Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

El avance de la derecha radical suiza

Un partido nacionalista, xenófobo y aislacionista, la Unión Democrática de Centro (UDC), fue el gran vencedor de las elecciones nacionales en Suiza. Con el 22,6% de los votos, la UDC superó ajustadamente al Partido Socialista (22,5%), pero se ubicó netamente por delante de la derecha moderada y de centro: el Partido Radical-Democrático (PRD) obtuvo el 19,3% de los votos y el Partido Demócrata Cristiano (PDC) el 15,8%. Este hecho retrasará algunos años la integración de Suiza en la Unión Europea y hará más difíciles las relaciones entre suizos francófonos y germanófonos.

Los años 90 desquiciaron la Suiza estable, republicana y próspera del estereotipo. El fin de la guerra fría, que polarizó tendencias culturales y políticas opuestas, marcó una pérdida de orientación y seguridad. Los partidarios de una apertura hacia Europa desencadenaron el surgimiento de un movimiento opositor que busca promover el repliegue del país sobre sí mismo y la restauración de las "condiciones felices de otros tiempos".

Votaciones apasionadas enfrentaron a renovadores y tradicionalistas y politizaron a decenas de miles de electores. En estas batallas electorales prevaleció un estilo nuevo, agresivo y sin concesiones. Al mismo tiempo, Suiza pasó por una larga recesión entre 1991 y 1997, con niveles de desempleo que igualaron los de los años ´30. Durante este período las cadenas televisivas internacionales enfocaron sus cámaras hacia Zurich, el mercado abierto de drogas más grande del mundo, donde la miseria y la suciedad estaban a la vista de todos… Considerado hasta entonces como un socio tranquilo y seguro de la comunidad occidental, el país fue presionado por Estados Unidos para echar luz sobre los negocios ambiguos efectuados por sus bancos y sobre su enriquecimiento ilícito en detrimento de los judíos víctimas de la Alemania nazi. La generación que sobrevivió a la guerra se sintió difamada y erróneamente identificada con los nazis. Todo esto contribuyó a quebrantar la confianza de las élites y de buena parte de los ciudadanos comunes.

Fue sobre este terreno fértil que emergió una nueva derecha. Miembro del gobierno federal desde 1929, la Unión Democrática de Centro (UDC)1, cobró un perfil de oposición radical al régimen a partir de 1989, sin mostrarse por ello dispuesta a abandonar el gobierno. El presidente de la UDC de Zurich, Christophe Blocher, industrial y financista multimillonario, nacido en 1940 en el seno de la familia de un pastor protestante, condujo el partido que denuncia que los partidos burgueses son socialistas encubiertos y que todo el personal político (salvo sus miembros, por supuesto), está "desprovisto de orientación" y es "corrupto". Con el fin de luchar contra una "clase política narcisista" apela al "núcleo sano del pueblo" que "debe poner orden por sí mismo" en los problemas que atañen a los fundamentos del Estado.

Pues bien, el "núcleo sano del pueblo" aprobó masivamente esta "política sana". La UDC prácticamente duplicó sus adhesiones en 1999: el 23,3% contra el 11,9% en 1991. En el transcurso de los ´90, el ala radical de Blocher marginó a las fuerzas moderadas de su propio partido2. Despojados de sus temas políticos a partir de la radicalización de la UDC, los pequeños partidos de la derecha radical, como el Partido de los automovilistas (anti-ecológico, anti-feminista y ultraliberal) se pulverizaron.

Los desfiles patrióticos del partido, sus concentraciones y el mismo Blocher disponen de mayor visibilidad en los medios. Ningún otro partido es al mismo tiempo tan reaccionario y tan moderno como la UDC, que antes se llamaba "Partido de los campesinos, pequeños comerciantes, artesanos y ciudadanos". Supo ganar terreno ideológico incluso sobre la izquierda, avivando el debate público sobre cuatro temas: relación con la Unión Europea (UE), inmigración, droga y criminalidad, pretendido abuso de la seguridad social.

