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Recuadros:

El Tío Sam da clases de instrucción cívica

El atasco en el escrutinio de votos en Estados Unidos, debido en primera instancia a lo reñido de la elección, puso al mismo tiempo en evidencia lo que se oculta tras las apariencias de una democracia modelo: sufragio indirecto, una alta proporción de habitantes excluidos de las elecciones o desalentados para participar en ellas; un sistema político que va perdiendo su autonomía a favor de los grupos económicos y los galimatías legales; dos grandes partidos que achican sus diferencias sin por eso favorecer el desarrollo de otras fuerzas, dado que los sectores progresistas son entusiastas difusores del criterio del "voto útil", que elimina otras opciones.

"Lo sano para la nación en este momento, es ver el desarrollo del proceso electoral. Millones de estadounidenses y millones de personas en todo el mundo están aprendiendo cómo manejamos nuestros asuntos en este país, están aprendiendo la democracia y cómo debe funcionar. Si hay algo positivo en todo esto, es la lección de instrucción cívica que nos brinda a todos"

(Wolf Blitzer, presentador de CNN, 15-11-00)

¿La "lección de instrucción cívica" recién comienza? Cuando todos se harten de las recriminaciones de los acaudalados jubilados de Florida, inducidos al error por una boleta de votación mal diseñada o difícil de perforar; cuando los jueces se cansen de interpretar las tretas a las que recurrieron los Padres Fundadores en la minuciosa elaboración de un sistema electoral que los protegiera de la "tiranía de la mayoría"; cuando los periodistas fieles al sistema de mercado dejen de racionalizar que, en el fondo, las elecciones sin defectos no existen en ninguna parte ¿habrá llegado entonces el momento de examinar algo más que el árbol de las anomalías "ordinarias" de un escrutinio estadounidense, para ver finalmente el bosque de una democracia enferma?

Porque de golpe se "descubren" cosas. ¿Una elección donde "cada voto cuenta"?, ¿una elección nacional?, ¿la decisión sagrada del votante? No. Un escrutinio fundamentalmente no igualitario; la soberanía de cada Estado (que decide quién participa en la votación) y de cada condado (que decide dónde, cuándo y cómo); el enfrentamiento entre los abogados y el alambicamiento de los tribunales; millones de estadounidenses que tienen prohibido votar; la preselección de los candidatos sobre la base del dinero; una publicidad política embrutecedora y vacía de todo contenido; "debates" televisados reservados sólo a los portavoces de un partido único y bicéfalo; medios enloquecidos por la ideología de la competencia; un senador electo veintidós días después de su fallecimiento y reemplazado por su viuda. Y el mundo entero mirando.

Nada menos que en los primeros días de noviembre, el portavoz del Departamento de Estado, Richard Boucher, informó que las elecciones legislativas en Azerbaiyán "no habían respetado las normas internacionales"; que las elecciones locales de Zanzíbar estuvieron "marcadas por numerosas irregularidades"; que la elección presidencial en Kirghizistán estaba "viciada". Boucher precisó, sin embargo, que Estados Unidos no pensaba pedir a la Organización de Estados Americanos (OEA) que enviara observadores electorales a Florida1.

Su predecesor, James Rubin, se ofuscó ante la idea de que alguien se atreviera a pensarlo: "No me sorprende que los enemigos aprovechen la ocasión para denigrar nuestra democracia (…) Pero nuestro país es tan libre que la presidencia depende de unos centenares de votos, de una millonésima de los sufragios emitidos. Por supuesto, los grandes medios desorientaron a Estados Unidos y al mundo. Eso es la prensa libre: el derecho a equivocarse. Y no es ella quien elige al presidente: de eso se ocupa el pueblo"2. Una prensa libre también permite precisar que la esposa del ex portavoz del Departamento de Estado figura entre los reporteros más notorios de CNN3.

