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El vaciamiento de Aerolíneas Argentinas

La crisis de Aerolíneas Argentinas se ha convertido en el caso emblemático de la desnacionalización argentina. El Comodoro (R) Juan José Güiraldes, ex presidente de la compañía, advirtió en dos cartas dirigidas a la Comisión de Transporte de la Cámara de Diputados sobre la gravedad del asunto y su posible desenlace.

La crisis de Aerolíneas Argentinas ha llegado en estos días a un punto de no retorno. Las alternativas planteadas son la reestatización, la rebaja de salarios como solución temporaria y la quiebra inmediata con el consecuente despido de miles de trabajadores que actualmente luchan fervientemente por defender sus puestos de trabajo. La indignación provocada por el escandaloso vaciamiento de la aerolínea de bandera, ha dado lugar a un vuelco en la opinión pública que repudia la estafa y demanda una solución. Esta estuvo explícitamente planteada en dos cartas -reproducidas a continuación- envíadas al presidente de la Comisión de Transporte de la Cámara de Diputados de la Nación, en julio de 2000 y mayo de 2001, por el Comodoro (R) Juan José Güiraldes, presidente de Aerolíneas Argentinas desde junio de 1958 a noviembre de 1959, y actual miembro de la Comisión de Notables que asesora a la comisión parlamentaria.

La Lucila, 22 de Mayo de 2001

Señor Presidente de la

Comisión de Transporte de la

Cámara de Diputados de la Nación.

Dr. D. Alejandro Nievas

Presente

Señor Presidente:

Con fecha del 6 de julio del año pasado le dirigí una nota en la que, al tiempo que le agradecía la honra de haber sido designado para colaborar con el Parlamento Nacional en el Comité de Notables (especialistas en lo relativo a la aviación comercial), me tomé la libertad de anteceder ese agradecimiento con consideraciones sobre la dificil situación por la que atravesaba nuestra empresa de Bandera. Transcribo un párrafo, por considerarlo medular para el caso: "Hoy Aerolíneas Argentinas languidece en muerte lenta, arrastrando en su caída a Austral SA, que alcanzó también mucho prestigio en nuestro cabotaje (…) ". Más adelante agrego: "Ver morir a nuestras empresas de vuelo, no poder llegar con nuestra Bandera adonde los empresarios iban en busca de consolidar y abrir nuevos negocios, será un impacto negativo cuya trascendencia no podemos minimizar".

Sería ocioso incomodar al Señor Presidente con más citas, pues están contenidas en la carta de mi referencia.

Con fecha del 11 de julio, también el año pasado, el denominado Comité de Notables se dirgió a Usted como Presidente de la Comisión de Transportes haciéndoles llegar el que denominamos "Informe de avance Nº 1 ". Éste contiene consideraciones más extensas que mi carta del 6 de julio, por lo que "brevitatis-causa" , me remito al documento agregado a esta carta.

Tanto en mi comunicación personal como en el del "Informe de Avance Nº 1 ", nuestro juicio sobre el previsible destino de Aerolíneas Argentinas y Austral es muy severo en cuanto al desarrollo de los hechos. Lamentablemente, el tiempo ha confirmado nuestros temores.

Ha pasado casi un año, señor Presidente, y desde hace más de un mes, los principales diarios de nuestro país, así como los comentarios radiales y entrevistas de televisión, usan como común denominador de sus títulos conceptos tales como "La crisis de Aerolíneas Argentinas" ; "Sin acuerdo en Aerolíneas" ; "Los Gremios inician paros sorpresivos en Aerolíneas" ; "Aerolíneas y Austral dejaron de volar" . Sería fatigar su atención con más referencias de esta naturaleza. Lo cierto es que Aerolíneas Argentinas y Austral se encuentran en crisis terminal; y como los argentinos jamás nos resignaremos a no tener Empresa de Bandera ni dejar de servir con intensidad a nuestro cabotaje, en cuyo ámbito actuán como palanca de su desarrollo e integración, no tengo dudas de que algo haremos. Pero el tiempo apremia, y por eso me permito en estas líneas efectuar algunas sugerencias. Lo hago dirigiéndome a la Cámara de Diputados de la Nación porque es en su ámbito en el que hemos observado permanentemente preocupación por el tema.

