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Fortalecer los ejércitos, debilitar las democracias

Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia están entrenando ejércitos de países considerados claves en África y en América Latina. El objetivo es contar con países multifuncionales que realicen operaciones de mantenimiento de la paz, combatan guerrillas de oposición, persigan al narcotráfico y, en general, garanticen la estabilidad. Ambicioso proyecto que plantea el riesgo de fortalecer poderes militares y debilitar, a veces hasta la inexistencia, a los gobiernos civiles.

Una nueva generación de fuerzas armadas puede surgir en el corto plazo en países de África y en el futuro en América Latina o Asia. Son los regional cops o policías regionales. El pasado mes de julio llegaron a Nigeria y Ghana varias docenas de asesores militares estadounidenses para entrenar a sus fuerzas armadas en misiones de mantenimiento de la paz en la región. Washington ha lanzado el African Crisis Response Initiative, con una inversión de 20 millones de dólares para adiestrar batallones en operaciones humanitarias en siete países africanos1. Esto es parte del proyecto de Estados Unidos, iniciado bajo la presidencia de Bill Clinton y que previsiblemente continuará con George Bush Jr., de fortalecer la capacidad de intervención regional con el objetivo de controlar situaciones de guerra interna como la de Sierra Leona2. La cifra de asesores podría llegar hasta 3003. Por su parte, Gran Bretaña está formando el ejército de Sierra Leona, con la intención de retirar lo antes posible sus tropas de ese país.

En agosto pasado Clinton viajó a Nigeria para reunirse con el presidente Olusegun Obasanjo, que lleva dos años tratando de que el país no se fracture en dos o más partes debido a los conflictos de identidad. Nigeria está asolada por una corrupción gigantesca y hay un fuerte conflicto entre las corporaciones multinacionales que controlan la explotación de petróleo y las comunidades de la rica zona pantanosa del Delta, que denuncian la destrucción ambiental. Alrededor de 2 millones de barriles diarios salen de esta región marcada por la represión del ejército y la hiperexplotación de las multinacionales como Chevron.

El síndrome de Mogadiscio

Para Washington es importante fortalecer a Nigeria. Es un gigante demográfico y físico que abastece el 8% del petróleo que importa Estados Unidos y uno de los pocos países de la región con fuerzas armadas estructuradas. Durante la Guerra Fría el aliado regional de Estados Unidos y Francia en África Occidental era el ex Zaire, pero la corrupción de la dictadura de Mobutu condujo a la destrucción del Estado. La guerra en la región de los Grandes Lagos agravó la situación. Ahora, la República Democrática del Congo (RDC) es un factor de alta inestabilidad y uno de los centros del auge de la economía ilegal (diamantes, armas), junto con Sierra Leona y Liberia. Desde Naciones Unidas y Sudáfrica se presiona al presidente Joseph Kabila, sucesor de su padre asesinado en el pasado mes de enero, para que acepte la entrada de fuerzas internacionales con el fin de estabilizar una situación ya fuera de control.

Washington quiere que Nigeria sea un enclave de estabilidad regional. Samuel Berger, ex consejero de Seguridad Nacional de Clinton, declaró en agosto: "Si Nigeria se estabiliza, ayudará a llevar a toda la región hacia la estabilidad y la paz. Pero si falla, podrá hundirla en la inestabilidad y la miseria"4. Y un informe especial sobre tendencias del nuevo siglo indica: "El rol de Nigeria en el mantenimiento de la paz en Sierra Leona es un paradigma (…) Si la campaña para reconstruir este país triunfa, será tomada como modelo para un nuevo estilo de mantenimiento de la paz alrededor del globo: las policías regionales"5

Estados Unidos tiene intereses precisos en ese país. Por un lado, quiere que aumente la producción de petróleo para que descienda el precio del crudo y así combatir las maniobras de algunos países árabes y Venezuela para aumentar el precio del barril. Por otro, exige que mejore el sistema administrativo y la eficiencia en la gestión, con el fin de que las operaciones de las empresas estadounidenses sean más seguras. Washington presiona además a Nigeria para que ponga más esfuerzo en la guerra contra las drogas, dado que se ha convertido en un centro de distribución de esa mercancía entre África, América Latina y del Norte y Europa. La mezcla de corrupción con narcotráfico y desintegración puede convertir a este país en en nudo de comunicación incontrolable de las economías ilegales6.

