Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

El espectro del Imperio

En nombre de la instauración de la paz y la democracia en regiones convulsionadas, la emergencia de los protectorados en el mundo de la posguerra fría asegura al Occidente desarrollado el dominio sobre los países más débiles y le confiere la facultad de excluir de los pactos internacionales a los que no se plieguen a su modelo económico o pretendan alguna forma de autonomía.

El regreso del Imperio, un viejo espectro que muchos creían desaparecido, asedia en este fin de siglo la comunidad mundial. Extrayendo su legitimidad de la implosión de la ex Yugoslavia o de la guerra civil en Somalia, la idea de protectorado invadió las cancillerías occidentales. A partir de la situación actual de Kosovo, los líderes de Occidente la elevaron incluso al rango de panacea.

La política de protectorado es una excrecencia de la visión del mundo que tienen las instituciones internacionales luego de la guerra fría. Ven en ella la posibilidad de satisfacer el anhelo de reconstruir las instituciones democráticas y a la vez el de dominar1. Como un eco del paternalismo de la era colonial, pretenden que sólo una intervención internacional prolongada permitirá instaurar la paz y la seguridad en los países aún no agraciados por el liberalismo occidental. Este argumento se esgrimió para justificar la "guerra humanitaria" llevada a cabo por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) para defender los derechos de los albaneses residentes en Kosovo. Kofi Annan, secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), insistió al respecto: "Estamos ante la emergencia de una ley internacional según la cual los Estados no pueden seguir amparándose en la defensa de su soberanía para engañar o martirizar a sus poblaciones, esperando que el resto del mundo se cruzará de brazos"2.

Pero basta examinar el destino de Bosnia, el último de los protectorados instituído por Occidente como consecuencia de los acuerdos de Dayton (noviembre de 1995), para comprobar que la paz y la democracia aún están muy lejos. Oficialmente, los acuerdos de Dayton tenían por objetivo restablecer en Bosnia un gobierno autónomo basado en la reconciliación nacional. Debían tenerse en cuenta las dominaciones ejercidas sobre ambas colectividades, así como las veleidades de "depuración" de una y otra. Durante este ejercicio de realpolitik, dirigido a implantar una "estabilidad regional" , el mandato de la OTAN se extendió mucho más allá de su misión meramente militar.

A partir de una nueva distribución territorial, la OTAN tuvo que asumir una tarea para la que no estaba necesariamente preparada: la de una autorizad de paz. Un representante de alto rango de la ONU, dotado de plenos poderes y supremacía sobre las decisiones de los representantes legítimos del pueblo bosnio -incluso de la facultad de destituirlos- arbitró en los conflictos y querellas civiles3. En este marco de control internacional, las elecciones en Bosnia son apenas" sondeos mejorados"4.

No es de extrañar entonces que cuatro años después de los acuerdos de Dayton, los progresos realizados para superar las divisiones étnicas y plasmar una reconciliación resulten más bien escasos. Por una parte, el voto en función de criterios puramente étnicos continúa siendo la norma; por otra, sólo regresó una minoría de los 2.100.000 refugiados que habían emigrado como consecuencia de la guerra. La conclusión es que un protectorado de tipo neocolonial gobierna una Bosnia debilitada en los planos institucional, político, administrativo y legal. Todos los asuntos son regulados por las organizaciones internacionales -desde la OTAN hasta el FMI- que actúan sin ningún mandato democrático.

A pesar de esta confusión de poderes, el "protectorado" internacional puede hacer muy poco más que ocupar el vacío creciente entre el pueblo bosnio y sus propias instituciones. La extensión por un período indeterminado del mandato otorgado a la comunidad internacional en diciembre de 1997, no es más que la confirmación del atolladero en que se encuentra actualmente la idea de protectorado.

Las contradicciones de la política occidental en los Balcanes se han trasladado ahora a Kosovo, donde en un primer momento Milosevic tuvo libertad para tratar el conflicto como si fuera un "problema interno" de Yugoslavia, hasta que su accionar en esa provincia empezó a ser visto como un recurso para retener el poder. Los acuerdos de Rambouillet de febrero de 1999 le fueron presentados como un medio para conservar Kosovo dentro del territorio yugoslavo, pero desafectando de su régimen el destino de esa provincia.

