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Pokémon

La fascinación que ejerce el Pokémon, esa suerte de duende transgénico, sobre los chicos del planeta, remite a los descubrimientos y espantos de la era de las biotecnologías, uno de cuyos horizontes es la generación de humanos genéticamente modificados.

¿Quién no conoce a Pokémon? Al mismo tiempo videojuego sobre Game Boy de Nintendo, dibujo animado y juego de naipes a coleccionar, Pokémon y su miríada de subproductos comercializados invadieron el mundo a la velocidad del relámpago, apasionando a niños y adolescentes de todos los continentes.

Surgido de la contracción de las palabras pocket monster (monstruo de bolsillo), el término Pokémon designa a una especie de elfos transgénicos, duendes de la era de la biotecnología, "criaturas que viven en las hierbas, las malezas, los bosques, las cavernas y los lagos"1. Hay 150 diferentes. Todos son únicos, con su propio carácter genético. Algunos son muy raros. Otros muy difíciles de atrapar. El juego consiste en apoderarse de los Pokémon. Una vez capturados hay que domesticarlos, adiestrarlos. Para que se opere una mutación en su especie. Entonces pueden cambiar de aspecto, metamorfosearse, en suma, "evolucionar", ese es el término darwinista utilizado en el juego, y adquirir nuevas aptitudes, más poderes…

En el momento de la revolución de las biotecnologías, de la clonación y la invasión de organismos genéticamente modificados (OGM), ¿es de extrañar que esta epopeya de simpáticos mutantes fascine a los niños?

Las capacidades de intervención sobre el patrimonio genético no dejan de incrementarse. Y simultáneamente la producción de animales transgénicos, la clonación, la reconstrucción de la secuencia del genoma humano, la terapia genética, el patentamiento de lo viviente, la detección genética de las enfermedades hereditarias y la utilización de las pruebas genéticas suscitan sordas inquietudes2.

Recordemos que desde los años ´60 y "70, en Estados Unidos investigadores como el doctor José Delgado, uno de los más entusiastas partidarios del control físico del espíritu con vistas a acceder a una "sociedad psicocivilizada" afirmaban que la pregunta filosófica central ya no era "¿Qué es el hombre?" sino "¿Qué tipo de hombre deseamos fabricar?".

El profesor Marvin Minsky, uno de los padres de la computación, pronosticó últimamente: "En 2035 el equivalente electrónico del cerebro, gracias a la nanotecnología, tal vez sea más pequeño que la punta de un dedo. Lo cual significa que dentro del cráneo una persona podría tener todo el espacio que se quiera para implantar sistemas y memorias adicionales. Entonces poco a poco se podría aprender cada año más, añadir nuevos tipos de percepciones, nuevos modos de razonamiento, nuevas maneras de pensar e imaginar"3.

Por su parte, el pensador estadounidense Francis Fukuyama sostuvo que "de aquí a dos generaciones las biotecnologías nos darán los instrumentos que nos permitirán lograr lo que no lograron los especialistas en ingeniería social. En esa estapa habremos concluido definitivamente con la historia humana, porque habremos abolido a los seres humanos en tanto tales. Entonces empezará una nueva historia, más allá de lo humano"4.

Desde la clonación de la oveja Dolly en febrero de 1997, sabemos que la clonación humana está al alcance de las probetas. La ciencia ha superado incluso a la ficción en la medida en que superó el célebre "procedimiento Bokanosky", imaginado por Aldous Huxley en Un mundo feliz, dado que Dolly no resulta de ninguna fecundación. Su embrión se generó mediante la simple fusión del núcleo de una célula adulta con el óvulo desnucleado de una oveja portadora. A partir de entonces se han clonado ratas en Hawai, corderos en Nueva Zelanda y Japón, cabras en Estados Unidos y Canadá, etc. Y desde 1998 la muy seria revista científica británica The Lancet evaluaba que pese a las alertas morales y mundiales, la creación de seres humanos por clonación se había vuelto "inevitable", y llamaba a la comunidad médica a "admitirlo ya".

En este clima de espíritu fue que los medios masivos de comunicación en el mundo anunciaron el nacimiento de una nueva era el 26 de junio de 2000, fecha de la decodificación de los alrededor de tres mil millones de pares de bases encadenadas a lo largo de los veintitrés cromosomas que componen nuestro patrimonio hereditario. Lo cual permitirá reconstruir la secuencia de los genes potencialmente implicados en las enfermedades. Potencialmente los beneficios para el conjunto de la humanidad son enormes. La identificación del gen de una enfermedad hereditaria abre el camino al descubrimiento de un posible tratamiento y a su cura.

Pero estamos lejos de tener la medida exacta de las consecuencias de este descubrimiento, que puede desembocar en derivaciones peligrosas. La genética permite al hombre de ahora en más afirmar como nunca su voluntad de domesticar a los reinos vegetal y animal y de proceder a una "apropiación salvaje del mundo, la versión moderna de la esclavitud o de la depredación de los recursos naturales, como mostraron las empresas coloniales"5. Porque patentar genes significa privatizar un patrimonio común de la humanidad. Y vender información a la industria farmacéutica, que la reservaría a unos pocos privilegiados, entraña el riesgo de transformar este enorme avance científico en nueva fuente de discriminación6.

Por añadidura, la ingeniería genética permite imaginar un eugenismo de nuevo tipo que se abre hacia una suerte de transhumanidad. ¿Acaso no vemos resurgir en esta oportunidad el fantasma del "niño perfecto", seleccionado en función de la excelencia de su código genético?

Nuestras sociedades apenas se atreven a confesárselo. Pero empieza a obsesionarlas un indecible pavor: ¿la especie humana va a ser objeto de un mecanizado en regla, con recurso masivo a las biotecnologías pesadas, para fabricar suertes de Pokémon humanos o transhumanos? ¿Vamos hacia una expansión de los HGM: hombres genéticamente modificados?

  1. Ver el sitio http://www.pokemon.com
  2. Ver Transversales Sciences Culture, enero-febrero 1999.
  3. Le Temps, Ginebra, 24-11-1999.
  4. Le Monde, 17-6-1999.
  5. Jean Yves Nau, "Brevets industriels pour matériau humain?", Le Monde, 22-7-00.
  6. Ver The Economist, 1-7-00.
Autor/es Ignacio Ramonet
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 14 - Agosto 2000
Páginas:40
Traducción Marta Vassallo
Temas Genoma Humano, Transgénicos, Tecnologías, Deuda Externa, Neoliberalismo, Patentes, Privatizaciones
Países Canadá, Estados Unidos, Japón, Francia, Nueva Zelanda