Rubin está menos solo de lo que teme. En todos los países hay todavía una legión de USAdólatras impenitentes, capaces de hacer la autopsia en medio del actual caos electoral y jurídico al fósil de una "democracia escrupulosa, meticulosa", de una "democracia prudente, artesanal", de una "lección de democracia"4. Es en Estados Unidos donde más se enfurecen los "antiestadounidenses". Un editorial del Wall Street Journal dio la alarma: "Lo que ocurre actualmente en Estados Unidos, en cualquier república bananera sería presentado como una tentativa de golpe de Estado de Gore"5. Más medido, Los Angeles Times evocó sin embargo "la sombra de ilegitimidad" que pesará sobre el próximo presidente.

"Tres quintos de un hombre"

Hace más de un siglo y medio, Alexis de Tocqueville descubría "la democracia en Estados Unidos" y saboreaba inteligentemente lo que desde entonces constituye la trama de nuestros parloteos políticos sobre la "modernidad": menos Estado, más "espíritu empresarial", una "sociedad civil", estructuras administrativas descentralizadas. La "verdadera opción" consistente en Bush o Gore no podía dejar de revelarnos nuestros últimos "atrasos": la "sociedad multicultural", las "redes", el voto por Internet, la privatización de la seguridad social, otra baja de impuestos.

Tanto más cuanto que desde hace varios años los partidos socialistas y socialdemócratas europeos, en particular en el Reino Unido y en Alemania, ya habían imitado la estrategia de "recentramiento" ideológico de Clinton y sus técnicas de marketing político más manipuladoras6. La derecha contaba con la victoria de Bush para proclamar que la rueda de la "tercera vía" ya había completado su ciclo. El estratega del partido conservador británico, Daniel Finkelstein, incluso decía: "Los badges de las campañas estadounidenses cubren mis paredes". Por su parte, al pasar por Estados Unidos la semana previa a la reciente elección presidencial, el líder de la derecha italiana, Silvio Berlusconi, estaba todavía más deseoso de perfeccionar su conocimiento de la "hiperdemocracia", en la medida en que su rival en las legislativas de abril próximo, Francesco Rutelli, ya eligió como estratega a uno de los principales consejeros de Albert Gore7.

Por eso fueron, y vieron… todas las apariencias de una democracia modelo, pero sólo las apariencias. El dominio del dinero es tan aplastante que los triunfadores en las primarias fueron, como estaba previsto, los dos candidatos que lograron reunir más cantidad de fondos que sus competidores. El acceso a los medios (a través del dinero) y al espacio público (a través de los medios) está tan circunscripto que excluye de hecho a quienes no sean miembros del partido único con dos cabezas, antes de someter a los recalcitrantes a la intimidación del "voto útil". En cuanto a la preocupación por garantizar que todos puedan votar, parece tan secundaria que, en un país donde ya la elección se desarrolla un día de semana, la apertura de los lugares de voto varía de un condado a otro según la opulencia del aparato estatal local: en los suburbios ricos y blancos no hay filas de espera, pero en los barrios pobres y de color de las ciudades se ven largas colas.

Y uno casi olvida el carácter antidemocrático de la elección por sufragio indirecto. Contrariamente a la leyenda nacional, el colegio electoral (cuya existencia y función fueron descubiertas por muchos estadounidenses el mes pasado) jamás tuvo por objeto asegurar el equilibrio geográfico en el marco del federalismo. Fue instaurado para proteger la hegemonía política de los Estados del Sur y garantizar así la perennidad de la institución básica de su economía de plantaciones: la esclavitud de los negros8. Eso explica la vieja cláusula de la Constitución según la cual, al calcularse el reparto de los grandes electores, un esclavo equivalía a "tres quintos de un hombre"9.

Inventado para permitir que los hombres blancos "bloquearan" el sistema político a su favor10, ese dispositivo produce los mismos resultados dos siglos más tarde, al otorgar un peso desproporcionado al voto de los habitantes de los pequeños Estados rurales con mayoría blanca y conservadora. Según los datos del censo del año 2000, un "gran elector" corresponde a 609.200 residentes en Florida, 602.000 en California, y 549.900 en el Estado de Nueva York; pero sólo a 175.000 en Wyoming, 205.700 en Vermont y 220.700 en Dakota del Norte. Es decir, "cada voto cuenta", pero se necesitan 3,44 californianos para contar tanto como un habitante de Wyoming. O sea, menos de los tres quintos…

"Cada voto cuenta", salvo si es para el candidato derrotado en ese Estado, pues en virtud del escrutinio mayoritario a una sola vuelta, el candidato que tiene más votos se lleva todos los "grandes electores" en juego. Así es como los 4.371.000 sufragios obtenidos por Bush en California no le darán ningún "gran elector", mientras que los 375 votos de ventaja logrados por Gore en Nuevo México alcanzan para darle cinco.