El ex presidente Clinton ofreció el desbloqueo de un crédito del Fondo Monetario Internacional (FMI) y proponer a Europa que condone o renegocie la deuda externa nigeriana, que alcanza los 32.000 millones de dólares, con tal de que Nigeria siga cumpliendo su rol de líder militar local. En el curso de la última década fuerzas nigerianas intervinieron en Liberia y Sierra Leona, liderando a la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (ECOWAS), pero fueron acusadas de corrupción y violación de los Derechos Humanos. El objetivo es que Nigeria realice intervenciones militares de paz en la región pero con más profesionalización.

Ante las crisis en África subsahariana, Estados Unidos cuenta con Sudáfrica como líder diplomático y busca aliados regionales que practiquen las intervenciones donde ni Washington ni Europa quieren ya involucrarse. Ante la muerte de 18 efectivos de Estados Unidos en Somalia en 1993, la tendencia a la inhibición en intervenciones directas y masivas internacionales conocida como "Síndrome de Vietnam" se manifiesta desde entonces como "el Síndrome de Mogadiscio".

Después de Somalia, el presidente Clinton emitió la Presidential Decision Directive Nº25 que restringe la participación de fuerzas de Estados Unidos en misiones de la ONU, a la vez que responsabiliza del fracaso a esa organización. En junio de 2000, el Congreso de Estados Unidos comenzó a discutir el American Service members' Protection Act, que podría prohibir la participación de fuerzas estadounidenses en cualquier operación de la ONU si no se les concede inmunidad en caso de ser objeto de denuncias ante el Tribunal Penal Internacional (TPI)7. Clinton firmó la participación en el TPI en enero pasado, pero los Republicanos podrían bloquear su ratificación en el Congreso.

El Partido Republicano pretende recortar el presupuesto para misiones de paz, y si es posible retirar las fuerzas estadounidenses de Kosovo. A este tipo de misiones las considera caras, impopulares en caso de muertes de soldados y poco rentables si se comparan con macro proyectos como el Nuclear Missile Defense.

¿Seguridad para quién?

Entre Vietnam y Kosovo es evidente que Estados Unidos será cada vez más reticente a participar con efectivos en operaciones humanitarias. Washington quiere estabilidad sin poner en riesgo a sus fuerzas, especialmente en tierra. "En la nueva manera de hacer la guerra de Estados Unidos, la fuerza aérea tiene el papel preponderante como el especialista en precisión de gran altura; sigue la marina como una plataforma desde la cual lanzar misiles y aviones; y la infantería de marina puede ser usada para asegurar cabezas de playa o evacuar estadounidenses en riesgo"8. De todo lo cual resulta una guerra tecnológica a la distancia y la delegación del uso de la fuerza en ejércitos locales bajo control, desde Australia en Timor Oriental hasta Nigeria en África, y mañana Chile o Argentina en América Latina.

En la última década el debate sobre el intervencionismo humanitario ocupó a diversos sectores, desde gobiernos a ONGs. El pasado año el Informe de la Comisión liderada por Lakhdar Brahimi para la ONU indicó que el humanitarismo del sistema internacional está plagado de incongruencias, especialmente entre las necesidades de miles de víctimas en conflictos armados, las decisiones del Consejo de Seguridad y los limitados medios y escasos mandatos que los Estados con poder global ponen al servicio de esta causas9. El resultado es el difundido fracaso de casi todas las misiones humanitarias. El Informe Brahimi sugiere a los Estados que doten a las misiones con fuerzas suficientes, que se tengan efectivos preparados para estas emergencias y que en nombre de la neutralidad no se beneficie a los agresores. Pero, ¿quieren Estados Unidos y sus aliados europeos adoptar estos compromisos?

Sangre y dinero

Tanto el secretario general de la ONU, Kofi Annan como algunos países europeos, especialmente Francia y Gran Bretaña, buscan reforzar el "sector de la seguridad" en Estados frágiles. También el Banco Mundial manifiesta su interés en vincular los conceptos de "gobernabilidad", "reducción de la pobreza", "crecimiento sustentable" y reforma de este sector de la seguridad. Desde la crisis de Ruanda en 1994 Londres y París han impulsado el entrenamiento y la creación de una fuerza africana preparada para intervenciones. En los últimos años el 77% de los efectivos de las misiones de paz han sido formadas por soldados de países en desarrollo. Pero como afirma Brahimi: "No puede ser que algunos pueblos aporten sangre y otros dinero"10.

En mayo de 1997 Washington, París y Londres firmaron un acuerdo para reforzar las capacidades militares y de intervención de los países de África subsahariana. Con posterioridad se iniciaron maniobras conjuntas entre Francia y Togo, Benin, Burkina Faso, Chad, Costa de Marfil, Ghana, Niger y Nigeria entre otros. Se ha puesto en marcha "el concepto de Refuerzo de las Capacidades Africanas de Mantenimiento de la Paz (RECAMP) (…) Estas fuerzas a la espera (stand-by forces) deberían tener una vocación prioritariamente africana pero también podrían intervenir en otros lugares del mundo". Pero la tragedia de Ruanda en 1994 muestra que "pocos Estados africanos o no africanos estaban dispuestos a participar en una eventual fuerza de paz en un escenario tan volátil y peligroso".

