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O madres, o ausentes

La reñida campaña electoral chilena, polarizada entre el socialista Ricardo Lagos y el derechista Joaquín Lavín, opone las consignas de "igualdad" y "cambio". Pero sólo una profunda transformación pondría al país en marcha hacia una mayor igualdad entre mujeres y varones.

Diversos analistas consideraron que en estas elecciones presidenciales los temas de valor y culturales serían definitorios. Esta previsión no se ha cumplido debido entre otros factores a la crisis económica, que ha puesto en el tapete temas como el desempleo y al hecho de que la derecha tradicional haya perdido visibilidad y hayan caído en desuso clásicas estrategias de presentación, legitimación y argumentación, debido a la candidatura de Lavín.

De hecho, buena parte de la campaña giró en torno a temas de coyuntura económica, lo que generó el privilegio de los valores instrumentales sobre los fundamentales. Al mismo tiempo, el esfuerzo de Lavín por despolitizar la campaña y su insistencia en el carácter administrativo de la presidencia, han dejado fuera del juego discusiones fundamentales acerca de la sociedad. Una tercera razón se relaciona con el tipo de cálculo político prevaleciente en esta campaña: asegurar el electorado de centro en el caso de Lagos e intentar ganar a los sectores populares en el caso de Lavín. Para ambos, el ámbito de los valores era terreno pantanoso.

Es obvio que este sesgo de campaña es desfavorable para posicionar temas relativos a los intereses de las mujeres. Tomemos el caso de Lagos. Aunque la mujer, sus demandas e intereses fueron tema relevante en las primarias de la Concertación llevadas a cabo en mayo de este año, perdieron esa condición en la primera parte de la campaña electoral. El tema reapareció cuando la alarma por el avance de Lavín generó un vuelco hacia la consigna de igualdad, incorporando asuntos de valor social que permitieron que la mujer ocupase un lugar central como elemento retórico y como sector social importante y diferenciado.

El candidato de la derecha, por su parte, ha intentado rehuir esa temática. En el discurso de Lavín, las mujeres, en cuanto sujetos, han estado prácticamente ausentes. Sin embargo, ante la evidencia de que constituyen parte relevante del electorado indeciso, fueron incluídas en la última parte de la campaña en tanto sujetos pasivos de políticas con un tinte asistencial. Sus opiniones, aun cuando formuladas de manera muy cauta, se basan en una idea de la mujer regida por sus propias convicciones ético-religiosas conservadoras. Lavín es católico y miembro del Opus Dei.

Las medidas a favor de la mujer que contempla este candidato están básicamente dirigidas a facilitar el cumplimiento de rol de madre: un subsidio para vecinas guardadoras de hijos para cuando las mujeres salgan a trabajar, facilitar el trabajo a tiempo parcial o el trabajo en casa, la licencia pre y pos natal. Ninguna mención a la necesidad de cambiar imágenes culturales que conduzcan a una mayor participación masculina en la crianza de los niños, lo que permitiría romper el círculo de responsabilidad exclusiva femenina perpetuado por las redes de apoyo familiares y vecinales de mujeres. Tampoco la menor consideración sobre las nefastas consecuencias de la flexibilización laboral y la desregulación; menos aún respecto a las inequidades salariales.

Chile, como en general América Latina, tiene una tasa creciente de participación femenina en la fuerza de trabajo que asciende en la actualidad al 33.4%. Este crecimiento se acompaña de una pertinaz inequidad en términos salariales. La brecha entre hombres y mujeres se mantiene y en ciertos grupos, como el de profesionales y técnicas, las mujeres perciben apenas el 55,6% del salario de los hombres en cargos similares.

En el área de trabajo el programa de Lagos evidencia una mayor sensibilidad a temas de discriminación e inequidad en diversas áreas. Entre otras ofertas, como el cuidado de los niños de las madres trabajadoras, considera medidas para promover la participación política de las mujeres, tema completamente ausente en las propuestas de Lavín.

Pero si bien la sensibilidad de Lagos parece estar más cercana a los intereses de las mujeres, hay una distancia entre sus propuestas y lo que de ellas subraya cuando debe hacer llegar su mensaje en un ámbito público ampliado. Aquí, las mujeres aparecen asociadas con grandes declaraciones más que con promesas específicas, principalmente como objetos de política y sujetas a una retórica que insiste en asociarlas con la imagen de madre.

Chile es uno de los países de América Latina con menor índice de participación política femenina. Hay sólo tres mujeres entre 46 senadores; 9 entre 120 diputados. A pesar de que algunos partidos han comenzado a implementar medidas de discriminación positiva, no existe una regulación estatal que apunte a revertir esta situación.

Dos temas centrales en la agenda de las mujeres chilenas, pero ausentes en las propuestas de los candidatos son el aborto (no está permitido ni siquiera el aborto terapéutico) y el divorcio, que no existe en el país. Se estima que en Chile se realizan alrededor de 100.000 abortos anuales y que alrededor de un 15% de la población legalmente casada se encuentra en condición de separada o de anulada.

En esta campaña, las preguntas acerca de aborto o del divorcio, temas álgidos levantados por voces críticas y algunas organizaciones de mujeres, son más bien utilizadas como "pruebas" electorales: asuntos incómodos y difíciles que se preferiría dejar a un lado. No forman parte del debate público ni son dignos de propuestas por parte de los candidatos. Tanto Lavín como Lagos se han afirmado en un difuso "respeto por la vida" y ambos coinciden en su preocupación central por la familia chilena. Dadas sus posturas político-religiosas, Lavín muestra un claro rechazo a todo tipo de aborto, así como al divorcio. Lagos ha sido más evasivo respecto al aborto, centrándose -cuando lo hace- en el caso del aborto terapéutico. Se ha pronunciado, en cambio, respecto a la necesidad de legislar sobre el divorcio. No obstante, la voluntad de todas las partes de esquivar estos temas (que históricamente han puesto en juego los acuerdos políticos, especialmente en la Concertación), se puso en evidencia en la decisión de dejar fuera de la agenda del legislativo, para este periodo, la moción relativa al divorcio. Solamente Gladys Marín, la candidata del Partido Comunista, se ha pronunciado abierta y públicamente a favor de la despenalización del aborto así como del respeto de la diversidad sexual.

Otros temas relevantes, como la participación política de las mujeres o la agenda de género en el Estado brillan por su ausencia en los debates o declaraciones públicas desarrolladas hasta ahora por los candidatos y candidatas. La idea de ciudadanía para la mujer que parece primar en esta campaña, principalmente impulsada por Lavín, es la de la ciudadana-demandante o la de ciudadana-consumidora. Si bien Lagos ha hecho un esfuerzo por convocar a una ciudadanía activa, no ha tenido éxito en imponerla como un tema de discusión y de interés público. Ha cedido a la feria de promesas iniciada por su contrincante. Desde esta perspectiva, no parece haber mucho espacio para la promoción de una ciudadanía real activa, ni para un debate acerca de las condiciones de ciudadanía de la mujer como parte de un verdadero proyecto democrático de país.

Autor/es Kathya Araujo
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 6 - Diciembre 1999
Páginas:34, 35
Temas Sexismo, Discriminación, Política, Trabajo, Derechos Humanos, Estado (Política), Políticas Locales
Países Argentina, Chile