Los políticos y los comentaristas juramentados no dejan de repetir al unísono que en Estados Unidos es "la voluntad del pueblo" la que decide el curso de las cosas. De hecho, votar en Estados Unidos es un trabajo (cívico) hercúleo, pues el elector promedio está llamado a pronunciarse sobre varias decenas de opciones a la vez. Aparentemente, nada más democrático. En realidad, algo totalmente demagógico. En un país donde prevalece la incultura histórica y la apatía política; donde un adulto de cada tres es incapaz de citar uno solo de los países contra los que Estados Unidos luchó durante la segunda guerra mundial11; donde los dos tercios ignora el nombre de su diputado en la Cámara de representantes (la mitad no sabe siquiera si ese diputado es demócrata o republicano); donde el 40% no conoce el nombre del Vicepresidente en ejercicio; donde cuesta que la tasa de participación en las elecciones presidenciales alcance el 50%, cabe preguntarse si es democrático o demagógico hacer votar a los electores varias decenas de veces por partidos cuyos programas no conocen (suponiendo que los tengan), por funciones cuya misión ignoran y por medidas que no pueden evaluar.

En California, por ejemplo, el elector concienzudo de Berkeley o de Oakland debe perforar su tarjeta de voto veintisiete veces: para elegir Presidente; senador y diputado a nivel federal; senador y diputado para la asamblea de California; pero también para los puestos de juez de la corte suprema; miembro del directorio del Peralta Community College District; director del liceo público de la ciudad (con cinco postulantes que se presentan como sigue: "escritor", "profesor-director de escuela", "consultora-ama de casa", "contador" y "educador"); comisionado ante la oficina de control de alquileres; director del séptimo distrito de transportes públicos…

Y eso no es todo. También deben aprobar ocho medidas de Estado, cuatro a nivel del condado, tres a nivel de los distritos escolares y universitarios y once presentadas por la ciudad de Berkeley, a cual más bizantina12. La "guía de información" oficial del elector consiste, sólo para los referéndum de Estado, en un folleto de 74 páginas en letra chica, que contiene los textos de ley sometidos a aprobación (con los pasajes suprimidos cruzados por una raya y los agregados puestos en bastardilla). La proposición 34, que sugería limitar el financiamiento privado de las campañas electorales, se extendía a lo largo de diez páginas, cuya lectura exigía a la vez un doctorado en derecho y el conocimiento de los secretos de la legislación existente. Mientras que dos páginas alcanzaban a los siete postulantes a la Casa Blanca para presentar la síntesis de su programa bajo la forma de consignas, los electores de Oregon recibieron dos tomos de 400 páginas a manera de instrucciones para votar.

A causa de la descentralización, las elecciones fueron puestas bajo la órbita y la responsabilidad de los condados. Por lo tanto, no existe un sistema electoral, sino más de tres mil. Y las formas de votar varían en consecuencia: 37% de los estadounidenses utilizaron tarjetas perforadas, 25% casilleros a marcar, 22% máquinas a palanca, 7% votos electrónicos, 3% boletas de papel…13. Esta variedad, y los consecuentes reclamos, alimentan a los tribunales: al ahora célebre condado de Palm Beach, Florida, llegaron unos quinientos juristas por cada bando. ¿Cuánto va a costar todo eso? En el solo fin de semana del 11 y 12 de noviembre los demócratas "levantaron" 3 millones de dólares para financiar sus gastos de abogados14. La furia pleitista de Gore y Bush no debe ocultar que no existen entre ellos puntos importantes que los diferencien. Lejos de estar "profundamente dividido", el país está separado en dos partes iguales y apáticas. La abstención del 49,3% de los estadounidenses en edad de votar, la calma casi general que acompañó a las interminables operaciones de recuento de votos, mostraron el poco entusiasmo generado por ambos candidatos "oficiales".