La otra solución propuesta por algunos expertos es que se contrate a organizaciones de mercenarios para que entrenen fuerzas y sostengan gobiernos frágiles con misiones designadas por la comunidad internacional. La idea, que va en contra de los principios mismos de la ONU, no ha sido aceptada por el momento en misiones de paz, pero este tipo de servicios ya los ha subcontratado Estados Unidos en los Balcanes y actualmente en Colombia11.

Desde Sierra Leona hasta Líbano, pasando por Timor Oriental, Congo, Burundi y Kosovo, la presencia de fuerzas de paz neutrales es cada vez más necesaria, pero faltan efectivos. El día que Clinton llegó a Lagos en agosto pasado, el secretario general de la ONU indicó que se precisaban 20.500 efectivos para Sierra Leona pero que sólo contaba con la mitad. El problema todavía no se ha resuelto. Para algunos Estados estas tareas resultan atractivas: otorgan prestigio y buenas pagas para los efectivos. Pero los soldados indios, jordanos o de Bangladesh no están preparados para misiones como controlar a los guerrilleros criminales de Sierra Leona; menos aún con mandatos muy limitados del Consejo de Seguridad. Tampoco se forman ejércitos democráticos en seis meses. El mito del fast training no puede sustituir a la construcción de la sociedad civil y el Estado democrático.

Este proyecto de "policías regionales" tiene varios problemas. El primero, que la neutralidad e imparcialidad que deberían tener en sus misiones se vería seriamente cuestionada ya que precisamente por ser fuerzas regionales tienen fuertes intereses hegemónicos propios. Segundo, que al ser formados por potencias extranjeras que también tienen intereses geoeconómicos, su actuación puede estar condicionada. Tercero, en las zonas del mundo donde no haya un candidato a ser policía regional, ¿quién va a efectuar el trabajo?

Por otro lado, en marcos democráticos débiles o inexistentes es peligroso fortalecer a las fuerzas armadas. En sistemas de gobiernos inestables y sin control civil sobre los ejércitos, las posibilidades de que estos se erijan en únicos actores con poder, armas y legitimidad otorgada desde Washington, Londres, París o Bruselas puede dar lugar a una onda de militarismo interno y regional. Para contrarrestar algunos de estos peligros sería necesario fortalecer a las instituciones regionales, como la Organización de la Unidad Africana (OUA) y la Organización de los Estados Americanos (OEA) en el marco de Naciones Unidas. Pero el multilateralismo se encuentra en situación de debilidad. Y el rol del Consejo de Seguridad podría ser desde ahora el de legitimador del uso de fuerzas locales12.

Intervención por encargo

En América Latina el debate no está, por el momento, encubierto por el discurso humanitario aunque algunos países, como Argentina, han participado en misiones de este tipo. En ese continente las relaciones entre Washington y las fuerzas armadas pasan por la lucha contra el narcotráfico13. Pero como en África, el "sector de la seguridad" gana poder. Además, Estados Unidos abrió con varios gobiernos, en 1999, la discusión sobre la creación de una fuerza interamericana para intervenir en Colombia en caso de que Bogotá caiga frente a las guerrillas. La respuesta fue negativa, pero Washington ha tomado a Colombia como centro de un modelo que incluye enviar asesores oficiales y privados (empresas de seguridad), ayuda militar y tecnología para la guerra y la destrucción de cultivos de droga y contar con bases en la región para infraestructura estadounidense que sirva a las fuerzas armadas locales (Ecuador, Honduras, Puerto Rico, las Antillas Holandesas y El Salvador).

El esquema se llama Plan Colombia, polémico proyecto que contempla la transferencia de 1.300 millones de dólares, en su mayor parte en ayuda militar, para que el gobierno de Andrés Pastrana combata a las guerrillas de las FARC y el ELN, persiga el narcotráfico y fumigue los campos donde se cultiva la base de la droga. Este Plan, según numerosos expertos, incentivará la guerra, bloqueará las negociaciones con la guerrilla y dará carta blanca a los paramilitares y las fuerzas armadas. Por otra parte, la guerra biológica destruirá las posibilidades de supervivencia de miles de campesinos que se convertirán en refugiados internos o en países vecinos14. Colombia es el séptimo proveedor mundial de petróleo de Estados Unidos. La demanda hacia este país aumentará en 5 millones de barriles al día en los próximos 20 años y los estrategas quieren depender menos del inestable Oriente Medio y más de África y América Latina15.

