Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

La ley de la jungla, ¿estadio supremo del deporte?

Una vez más, la fiebre de la copa de fútbol europea -cuya fase final tiene lugar en Bélgica y en Holanda del 10 de junio al 2 de julio- posterga toda investigación profunda sobre la verdadera naturaleza de la actividad deportiva, sus funciones ideológicas, sus bases económicas subterráneas y sus efectos políticos perversos. Sin embargo, ciertos hechos ocurridos en los últimos meses llevaron a los observadores a tomar en serio la tesis de la criminalización creciente del deporte institucional. Entre otros, la catarata de revelaciones sobre los "asuntos" del Comité Olímpico Internacional (COI) y los escándalos vinculados con la atribución de las Olimpiadas de Atlanta, Nagano, Sydney y Salt Lake City; los procedimientos judiciales consiguientes a la generalización de uso de drogas en el ciclismo, la natación y el fútbol y la reiteración de incidentes en los campos de juego.

Tres obstáculos ideológicos contribuyen a mantener el análisis socio-político del deporte en una especie de perspectiva angelical o de candorosa ceguera. El primero tiene que ver con la ley del silencio que funciona como una ética en el mundo del deporte: lo que no se ve, no se castiga. El que habla es un traidor o un cobarde y es proscripto del ambiente deportivo1 que se basa -también al nivel de sus dirigencias- en la omertá, la desinformación, la falsificación y la impostura.

Cuando un ciclista famoso afirma que en su deporte no se usan drogas; cuando un judoka y un futbolista de renombre niegan -a pesar de los controles positivos- haberse dopado; cuando el COI desmiente -contra todas las evidencias- las negociaciones secretas para determinar la sede de las Olimpíadas2; cuando futbolistas, pilotos, tenistas, basquebolistas o golfistas disimulan el monto exacto de sus miríficas ganancias; cuando ciertos dirigentes hacen como si acabaran de descubrir las coimas, las apuestas clandestinas, las cajas negras, los partidos o los arbitrajes arreglados3. Cuando, por último, deportistas, entrenadores y dirigentes minimizan la gravedad y frecuencia de las agresiones, golpes y heridas en los estadios y fuera de ellos, cabe interrogarse sobre las razones de esa resistencia del deporte, que al igual que otras instituciones, como por ejemplo las cárceles o las fuerzas armadas, no tolera las investigaciones independientes y la transparencia.

A pesar de sus declaraciones tranquilizadoras, es por otra parte difícil lograr que los organismos transnacionales (fundamentalmente los europeos), las autoridades del Estado, las comisiones parlamentarias o las federaciones deportivas, se esfuercen por aclarar los aspectos oscuros de una actividad en gran parte al borde de la ilegalidad, cuando no dentro de ella.

¿Qué impide a la Aduana o al ministerio de Finanzas investigar los circuitos financieros, las cuentas bancarias, las declaraciones fiscales, las operaciones comerciales opacas de los distintos actores implicados en el profesionalismo? Es cierto que se realizan investigaciones policiales sobre el origen de los fondos que acumulan las sectas y sobre los negociados mafiosos o terroristas de redes para blanquear dinero sucio. En lo concerniente al doping, las gesticulaciones mediáticas del COI, las "firmes resoluciones" del gobierno francés, las declaraciones "indignadas" de los responsables del deporte, no cambian en nada la realidad: las comisiones de expertos se reúnen inútilmente, mientras la impostura continúa.

Como señala Michel Drucker, ex periodista deportivo, sobre la Vuelta ciclista a Francia: "De un tiempo a esta parte, nadamos en plena hipocresía. ¿Quién cree que es posible trepar cuatro pasos de montaña por día a pura agua mineral, correr 25 etapas en tres semanas sin "darse" algo? ¿Usted cree que un navegante solitario enfrenta el Cabo de Hornos o los vientos de alta mar bebiendo té? Todos los periodistas deportivos de mi generación se lo dirán: desde siempre, todo el mundo tomó algo, y siempre se supo (…). El ciclismo es un deporte de un sacrificio alucinante, donde el dolor es intenso. Así, los ciclistas corren diez meses por año. ¡Es imposible correr sucesivamente los clásicos belgas, la París-Roubaix, la Milán-San Remo, una Vuelta de Francia, una Vuelta de Italia con un tubo de vitamina C! En todos los deportes es igual. Los deportistas cargan con millones de publicidad sobre sus espaldas. Lo que está en juego desde el punto de vista financiero es enorme. Se les exige cada vez mejores resultados"4.

