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Baha'i: un humanismo contra los fanatismos

Ni secta, ni sincretismo, el baha'ismo es una religión tan independiente como el Islam o el Cristianismo. Nacida en Persia hace 156 años y consagrada a predicar valores como la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, la fe baha'i se extiende lenta pero firmemente, a pesar de las persecuciones de que es objeto. A principios de los años 60 tenía sólo 400.000 adeptos, pero hoy son casi seis millones en todo el mundo.

Para comprender el significado de la "comunidad mundial bahá'í"hay que indagar el contexto de su nacimiento, a mediados del siglo pasado. Porque se trata de un verdadero fenómeno, paradójico y misterioso al mismo tiempo: ¿cómo es posible que de un medio islámico, chiíta e integrista, haya podido surgir y luego extenderse tan rápidamente por el mundo un movimiento progresista, liberal y universal?

Desde sus inicios, la fe bahá'í, que llama a la igualdad de los sexos, a la compatibilidad de la ciencia y la religión, a la relatividad de la verdad (incluida la verdad religiosa) y a la absoluta unicidad del género humano, profesa enseñanzas revolucionarias para la época. Si estos principios también desafiaron al liberalismo europeo del siglo XIX, cuál no habrá sido el impacto experimentado en el mundo islámico, replegado por entonces sobre su absolutismo…

Tres personalidades dirigieron esta revolución emanada del Islam. La primera: Alí-Muhammad Shírází (1819-1850), cuyo sobrenombre "el Báb" significa "la Puerta" (sobreentendido: la puerta abierta sobre una nueva era). Luego fue Mírzá Husayn-Alí (1817-1892), que tomaría el título de "Bahá'u'lláh" (la Gloria de Dios), relevado por su primogénito 'Abdu'l-Bahá ("el Servidor de Dios" , 1844-1921).

Todo comienza en 1844 en la ciudad persa de Shíráz. El Báb se autoproclama como el Mihdí ("Aquel que es guiado por Dios" ). Al principio sus enseñanzas se limitan a un círculo de dieciocho discípulos. Pero gracias a la difusión de sus escritos, llegan a un número creciente de personas, de todas las capas sociales. El grotesco proceso por "desviación religiosa" de que fue objeto el Báb en Tabriz en 1848, como consecuencia del cual fue duramente apaleado, no hizo más que incrementar su notoriedad.

En sus orígenes y pese a su audacia, el bábismo es concebido por sus propios adeptos como una simple reforma del Islam. Habrá que esperar a 1848 para que aparezca claramente la verdadera naturaleza de las intenciones del Báb. En ese año, los adeptos del jefe religioso se reúnen en la localidad de Badasht. El Báb, encarcelado en el norte del país, no puede participar del encuentro, pero envía mensajes a sus discípulos. La que provoca el escándalo es una mujer, miembro del círculo de los dieciocho adeptos. Se trata de la poetisa Táhirih, de Qazvín, de quien se cuenta que rechazó la propuesta matrimonial del Cha. En Badasht, con el apoyo del Báb, Táhirih descubre solemne y públicamente su rostro, afirma que nunca más llevará el velo y proclama a un tiempo el principio de la igualdad de los sexos y el alba de un nuevo día para la humanidad entera.

Matanzas y persecuciones

Este gesto espectacular marca un vuelco en la historia del movimiento. Los adeptos del Báb se dividen. Algunos lo abandonan, aterrorizados por tanta audacia. Otros deciden permanecer a su lado. Estos últimos poseen una convicción inquebrantable en su nueva fe. Al hacer de la condición de la mujer uno de los ejes principales de su religión, el Báb señaló sin ambigüedades su voluntad de quebrar para siempre el marco tradicional del integrismo islámico.

Las represalias no se harán esperar. En los cuatro años siguientes al encuentro de Badasht, el Báb y sus adeptos más fieles serán masacrados en forma atroz por las autoridades religiosas y políticas del país. Fusilan al dignatario religioso. Ahorcan a Táhirih. Pero ésta no flaquea en el momento de morir y afirma que su muerte no acabará con la liberación de las mujeres del mundo entero, sino que será su envión inicial. Esto sucede en Persia en 1852, unos cincuenta años antes del nombramiento en Francia de Marie Curie como la primera mujer docente en la Sorbona.