En sus inicios, el partido se opuso violentamente a la integración de Suiza en la UE. En un referendum de 1992, obstaculizó la entrada del país en el Espacio Económico Europeo (EEE), primer paso hacia el mercado único. En este proyecto, llevado a plebiscito por la Suiza francoparlante, pero rechazado por la región germánica y la de Ticino, los opositores vieron una amenaza a la "identidad nacional" que se asienta, según ellos, en la independencia, la neutralidad armada y la democracia directa.

Así fue como la UDC se posicionó como el primer partido de la derecha radical y el carismático Christophe Blocher como su líder indiscutible. Arriesgándose a una oposición directa de los dirigentes económicos, que militaban a favor del ingreso en la EEE, Blocher consiguió aparecer como un hombre de pueblo, un "millonario popular", defensor de los pequeños comerciantes y artesanos, de los campesinos y asalariados y capaz de resistir las tentaciones propias de su clase.

Hasta las elecciones de 1999, tanto los demás partidos en su conjunto como el Consejo Federal (gobierno), seguían pensando en ingresar a la UE en los próximos diez años. El movimiento de Blocher denunció siempre este propósito como una traición al resultado del referendum de 1992. Luego de su victoria electoral, es probable que los demás partidos hagan a un lado el asunto de la integración, con la probable excepción de los socialdemócratas.

A continuación, la UDC se posicionó en la "lucha contra la inmigración". Desde principios de los ´70 (cuando Acción Nacional, un movimiento de derecha radical, quería conseguir mediante un referendum la expulsión de más del 40% de los trabajadores inmigrantes italianos y españoles, pretensión frustrada por un estrecho margen de votos), la política de inmigración no suscitaba tantas pasiones. La UDC apunta ahora a otras categorías de inmigrantes: ante todo a los que solicitan asilo, estigmatizados como "ilegales" o "criminales" mediante campañas publicitarias de elevado costo. Una propaganda montada contra las "culturas no cristianas" (musulmanes, africanos, asiáticos, albaneses de Kosovo), que "no quieren integrarse y vienen a Suiza sólo para embolsar los subsidios sociales". Los adversarios políticos de la UDC reaccionaron a su campaña de agitación vaciando gradualmente de su contenido político al derecho de asilo y sólo hubo una tímida oposición por parte de la izquierda.

Una "cultura hedonista"

Desde fines del siglo XIX, Suiza recluta miles de inmigrantes para su mercado de trabajo. Pero a partir de los años 30 ya no se considera oficialmente un país de inmigración. A semejanza de Alemania, su derecho restrictivo de nacionalidad se asienta en el jus sanguinis3, factor que complica la naturalización de los inmigrantes. Estos son actualmente el 19% de la población, cifra que ubica a Suiza en el segundo lugar de Europa, detrás de Luxemburgo. Pero el 60% de esos extranjeros nacieron en Suiza o viven allí desde hace más de diez años. En Francia o en Estados Unidos, la mayoría de ellos habría obtenido ya el derecho a la ciudadanía.

Desde los ´80, el gobierno intenta acelerar la integración de la población extranjera. Apoyándose en la derecha radical y en la extrema derecha, la UDC consiguió sin embargo interferir en ese proceso. Su posición no sólo impide la integración, sino que también contribuye a avivar los conflictos "étnicos" y culturales que atemorizan a sus partidarios. Muchos miembros de la UDC, incluido su líder, nacieron en familias de inmigrantes.

Por último, la UDC consiguió politizar el tema de la droga y la criminalidad. En materia de drogas, el partido está alineado con la política represiva de Estados Unidos y se opone a todos los esfuerzos que apuntan a mejorar la salud y la capacidad de integración de las personas dependientes a través de una política de reducción de los riesgos: distribución gratuita de estupefacientes4 y despenalización del consumo. No obstante, y aunque por un ajustado margen, los referendums decisivos sobre este asunto no se inclinaron a su favor. Según la UDC, la droga es el resultado de una "educación hedonista", del debilitamiento de la autoridad (paterna) en la familia y -en términos más generales- de la "revolución cultural" de 1968.

