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Irán: la modernidad al acecho del islam

Luego de los graves conflictos de julio pasado, la República Islámica de Irán ha entrado en una fase decisiva de su historia. El ala clerical del régimen desencadenó las hostilidades con los reformistas demócratas para garantizar la perennidad de su poder ante un amenazante movimiento popular. Se trata de sentar posiciones ante las elecciones legislativas, previstas para febrero del 2000, que los reformistas tenían la certeza de ganar, luego de sus victorias en las elecciones presidenciales de mayo de 1977 y las municipales, en marzo pasado.

Los conservadores necesitaban un pretexto, y lo encontraron cuando los estudiantes universitarios de Teherán iniciaron, el 8 de julio pasado, una manifestación pacífica por las libertades. En la víspera, el majliss (Parlamento), dominado por los conservadores, había votado una ley destinada a silenciar a la prensa, principal espacio de libertad para los reformistas. El diario Salaam, estandarte contestario, había sido prohibido de inmediato. El clero le reprochaba haber publicado ese 8 de julio un texto confidencial del Ministerio de Informaciones (MI, Inteligencia), que proponía la adopción de una legislación represiva contra los medios de comunicación liberales. El texto, redactado por un alto responsable de Inteligencia, Saeed Emani, quien se habría "suicidado" hace unas semanas, recomendaba asimismo la eliminación física de varios intelectuales opositores… que en efecto habían sido asesinados en octubre de 1998. Puestos en descubierto de este modo, los dirigentes clericales decidieron frenar en seco la liberalización del régimen iniciada desde que Mohammed Jatami fue electo a la presidencia de la República.

Dos años después de haber sido elegido, Jatami confirmó en una reciente gira por el mundo árabe su voluntad de imprimir un rumbo nuevo a la política exterior de su país. Pero lo esencial del combate que opone a reformistas contra conservadores se juega en torno del lugar que el Islam ocupa en la sociedad iraní y de sus relaciones con la política. El resultado de esta ardua lucha determinará el futuro de Irán, pero también tendrá profundas repercusiones en el conjunto del mundo musulmán.

Dos modelos y una religión

Ser rechazado en la entrada de la residencia de un Gran Ayatolá, en pleno centro de la ciudad santa de Qom, es de por sí un acontecimiento insólito. Tanto más si este prelado, el más influyente del clero superior del islam chiíta, durante muchos años el sucesor designado por el imán Jomeini para liderar la República Islámica, solía recibir a todos sus visitantes extranjeros con mucha cordialidad. Ocurre que la víctima del desaire, Hossein Ali Montazeri, de 77 años, cayó en desgracia en 1989 luego de haber criticado, entre otras cosas, las ejecuciones masivas de presos políticos. Fue detenido hace dieciocho meses, luego de haber cuestionado el carácter teocrático de la República Islámica y la institución del Velayat Faguih (textualmente, el gobierno del jurisconsulto), máxima instancia político-religiosa del Estado. Montazeri sostiene que el Faguih, "guía supremo" de la República, no tiene legitimidad divina, razón por la que debería ser nombrado democráticamente para un mandato de duración limitada y revocable; que su función debería ser de índole esencialmente espiritual y que la elección podría recaer sobre un laico respetado por sus conocimientos teológicos y sus cualidades humanas más que sobre un miembro del clero carente de esas condiciones. Su máximo "delito" es haber descalificado al actual Faguih, el sucesor de Jomeini, el ayatolá Jamenei, al que considera desprovisto de las cualidades exigidas.

El ayatolá Montazeri tiene numerosos émulos en las instancias superior e inferior del clero, a veces más radicales que él. Al menos otros dos ayatolás sufren también arresto domiciliario. Otros han sido reducidos al silencio, amenazados con la privación de los subsidios del Estado o agredidos por los matones de una agrupación paramilitar, "los seguidores del Hezbolá"(el partido de Dios). El clero inferior, que se define en gran parte como contestatario, no se salva. Una cantidad indeterminada de molás, abiertamente disidentes, fueron exclaustrados, se pudren en la cárcel o corren el riesgo de ser citados a comparecer en un breve plazo ante el temible "tribunal de los clérigos" . Desprovistos de las ventajas del poder -de las que se beneficia sólo una ínfima minoría de los religiosos- padecen la falta de popularidad que afecta al conjunto del clero, considerado por la opinión pública como el responsable colectivo de las fechorías del régimen, pero adhieren a una visión del islam diferente de la de los potentados religiosos. Algunos de ellos hasta desean que el clero se retire del aparato del Estado para redescubrir el papel moral -y eventualmente contestatario- que ejercía antes de la revolución de 1979.