La repercusión de estos dramáticos acontecimientos alcanza a Europa y atrae particularmente la atención del encargado de negocios de la delegación francesa en Teherán, conde Joseph-Arthur de Gobineau, quien hace del bábismo uno de los temas principales de su libro Les religions et les philosophies dans l'Asie centrale1. Después de leer esta obra, el orientalista inglés Edward Granville Browne se decidirá a consagrar su carrera al estudio del bábismo. En uno de sus trabajos, redactado en 1891, escribirá lo siguiente sobre Táhiri: "La aparición de una mujer como Táhiri es, en toda época o país, un fenómeno poco común, pero en un país como Persia constituye un prodigio, ¿qué digo?, casi un milagro (…) Si para fundamentar su grandeza la religión bábí sólo reivindicara el surgimiento de una heroína como ella, sería suficiente."2.

Cuando la intensidad de las persecuciones hacía suponer que el movimiento se dirigía hacia su extinción, Bahá'u'lláh toma el relevo. Nacido en 1817 en el seno de una familia noble de Teherán, se negó a seguir la carrera política que su padre le había trazado. Adepto del bábismo, Baha'u'llah fue uno de los principales protagonistas del famoso encuentro de Badasht. Su vida entera está sembrada de obstáculos. En 1853, se encuentra exiliado en Bagdad, donde permanecerá durante diez años antes de ser nuevamente desterrado hacia Constantinopla, y de allí, en 1868, hacia la ciudad carcelaria de San Juan de Acre en Palestina. En 1863, en vísperas de su partida forzada desde Bagdad hacia Constantinopla, Bahá'u'lláh se autodefine como "Aquél a través de quien Dios se manifestará", esa figura profética cuya llegada el Báb decía estar preparando y que sería el encargado de completar su misión. La gran mayoría de los bábís terminan aceptando la reivindicación de Bahá'u'lláh y el movimiento se convierte en "la fe de Bahá'u'lláh" , y por ende, en la fe "bahá'í".

En Bagdad, Bahá'u'lláh comienza a redactar numerosos escritos que constituirán lo esencial de la revelación bahá'í. Uno de sus primeros trabajos, de 1853, Le Livre de la certitude3 presenta en forma explícita la concepción bahá'í de la relatividad y de la progresividad del fenómeno religioso a través de la historia. Apoyándose en hechos históricos y en los textos sagrados de las religiones judía, cristiana y musulmana, Bahá'u'lláh ofrece una nueva interpretación de la experiencia colectiva de la humanidad, que se opone a toda forma de absolutismo o de integrismo religioso. Mientras que el Báb parecía apuntar únicamente al integrismo islámico, Bahá'u'lláh apunta claramente a todas las religiones establecidas. La fe bahá'í se transforma entonces en amenaza, no sólo para los fundamentalismos musulmanes, sino para todos los integrismos.

En otros escritos, Bahá'u'lláh lleva aún más lejos sus denuncias. Para él, el fanatismo y el integrismo religiosos constituyen los más terribles males padecidos por la humanidad. La lógica del jefe religioso es implacable: el más vil de los ladrones busca su interés personal y se detiene una vez que satisface sus deseos. En contrapartida, nadie puede detener al creyente fanático, persuadido de actuar bajo la bendición divina. Según Bahá'u'lláh, la religión tiene objetivos programáticos: tejer los lazos de una verdadera fraternidad entre todos los seres humanos. Sostiene también que del mismo modo que tenemos el derecho de juzgar a una teoría científica según sus resultados cuantificables, tenemos el derecho y la obligación de juzgar a una religión en función de su capacidad para promover el amor y la unidad entre los hombres. La religión no constituye un fin en sí misma sino un medio, y tiene cuentas que rendir por su interferencia con la vida.

Siempre según Bahá'u'lláh, la religión no deber ser entendida ni como una creencia ni como una ideología, sino como una auténtica relación: por un lado, entre Dios y el hombre; por otro lado, entre todos los seres humanos. Toda ideología, tenga o no una base religiosa, es una forma de idolatría, peligrosa porque tarde o temprano lleva a otorgar más importancia a las ideas que al hombre.

Años más tarde, en 1931, el bisnieto de Bahá'u'lláh e intérprete designado de la Fe Shoghi Effendi, hace una presentación lúcida de esta concepción no ideológica de la religión: "El llamado de Bahá'u´lláh se dirige en primer lugar contra toda forma de provincianismo, de estrechez mental y de prejuicios. Si ciertos ideales largamente acariciados, si ciertas instituciones veneradas, si ciertos postulados sociales y ciertas fórmulas religiosas ya no promueven el bienestar de la gran mayoría de los hombres, si ya no contribuyen a las necesidades de una humanidad en continuo desarrollo, entonces, que sean barridos y relegados al olvido al igual que las doctrinas abandonadas y superadas (…) No hay que crucificar a la humanidad para preservar la integridad de una ley o de una doctrina particular"4. Es decir que la fe bahá'í opone el humanismo a toda forma de ideología. Para ella, matar es matar, ya sea en nombre de Dios, en nombre del proletariado, o en nombre de lo humanitario.

