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Por una repartición del poder político y doméstico

El alto porcentaje de mujeres elegidas en Francia en las elecciones al parlamento europeo es un paso adelante que tendrá consecuencias sobre la más difícil de las paridades: la doméstica, ámbito donde el grueso de la responsabilidad en la organización de la casa y crianza de los hijos sigue recayendo sobre la mujer, dificultando su acceso a la actividad y las responsabilidades políticas.

El incremento electoral de las mujeres de Francia en el escrutinio europeo de junio pasado pasó desapercibido, pero merece destacarse. Ya numerosas entre los candidatos (39,5 %), las mujeres lo fueron más aún (cosa inhabitual) entre los elegidos (40,2%). Obtuvieron 35 escaños sobre 87.

Este umbral del 40% es importante. Por un lado, coloca a Francia en tercer lugar en el ranking de mujeres diputadas europeas, detrás de los dos "campeones del feminismo", Finlandia y Suecia (el promedio de la Unión Europea es 29,9%). Por otro, devino un valor de referencia obligado para los proyectos de reforma en curso. Dominique Gillot, ex-relatora general del Observatorio de la paridad, entregó al primer ministro Lionel Jospin1, un informe en el que se fijaba en 40% el umbral de candidaturas femeninas "obligatorias" para las elecciones municipales del 2001.

El irresistible movimiento de feminización de los franceses electos al Parlamento europeo puede llevar a pensar que la paridad está al alcance de la mano2. ¿Se habrá logrado la igualdad cuando se haya alcanzado igualdad númerica? Hay razones para dudar si se observa, ante todo, aquello que perdura en la vida familiar.

La desigualdad hombre/mujer en política es en cierta forma reflejo de la vigente en la vida privada. Mientras las cargas familares continúen desigualmente divididas, serán un obstáculo para las mujeres en la política.

Como subraya Alain Lipietz, "el tipo masculino de político estructura totalmente los aparatos que determinan la oferta electoral: los partidos políticos. Para ganar la candidatura en un partido es necesario no tener "otra cosa que hacer" (y las mujeres tienen miles de otras cosas que hacer); hay que "amar eso" (y las mujeres no son fanáticas de esta forma de acto-poder); hay que amar el poder por el poder mismo, y las mujeres quisieran hacer algo nuevo"3.

Para participar activamente en la vida política, la mayoría de las veces se exige a las mujeres resolver las dificultades de cúmulo privado/público solas, empíricamente y casi siempre por medio de soluciones individuales. "Aun cuando su pareja se hace cargo de su parte, la responsabilidad principal de la vida cotidiana recae sobre las mujeres, lo que resulta particularmente dificil, porque la política es una de las actividades que menos respeta los ritmos de la vida privada…", señala Elisabeth Guigou, ministro de Justicia4.

Los partidos presentan siempre candidatas "esposas y madres", pero casi nunca se interesaron por encontrar soluciones políticas a la conciliación entre tareas privadas y políticas. El Partido Comunista ha sido el único, desde siempre, en hacer elegir mujeres y considerar que el cuidado de los niños debe ser tratado como un problema político.

Según el origen social

¿Pero es acaso el peso de las cargas familiares lo que explica in fine el bajo nivel histórico de representación político de las mujeres en Francia? Es dificil aportar una respuesta precisa. No existen nexos de causalidad mecánica entre el nivel de representación política femenina y los medios consagrados al cuidado público de los niños. Francia se sitúa en el anteúltimo lugar en el ranking europeo de mujeres en el parlamento nacional, pero está en los primeros lugares entre los Estados que (como Suecia) se encargan relativamente bien de cuidar a los niños5. En realidad, la relación entre los dos factores existe, pero de manera indirecta.

Una política generosa de cuidado de niños va de la mano con una fuerte tasa de actividad femenina; el caso de Francia. Pero las mujeres activas se interesan más por la política que las que no trabajan. Por lo tanto son las más suceptibles de presentarse como candidatas. Por esta razón, la feminización de las élites locales es primero un fenómeno urbano: en las grandes ciudades se encuentra la mayor cantidad de mujeres con el "perfil necesario" para presentarse como candidatas (alto nivel cultural, fuerte tasa de actividad profesional, ejercicio de profesión calificada…). Luego de las elecciones municipales francesas de 1995, las ciudades de más de 100.000 habitantes contaban 27% de elegidas, contra 21% en las comunas de menos de 3.500 habitantes.