El movimiento tomó impulso a partir de mayo de 1997, cuando el hojatoleslam reformista Mohamed Jatami fue electo presidente de la República. El caso de Mohsen Kavidar es ejemplar. En entrevistas anteriores, este joven molá, de 39 años, profesor de filosofía, hacía declaraciones poco ortodoxas con la condición de que no le fuesen adjudicadas. Hace dos años, dejó caer su máscara. Aprovechando las libertades que se tomaron las nuevas publicaciones de la oposición, el filósofo mutó en militante político. Firmó crónicas polémicas denunciando la naturaleza teocrática del Velayat Faguih, acusando a los que apoyan el poder de haber retomado las prácticas totalitarias del régimen monárquico. Haciendo referencia a Jean Jacques Rousseau, instó a un "contrato social" que regule las relaciones entre el Estado y los ciudadanos y fue más allá de "la línea roja" de lo tolerable al exigir que "se eche luz" sobre la ola de asesinatos políticos durante el otoño de 1998 y dando a entender que los altos responsables, laicos o religiosos, los habían teledirigido. Los autores del asesinato del político opositor Darius Fourouhar y de su esposa, así como de dos escritores laicos, fueron detenidos, pero la investigación, mantenida en secreto, está todavía pendiente. En abril pasado Kadivar, que insistía en que se revelara la identidad de los asesinos y su proceso fuese público, fue condenado por el temible "tribunal de clérigos" a dieciocho meses de prisión.

Los miembros conservadores del clero califican a sus adversarios de "revisionistas" , término que se pretende injurioso. Pero los disidentes contestan que el ijtihad (esfuerzo de la interpretación de textos sagrados) responde a una práctica reconocida y alentada por el islam chiíta, el grupo religioso mayoritario en Irán. El mojtahed goza incluso del derecho de emitir juicios innovadores porque la jurisprudencia islámica, en principio, es flexible. Este privilegio ha conducido en algunos casos a la justificación de la separación del Estado y la religión, a un laicismo de facto, ya que no de jure. Numerosos expertos de la jurisprudencia islámica, teólogos y filósofos, sortearon el obstáculo -sin admitirlo de forma explícita- para evitar las críticas del aparato represivo. El concepto de laicismo, que los libros sagrados desconocen y que resulta intraducible en lengua persa, es juzgado por el poder reinante como la negación simultánea del Islam, de la constitución de la República Islámica y de la revolución misma.

El jeque Mohamed Shabistari, mojtahed reconocido y respetado en todo el mundo musulmán, profesor de filosofía islámica en la Universidad de Teherán, está catalogado de "liberal" por quienes lo cuestionan. Alto, esbelto en su traje clerical, un turbante blanco que corona un rostro de rasgos armoniosos, una sotabarba blanca cuidadosamente arreglada, anteojos de carey, el teólogo se expresa eligiendo las palabras con prudencia: "En el islam no existe ninguna forma coercitiva de institucion estatal. Así como un gobierno que se inspira en los valores supremos del islam es legítimo, sobre todo en un país tan profundamente creyente y tradicional como el nuestro, un Estado islámico carece de sentido respecto de los textos sagrados. La institución de Velayat Faguih depende entonces del ámbito de la política y no de la religión. Nuestra constitución, a la que adhiero por deber cívico, yuxtapone los derechos divinos y los deberes de los ciudadanos. Esta mezcla de géneros es la raíz de numerosos problemas nuestros (…) es preciso que un día nos libremos de esa contradicción adaptándonos a las exigencias de la modernidad"

Una de las palabras clave del debate que apasiona a la opinión pública acaba de ser pronunciada. El filósofo musulmán Abdel Kerim Souroush, influyente en el seno del clero y de la sociedad civil, de cuyas ideas se dice de manera lapidaria que "están en el poder" desde la elección de Mohamed Jatami, es un audaz innovador porque se aleja resueltamente de los textos sagrados precisamente en nombre de la modernidad. "Es preciso dejar de engañarse pretendiendo que el islam contiene todas las enseñanzas ajustadas a las necesidades de una sociedad moderna, como la democracia o los derechos humanos. La religión del Profeta determina sobre todo las obligaciones de los creyentes, mientras que la democracia garantiza los derechos de los ciudadanos. Es a nosotros, los intelectuales del Tercer Mundo, a quienes nos corresponde hacerlas compatibles".

