales del Caribe y de Extremo Oriente. Al amparo del secreto, los "gnomos" hacen fructificar más de 3 billones de dólares de fortunas privadas extranjeras. Los haberes extranjeros, llamados institucionales (fondos de pensión, etc.), administrados en Zurich, Ginebra y Basilea, son netamente minoritarios. Todo el mundo, incluidos los mismos banqueros, admite que alrededor del 80% de esos clientes confían sus capitales a los establecimientos helvéticos por razones de confidencialidad.

En Suiza, 107.000 personas trabajan en el sector bancario. Para la plaza financiera helvética, la supresión del secreto impuesta por la UE tendrá entonces consecuencias dramáticas a corto plazo. El ministro federal de las finanzas, Kaspar Villiger, proclamó envalentonado: "El secreto bancario no es negociable"8.

Pero al pánico de los banqueros responde el alivio de gran parte de la población. Pues la complicidad con la criminalidad es una tragedia que afecta a cada ciudadano. Si se desembarazara del bandidaje bancario, de su secreto y de sus cuentas de número, podría por fin reanudar los lazos con su tradición de solidaridad internacional. Si se incorporara a la UE -y también a la ONU- Suiza sería un socio importante para los otros Estados: su pluralismo cultural, su experiencia democrática y su larga práctica del federalismo podrían proporcionar una valiosísima contribución a la construcción política de Europa.

  1. Le Monde, Paris, 6-9-00.
  2. Le Monde, Paris, 23-8-00.
  3. Véase la ponencia que la Misión parlamentaria de información común sobre los obstáculos al control y la represión de la delincuencia financiera y del blanqueo de capitales en Europa consagró a Lichtenstein, muy ligado a la plaza financiera helvética (ponencia Nº 2311, registrada en la presidencia de la Asamblea Nacional francesa el 30-3-00). Ese informe figura como anexo del trabajo colectivo de Attac, Les Paradis fiscaux, Mille et Une Nuits, París, 2000.
  4. Idem, Tomo 1, vol. 2: La principauté de Monaco.
  5. Véase el dossier "Los paraísos fiscales", en Le Monde diplomatique, Edición Cono Sur, abril de 2000.
  6. Véase André Biéler, La Pensée économique et sociale de Calvin, Ed. Georg, Ginebra, 1959. Véase también Giovanni Busino "Intorno al pensiero economico e sociale di Calvino", en Rivista storica svizzera, Nº 10, Lugano, 1960.
  7. Los mercados offshore reciben los capitales privados administrados fuera de su país de origen. Véase Gemini Consulting, New York, estudio sobre los mercados offshore, periódicamente actualizado.
  8. L'Hebdo, Lausana, 29-6-00. Véase el comentario de Frank A. Meyer en Der Sonntagsblick, Zurich, 2-7-00.
Autor/es Jean Ziegler
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 19 - Enero 2001
Páginas:14, 15
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Corrupción, Narcotráfico, Neoliberalismo, Paraísos Fiscales, Políticas Locales, Unión Europea
Países Estados Unidos, Bahamas, Panamá, Filipinas, Japón, Alemania (ex RDA y RFA), Francia, Islandia, Italia, Luxemburgo, Mónaco, Noruega, Suiza