Para evitar que un autroproclamado gobierno albanés se atribuyera resolver la situación local -por ejemplo proclamando una independencia que permitiría el nacimiento de una Gran Albania- se apeló una vez más al recurso de solicitar el protectorado internacional. Según la lógica de Dayton, el verdadero poder en esa región debería permanecer en manos de la OTAN, situación que el presidente Milosevic no aceptaría fueran cuales fueran las concesiones otorgadas como consecuencia de la negociación de Rambouillet y de los bombardeos de la OTAN. Para ésta existe además actualmente un factor que va más allá de sus compromisos extraterritoriales: la simple circunstancia de celebrar sus cincuenta años5.

Desde siempre, un protectorado bajo la soberanía de un Estado independiente, pero a la vez separado de éste por la acción de fuerzas extranjeras, está destinado a crear algo más que una provincia autónoma; quizá un Estado independiente, pero desprovisto de los atributos de su soberanía. Todo lo que se haya podido decir en Rambouillet queda comprometido de ahora en más por la política del presidente Milosevic, que provocó la partida de por lo menos dos millones de personas, refugiadas aquí y allá. La secretaria de Estado estadounidense, Madeleine Albright, admite que "será arduo" encarar una nueva cohabitación entre serbios y albaneses en Kosovo, aun asumiendo la necesidad de asegurar "un acceso protegido a sus lugares sagrados, tanto para los serbios como para los kosovares" . Dicho de otro modo, será nuevamente un protectorado internacional el que supervise la segregación de las comunidades kosovares y ratifique por lo tanto la purificación étnica deseada por Milosevic. Habrá con seguridad una segunda reunión Dayton sobre Kosovo, lo que redundará en una división basada en criterios étnicos, cualesquiera sean las acciones o las consecuencias de un protectorado de la ONU.

En el preciso momento en que estas líneas están siendo escritas, la acción diplomática parece orientarse hacia una partición6. Cualquiera sea el acuerdo final, es seguro que cientos de miles de refugiados no regresarán a su hogar, en un Kosovo "acuartelado" . La minoría serbia continuará su éxodo secular fuera de la provincia. Cercados en zonas definidas por criterios étnicos, serbios y albaneses estarán, una vez más, frente a frente. Los nacionalistas de ambos campos tendrán suficiente materia para controversias, lo que llevará inevitablemente a la fractura de las instituciones nacionales, que sólo la presión internacional podrá tratar de mantener unidas. La inestabilidad política en una Serbia dividida podría ser además la excusa para extender el cordón sanitario tendido dentro de Yugoslavia.

Según la expresión de Peter Galbraith, ex embajador estadounidene en Croacia, Kosovo será "un Estado de facto independiente" , pero sin independencia real ni auténtico gobierno autónomo. La coalición occidental se dispone a separar de hecho a Kosovo de la República Federal de Yugoslavia, pero a la vez se seguirá oponiendo con firmeza a una independencia real de esa provincia, por temor a destapar una caja de Pandora. Son pues de esperar futuros conflictos en torno a la partición, la naturaleza del gobierno autónomo -y en última instancia el futuro de Kosovo- entre un movimiento nacional armado albanés y las autoridades coloniales. Del mismo modo que en Bosnia, el protectorado será prolongado indefinidamente para evitar toda desintegración adicional del statu quo regional. Por lo tanto se convertirá en un obstáculo para la resolución democrática de la cuestión nacional en los Balcanes.