Lo que se perfila actualmente no es una crisis de gobierno. Las diferencias entre Gore y Bush pueden desembocar fácilmente en un arreglo que permitirá prolongar algunos años la política conjunta de la administración Clinton-Gore, del Congreso republicano saliente y de los lobbies que financiaron su elección: liberalización de los intercambios (ALENA, OMC), privatización del Estado (abolición de la ayuda social federal a los pobres), reducción del número de funcionarios, afectación prioritaria del excedente presupuestario a la baja de impuestos, encarcelamiento masivo y aceleración del ritmo de las ejecuciones.

Las divergencias entre los dos partidos son tan fáciles de salvar que el 7 de noviembre pasado, en veintiún circunscripciones del país, siete de ellas en Florida, el parlamentario saliente fue candidato único a su sucesión. Informados de los deseos del electorado flotante (el menos politizado) por las propias encuestas de opinión, los candidatos oficiales desarrollaron una campaña en definitiva más rica en imágenes que en substancia, y pusieron la mira en el centro-derecha. Entre dos ejecuciones en Texas, Bush evocaba su "conservadurismo compasivo" y su interés por los temas de educación y de salud. Por su parte Gore, también partidario de la pena capital, se comprometía como cualquier buen republicano a aumentar los gastos militares y a reducir el nivel de la deuda pública. Por lo tanto, Ralph Nader apenas si exageraba al observar: "Lo que los diferencia, es la velocidad con que sus rodillas chocan contra el piso cuando las grandes empresas los convocan".

Cinco días antes del escrutinio, uno de los más viejos e influyentes partidarios del Vicepresidente estadounidense tranquilizaba a quienes temían que alimentara alguna veleidad progresista con las siguiente palabras: "Gore propone el tipo de programa que antaño gustaba a la gente prudente y conservadora, en fin, a los republicanos (…) Nunca confundió subvención pública con bien público. Fue uno de los más encarnizados defensores de la reforma a la ayuda social decidida por la administración Clinton: comprendió que la ayuda a los pobres sólo sirve para esclavizarlos, a la vez que despierta resentimiento en quienes deben trabajar para vivir (…) Gore fue uno de los diez senadores demócratas que votó para proteger Kuwait. Y hubiera proseguido la guerra del Golfo hasta el fin, para no dejar a Saddam Hussein en el poder (…) Hemos admirado el vigoroso anticomunismo de Ronald Reagan. Ese compromiso está ausente en Bush"15.

Un "chivo emisario" verde

Es evidente: la "verdadera opción" entre ambos candidatos tuvo en general aires de parodia democrática. No sólo se copiaron mutuamente sus temas de campaña, no sólo lobbies industriales, muchas veces los mismos, financiaron sus publicidades y sus consejeros ("Recibiremos con entusiasmo la victoria de uno u otro partido", explicó John Browne, patrón de Amoco), sino que además se pusieron de acuerdo para impedir que los otros candidatos (en particular Nader y Patrick Buchanan) participaran en cualquiera de los cuatro debates televisivos difundidos por los medios. Ya de por sí el sistema electoral de una sola vuelta perjudica enormemente a quienes no pertenecen a los dos partidos mayoritarios; ya de por sí les faltan los colosales medios financieros de sus adversarios. Pero se creyó necesario agregar a esa imponente serie de obstáculos la exclusión de hecho del debate público. Luego, una vez concluido ese trabajo de destrucción de la competencia, sólo faltó proclamar la absoluta necesidad del "voto útil".

