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Woody y las mujeres

Alabado por la crítica cinematográfica parisina, Woody Allen simboliza un "cine de autor" que privilegia la forma en desmedro del guión y convierte al actor principal en alter ego del director. Dulce y Melancólico, de próximo estreno en Argentina, condensa todos estos rasgos y confirma una visión profundamente misógina, en la que la mujer se limita a "comprender" al artista (masculino) y sus inefables sufrimientos, cuando no constituye una traba para su creatividad.

La lectura de las críticas francesas a la última película de Woody Allen, Dulce y Melancólico, muestra la miopía (que algunos llamarán pudor) de quienes se niegan a señalar el discurso misógino de la película. Sin embargo, todas las películas del realizador estadounidense "reiteran hasta el cansancio la conmovedora inocencia del varón que no puede evitar usar a las mujeres en su provecho"1. El eje central del discurso "alleniano" es la neurosis del protagonista masculino (interpretado generalmente por el mismo realizador), "un inocente más digno de lástima que quienes lo rodean"2.

Los comentarios del último opus de Woody Allen no son ditirámbicos, sin embargo revelan la actitud respetuosa de la crítica parisina hacia este realizador newyorkino, poco apreciado en su propio país. En Francia, los espíritus cinéfilos incorporaron la idea de que el director que accede al status de autor construye siempre la misma película -al representar su propia visión del mundo- y sólo puede ser juzgado a través del conjunto de su obra. El "cine de autor", que favoreció el surgimiento de la nouvelle vague, se elaboró en torno a un sentimiento de amor y respeto por el cineasta-autor. Como testimonio, esta pequeña frase que concluye el artículo de Olivier Seguret (Libération, 26-1-00): "Dulce y Melancólico no figurará sin duda entre las mejores películas del maestro, pero, en los tiempos que corren, no se rechaza ni a un Woody Allen un poco fuera de estado". Más arriba, el crítico señala que el "verdadero placer" de esta película reside sobre todo en la astucia del argumento, pero también de la realización que presenta una verdadera falsa biografía de Emmet Ray (interpretado por Sean Penn), talentoso guitarrista, pero pretencioso y narcisista, excesivo y… particularmente misógino.

Por supuesto, la película invita al espectador a tomar distancia del personaje, porque su vida es narrada por algunos "apasionados del jazz", cuyos comentarios mechan el relato. Sin embargo, paralelamente nos invita a hacer abstracción de todas las taras del "artista", y al enfatizar su "genio", las relativiza. "A pesar de todos sus defectos, Emmet encontró una amiga" subraya Bernard Génin en Télérama (26-1-2000). "Para ella, el genio de Emmet lo justifica todo". Primera constatación: la "política de autor" privilegia en efecto la forma (la realización) como objeto de análisis en detrimento del argumento. El crítico que suscribe esta teoría desea primero analizar cómo la película habla del cine. Así, para la revista Cahiers du cinéma (febrero de 2000), la pregunta que anima la película de Woody Allen es la siguiente. "¿Qué es lo que hace de un personaje, aun siendo real, un personaje cinematográfico?" Para los cineastas considerados "autores", el verdadero proyecto es estético y autoreflexivo.

Segunda constatación: en las películas de autor, el actor principal representa el alter ego del realizador. Para retomar acá el título de la revista Los Inrokuptibles, Dulce y Melancólico, es una "autobiografía disfrazada" y Emmet Ray, una proyección del mismo realizador, a pesar de lo que diga el propio interesado. Así se comprende que la narración se preocupe exclusivamente por el destino del protagonista masculino.

Ultima constatación: las películas de autor en la tradición de la nouvelle vague, perpetúan "el gran esquema de la literatura romántica" que favorece, por definición, la exclusión de las mujeres del acto creativo. Esta concepción coloca al frente el Yo-creador, que, aplicado al cine, niega en cierto modo el trabajo colectivo de la creación cinematográfica.

Desventaja creativa

Emmet Ray, que cree en su propio genio, no se incomoda con mujeres. Representan, para él, a lo sumo un modo de ganarse el pan (en ocasiones el protagonista masculino es proxeneta). Y este hecho no está motivado por ninguna verdad histórica porque el músico es totalmente ficticio. Si se ubica la película en el contexto de la cultura estadounidense, la elección argumental de construir al protagonista masculino como un ser misógino debe entenderse como un instrumento para satisfacer a un público masculino afectado por la emancipación femenina. Sin embargo, dos mujeres compartirán la vida del personaje masculino. La primera, Hattie, es una joven muda; y una de las ambiciones de la segunda, Blanche, es la de escribir una biografía de su marido artista. Hattie, que por su discapacidad no tiene otras posibilidades que la de escuchar a Emmet Ray, corresponde perfectamente a ese adagio popular: "sé bella y cállate", y contrasta así con la verborragia de su amante.