Con respecto a la reconstrucción propiamente dicha, basta remitirse a los textos acordados en Rambouillet. El capítulo 4ºa del artículo 1 dice: "La economía de Kosovo funcionará de acuerdo con los principios del mercado" . Una vez más, Dayton dicta la norma y sus formas de aplicación7. La Banca Central Bosnia, bajo la supervisión de un gobernador ajeno a la región designado por el Fondo Monetario Internacional (FMI), sólo pudo desempeñar un rol secundario, en la medida en que se le prohibió emitir moneda para financiar los créditos. El Estado está autorizado a participar de la reconstrucción sólo si contrae una deuda considerable con las instituciones financieras internacionales, lo que asegurará el sometimiento de Bosnia, que junto a Kosovo se encuentra ahora en la misma situación que muchos de los países "en desarrollo".

Ahora que acaba de conmocionar la región provocando un disloque económico masivo, la Unión Europea (UE) alega favorecer una reconstrucción acelerada de la democracia, de la seguridad y de la prosperidad en los Balcanes, en un tono que bien podría ser tildado de hipócrita. El "pacto de estabilidad" establecido bajo su dominio se refiere a una "integración a través de un nuevo tipo de relación contractual"8. Es decir, la UE permanece en la trastienda. Sólo se ofrecieron a Albania y Macedonia acuerdos de "estabilización y colaboración" destinados a fracasar, si tenemos en cuenta los resultados de los "acuerdos europeos" entre países de Europa Central.

La verdad es que no se podría hablar de un nuevo plan Marshall, sino más bien de una clasificación jerárquica establecida por la UE, con países más o menos privilegiados según el modo en que se plieguen a los intereses económicos y de seguridad de Occidente. Los Estados rebeldes, como la Yugoslavia de Milosevic, serán excluidos del reparto. Este "pacto" apunta a introducir los dispositivos del mercado y se puede apostar que a muchos Estados balcánicos les será más dolorosa la reconstrucción que la guerra.

Este conflicto ayudará indudablemente a que la OTAN se reposicione e incluso se rearme para el siglo XXI. Puso de rodillas a la República Federal de Yugoslavia, sembró las semillas de futuros conflictos regionales y abrió a los gobiernos coloniales que se van a suceder en Kosovo una perspectiva de décadas. El caballo de Troya de un falso plan Marshall se acopla con los intereses occidentales. De esto nacerán reacciones adversas nacionalistas y al fin de cuentas la democracia y la paz habrán sido sacrificadas en el altar de "la intervención humanitaria" . Como dijo Tácito: "Crearon la desolación y la llaman paz"

  1. David Chandler, Bosnia: Faking Democracy after Dayton, Pluto Press, Londres, 1999.
  2. Financial Times, Londres, 25-5-99.
  3. Este poder de destituir a las personalidades regularmente elegidas se vio ilustrado en marzo de 1999, cuando Carlos Westendorp, alto representante de la ONU, suplantó al presidente de la República, Nicola Poplasen, porque éste se había liberado a su vez de su primer ministro, Milorad Dodik.
  4. David Chandler, op. cit.
  5. Peter Gowan, "The Nato Power and the Balkan Tragedy", New Left Review Nº 234, marzo-abril de 1999.
  6. Guy Dinmore, "Belgrade may still secure a better deal", Financial Times, Londres, 5-6-99
  7. La Comisión Europea evaluó que el costo de la reconstrucción en Kosovo oscilaba entre 2000 y 3.500 millones de dólares. Charles Pretzlik, "UK plans company task force ", Financial Times, Londres, 5-6-99.
  8. Según ese pacto, se trataría nada menos que de reunir a Albania, Bosnia, Bulgaria, Croacia, Macedonia, Hungría, Rumania, Rusia, Eslovenia, Turquía, Estados Unidos, la OTAN y la OSCE como donantes internacionales. Cable de la Agencia France-Presse, 27-5-99.
Autor/es Andreja Zivkovic
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 1 - Julio 1999
Páginas:1, 4
Temas Conflictos Armados, Genocidio, Minorías, Desarrollo, Mundialización (Economía), Geopolítica
Países Estados Unidos, Albania, Serbia (ver Yugoslavia), Somalia, Bulgaria, Croacia (ex Yugoslavia), Eslovenia (ex Yugoslavia), Hungría, Macedonia (ex Yugoslavia), Rumania, Rusia, Turquía, Yugoslavia, Islas Marshall