Paralelamente, el partido combate a favor de una nueva política en materia de criminalidad, basada en la disuasión y la represión. Se trata de atribuir a los drogadictos, los criminales y los marginales en general la plena responsabilidad de su destino. O vuelven a la buena senda por medio de sanciones, o bien serán apartados de la sociedad. El partido de Blocher denuncia la idea según la cual la sociedad debe asumir la responsabilidad de sus marginados como la cohartada humanista de una "izquierda caviar".

Desde hace poco, la UDC también intenta lanzarse a la lucha contra el Estado, que "desangra" a sus contribuyentes con impuestos excesivos. En Zurich, el más poblado y económicamente más próspero de los cantones suizos, el partido -que en la primavera de 1999 logró el primer puesto en las elecciones del cantón, con un tercio de los votos- promete ahora una reducción del 20% en los impuestos y una concentración del presupuesto en las "tareas esenciales". A nivel federal, proyecta una reducción del 10% en el impuesto directo (que involucra sólo a los sectores más acomodados) y quiere reducir en similar proporción los gastos del Estado. La UDC apunta a disminuir ante todo los gastos sociales: subsidios de desempleo y seguridad social para los carenciados. El espectro demográfico de su electorado lo incita sin embargo a no tocar las jubilaciones.

Entre 1945 y 1989, la neutralidad armada y el rechazo a adherir a las organizaciones internacionales se consideraban principios sacrosantos de la doctrina del Estado5. Sólo los socialdemócratas se apartaron un poco de éstos después de 1968. Hasta 1989, el "bloque burgués" -la alianza informal entre el Partido Radical Democrático liberal (PRD), el Partido Demócrata-cristiano católico (PDC) y la UDC- funcionó como mayoría en el seno del Parlamento Nacional y del gobierno.

Pero cuando, luego de 1989, los radicales y los democristianos -apoyados por los dirigentes de empresas con ambiciones internacionales, los sindicatos y el Partido Socialista (PS)- transformaron en objetivo propio la adhesión a la UE y se manifestaron dispuestos a abandonar el principio de neutralidad y a subordinar la independencia suiza a instituciones supranacionales, una parte del pueblo se volvió hacia la UDC. En su lucha contra la integración europea, Blocher usurpó la vieja doctrina del Estado para convertirla en doctrina del partido.

A los ojos de la oposición de derecha, los partidarios de la integración europea son traidores potenciales, dispuestos a sacrificar a Suiza en el altar de Bruselas. Christophe Blocher se compara de buena gana con Winston Churchill, quien en el momento histórico más trágico prometió a su pueblo "sangre, sudor y lágrimas". Siguiendo el ejemplo de los partidarios de Margaret Thatcher en Inglaterra, el aparato de propaganda de su partido presentaba a la Unión Europea, ya como el "Cuarto Reich" alemán, ya como la última utopía comunista en el continente europeo: en suma, como un "totalitarismo rojo o negro".

Francos vs. germanos

La rebelión nacional-conservadora es un fenómeno suizo-alemán y el nuevo patriotismo es un "nacionalismo suizo-germánico", por lo tanto la UDC encuentra dificultades para implantarse en la Suiza francesa. Allí, el nacionalismo suizo-alemán es vivido como una amenaza y las relaciones entre las dos partes del país se han enfriado considerablemente6.

El avance de la UDC se lleva a cabo a expensas de los pequeños partidos de la derecha radical y de sus antiguos aliados del bloque burgués. La UDC, puramente protestante en sus orígenes, se llevó un alto porcentaje de votos de los feudos católicos del PDC. En 1999 captó también votos de los radicales, cuyos partidarios, mayoritariamente en buena posición económica, valoraron los ataques contra los impuestos. A principios de los 90, el partido de los automovilistas, hoy absorbido por la UDC, ya había debilitado a los radicales.