¿De qué manera? "Simplemente tratando de imaginar qué posturas adoptaría el Profeta si regresara a la Tierra a vivir entre nuestros contemporáneos. El sabría distinguir entre los principios fundamentales del Corán, que son poco numerosos, y la infinidad de juicios coyunturales que correspondían catorce siglos atrás a una sociedad muy diferente de la nuestra" . A manera de ejemplos, Souroush sostiene que han caducado las instituciones de derecho divino, como el Velayat Faguih, las sanciones penales denominadas islámicas, la condena a muerte de los apóstatas (en alusión, entre otros, al caso de Salman Rushdie), la desigualdad entre el hombre y la mujer, las discriminaciones ejercidas respecto de los no musulmanes (los dhimmis) dentro de un estado musulmán.

Hasta hace muy poco, Sourush se adentraba con prudencia en el ámbito religioso y rehusaba -según decía- a penetrar en el espacio político. ¿Es de extrañar entonces que le hayan suprimido su cátedra de filosofía en la universidad, que no pueda hacer uso de la palabra en un lugar público sin ser agredido físicamente por los seguidores del Hezbolá, que no se atreva a salir a la ciudad si no es en autómovil y acompañado y que piense en expatriarse? Sin embargo, tiene motivos para estar satisfecho: escritor exitoso, la tirada promedio de sus libros es dos o tres veces superior a las de otras obras; es más leído en la ciudad sagrada de Qom, donde cuenta con numerosos adeptos dentro del clero inferior y los seminaristas, que en el resto del país.

Las libertades públicas, en particular la de prensa, conocieron un desarrollo sin precedentes desde el acceso de Jatami a la presidencia. La represión que ejerce el Estado bajo la dirección del Faguih ayatolá Jameini se agravó en la misma proporción. El primero hace de jefe de la oposición liberal frente al líder de los conservadores. Esta "cohabitación a la iraní", donde está en juego el poder supremo y tal vez el futuro mismo de la República Islámica, adoptó el aspecto de una guerrilla latente, de una guerra de posiciones donde las interpretaciones contradictorias del islam son sólo un aspecto. Los medios constituyen la arena central de la confrontación. En contraposición a la radio, a la televisión, a las numerosas publicaciones controladas por los conservadores, una pléyade de revistas y diarios militan por un aggiornamento.

Los periodistas evitan cuestionar de forma explícita la prohibición del consumo de alcohol o la obligación de llevar velo para las mujeres, temas considerados demasiado irritantes y, sobre todo, de importancia secundaria en el debate actual, pero defienden de forma muy audaz los principios que fueron los temas centrales de la campaña electoral del nuevo Presidente: el estado de derecho, las libertades públicas, los derechos del individuo, el pluralismo, la legalización de todos los partidos que son fieles a la constitución…. La prensa reformista de todas las tendencias -entre otras, Sobhe Emruz y Khordad, cercanos a la presidencia de la república, Salaam (órgano de la izquierda islámica), Nachat y Kian (izquierda independiente), Zanan (feminista), Hamshahri (derecha modernista)- publica los textos y las declaraciones de los teólogos "revisionistas" y de los religiosos conservadores, pero partidarios de las libertades.

La respuesta del poder a esos desafíos ha tomado diferentes formas: clausura de las publicaciones, que renacen de inmediato con nuevos nombres; detención de periodistas y cronistas, que vuelven a la carga después de ser liberados; campañas mediáticas de intimidación, agresiones físicas, amenazas de muerte proferidas de forma anónima o mediante organismos fantasma y finalmente asesinatos, cuya responsabilidad el MI se vio obligado a atribuir a algunos de sus agentes que habrían obrado por propia decisión.