En este registro -infinitamente más dañino para la democracia que el mal recuento de votos de unos cientos de militares acantonados fuera del país- la más ferviente fue la izquierda institucional (sindicatos obreros, organizaciones negras, ecologistas y feministas). Ralph Nader no había dejado de luchar contra el librecambismo, la baja del salario real, el embargo comercial contra Cuba e Irak, los monopolios industriales, los "conglomedios", la pena de muerte, el encarcelamiento masivo, la venalidad del sistema político. Sin embargo se lo intimó a renunciar a su candidatura, a no hacer campaña, a callarse la boca. Y eso para dejar lugar a un candidato, Gore, que había adoptado la posición opuesta en cada una de esas cuestiones, pero que podía "ganar".

La captación por parte del partido demócrata del trabajo militante de los movimientos progresistas que aceptan subordinar la estrategia al arreglo16 puede servir de lección fuera de Estados Unidos. En lugar de intentar un desplazamiento hacia la izquierda del partido de Clinton y Gore (una tarea cuya inutilidad ya está comprobada), las organizaciones de izquierda hicieron nolens volens de intermediarios entre los candidatos demócratas cada vez más ubicados a la derecha17y sus propios militantes. Invocando el sempiterno "voto útil", esas organizaciones se convirtieron en la coartada, y luego en los rehenes, de una operación de "centramiento" que inventa sin cesar nuevos motivos para renegar de tal o cual punto.

La derrota de Gore le será atribuida al candidato de los Verdes. Ya el director de la organización ecologista Sierra Club y el presidente de la AFL-CIO, sermonearon a Ralph Nader. Sin embargo, en 1994 fueron Clinton y Gore quienes, a fuerza de desmovilizar a los electores demócratas, le regalaron el control del Congreso a los republicanos, por primera vez en cuarenta años. En noviembre pasado, Nader no le "robó" votos a Gore. Fue Gore quien los perdió.

De manera que el carácter casi pintoresco de esta elección no debe disimular lo esencial: presentada como modelo de la práctica democrática en el mundo entero, la política estadounidense perdió hasta la apariencia de autonomía. Fagocitada por el campo económico, vive bajo el rígido poder de los medios y el derecho, sometidos a su vez a la férrea ley de la precipitación y el dinero. Sin dudas, Estados Unidos brindó una lección al resto del mundo. Pero no un curso de instrucción cívica.

  1. International Herald Tribune, 11 y12-11-00.
  2. International Herald Tribune, 15-11-00.
  3. Recientemente Christiane Amanpour cubrió la guerrade la OTAN en Kosovo sin diferenciarse demasiado de la propaganda del Departamento de Estado, por entonces coreografiado por su marido.
  4. Libreta de notas de Bernard-Henri Lévy, Le Point, París, 17-11-00. Ver también la conclusión del editorial "Démocratie américaine", Le Monde, París, 10-11-00. Sobre la estadosunidos filia ver, "L"Amérique dans les têtes", Manière de voir, Nº 53, Paris 2000.
  5. Sobre esas últimas migraciones ideológicas, ver la investigación publicada por The Wall Street Journal Europe,14-11-00.
  6. Ver Loic Wacquant,"Ese viento punitivo que sopla desde Estados Unidos" Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, julio de 1999.
  7. The Wall Street Journal Europe, 7-11-00.
  8. Ver, Akhil Reed Amar, The Bill of Rights: Creation and Reconstruction, Yale University Press, New Haven, 1998.
  9. Por otra parte, ocho de los nueve primeros presidentes de Estados Unidos fueron propietarios de esclavos de Virginia.
  10. Ver Daniel Lazare, "Dictadura constitucional en Estados Unidos", en Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, febrero de 2000, y "Le modèle texan menace les États-Unis", Le Monde diplomatique, París, septiembre de 2000.
  11. Harper"s Index, Harper"s, Nueva York, marzo de 1996.
  12. Por ejemplo, el elector debía responder a la siguiente pregunta: "¿Hay que enmendar la tasa de los servicios médicos de urgencia (ordenanza nº 6373-NS) para volver a autorizar a la ciudad a percibir durante cuatro años los ingresos de la tasa de los servicios médicos de urgencia aprobada en 1997 por los electores?
  13. The Wall Street Journal, 16-11-00.
  14. Wall Street Journal Europe, 15-11-00.
  15. Martin Peretz, "Gore, a Fiscal Conservative", The Wall Street Journal, 2-11-00.
  16. Algunas de esas organizaciones llegaron incluso a financiar con el dinero de sus militantes avisos llamando a no votar por Ralph Nader…
  17. William Clinton, Albert Gore y Joseph Lieberman (el compañero de fórmula de Gore) encarnan el ala conservadora de su partido, el Democratic Leadership Council, creado en los años "80 para importar al partido demócrata ciertas ideas, por entonces populares, de Ronald Reagan.