El segundo obstáculo, vinculado con el precedente, es la actitud pusilánime de los deportistas y de los dirigentes, pero también de los periodistas deportivos, que se sienten cuestionados cuando formulan la menor pregunta o la más pequeña crítica: para ellos, hacer un verdadero inventario significaría una falta de consideración hacia "el trabajo de base de los colaboradores ad honorem", "arrojar al bebé junto con el agua de la bañera" o, peor aún, "denigrar la conducta ejemplar de nuestros campeones" y "la fuerza de integración del deporte". El consenso deportivo contribuye de esa manera a reforzar los mecanismos de defensa de una institución en crisis. Cada vez que ocurre un incidente se acepta, cuando mucho, que se trató de un "desborde", de "desviaciones", de "momentáneas pérdidas del rumbo" o de "excesos", en general provocados por elementos "ajenos al deporte", pero nunca se tiene el coraje de admitir que es la propia lógica del enfrentamiento deportivo la que genera esos "animales rabiosos", como suele decirse en Gran Bretaña.

En nombre del voluntarismo se pretende proteger por sobre todas las cosas el mito de "la fiesta deportiva", aun cuando sea sangrienta, antes que condenar la guerra deportiva5 que, como toda guerra, nunca es limpia y ni siquiera soluble en buenos sentimientos humanitarios.

Antaño, para no desesperar el "corazón de la clase obrera" que trabajaba en los grandes complejos fabriles de Boulogne-Billancourt, los militantes comunistas cerraban piadosamente los ojos ante la barbarie stalinista. Hoy -los tiempos cambian, pero no los métodos- se trata de no desanimar a las avestruces que creen luchar por un "deporte limpio", "humanista", "al servicio de la paz", etc. Por lo tanto, los enemigos del deporte son los que denuncian la ilusión deportiva6 y tratan de proceder a un análisis riguroso de esa actividad.

Así, luego de la agresión sufrida durante la Copa del Mundo de 1998 por un gendarme francés que quedó abandonado en un charco de sangre y fue dado por muerto, un periodista recitó de inmediato el credo legitimista: "Y ya comienza la instrucción del juicio, tan antiguo como el deporte-espectáculo, y habrá una multitud de fiscales que verán en este caso la confirmación de sus prejuicios: el responsable es el fútbol y su cortejo de males, embrutecimiento, chauvinismo, nacionalismo, violencia, opio del pueblo, todo el catálogo corriente del desprecio tomado como acto definitivo de análisis sociológico. Esos excesos existen. ¿Quién los podría negar? Pero no siempre, y no en este caso".

Las hordas bárbaras de hinchas borrachos de alcohol y de odio serían entonces puros extraterrestres, ajenos al fútbol: "Ingleses, alemanes u otros, no es el fútbol el que los promueve. Los acoge a veces con una complacencia culpable, les sirve de desahogo, de camuflaje, o en el caso del Mundial de regalo mediático. Pero no hay que equivocarse: si anidan en el fútbol o en su entorno, no provienen de los estadios. Odian incluso los estadios"7.

Esa negación de la realidad, que funciona como última línea defensiva de un deporte arrasado por una violencia desatada, se apoya en un postulado ideológico muy difundido: el "verdadero" fútbol, el de las tribunas populares y las ciudades obreras (Lens, Calais, Gueugnon…) habría sido pervertido por las ovejas descarriadas que se infiltraron en él, como otros tantos temibles parásitos.

Pero lo que nadie explica es el extraño tropismo que lleva irresistiblemente a los hinchas hacia el fútbol, las profundas afinidades electivas de todos los "ultras" por la pasión de la pelota. Luego del baño de sangre de Heysel en 1985, los periodistas deportivos llegaron incluso a afirmar, por el clásico mecanismo de inversión ideológica, que el fútbol, lejos de ser asesino, había sido asesinado: ¡el culpable se convertía en víctima! Es decir, que la pureza original del fútbol sería siempre ultrajada por los malos muchachos venidos de otras partes. Pero esa tesis se desmorona cuando se contabilizan los incidentes graves que marcan regularmente los partidos "amistosos", los campeonatos nacionales y los encuentros de fútbol internacionales8.