Entre 1844 -año de la declaración del Báb- y fines del siglo, la religión bahá'í no conseguirá casi adeptos en Occidente. Habrá que esperar los viajes y las conferencias de Abdu'l-Bahá, tercera figura principal de la fe, para que esto cambie. El 11 de agosto de 1911, éste parte de Egipto hacia Marsella, iniciando un periplo de veintiocho meses a través de Europa y Estados Unidos, cuyas etapas principales serán Londres, París y Stuttgart. Expone en todas partes los principios de la fe de su padre.

Varias comunidades de bahá'ís empiezan entonces a emerger en distintos puntos de Occidente. Pero a pesar del liberalismo reinante en Europa, las ideologías que dominan el siglo rechazan y atacan la fe bahá'í. En la Alemania nazi es proscrita. Los bahá'ís que se arriesgan a proclamar abiertamente su religión reciben un trato similar al recibido por los otros enemigos del nacional-socialismo.

En Rusia, tanto la gran comunidad bahá'í de Ashkabad como las importantes comunidades de Moscú, San Petersburgo y otras son combatidas por los bolcheviques después de 1917. Estos últimos terminarán prohibiendo la religión bahá'í, con el pretexto de que es un movimiento antirrevolucionario5. Es preciso decir que si bien esta fe comparte algunos de los ideales humanistas del marxismo, su fundamento espiritual y religioso la sitúa en las antípodas del materialismo bolchevique.

Pese a todos estos obstáculos, la religión bahá'í progresó rápidamente en el transcurso de los últimos cincuenta años y sus textos fueron traducidos, al menos parcialmente, a más de 800 lenguas. Sólidamente establecida en más de 235 países o regiones del mundo, cuenta actualmente con cerca de seis millones de adeptos. Desde 1948, la comunidad internacional bahá'í está acreditada en la ONU como organización no gubernamental y colabora activamente con otros movimientos de ideales coincidentes. Las últimas estadísticas revelan que esta religión es, después del cristianismo, la de mayor expansión geográfica en el mundo.

Su expansión desde la segunda guerra pasó por numerosas etapas, cada una de ellas bastante imprevisible. Primero se abrió camino en India entre 1955 y 1965. Hoy en día, cuenta allí con más de dos millones de adeptos. Similares avances tuvieron lugar en ciertas regiones de África, América Latina y Oceanía. Si bien el gobierno de algunos países (es el caso de Brasil), agradece oficialmente el aporte realizado por la comunidad bahá'í a la sociedad, en la mayor parte de los países musulmanes sigue siendo objeto de una persecución tenaz y de diversas formas de hostigamiento.

Ahora que las grandes ideologías del siglo XX parecen en vías de extinción y que el integrismo religioso se encuentra en un atolladero, ¿podemos esperar que el siglo XXI traiga un verdadero humanismo no ideológico y no materialista? Si así fuera, no cabe duda de que la comunidad bahá'í tendrá una función que cumplir.

  1. Joseph-Arthur de Gobineau, Les Religions et les philosophies dans l'Asie centrale, Didier, París, 1865; 3º edición, Ernest le Roux, París, 1900.
  2. Edward G. Browne, A Traveller's Narrative of the Báb, Amsterdam, Philo Press, 1975 (reedición de la versión original de Cambridge, 1891). Traducción francesa extraída de Nabil-I-Azam, La Chronique de Nabil, Maisons d'éditions bahá'íes, Bruselas, 1986.
  3. Bahá'u'lláh, Le Livre de la certitude, traducción francesa de Hippolyte Dreyfus, Presses universitaires de France, París, 1987.
  4. La comunidad mundial bahá'í está administrada actualmente por la Casa Universal de Justicia, un consejo de nueve personas elegido cada cinco años. Para más datos, véase William Hatcher y Douglas Martin La Foi bahá'íe, l'émergence d'une religion mondiale, Maison d'éditions bahá'íes, Bruselas, 1998. Y la Encyclopédie philosophique universelle, vol III, Presses Universitaires de France, París, 1992.
  5. Ver Graham Hassall, "Notes on the Bábi and Bahá'í Religions in Russia and its territories" La Revue des études bahá'íes, vol. 5 nº 3,1993.
Autor/es William Hatcher
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 2 - Agosto 1999
Páginas:26, 27
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Historia, Minorías, Sexismo, Islamismo, Sectas y Comunidades
Países Estados Unidos, Brasil, Egipto, India, Alemania (ex RDA y RFA), Francia, Rusia, Palestina