En toda Europa, el obstáculo a una actividad política no depende tanto de estar casada como de tener niños. La mayor parte de las madres de familia se sienten culpables de no tener la suficiente disponibilidad para sus chicos6. Este sentimiento de culpabilidad constituye evidentemente un freno psicológico poderoso. Algunas matizan el peso del obstáculo familiar. Por cierto, las mujeres dudan más en pretender una candidatura en razón del "desorden familiar" (en particular la lejanía del domicilio), que implica una campaña. En 1997, un tercio de las candidatas socialistas afirmaban que no se hubiesen presentado si no hubiese habido circunscripciones "reservadas" para las mujeres. Pero aún cargadas de familia, terminan por dar el paso: "el 84% de las candidatas de 1997 tienen hijos y, entre ellas, el 77% dos o más. Más de un tercio tenía uno o más hijos menores de quince años en el momento de la campaña (…). Su perfil sociológico indica que se trata de mujeres modernas, con muchos más diplomas que el promedio de los franceses. Son mujeres activas. Concilian su vida profesional y familiar y sus compromisos en la ciudad"7.

Tal es igualmente, a grandes rasgos, el perfil de las elegidas en las elecciones europeas de 1999. Poseen diplomas, ejercen profesiones en lo alto de la escala social y muchas tienen hijos8. El hecho de que tanto las candidatas como las electas para el Parlamento europeo sean más jóvenes que sus homólogos masculinos tendería a mostrar que las mujeres no sufren ningún retraso debido a las dificultades de cúmulo entre vida familiar y vida política. Atrapados en la dinámica de la paridad, los partidos han sido llevados a "facilitar" las investiduras femeninas, lo que ha empujado a las más vacilantes, divididas entre familia, trabajo y política. De hecho, las mujeres viven toda medida coercitiva (cuota, paridad) como una operación de "reaseguro" que neutraliza los comportamientos ligados (en su mayoría) a su mala conciencia de esposa y de madre. Un sentimiento que carcome, en distintos grados, a todas las mujeres políticas9.

Respecto a las dificultades de las electas para llevar una vida de familia y política, los testimonios difieren en función de las experiencias personales, o de distintas sublimaciones de una misma situación. Algunas mujeres reconocen que su doble o triple jornada tiene consecuencias negativas en su vida privada y que el precio a pagar para tener éxito en política es elevado: renuncia a tener otro hijo, problemas en el cuidado de los niños (sobre todo en caso de enfermedades), problemas psicológicos con la pareja o con los hijos debido a las ausencias del hogar… Es la injusticia que sufren las mujeres en política: se las encierra en el dilema "felicidad privada o poder", problema que no se plantea jamás en estos términos para sus colegas masculinos.

Por el contrario, otras mujeres relativizan sus dificultades y subrayan que al negarse a sacrificar "todo" por una actividad como la política, tal como los hombres, protegen sus vidas privadas: El problema del cúmulo no es más agudo en política que en otras profesiones, afirman. Una consejera regional, madre de dos chicos, señala: "Para los hijos de una mujer política, la vida no es peor que para aquellos cuya madre es enfermera nocturna o empleada de limpieza en una sociedad industrial. En cuanto a aquellas que cuentan que sacrificaron su vida familiar para hacer política, es porque quisieron. Siempre hay manera de organizarse"10.

La organización individual aparece en todos los casos como el dato clave del éxito en política. Todas lo dicen: más allá de una excelente salud, hay que tener una organización individual sin igual. Sin embargo, para las electas es más fácil acumular actividades, en tanto la mayoría surge de sectores sociales privilegiados y disponen de medios para hacer cuidar a sus hijos. Del mismo modo, los padres y esposos de sectores sociales elevados están más dispuestos a ocuparse de tareas domésticas. El ejercicio de responsabilidades políticas por una mujer activa y madre de chicos de corta edad responde a una hazaña individual o a una situación social de privilegio. La política está aún lejos de ser una actividad accesible a todas. Las funciones electivas permanecen reservadas a ciudadanos y ciudadanas que disponen de un máximo de recursos: tiempo libre, dinero, capital social y cultural.