La lista de batallas campales, riñas sangrientas, pánicos mortales y refriegas macabras provocadas por el fútbol, tanto por los jugadores como por los espectadores, o vinculados con sus manifestaciones, resulta impresionante cuando no se la considera simplemente como un conjunto de noticias policiales. A continuación, y dirigido a los adeptos de la "cultura deportiva", un pequeño muestrario de los efectos de la "integración":

"Un partido de fútbol amistoso organizado el sábado 27 de febrero en Annonay (Ardèche) degeneró en hechos violentos a causa de las provocaciones de un grupo de aficionados venidos desde Saint Étienne. Estos, al término de un partido lleno de incidentes, llegaron hasta una zona de monobloques cercana para cometer actos de vandalismo. Los jóvenes del barrio reaccionaron incendiando autos y agrediendo a la policía" (Le Monde, 2-3-99). "Un partido de fútbol de la Liga del Mediodía degeneró en batalla campal. Once heridos en un pueblo del departamento del Gers. El clima de violencia y de odio crece desde hace tres o cuatro años en los encuentros de la Liga y no siempre el racismo es la causa" (Le Monde, 16-3-99). "Sede de la última copa del Mundo, Saint Denis tiene problemas con el fútbol. Nueve meses después del triunfo de los azules en el reluciente recinto del Estadio de Francia, el distrito departamental confirmó el viernes 9 de abril su decisión de suspender todos los partidos, de todas las categorías por edad, hasta nueva orden. Una cuchillada asestada en una cancha de Clichy-sous-Bois el 28 de marzo, y una riña general en Montfermeil el mismo día, terminaron por convencer a los dirigentes ad honorem de Saint Denis. El aumento de la violencia en las canchas y en sus alrededores es un fenómeno que sigue preocupando en las filas del fútbol amateur. En febrero de 1995 un joven espectador había resultado muerto de un tiro de arma larga frente a un estadio en Drancy" (Le Monde, 11 y 12-4-99).

El ídolo de la cultura deportiva

Sería de desear que quienes cantan loas a la "camaradería deportiva", declamando en todos los tonos que el deporte tiene la virtud de pacificar e integrar, expliquen por qué la práctica competitiva en los barrios pobres degenera en una especie de guerra civil latente, con insultos racistas, agresiones premeditadas y venganzas sangrientas. ¿Por qué los estadios y sus adyacencias generan inevitablemente un "estado de sitio" con choques violentos entre grupos de vándalos corrientes y policías antimotines? ¿Se puede considerar sin importancia el impresionante despliegue de fuerzas del orden verificado en cada gran competencia? Y sobre todo: ¿es posible creer que el espectáculo de violencia que cada semana ofrecen en todas las canchas los quebradores de tibias no tiene ningún efecto de incitación sobre las hordas guerreras de hinchas y que, en contrapartida, éstas son apenas un elemento accesorio del decorado, del juego o del resultado?

Luego de los graves incidentes que enfrentaron en el túnel del estadio de Marsella a los jugadores locales con los del Mónaco, la ministro francesa de Deportes, Marie-George Buffet, admitió que el "valor ejemplar" de las estrellas del deporte era una pura ficción: "¿Qué ejemplo tendrán los jóvenes si ven a sus ídolos pelearse en los pasillos de un estadio?" (Le Monde, 12-4-00). Pero ¿qué jugador puede aspirar a la ejemplaridad?

Sin embargo, los jóvenes de todos los países tienen una profusión de ejemplos. En Alemania: "Más de 100 personas, entre ellas 27 policías, resultaron heridas durante un enfrentamiento entre hinchas, antes, durante y después del partido de la liga regional entre Offenbach y Mannheim" (Libération, 16-5-99). En Túnez: "Durante la semi-final de la Copa de fútbol de Túnez, donde se enfrentaban el equipo local con el de Esperanza Deportiva de Túnez, comenzaron a llover las piedras. Las autoridades tunecinas dieron cuenta de tres muertos y diez heridos a causa de "riñas entre hinchas", pero en realidad el balance llegaría a 21 muertos y numerosos heridos" (L'Express, 8-7-99).