Cuando la información viaja "a la velocidad de internet".

Hace unos meses los periódicos, incluso los reputados como serios, antes que evocar las peculiaridades de la manera de votar estadounidense y su naturaleza escasamente representativa, preferían analizar las características personales de los dos principales candidatos, uno más bien en dificultades y distendido, el otro más bien cretino y arrogante.

En el pasado mes de septiembre, la mayoría de los medios masivos de comunicación se extasiaba: "En la actualidad, la política estadounidense evoluciona a la velocidad de Internet1". Tres semanas después del cierre de los comicios, aún no se conocía el nombre del próximo presidente de Estados Unidos. Pero es "con la velocidad de Internet" que los medios de comunicación estadounidenses habían anunciado un resultado, luego desmentido y posteriormente emitido otro, que sería contradicho más tarde.

Un periodista del Washington Post, Howard Kurtz, interpeló a los autores de estos errores: "Este sistema muy rápido de estimación de los resultados en cada Estado se explica sobre todo por el ansia de los medios por ser siempre más sensacionales que los demás. Después de todo, bien podría esperarse el recuento de la totalidad de los votos. Resultaría menos espectacular, pero no habría errores". Sam Donaldson, periodista estrella de ABC, lanzó este grito desde el corazón: "¡Debemos ser competitivos! La competencia es lo que hace funcionar nuestro sistema capitalista. Si ustedes tienen otra propuesta -en cuanto al comunismo, no funciona- estoy dispuesto a escucharla. Adoro a Dan Rather (presentador del noticiero de CBS), pero cada vez que nos encontramos en algún lugar, me dan ganas de aplastarle la cabeza: ¡somos competidores! Y es lo que nos anima. Si dijéramos, en ABC: nos comprometemos a no hacer proyecciones, a esperar que los resultados sean matemáticamente seguros, la próxima vez, nadie nos mirará".

Sam Donaldson había dicho lo esencial. Cuando los periodistas subordinan la misión de informar correctamente a la de conseguir mayor audiencia, -produciendo de esta forma mayores ingresos para los dueños de sus empresas-, lo demás se deduce fácilmente. Y lo demás ocurrió. Entre las 02:16 y las 02:20 de la madrugada, alimentadas por el mismo servicio de estimaciones de los resultados, las cinco mayores redes de informaciones -en primer lugar FOX, luego ABC- anunciaron el triunfo de Bush. Albert Gore lo felicitó de inmediato. Jacques Chirac también, pero con el objetivo de que no se le adelantara Lionel Jospin. En el Estado de Washington, un escaño de Senador podría definir la mayoría en esa asamblea. También fue atribuido con demasiada premura. Dos semanas más tarde, aún no se conocía el nombre de su titular.

No se trata aquí de errores rectificables. En una elección apretada, estas proyecciones, hechas públicas cuando los comicios aún no han terminado, pueden afectar el porcentaje de participación. Así como el resultado. En Florida, por ejemplo, los condados mayormente republicanos, ubicados en el Oeste, se encuentran en un huso horario distinto al de los condados del Este. Así que todavía no habían terminado allí los comicios cuando un medio primero, luego otro, luego otro más, hicieron una primera "proyección" vaticinando la victoria de Gore en ese Estado. Semejante "primicia" bien podría haberle costado a Bush miles de votos. Cuando, algunas horas más tarde, FOX News anunció la victoria del candidato republicano, fue basándose en una -nueva- estimación relativa al voto de Florida. La hizo, prematuramente, un tal John Ellis Bush, quien explicaba, el año pasado: "Soy leal a mi primo". Dicho primo se prepara para ocupar la Casa Blanca.