"La era de los asesinos ha concluido" , afirmó recientemente Jatami. Su ministro de Información repitió por su parte que "la supresión de la censura es irreversible" y, de hecho, autorizó numerosas obras literarias o cinematográficas política o moralmente "incorrectas" , excepto aquellas que incluían escenas sensuales. A la espera de su legalización, reconoció a la asociación de escritores iraníes, notablemente laica, de izquierda y fuera de la ley, tanto en la época de la monarquía como durante la República. Citado ante el parlamento por manejos "antiislámicos" , el ministro apenas logró escapar a su destitución en abril de 1999, ya que una mayoría de diputados, que probablemente temían la reprobación popular, impusieron por estrecho margen su voto contra la moción de censura.

La espada de Dios

La institución jurídica ocupa un lugar de preferencia en la arena de la confrontación. Pertenece al ámbito reservado del Faguih y escapa al control de los poderes legislativo y ejecutivo. "La espada del justiciero está en manos de nuestros adversarios" , se queja, amargo, Mohamed Atrianfar, director del diario Hamshahari, el de mayor tirada. Una espada tanto más peligrosa cuanto que está manipulada por el Señor. "La justicia tiene esencia divina" , explica Assadollah Badamchian, uno de los dirigentes más influyentes del ámbito conservador. "La justicia no toma su legitimidad del pueblo sino del islam" , precisa el ayatola Mohamed Yazdi, jefe de la institución jurídica. En cuanto a las leyes, muchas son de tal ambigüedad que permiten todas las manipulaciones. La libertad de expresión, por ejemplo, está asegurada con la condición de que no "atente contra el islam" , o mejor aún, si no es "utilizada para sembrar la confusión en los espíritus" …

La panoplia de legislaciones vigentes y los tribunales de excepción encargados de aplicarlas ofrecen al justiciero muchas cuerdas para su arco. La oposición considera que el "tribunal de clérigos" y los "tribunales revolucionarios" pertenecen a un pasado superado. Los que detentan el poder no son, por supuesto, de la misma opinión. "Contrariamente a lo que piensa esa gente, nuestra revolución es permanente" , explica Hassan Ghafoorifaard, miembro de la presidencia del parlamento, cercano a los conservadores. "Y necesitamos estos tribunales para proseguir el combate" . ¿Qué combate y contra quién?. "Tenemos el deber de luchar contra los enemigos internos y externos de la República, en particular contra la invasión cultural de Occidente" , responde sin pestañear este físico nuclear formado en Estados Unidos que además ocupa (¡cohabitación obliga!) el cargo de asesor de asuntos de alta tecnología de Jatami, su adversario, potencial rival en las próximas elecciones presidenciales y a pesar de eso -puntualiza- "amigo de larga data".

"La situación actual es insoportable. En Irán avanzamos sobre terreno minado sin saber dónde están enterradas las cargas explosivas, mientras que en regímenes análogos al nuestro, como Turquía, los ciudadanos las evitan porque saben dónde están ubicadas" , se indigna Saeed Hajjarian, político prominente y uno de los asesores más escuchados del Presidente. "Yo preferiría mil veces beneficiarme de libertades restringidas pero garantizadas, que de amplias libertades virtuales como las nuestras" , asegura Abbas Abdi, otro dirigente de la izquierda islámica. Nuestros dos interlocutores son miembros fundadores del Frente de la Participación, una de las dos formaciones reformistas legalizadas. Su objetivo prioritario es favorecer la eclosión de otros contrapoderes, publicaciones independientes, asociaciones profesionales, sindicatos libres y sobre todo partidos políticos que estarían en condiciones de hacer frente a las cerca de cincuenta formaciones conservadoras, todas autorizadas sin dificultades.