En Rusia: "Los clubes de fútbol moscovitas CSKA y Spartak llamaron este viernes a la calma a sus adeptos a través de la prensa, antes del clásico. Los hinchas de ambos equipos alimentan un odio mutuo, que provocó varios enfrentamientos violentos estos últimos años. Ese llamado a la calma se produce luego de que el sábado pasado en San Petersburgo murieran dos hinchas del equipo local al chocar con los del Dynamo de Moscú" (Libération, 22 y 23-4-00). En Inglaterra: "El partido de alto riesgo por la semi-final de la Copa de la UEFA entre el Leeds United y el club turco de Galatasaray desencadenó la violencia prevista, en represalia por los graves incidentes ocurridos durante el partido de ida en Estambul, en los que murieron dos hinchas ingleses. Ese partido fue una muestra de lo que le espera a la policía durante la Euro 2000 que se desarrollará en junio en Bélgica y Holanda" (Libération, 22 y 23-4-00).

Enfrentamientos entre bandas fanáticas, a menudo infiltradas por la extrema derecha, palizas furibundas, disturbios y vandalismo, asesinatos y linchamientos en directo, constituyen actualmente en todos los países y en todos los niveles competitivos la cuota diaria y común del fútbol, que se extiende además a otros deportes, incluso a aquellos que se creían a salvo de la violencia, como el tenis9.

Otro bonito ejemplo dado por los "ídolos de la juventud": el pulpo del doping y de la toxicomanía que extiende sus tentáculos causando estragos en todos los deportes: ciclismo, halterofilia, atletismo, natación, rugby, handball, basquet, patinaje artístico, judo… nada se salva de la economía política de la droga.

El tercer obstáculo es la colaboración orgánica de numerosas personalidades políticas, universitarias, periodistas y líderes de opinión en la difusión de una idolatría acrítica del deporte, bautizada para el caso "cultura deportiva". Esa falsa conciencia reúne en jovial consenso a los adulones incondicionales del deporte y a los trovadores del humanismo -en Francia, fundamentalmente a los de la "izquierda plural"- que evitan hablar del verdadero deporte y sus desviaciones mafiosas, para fantasear con un deporte ideal: puro, educativo, pacífico, civilizado, etc. Todos ellos contraponen las supuestas virtudes originales de la "cultura deportiva" a la realidad deletérea del negocio deportivo.

Unos, en nombre de una mirada antropológica supuestamente neutral sobre las "prácticas culturales", admiran los ritos competitivos, las pasiones agonísticas, el culto del resultado, el espíritu deportivo, los placeres del deporte, y fulminan cualquier análisis crítico que no se deje seducir por los espejismos de la cancha.

Otros, que por lo demás son muchas veces los mismos, se transforman en asociaciones de defensa de la "cultura deportiva" amenazada por el "medio ambiente social". Quienes nos habían prometido la civilización del ocio, alaban ahora la cultura deportiva, que "es profundamente humanista, pero puede verse reducida, deformada, pervertida, por intereses, chauvinismos, pasiones de todo tipo. Solo resistiendo a todo eso podrá realmente existir y brillar"10.

Esta cultura deportiva se convirtió rápidamente en una consigna de propaganda gubernamental. Así, el ex-ministro francés de Educación, Claude Allègre, que "no ahorra elogios sobre la "cultura deportiva (…) verdadera escuela de la ciudadanía (…) elemento fundamental para la educación", confesaba con aire cándido poco antes de ser despedido del gobierno: "He aprendido tanto practicando deportes como en las aulas", y agregaba: "Si pudiera, obligaría a todos los niños a practicar un deporte colectivo y un deporte individual"11.

Todo consiste en saber de qué deporte se trata. ¿El deporte "socialista", como en los cuarteles deportivos de la ex-RDA, de la ex-URSS, de China?; ¿el deporte "liberal" de los defraudadores de todo tipo?12; ¿el deporte de las redes de dealers?13, ¿o el deporte de los tratantes y negreros de los tiempos modernos?14.