Aunque al inicio la discapacidad parece perturbar al personaje masculino, rápidamente se convierte en una cualidad a sus ojos y permite la cosificación del personaje femenino. Además, cuando Hattie, al desvestirse apresuradamente, expresa su deseo, paraliza a su amante, despojado de la imaginería de la mujer pasiva.

La película es hábil: la ironía, la distancia, aparecen en la representación de la relación entre los sexos. Aunque la resignación y el mutismo del personaje femenino dejan al descubierto la fanfarronería y el narcisismo de su pareja, su talento lo disculpa. Al contrario, Blanche se presenta como una mujer fuerte, culta, ambiciosa que intenta descifrar el genio del "héroe" bajo sus gestos anodinos. Es un personaje ambiguo, a la vez autónomo y fascinado por la "inteligencia" masculina. Otra vez el discurso de la mayoría de las películas de Woody Allen: ¿Cómo seducir a las mujeres más bellas del mundo cuando uno es bajito, enclenque y feo? La persistencia de este esquema tan natural no sorprende a nadie.

Los personajes femeninos aparecen así como una desventaja para el ejercicio del poder creativo masculino. Los narradores de la película, en su mayoría hombres -el propio Woody Allen- aparecen como verdaderos "especialistas" del jazz. Para ellos, que poseen el saber, el talento prevalece sobre las contingencias de la vida cotidiana. Interrogado sobre las relaciones entre la creación y la vida amorosa, Woody Allen responde: "Imagino que es difícil para la mayoría de las personas, salvo si tienen mucha suerte. Algunos hombres del mundo del arte tienen suerte: encuentran una mujer -a veces cuando todavía son jóvenes-, se casan o viven en pareja y tienen una vida feliz. Pero en general, es difícil. Si uno sufre en su vida personal, crear puede ser extremadamente doloroso"3.

El esquema narrativo de la mayoría de las películas de Woody Allen es comparable a la de Dulce y Melancólico. Manhattan, por ejemplo, opone el "héroe", pequeño intelectual con mucho humor (Woody Allen), a las mujeres: una adolescente, una joven periodista y su ex esposa. Al noble proyecto masculino de escribir "una verdadera novela", presentado como acto de coraje (el héroe masculino debe dejar su empleo y convertirse en desocupado) se opone el trabajo femenino de "novelización", presentado como vulgar. Una vez más, la película muestra que el acto creativo masculino sólo se puede realizar en el aislamiento. El "héroe" tiene demasiado miedo de dilapidar en una relación amorosa la energía que necesita para crear. Por otra parte, a pesar de ser odioso con las mujeres, su humor y su inteligencia, que le otorgan un encanto "irresistible", hacen que ese defecto resulte secundario. Unicamente su ex mujer (¡convertida en lesbiana!) sostiene una mirada lúcida sobre él.

El cine de autor, al favorecer la empatía del espectador "culto" con los sufrimientos del artista, crea un clima de connivencia con un espectador que se distingue de "la masa". Sin duda para evitar todo comentario negativo sobre la película, Grégory Valens en Positif (febrero de 2000), "urde una trama" alrededor y, como para justificarse de una conducta tan singular, explica que la película se presta más al placer puro que a un análisis. Ese "placer puro", tan comentado por Pierre Bourdieu4, estaría sólo reservado a un círculo de iniciados. Y no podría en ningún caso transmitirse. Al "placer puro", -ascético, refinado- se opone el "goce inferior", grosero, vulgar. El espectador se encuentra así enaltecido: "afirma su inteligencia y su grandeza por su inteligencia empática con los grandes autores".

La razón de que en Francia Woody Allen aparezca como una figura particularmente emblemática del famoso "cine de autor" es simple: el trabajo de la creación atraviesa el conjunto de su obra y su realización distanciada afirma su Yo-autoral. Al descifrar el texto cinematográfico y al revelar la "visión del mundo" (y la inteligencia) del autor, el crítico parece realizar un trabajo creativo y librarse del goce inmediato percibido como vulgar. Al no hacerse cargo del discurso de la película, los críticos franceses olvidan que los "juicios que el cineasta formula, sus adhesiones o sus rechazos discernibles son sólo la parte emergente de su universo social5".

  1. Sylvestre Meininger, "Faux semblants: masochismemasculin et politique des auteurs", Iris, nº 26, París,1998.
  2. Ibid.
  3. Los Inrockuptibles, 25-1-2000.
  4. La Distinctión, Editions de Minuit, París,1979.
  5. Henry Mitterand, El discurso de la novela, París, PUF, 1980.
Autor/es Alain Bassart
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 12 - Junio 2000
Páginas:37
Traducción Yanina Guthmann
Temas Cine, Sexismo, Discriminación
Países Argentina, Francia