Para lograr una mejor articulación entre política y vida familiar, se pueden considerar dos tipos de medidas, surjan del Estado o de los partidos. Por un lado, un verdadero "status del electo", que comprenda medidas especiales para aliviar las cargas familiares. Equipamientos colectivos (guarderías infantiles), con horarios "flexibles" a disposición de todos los encargado(a)s de familia. En su defecto, asignaciones en efectivo para evitar el dilema "la política o los hijos". A esta política voluntarista del Estado debería agregarse la de los partidos (eventualmente apoyados por los poderes públicos). Todo candidato a cargo de niños debería ser ayudado económicamente, al menos en período de campaña electoral.

Mas allá de estas medidas puntuales, convendría elaborar una política familiar más "feminista" y remediar el verdadero problema que sigue planteado el cuidado de los más chicos. En Francia, la mitad de los 2,2 millones de niños de menos de tres años es custodiada en el hogar por uno de los padres, la madre en casi todos los casos. Solo el 8% tiene acceso a guarderías infantiles. El problema crucial del modo de acogida de los niños sería abordado desde otra optica si los cargos electivos fuesen ocupados por el 50% de las mujeres. Es por eso que la paridad de género en política es más revolucionaria de lo que parece. Puede contribuir considerablemente a la reglamentación política de una cuestión ligada al sistema de legitimación de una cierta división social y sexual de las tareas11.

Compartir el poder político implica repensar la organización de la vida parlamentaria y de los partidos para adaptarlas a la función parental, lo que supone ante todo compartir el "poder" doméstico y familiar. Al acercar a los electos, mujeres u hombres, a las preocupaciones cotidianas, la política saldría ganando.

  1. Este informe, destinado a poner en marcha la paridad, debe servir de base para la elaboración de un proyecto de ley que debería ser adoptado antes de la primavera boreal del 2000.
  2. Este artículo sintetiza el aspecto francés de un estudio comparativo europeo sobre la articulación entre la vida política y la vida familiar, realizado para el Parlamento español y dirigido por María Angeles Durán.
  3. "L´ homme politique, loup pour la femme", La parité: enjeux et mise en oeuvre, Presses Universitaires du Mirail, Toulouse, 1988.
  4. Elisabeth Guigou, Etre femme en politique, París, Plon, 1997.
  5. Jane Jenson, Mariette Sineau, Qui doit garder les jeunes enfants? Modes d´ accueil et travail des mères dans l´ Europe en crise, LGDJ, París, 1998.
  6. Mariette Sineau, Des femmes en politique, París, Economica, 1998.
  7. Philippe Bataille, Françoise Gaspard, Comment les femmes changent la politique. Et pourquoi les hommes résistent, París, La Découverte, 1999.
  8. Las estadísticas oficiales, tanto del ministerio del Interior como del Parlamento europeo, no se refieren a la situación de la familia y al número de hijos.
  9. El testimonio de Elisabeth Guigou: "Por mucho tiempo tuve un sentimiento de culpabilidad, que se avivó cuando, por las campañas electorales, debí ausentarme varias semanas seguidas. Mi hijo conserva aún un recuerdo penoso (…). Varias veces estuve tentada de abandonar", op. cit. pág. 175.
  10. Laurence Rossignol, entrevista en Elle, Paris, 8-3-99.
  11. Alain Bihr y Roland Pfefferkorn, "Pour la parité domestique", en "Femmes, le mauvais genre?", Manière de Voir, Nº 44, marzo-abril de 1999.
Autor/es Mariette Sineau
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 6 - Diciembre 1999
Páginas:34, 35
Traducción Pablo Stancanelli
Temas Sexismo, Discriminación, Política, Trabajo, Derechos Humanos, Estado (Política), Políticas Locales
Países Finlandia, Francia, Suecia