En vísperas de la Euro 2000, de la Vuelta ciclista de Francia y de las Olimpiadas de Sydney, resulta urgente comprender que la institución deportiva ha entrado en la era de la globalización criminal. En un universo dominado por el integrismo neoliberal, las oligarquías deportivas no ocultan su colaboración con grupos de intereses que han transformado la actividad deportiva en un puro negocio sin idealismo ni leyes, dominado por el evangelio de la rentabilidad, de la razzia y de la dominación. La espiral mercantil logró así transformar a los actores deportivos, sean cuales fueren, en simples operadores o beneficiarios de la acumulación salvaje del capital15.

No es de extrañar entonces que la ley de la selva mundializada haga de la desregulación mafiosa su credo, y que la lógica del "siempre más" (récords, espectadores, eventos, beneficios) incite a una carrera sin fin: crimen organizado del blanqueo de dinero y de la evasión fiscal; crimen organizado de los arreglos, manoseos y corrupción de todo tipo. No vale la pena hacer "obligatorio" ese tipo de deporte, porque ya lo es…

  1. "Hace una semana el ciclista de todo-terreno Jérôme Chiotti declaraba en una entrevista al mensual Vélo que se había dopado para obtener el título de Campeón del Mundo de cross country en 1996. Chiotti recibió una sanción federal. Confesó además que en julio del año pasado logró el título de campeón de Francia de su especialidad gracias a un arreglo con su adversario, Miguel Martínez", Libération, París,28-4-00.
  2. Ver "L'affaire Salt Lake City…", Le Monde,16-12-98; "Des membres du Comité International Olympique…", Le Monde, 17-9-99; "Le prix payé par Sydney…", Libération, Paris, 18-1-99; "Le CIO attend…", Le Monde, Paris, 13-2-99; etc.
  3. "La Gazzetta dello Sport publicó el sábado la lista de regalos ofrecidos a los árbitros en Navidad por elA.S. Roma. Los relojes de oro, valuados en 85.000 francos (unos 12.000 dólares), fueron enviados a dos comisarios de la Federación de Fútbol encargados de designar los árbitros. Los relojes de plata alos 36 árbitros, y los otros a los jueces de línea (…) Hasta ahora, otros seis clubes de primera división admitieron haber enviado regalos de Navidad a los árbitros", Libération, Paris,10-1-00.
  4. France-Soir, Paris, 11-5-99.
  5. "La barbarie olympique", Quel Corps? Nº36, Paris, septiembre de 1988; ver también: "Le sport, c'est la del guerre", Manière de voir, Nº 30, Paris, mayo de 1996.
  6. "L"illusion sportive. Sociologie d'une idéologie totalitaire ", Universidad de Montpellier-III, Les Cahiers del 'IRSA, Nº 2, febrero de 1998.
  7. Le Monde, Paris, 23-6-98.
  8. "Football connection" , Quel Corps?, Nº 40, Paris, julio de 1990.
  9. "Copa Davis: graves incidents lors du match Chili-Argentine" , Le Monde, Paris, 11-4-00.
  10. Joffre Dumazedier, "De la culture sportive", STAPS, Revue Internationale des sciences du sport et de l'éducation physique, Nº 44, Paris, diciembre de 1997.
  11. "Claude Allègre veut développer la "culture sportive"", Le Monde, París, 14 y 15-11-99.
  12. Dos ejemplos, entre muchos: "El CSP Limoges paga un fuerte precio por sus delirios de grandeza. Luego de la detención de seis de sus dirigentes, el mejor club francés de basquetball de los años "80 debe enfrentar una crisis que bien podría provocar su desaparición" (Le Monde, París, 19-1-00). "Fútbol. Una buena parte de los dividendos recibidos por los jugadores escapa a los impuestos. Los clubes españoles están siendo investigados por el Fisco" (Libération, París, 17-4-00).
  13. Jean-Pierre de Mondenard y Jean-Marie Brohm, Drogues et dopages, Chiron, París, 1987.
  14. "Foot. Des intermédiaires douteux proposent des mineurs aux clubs français. À vendre, gamins africains, bons prix", Libération, París, 22-11-99.
  15. Ver las cifras reveladas por Capital, "La fièvre du foot business", Nº 79, París, abril de 1998.
Autor/es Jean-Marie Brohm
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 12 - Junio 2000
Páginas:34, 35
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Corrupción, Deportes
Países Túnez, China, Alemania (ex RDA y RFA), Bélgica, Francia, Holanda (Países Bajos), Inglaterra, Italia, Mónaco, Rusia