  1. Libération, 20-11-00.


Cuando las empresas invierten 4000 millones de dólares

En Estados Unidos, en materia de financiamiento electoral, sólo hay tres reglas: la inflación es galopante; el óbolo proviene de las empresas; no es desinteresado.

¿Inflación galopante? Cada ciclo electoral pulveriza los récords del precedente: mil millones de dólares en 1992, más de dos mil millones en 1996, de tres a cuatro mil millones en 2000. Solamente las dos convenciones políticas televisivas del pasado verano, la republicana en Filadelfia y la demócrata en Los Angeles, costaron el doble del presupuesto nacional anual de Mali, con 11 millones de habitantes.

Aunque el partido de Clinton y Gore finja ser el partido de los trabajadores, fueron las grandes empresas, y no los sindicatos, quienes aportaron el 75,2 % de las contribuciones recibidas en este último año por el Comité Nacional Demócrata. Gore recibió los favores de Occidental Petroleum, Bell South, los estudios de Hollywood y el lobby de abogados. Bush es el hijo predilecto de las empresas militares y de las compañías de seguros. Las multinacionales suelen distribuir equilibradamente sus aportes, dado que son incapaces de dilucidar cuál de los dos programas las favorecerá en mayor medida: Bill Gates, cuyas "inversiones" políticas cobraron grandes dimensiones, se ocupó financieramente de que Microsoft tenga, pase lo que pase, un amigo en la Casa Blanca y la Casa Blanca un amigo en Microsoft. En Wall Street, Paine Webber favorece a los republicanos, Goldman Sachs a los demócratas; y el corazón del Citygroup vaciló tanto que el banco puso 567.000 dólares a disposición de los primeros, y 552.000 dólares de los segundos1

¿Generosidad desinteresada? La revista líder de AOL -Time Warner concluyó una de sus investigaciones afirmando: "Washington no dejó de favorecer a quienes pagan en detrimento de quienes no pagan"2. Los estadounidenses que garantizan lo esencial del financiamiento electoral no representan a más del 0,1% de la población, pero tienen asegurado su acceso a los responsables administrativos y parlamentarios. Las empresas de comunicación, que piensan invertir 200.000 millones de dólares en los cuatro próximos años, han aportado 27 millones de dólares a los principales candidatos. El 60% de esa suma fue asignado a los demócratas. ¿Deseo de preparar el futuro? ¿Regalo a cambio de servicios prestados? Los politólogos deliberan.

Estos dos últimos años, el promedio de riqueza de los 400 estadounidenses más ricos aumentó en 940 millones de dólares por persona. Algunos de ellos encontraron así cómo distraerse haciendo política. Jon Corzine, antiguo patrón de la empresa de corretaje Goldman Sachs, antes demasiado ocupado como para ir a votar, acaba de conseguirse un escaño de senador en New Jersey. Costo: 60 millones de dólares extraídos de su fortuna personal. Es un récord histórico y casi la misma suma (480 millones de francos) que gastaron todos los candidatos franceses en las últimas elecciones legislativas. Corzine es demócrata.

Tanto dinero no deja de tener consecuencias: 92% de los representantes y 88% de los senadores electos son los candidatos que más gastaron. A menudo, su ventaja financiera deriva del hecho que son los candidatos salientes -reelectos en el 95% de los casos- y que ya han hecho algunos favores tarifados. Gracias a estos raudales de dinero, los estadounidenses pudieron consumir este año mil millones de dólares en avisos publicitarios suplementarios. De ahora en más, las elecciones representan el tercer ingreso en publicidad de los canales de televisión. ¿Casualidad?. Los medias piensan que la política estadounidense es muy democrática. En cuanto a la Corte Suprema, estima que una reglamentación de las erogaciones políticas más estricta pondría en tela de juicio la libertad de expresión.

  1. Randall Smith, "Many on Wall Street Back Al Gore",The Wall Street Journal Europe, 26-9-00
  2. Time, Nueva York, 7-2-00.