Si nos retrotraemos al año 1990, debemos comenzar por decir que Aerolíneas Argentinas jamás fue privatizada, pues lo que se hizo fue una transnacionalización; llevándola del Gobierno argentino en cuy ámbito desenvolvía sus actividades, a la dependencia del Gobierno español. Quizá no se reparó en que se estaba cometiendo una seria infracción a nuestra política aerocomercial. Según leyes vigentes y los convenios bilaterales firmados con todas las naciones con las que mantenemos tráfico aerocomercial, el cabotaje debe ser realizado sólo por empresas nacionales; en cuanto al tráfico internacional, por aplicación de los principios contenidos en la Tercera y Cuarta Libertad de los establecidos en el Convenio de Chicago que en 1944 dio origen a la Organización de la Aviación Civil Internacional, corresponde ser dividido -esto es mitad y mitad- entre las naciones contratantes.

Con su transnacionalización ha venido a resultar que, a nuestra vista y paciencia, Iberia ha realizado tráfico de cabotaje al amparo de nuestra Bandera y de las matrículas LV; igualmente en el orden internacional, en el que llevando nuestra Bandera y la matrícula que señala nuestra nacionalidad (LV), han tomado en su ámbito sólo las medidas que convenían a Iberia. En los vuelos a Europa, por ejemplo, al descender todos los pasajeros en Madrid y reencaminarlos por Iberia, Roma, Fran "furt, Zurich, París, Amsterdam y Londres, otrora excelentemente atendidos por nuestra Empresa de Bandera, han venido a resultar ahora destinos que sirven de alimentación a Iberia. Nos han despojado del tráfico que nos pertenecía.

En cuanto al cabotaje, las escalas donde ya han dejado de operar y otras que anuncian dejarán de servir próximamente, privará a nuestras provincias de la fluida intercomunicación que brindaba Aerolíneas Argentinas al servicio del desarrollo de nuestro interior.

Pienso que todo lo antedicho hasta aquí debiera ser objeto de tratamiento en ámbito judicial, pues alguien ha de ser responsable del despojo del que hemos sido objeto.

Lamentablemente yo no dudo de que como van ahora las cosas, Aerolíneas Argentinas cese de operar, o que sea llevada a la quiebra. Algo hay que hacer y de inmediato.

Si bien se ha querido presentar los problemas en curso como conflcitos laborales o de desentendimientos entre los trabajadores y la dirección de la empresa, en manos de directivos de nacionalidad española con sede en Buenos Aires, lo cierto es que el asunto tiene los caracteres típicos de una Cuestión de Estado. Y el Estado debe actuar.

Lo primero que es preciso hacer saber a los españoles es que los argentinos retomaremos nuestra soberanía en lo que concierne tanto al tráfico de cabotaje como al internacional. Eso será ejercer la soberanía en los hechos y no en simples declaraciones formales.

La reargentinización de nuestra empresa de Bandera pondrá a nuestros empresarios, que los hay muchos y algunos muy prósperos en los más diversos ámbitos: la explotación del petróleo; la producción de energía; la distribución de gas; la explotación de rutas por peaje; la provisión de agua potable; las comunicaciones tanto telefónicas como por vía celular; la producción de acero y de aluminio; la industria automotriz; la próspera explotación de supermercados, etc. etc. Ultimamamente, incluso la explotación de aeropuertos por concesión. Sería un pésimo síntoma que nuestros empresarios no se empeñaran en sacar adelante a nuestra empresa de Bandera.

A quienes o a quien acometa ese desafío, el Estado argentino deberá apoyarlo debidamente. Con ese apoyo y la decisión de reargentinizar lo que jamás debió ser transnacionalizado, se verá que los argentinos, que siempre sobresalimos en la Industria del Transporte Aéreo, sabremos retomar el camino perdido y mostrarnos, como otrora, pujantes en el sector.

A quienes fueron los culpables de haber llevado a nuestras empresas a la situación en que se encuentran hoy será preciso notificarlos de que la responsabilidad de ello fue la consecuencia del vaciamiento de la Empresa, de una pésima administración, de no menos malas relaciones con el personal y de su total desconexión con el Gobierno argentino, que no tiene ni asumirá responsabilidad alguna. El quebranto es de Iberia y de la SEPI. Estoy a disposición del señor Presidente para concurrir, si así lo juzga conveniente, a exponer mis opiniones y las soluciones propuestas en el ámbito de la Comisión de Transporte de la Cámara de Diputados de la Nación.

Saludo a Usted con mi más distinguida consideración

Comodoro (R) Juan José Güiraldes

La Lucila, 6 de Julio de 2000

Señor Presidente de la

Comisión de Transporte de la

Cámara de Diputados de la Nación.