La constitución reconoce el multipartismo, pero una comisión se encarga de reducir notoriamente su alcance aplicando una ley que excluye las formaciones con orientaciones "incompatibles con el islam" . Asimismo, esas formaciones están divididas en dos categorías: "khodi" (literalmente, "los nuestros" ) y "gheir khodi" (los otros). Entre estos últimos figuran, por ejemplo, dos partidos ilegales pero tolerados, el Movimiento de Musulmanes Militantes y el Movimiento de Liberación de Irán, dirigidos por los doctores Habibolá Peyman e Ibrahim Yazdi, respectivamente. Ambos tienen en común haber participado en la revolución y haberse opuesto de entrada, en el momento de la redacción de la constitución, al concepto de Velayat Faguih, al que preferían el de democracia. Luego fueron fieles a la constitución adoptada -aunque apelando a su enmienda- pero eso no bastó para "rehabilitarlos" Desarrollan sus actividades en condiciones casi clandestinas, ya que tienen prohibido abrir locales, mantener reuniones públicas o publicar un diario; sus comunicados o declaraciones no son reproducidos por los medios gubernamentales; sus militantes son a veces agredidos, o detenidos con diferentes pretextos. "Seguimos sometidos a un sistema que se asemeja mucho a la inquisición" , explica Yazdi, que fue ministro de Relaciones Exteriores durante el primer gobierno de la República. "Mi candidatura a la presidencia, en mayo de 1997, fue anulada."Su opinión, compartida por los otros dirigentes de la oposición, es que sólo la legalización de todos los partidos políticos "es susceptible de terminar con este equilibrio inestable, que pone en peligro la paz civil".

La "cohabitación a la iraní"se caracteriza por un desequilibrio estructural, que contrapone un poder absoluto a una legitimidad popular. El presidente de la República, Mohamed Jatami, fue plesbicitado por más del 70% de sus conciudadanos; la primera vez en el momento de su elección, en mayo de 1997, la segunda vez en ocasión de las elecciones locales y municipales, en marzo de 1999. Pero es virtualmente impotente frente al Faguih, dotado de prerrogativas que lo autorizan a no tener en cuenta el fracaso de sus seguidores en estos dos escrutinios. De hecho, la constitución le confía, entre otras cosas, el control exclusivo del poder judicial, del ejército, de los pasdarans (guardianes de la revolución, guardia pretoriana del régimen), de centenares de imanes de la plegaria del viernes, encargados de difundir la doctrina; de los medios y los grandes diarios gubernamentales, cuyos directores son nombrados por él. Además, es el encargado de definir y supervisar la aplicación de la política general de la República; avala la elección del Presidente y cuando es necesario lo destituye; declara la guerra y concierta la paz. De alguna manera está por encima de las leyes porque interpreta la voluntad del Profeta y de sus sucesores, los doce santos imanes; no le rinde cuentas a nadie excepto al Señor1. Por otra parte, recoge los considerables beneficios de las fundaciones denominadas de caridad, que en realidad son holdings económicos tentaculares, constituidos después de la revolución esencialmente con los bienes confiscados de la familia imperial. El Faguih dispone de esos fondos como mejor le parece, financiando en especial al clero y sus instituciones, lo que le garantiza su dependencia.

Pese a este desequilibrio manifiesto de la relación de fuerzas, el balance de la "cohabitación" está lejos de ser negativo para el presidente de la República. Mohamed Jatami ha logrado en dos años, con su mandato a mitad de camino, popularizar los conceptos de Estado de derecho, de multipartidismo, de alternancia; avalar la extensión de las libertades públicas; delegar en hombre afines algunas carteras ministeriales "sensibles" , tales como la de Interior, de Comunicaciones y de Cultura; destituir al ministro de Información luego de que éste admitiera los "atropellos" de los asesinatos políticos de otoño de 1998 y lograr el mantenimiento de las elecciones locales y municipales, las primeras desde la instauración de la República a pesar de estar previstas por la constitución.

En cambio, no pudo restaurar el equilibrio de las instituciones, relanzar la economía, mejorar las condiciones sociales, llevar a buen término la estrategia de normalización de las relaciones internacionales de Irán, en particular con Estados Unidos. Pero a juzgar por el voto masivo a sus seguidores en las elecciones municipales, la opinión pública lo perdonó y, con gran madurez, supo medir los límites de su poder, su honestidad intelectual, el coraje y la tenacidad de un hombre con convicciones que da pruebas de una fidelidad puntillosa para con sus promesas electorales, aparentemente modestas pero fundamentales para el futuro democrático de la República.