Cuando el Estado penal excluye a 4.000.000 de votantes

El 9 de noviembre, dos días después de los comicios, Daley, director de campaña de Albert Gore, no encontraba palabras bastante duras para condenar la indiferencia culpable de los republicanos frente a la privación del derecho de voto de miles de habitantes de la Florida, debida al rechazo por las máquinas tabuladoras de unas 19.000 tarjetas en el condado de Palm Beach, cuyos habitantes son blancos y pudientes. Sin embargo, se mostró menos atento con el medio millón de residentes de la Florida impedidos de acudir a las urnas debido al sistema judicial, cuando ya no "están bajo jurisdicción de la justicia". De hecho, Florida es líder a nivel nacional de la exclusión cívica por condena penal, justo antes de….Texas

En efecto, debido al crecimiento hipertrófico del sistema carcelario provocado por el vuelco de la gestión asistencial hacia la gestión penal de la pobreza y de la inseguridad social1, cuatro millones de adultos estadounidenses, o sea más del 2% del electorado potencial y 15% del electorado de varones negros, no pudieron participar en los comicios, debido a la cancelación de sus derechos civiles correlativa a una condena penal.

Cuarenta y seis de los cincuenta Estados prohiben votar a los detenidos en cárceles centrales (es decir, 1.200.000 estadounidenses), treinta y dos excluyen asimismo de los comicios a los ex prisioneros en libertad condicional (453.000) y veintinueve a las personas en libertad condicional debido a una condena con sentencia en suspenso (un millón más). Y, hecho único en una democracia parlamentaria, catorce Estados castigan a las personas con antecedentes penales excluyéndolas a perpetuidad de cualquier acto cívico, apartando así del cuarto oscuro a casi 1.400.000 estadounidenses quienes, aunque hayan purgado integralmente sus penas, nunca volverán a votar.

Florida tacha automáticamente de sus listas a sus 63.700 detenidos; 9.200 liberados en libertad condicional y 137.000 con sentencia en suspenso, pero asimismo a 647.100 antiguos condenados que pagaron su deuda con la sociedad, pero que sin embargo siguen excluidos de los comicios. Texas tiene casi el mismo récord, con 132.400 prisioneros, 112.600 en libertad condicional, 234.200 con sentencia en suspenso, y 130.800 personas con antecedentes penales que deben esperar dos años antes de recuperar sus derechos cívicos. Además de Florida y Texas, otros cuatro Estados (Mississipi, Nuevo México, Virginia y Wyoming) excluyen a más del 4% de su población adulta de los comicios.

Los negros, quienes se ven de hecho beneficiados con una política de "discriminación positiva" carcelaria que les otorga un acceso privilegiado a las cárceles del país (representan al 7% de la población adulta, pero el 55% de los encarcelados), son también los primeros en ser despojados del derecho de votar por medio del sistema judicial. En esto también Florida está a la cabeza en lo que se refiere a la exclusión de los negros, ya que 31% de los hombres de origen afroamericano se ven afectados de indignidad cívica penal2.

Treinta y cinco años después de que el movimiento de derechos civiles lograra esforzadamente el auténtico acceso al sufragio (Voting Right Acts), este derecho resulta saboteado a través del sistema penal y de disposiciones que burlan las convenciones internacionales sobre los derechos humanos, que Estados Unidos ha suscripto.

  1. Loic Wacquant, Las cárceles de la miseria, Ediciones Manantial, Buenos Aires, 2000.
  2. Los Estados donde por lo menos el 20% de los hombres negros se ve privado del derecho de votar son: Alabama, Connecticut, Florida, Iowa, Mississipi, Nuevo México, Texas, Washington y Wyoming.


Autor/es Serge Halimi, Loïc Wacquant
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 18 - Diciembre 2000
Páginas:26, 27, 28, 29
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Internet, Minorías, Deuda Externa, Neoliberalismo, Estado (Política), Políticas Locales, Seguridad
Países Estados Unidos, México, Irak, Cuba, Azerbaiyán, Alemania (ex RDA y RFA), Francia, Kuwait