Dr. D. Alejandro Nievas

Presente

Señor Presidente:

Aerolíneas Argentinas, nuestra Empresa aerocomercial de Bandera fue fundada hace 50 años sobre la base de empresas de existencia anterior, mixtas y privadas. La más lejana operaba ya en 1928, cuando Saint Exupéry, Mermoz, Vicente Almandos Almonacid y otros memorables pioneros, llevaron a la Compagnie Générale Aeropostale a unir con los aviones Latécoére 25 y 28, a Rio Gallegos, en Santa Cruz, con Toulouse, en Francia, a fines de los años 20. Hoy, está al borde de quebrar, luego de un poco clara "transnacionalización" , pasando a ser propiedad del Estado Argentino a la del Estado español.

La vida de nuestra Empresa de Bandera se caracterizó siempre por su alta capacidad técnica y afán constante de modernización, al ritmo que se presentaban nuevos materiales de vuelo y nuevas técnicas. En 1958, al comenzar a operar en el mundo los aviones a turbina, Aerolíneas Argentinas fue primera entre las primeras; pues sus hoy ya legendarios "Jet" Comet 4 comenzaron a volar en 1959, cuando sólo lo hacían entonces con aviones de ese tipo, Pan American de Estados Unidos de la América del Norte Y British Overseas Airways Corporation (BOAC). La reconocida capacidad de su personal -tanto de vuelo como de tierra-, su alto coeficiente de seguridad, y la excelencia de sus talleres en Ezeiza, fueron siempre admirados y respetados. Nos contábamos entre las Empresas de mayor prestigio.

El crecimiento llevó a Aerolíneas Argentinas a pasar de un vuelo semanal a Europa y uno a Norteamérica en 1950, a la multiplicidad de servicios que en el año 1990, el de su transnacionalización, llevaban a nuestra Bandera a: Madrid, Roma, París, Zurich, Fran "furt, Amsterdam y Londres, en Europa; a Miami, Nueva Yor " y Los Angeles en Norteamérica; a Montreal en Canadá; a Nueva Zelandia y a Australia, por la ruta transpolar; y a todas las capitales de las naciones hermanas de la América del Sur y a México. También uníamos a todas las capitales de provincia, y a 14 escalas más. Sirviendo así al desarrollo integral de nuestro país. Eramos una empresa de vuelo de nivel mundial. Todos subíamos y bajábamos de los aviones de "Su Compañía" con confianza y orgullo.

Hoy Aerolíneas Argentinas languidece en muerte lenta, arrastrando en su caída a Austral SA, que alcanzó también mucho prestigio en nuestro cabotaje, junto con otras empresas de capital privado que nacieron y se desarrollaron al amparo de una adecuada legislación que protegía nuestro derecho en el espacio aéreo. De los pocos cientos de miles de pasajeros anuales de la primera época, llegamos en cifras redondas a los diez millones de hoy. Recientemente, el propietario del 85% del capital de ambas empresas ha hecho conocer las líneas generales de sus "planes" : "Plan Director de S.E.P.I. para Aerolíneas Argentinas y Austral -mayo 2000- y "Soporte de las proyecciones económica-financiera -junio 2000 "; que sólo conocemos en una síntesis sobre la que es imposible abrir juicio fundado; aunque si avizorar un inevitable y triste desenlace, que ha de avergonzarnos. Aerolíneas Argentinas, de tal sólo tiene el nombre; pues es hoy una empresa española, que abusa de nuestro nombre y de nuestra Bandera y explota nuestras rutas, incluso las de cabotaje.

Ha resultado imposible conocer dicho plan "in-extenso" , si es que lo hay. Lo cierto, y lo dice diariamente la prensa, es que la quiebra amenza a Aerolíneas Argentinas y a Austral. En su ámbito trabajan cerca de 10.000 personas, lo que equivale a decir que de su ocupación dependen más de 20.000 familias. Este es un aspecto sensible, muy sensible de la cuestión, en momentos en que la economía de nuestro país atraviesa por un período de recesión y desocupación, en cuyo ámbito las cesantías y la bajas de salarios a los que apunta "el plan" , vendría a agregar un factor más de desaliento a los argentinos.