En contraste, el Faguih, el ayatolá Jamenei, cuestionado tanto en el seno del clero como en la población, hace un triste papel. Esto indujo al director del diario liberal Hamshahri, a decir: "El movimiento reformista es un cohete de varios pisos, el último es el equivalente a un proyectil nuclear, a saber, el formidable apoyo popular que nos lleva hacia adelante"

La doble victoria obtenida por los reformistas en las elecciones presidenciales y municipales refleja las profundas mutaciones que tuvieron lugar en la sociedad: el 75% de los ciudadanos, menores de 34 años, no participaron en la revolución de 1979; crecieron en la era de los satélites y de Internet, aspiran a costumbres modernas, europeas o estadounidenses, con todas las libertades individuales que ellas implican.

El ostensible apego de los jóvenes hacia los valores estrictamente nacionales, en detrimento del legado musulmán, impresiona al observador extranjero2. Por ejemplo, son cada vez más los recién nacidos con nombres pre-islámicos, mientras disminuye la cantidad de alumnos que se inscriben en cursos de árabe, idioma del Corán privilegiado por el poder. Al menos tres factores han contribuido a esta evolución: la urbanización acelerada, que transforma a la gente de zonas rurales federadas por los clanes y las mezquitas en ciudadanos integrados a la comunidad nacional; la guerra contra Irak (1980-1988), que ha dado un fuerte impulso al patriotismo y, por último, el descrédito que afecta a la arcaica ideología del Estado islámico. La negligencia y las infamias de los gobernantes, el enriquecimiento indebido de los religiosos con mayor poder y de los comerciantes de bazar, tradicionalmente aliados, el deterioro de las condiciones sociales, contribuyen indirectamente a alimentar el sentimiento de pertenencia nacional por sobre la religiosa.

Paradójicamente, la República Islámica engendró o aumentó las fuerzas que la amenazan. Su política de natalidad descontrolada modificó la estructura demográfica de la sociedad a favor de su componente juvenil. La vigorosa campaña de alfabetización, la generalización de la enseñanza gratuita, llevó a la cuarta parte la tasa de analfabetismo (actualmente el 15%) al tiempo que multiplicó por diez la cantidad de graduados universitarios (más de cuatro millones, sin contar los dos millones de estudiantes en la enseñanza superior), que pasan luego a engrosar las filas de desempleados.

Suprema ironía, la obligación de llevar el chador o pañuelo "islámico" dio un irresistible impulso a la emancipación de la mujer: el tocado islámico facilitó el ingreso masivo a escuelas y universidades de niñas que muchas familias se rehusaban a escolarizar en la época de la monarquía, cuando estaba prohibido llevar velo. Las estudiantes constituyen más de 50% del alumnado universitario, comparado con 25% en la época del Cha. Vestidas "púdicamente" durante la República, también invaden el mercado laboral, ya que se ven obligadas a proporcionar un complemento indispensable al ingreso familiar. Y así, de repente, reivindican la plena igualdad de derechos, especialmente en los ámbitos de la herencia y el divorcio; un sacrilegio para los seguidores del islam conservador. En una actitud sin precedentes, las organizaciones feministas, islámicas y laicas, decidieron crear un frente para lograr sus derechos3. "Hemos tomado conciencia de que la defensa de los derechos del hombre pasa por el reconocimiento de los derechos de la mujer" , recalca una de sus militantes islámicas, la abogada Shireen Ebadi.

De este modo las mujeres, en particular las más jóvenes, son las punteras del movimiento reformista. En un hecho sin antecedentes a nivel mundial, nueve de ellas postularon su candidatura durante la última elección presidencial. Es posible que alguna hubiese resultado electa, pero los representantes del Faguih anularon las candidaturas feministas. De hecho, una de las características del reciente escrutinio municipal es la victoria de numerosas mujeres en los grandes centros urbanos, a menudo con un puntaje más elevado que sus colegas masculinos. Fue el caso, entre otros, de la ciudad sagrada de Qom, donde una enfermera "moderna" ganó sobre muchos de sus rivales "enturbanados".

El próximo plazo de esta confrontación, las elecciones legislativas de marzo del 2000, inquieta a ambos campos. Los conservadores temen una derrota que entregaría a los seguidores de Jatami, además de la presidencia de la República y los consejos municipales, el poder legislativo. Antes de los incidentes de julio, los reformistas se preguntaban ya si semejante perspectiva no incitará a los extremistas islámicos a cometer lo irremediable. Se conjeturan posibilidades dramáticas. Akbar Ganji, periodista de izquierda, célebre por sus artículos que denuncian el "fascismo islámico" , no excluye "el asesinato de 200 a 300 intelectuales que llevan adelante el combate democrático" . Se piensa incluso en un golpe de Estado.