En este diseño para la guerra por delegación se pretende robustecer al Estado colombiano, al tiempo que se abre la posibilidad de una intervención regional con apoyo de Estados Unidos. En América Latina existe una fuerte resistencia al intervencionismo, pero la puesta en práctica del Plan Colombia traerá consecuencias imprevisibles. Hay polémicas en los países vecinos acerca del impacto regional, al generar refugiados o en la posible utilización que los actores en guerra podrían hacer de los territorios limítrofes.

En Ecuador, por ejemplo, Estados Unidos está usando la base de Manta para misiones con aviones AWACS de vigilancia en Colombia y ya tiene 150 civiles y militares estadounidenses trabajando ahí. A la vez, el ejército ecuatoriano está cada vez más implicado en el Plan Colombia, especialmente en la conflictiva zona fronteriza del Putumayo. Ecuador dolarizó su economía el año pasado y la influencia de Washington sobre este país es tan fuerte que algunos consideran que se está transformando en un nuevo Panamá.

Estados Unidos integra en su geopolítica a países en crisis que tienen recursos o pueden desempeñar un papel regional. Les exige petróleo barato o la destrucción de cultivos, que abran sus mercados, cambien su moneda por el dólar, establezcan medidas anticorrupción, sirvan de infraestructura militar o hagan el trabajo duro en guerras y misiones humanitarias. A cambio ofrece, junto con el Banco Mundial, liberalización de las economías y poder para sus fuerzas armadas. Esta política, que en parte fue practicada con resultados catastróficos en América Central en los años "80, carece de medidas contra la pobreza, no fortalece el Estado democrático y los condena a un papel subordinado en el orden económico y de seguridad internacional. Además, no les da ninguna solución para funcionar en el competitivo mercado libre que Washington promociona en marcos como la Organización del Comercio Mundial (OCM). Reforzados los aparatos militares y debilitados los Estados y las sociedades ¿no debería distanciarse la Unión Europea de esta fórmula explosiva, resituando la seguridad en un marco que supere lo estrictamente militar?

  1. Strobe Talbott, "The crisis in Africa", World Policy Journal, verano 2000.
  2. "U.S to train West African forces", The Washington Post, 9-8-2000.
  3. James Rupert, "Q&A about Clinton's trip", The Washington Post, 25-8-2000.
  4. "Washington explains Clinton's visit", The Guardian, Nigeria, 26-8-2000.
  5. Tom Masland, "How to deal with failed countries", Newsweek, Nueva York, diciembre 2000.
  6. The world geopolitics of drugs 1998/1999, Observatoire Géopolitique des Drogues, París, 2000.
  7. Fred Hiatt, "Justice best served", The Washington Post, 19-6-2000.
  8. Michael Ignatieff, "The new American way ofwar", The New York Review of Books, 20-7-2000.
  9. Texto en www.un.org/peace/reports/peace_operations/
  10. Colum Lynch, "U.S. and Europe shift U.N. peacekeeping burden to poor nations's troops", The Guardian Weekly, Londres, 14-12-2000.
  11. Chantal de Jonge Oudraat, "Humanitarian intervention: the lessons learned", Current History, Londres, diciembre 2000.
  12. Michael Hirsh, "Calling All Regio-Cops", Foreign Affairs, noviembre/diciembre 2000.
  13. Coletta Youngers, "Cocaine madness: counternarcotics and militarisation in the Andes", NACLA Report on the Americas, Nueva York, noviembre/diciembre 2000.
  14. Cultivos ilícitos y proceso de paz en Colombia, Informe de Acción Andina y The Transnational Institute, Bogotá y Amsterdam, junio 2000. En Programa Drogas y Democracia: www.tni.org/drugs
  15. Michael T. Klare, "The real reasons for US aid to Colombia", Mother Jones-MoJo-Wire, 7-4-2000 y Maurice Lemoine, "La muerte que viene del cielo" y "Artículos anteriores" en Le Monde diplomatique, Edición Cono Sur, febrero 2001.
Autor/es Mariano Aguirre
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 21 - Marzo 2001
Páginas:24, 25
Temas Conflictos Armados, Movimientos de Liberación, Narcotráfico, Estado (Política), Geopolítica
Países Estados Unidos, Argentina, Australia, Benin, Burundi, Chad, Congo, Ghana, Liberia, Nigeria, Ruanda, Somalia, Sudáfrica, Togo, Zaire, Honduras, Panamá, Chile, Colombia, Ecuador, Venezuela, Bangladesh, Timor Oriental, Vietnam, Francia, Líbano