La economía no son sólo números. Ver morir a nuestras empresas de vuelo, no poder llegar con nuestra Bandera adónde los Empresarios iban en busca de consolidar y abrir nuevos negocios, será un impacto negativo cuya trascendencia no podemos minimizar. Será una mala nota para nuestro prestigio. ¿Cómo podrá explicar esto el Gobierno Nacional, empeñado en mostrar a la Argentina como una Nación promisoria y pujante? La quiebra de Aerolíneas-Austral no será una quiebra de aquellas en las que, a veces, caen empresas de otras actividades, siempre reemplazadas por otras del mismo ramo que ocupan su lugar. En este caso, la "transnacionalización" , so pretexto de privatización, muestra claramente el propósito de copamiento de nuestro apetecible mercado de rutas y asientos/ "ilómetros, tanto de cabotaje como internacionales por parte de empresas de otras banderas. Hoy, en que los aeropuertos en manos privadas están en plena modernización; en que aquí el turismo es creciente; y cada vez tenemos más necesidad de intercomunicación y de vinculación con el resto del mundo, no deseo en mi carácter de ex presidente de Aerolíneas Argentinas, con la paciente espera de los datos del llamado "Plan Director" , ser cómplice de un mal fin que avizoro con honda preocupación ciudadana.

Por todo ello, señor Presidente, vengo a solicitarle a título personal que lleve estas reflexiones mías al conocimiento de las autoridades y de los integrantes de la Cámara de Diputados de la Nación, en procura de una Declaración que mueva al Poder Ejecutivo a evitar toda relación con el plan propuesto (o a proponerse); o peor aún, a consumarse sin consultas ni aceptación. Aerolíneas Argentinas y Austral, hoy el 85% de sus acciones en poder de la Sociedad Española de Participaciones Industriales (SEPI) y administrada por Iberia, serán llevadas a la quiebra. De ellos será el quebranto, que deberán afrontar por su sola cuenta y devolver al mismo tiempo las rutas recibidas, de propiedad inalienable del Estado argentino. No faltarán aquí empresarios que recojerán la posta, abandonada en el suelo, y que llevarán a las empresas de nuestros desvelos a la situación de pujanza que tuvieron en su tiempo, haciéndolas luego crecer al ritmo que reclaman los tiempos. Ambas juntas o cada una por separado, como empresas diversas que fueron.

En la Industria del Transporte Aerocomercial, que crece aceleradamente, las fusiones, las operaciones en "pool" , y especialmente la constitución de "megatransportadoras" , es el signo de los tiempos. Las Naciones de América del Sur, que en el Mercosur las abarcará seguramente a todas, debieran desde ahora avizorar el futuro de sus empresas de vuelo en ese sentido y con esa intención. En la globalización en desarrollo debemos mantener nuestras individualidades, nuestro idioma, nuestros gustos y preferencias; y por sobre todo cuidar y servir nuestros intereses. Lo contrario sería la desaparición de las nacionalidades. "Sólo la unión de los débiles hace que los fuertes respeten sus derechos" , dice un aforismo. De lo contrario, como fue expresado hace mucho por el profesor italiano Antonio Ambrossini, experto en el tema, que enseñó largo tiempo en nuestra Universidad de Buenos Aires, y dirigió a sus conciudadanos estas dolorosas explicaciones: "Hemos sido vencidos. La tendencia que ha triunfado en Estrasburgo ha sido la de la Libertad en el Aire, la de seguir una lucha sin cuartel. Reduzcámonos, resignémonos a covertirnos en un país puramente receptivo, país servido aviatoriamente por otros; ahorraremos fatigas y dinero; viviremos cómodamente en una nueva forma de esclavitud, la esclavitud aviatoria" . Yo no quiero ser esclavo.

Señor Presidente: He sido honrado con una designación para colaborar con el Parlamento Nacional en el Comité de Notables. Al tiempo que lo considero una distinción, ese mismo honor me obliga a esta nota. El no hablar a tiempo podría hacer pesar sobre mi conciencia el sentimiento de responsabilidad por no haber estado a la altura de la confianza puesta en nosotros, para aportar sin demora, nuestro juicio en momentos tan críticos para las alas argentinas.

Saludo a Usted con mi más distinguida consideración

Autor/es Juan José Güiraldes
Publicado en Artículos especiales para eldiplo.org
Número de ediciónNúmero 24 - Junio 2001
Temas Desarrollo, Deuda Externa, Paraísos Fiscales, Justicia Internacional, Movimientos Sociales
Países Estados Unidos, México, Argentina, Australia, Francia