La estrategia de los reformistas durante el período que los separa de las elecciones legislativas es la prudencia. La constitución, incluido el Velayat Feguih -repiten incansablemente- nos conviene, con la condición de que sea aplicada honestamente. Sería preciso recordar que la revisión de la ley fundamental resulta virtualmente imposible, habida cuenta de los múltiples bloqueos instaurados por el legislador. Abbas Abdi, uno de los estrategas, es más convincente cuando declara: "Nos esforzamos en persuadir a nuestros adversarios de que su futuro estará mejor asegurado en una democracia, donde la alternancia es una regla, que en una dictadura ".

A juzgar por las declaraciones de los diferentes dirigentes conservadores, cabe pensar que terminará prevaleciendo la razón. "Jugaremos el juego de la democracia a riesgo de convertirnos en minoritarios en el próximo parlamento" , asegura uno de ellos, Hassan Ghaffoorifard. Sin embargo, el hojatoleslam Nateq Nouri, presidente del parlamento y candidato derrotado en las últimas elecciones presidenciales, no puede reprimir una advertencia: "Tenemos que permanecer en guardia, ya que esos supuestos reformistas procuran instaurar un sistema democrático y no una democracia islámica; una república laica y no islámica, como ellos pretenden…"

La acusación es clara: los partidarios del Presidente se proponen "desjomeinizar" el Estado. El periodista Akbar Ganji, uno de los líderes de la oposición, lo niega, al tiempo que traza un paralelo entre Jatami y Gorvachev. "Nuestro presidente desea un islam con rostro humano, del mismo modo que el presidente soviético quiso preservar al comunismo humanizándolo. Provocando su fracaso, sus adversarios llevaron al poder a Boris Yeltsin. Nuestros conservadores no han entendido que Jatami es el hombre de la última oportunidad, que su derrota llevará a la liquidación de todos los islamistas, tanto reformistas como conservadores…".

La represión sobre los estudiantes ha puesto todo en entredicho. Fuera de Irán, la condena de Jatami a los estudiantes ha provocado asombro, puesto que pertenecen a su propio campo. Pero en realidad el Presidente no podía hacer otra cosa, ya que se dio cuenta rápidamente de que los estudiantes habían caído en una trampa tendida por agentes provocadores infiltrados. Ciertos enviados del poder clerical lanzaban consignas apelando a la "violencia revolucionaria" , mientras otros pasaban a la acción e incendiaban y pillaban. La Unión de Estudiantes Reformistas se desmarcó públicamente de esos hechos, pero ya era tarde: los ataques de los esbirros del régimen contra los estudiantes que ocupaban la universidad -que provocaron la muerte de varios jóvenes- generaron una reacción de cólera seguida de una fuerte y generalizada represión. Fueron arrestadas centenares de personas.

Otra razón para que Jatami condenara a los estudiantes es que podía llegar a ser destituíido. Es más que probable que Jamenei, el "Guía Supremo de la República" , investido de derechos "divinos" , lo haya sometido a chantaje para que denuncie a los jóvenes y así desacreditarlo. Pero al parecer la maniobra no dio resultado. En Teherán se asegura que la popularidad de Jatami está intacta.

  1. Ahmad Salamatian y Simine Chamlou, "Les dix années de la révolution islamique en Iran" , Revue du Tiers Monde, Nº 123, julio-septiembre de 1990.
  2. Christian Bromberger, "Troisième mi-temps pour le football iranien" , Le Monde diplomatique, abril de 1998.
  3. Azadeh Kian, "Des femmes iraniennes contre le clergé", Le Monde diplomatique, noviembre de 1996.
Autor/es Eric Rouleau
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 2 - Agosto 1999
Páginas:24, 25, 26, 27
Traducción Patricia Merkin
Temas Sexismo, Discriminación, Política, Trabajo, Estado (Política), Movimientos Sociales, Políticas Locales, Islamismo
Países Estados Unidos, Irak, Turquía, Irán