La UDC supo evitar el principal escollo de la derecha radical, mediante la imposición de su imagen como partido "serio y conveniente". Durante décadas, antes de orientarse hacia un populismo reaccionario, fue tan burguesa como sus antiguos aliados. También saca provecho de las garantías que ofrece su ala moderada, cuya mera presencia da tranquilidad a la opinión pública. Algunos suizos que no se animaban a votar a los partidos pequeños de la derecha radical, votan sin complejos por el partido "conveniente" del rico industrial.

Por otra parte, la mayoría de los partidarios de la derecha radical suiza se sienten herederos de la resistencia contra la Alemania de Hitler. Ese nacionalismo suizo alemán, atizado por la UDC, se asienta esencialmente sobre un resentimiento antialemán. Así, el partido de Blocher no necesita deshacerse de un pasado embarazoso, como le sucede en Italia a la Alianza posfascista, en Francia al Frente Nacional, en Austria al Partido Liberal de Jörg Haider o a la atomizada derecha radical alemana.

A partir de las elecciones, queda planteado en Suiza el interrogante acerca de una eventual reorganización del actual gobierno de los cuatro partidos. El consejo federal está compuesto, como siempre, por dos radicales, dos democristianos, dos socialdemócratas y un representante de la UDC. El ministro de Defensa, Adolf Ogi, que pertenece al ala moderada de la UDC, se opuso a Blocher públicamente en varias ocasiones.

El objetivo de Blocher es colocarse a la cabeza de un gobierno de centroderecha junto al PRD y relegar a los socialdemócratas a la oposición. Ahora reclama dos escaños en el gobierno, que reflejarían la fuerza electoral de su partido. Los socialdemócratas, por su parte, quieren un gobierno de centroizquierda sin la UDC. Y los partidos burgueses de centro temen ambas alternativas: si el PS está en la oposición, podrá recuperar muchos votos a sus expensas, provenientes de los opositores de Blocher. Pero si la UDC está en la oposición, seguirá debilitándolos. No hay que excluir entonces la posibilidad de que, por el momento, los dirigentes decidan no cambiar en nada la composición del gobierno.

  1. En alemán, el partido se llama Partido Popular Suizo.
  2. Los partidos políticos suizos se organizan según los mismos cantones que la federación. Sus organizaciones nacionales son relativamente débiles, dado que el poder está en manos de los partidos cantonales. Blocher domina la mayor parte de los partidos cantonales de la UDC, salvo los de Berna, los del cantón de Vaud y los del cantón de los Grisones, donde los conservadores moderados ocupan los cargos directivos. ¿Por cuánto tiempo?
  3. Véase "Jus sanguinis" por Brigitte Pätzold, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, noviembre de 1999.
  4. Desde 1993, se experimenta en Zurich la distribución de heroína a los toxicómanos, bajo control médico.
  5. En 1985, los electores votaron masivamente en contra de la entrada de Suiza en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que había sido aprobada por mayoría parlamentaria. Blocher estuvo a la cabeza de esta oposición. Un nuevo referendum sobre la adhesión a la ONU tendrá lugar en el 2002.
  6. En Ticino, Giuliano Bignasca, industrial de la construcción de extracción media, consiguió fundar un partido autóctono de extrema derecha. En algunos años, la Lega dei Ticinesi (Liga del Ticino) se convirtió en uno de los partidos locales más grandes y tiene un representante en el gobierno del cantón. En el plano nacional, la Lega trabaja codo a codo con la UDC.
Autor/es Peter Niggli
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 6 - Diciembre 1999
Páginas:16, 17
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Ultraderecha, Paraísos Fiscales, Políticas Locales, Unión Europea, Consumo, Migraciones, Seguridad
Países Estados Unidos, Alemania (ex RDA y RFA), Austria, Francia, Inglaterra, Italia, Luxemburgo, Suiza