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Los primeros pasos del gobierno israelí

Electo por amplia mayoría y centro de las fuertes expectativas de paz de la sociedad israelí, el primer ministro Ehud Barak se ha mostrado sin embargo vacilante en sus primeros meses de gestión. Estados Unidos, por su parte, ha renovado a Israel el crédito que retaceaba a la administración anterior, mientras los observadores se muestran escépticos sobre el cumplimiento de los acuerdos israelo-palestinos.

Jamás en la historia de Israel un primer ministro había suscitado tanta esperanza como el general Ehud Barak. La alegría manifiesta de gran parte de la población luego de su victoria, el 17 de mayo de 1999, era en primer lugar consecuencia de la voluntad de la mayoría de los israelíes de deshacerse de "Bibi" (Benjamín Netanyahu, el ex primer ministro), ese "malabarista que jugó con el destino del país" , según las expresiones de Joel Marcus, editorialista del periódico Haaretz. La consigna "Israel quiere un cambio" , impuesta por Carville y Greenberg, los especialistas estadounidenses en comunicaciones que se encargaron de la campaña laborista1, galvanizó a la población y las promesas del candidato conquistaron a sus electores.

La derecha ha soportado un golpe muy duro. La Unión nacional de Benny Begin (extrema derecha) sólo obtuvo cuatro diputados. El Partido nacional religioso, vocero de los colonos de Cisjordania, perdió la mitad de sus diputados, pero hizo todo lo posible para participar del nuevo gobierno. En cuanto al Likud, el partido de Netanyahu, sufrió un grave revés, ya que sólo retuvo diecinueve escaños de los ciento veinte que conforman al Parlamento.

Ehud Barak ocupa el puesto de primer ministro desde hace aproximadamente tres meses y el balance de su gestión, provisorio por cierto, es aún incierto. Si bien una reciente encuesta le otorga un 59% de opiniones favorables2, Marcus lo califica como un "aprendiz de político, orgulloso, con un estilo poco convincente"3.

Sin embargo, Barak obtuvo un éxito innegable al restablecer relaciones privilegiadas con Estados Unidos, después de tres años de discrepancias y hasta de conflictos entre la Casa Blanca y Netanyahu. Esas disputas habían llevado a la administración estadounidense a desear la derrota de aquellos que se oponían a la paz e incluso a contribuir con ella. El mensaje enviado por Washington a los electores israelíes fue tan claro como aquel de George Bush en 1992, y con el mismo resultado: Itzhak Shamir fue reemplazado entonces por Itzhak Rabin; ahora Netanyahu fue derrotado por Barak.

En el período 1996-1999, Washington se había convertido en actor e incluso en juez de los múltiples tratos entre el primer ministro del Likud y la Autoridad palestina. Cuando se comprobó que el primer ministro israelí bloqueaba todo avance hacia la paz, Yasser Arafat se convirtió en "huésped de honor" de la Casa Blanca, un privilegio que el presidente Clinton le denegaba a Netanyahu. Uno de los grandes éxitos del presidente Arafat en ese período habrá sido obtener que Washington intervenga con frecuencia a su favor en sus enfrentamientos con el gobierno israelí.

Con la victoria de Barak, EE. UU. vuelve a su rol de "facilitador" y deja que ambos protagonistas negocien. Paralelamente, ha restablecido sus relaciones privilegiadas con Israel, acercamiento atestiguado por el comunicado adjunto publicado luego de la visita del primer ministro israelí a Washington, el 19 de julio de 1999. El texto festeja la semejanza de puntos de vista, la "mejora significativa de las relaciones bilaterales, que ya son excepcionales, permitiendo que su amistad y su cooperación tradicionales alcancen un nivel inigualado de colaboración estratégica" . El presidente Clinton "ha reafirmado el constante compromiso de Estados Unidos en cuanto a su participación en la seguridad de Israel, al mantenimiento de su ventaja cualitativa fortaleciendo su capacidad de disuasión y de autodefensa ante cualquier amenaza" . También se comprometió a acrecentar la ayuda militar anual, que alcanzará durante la próxima década 2.400 millones de dólares, o sea un aumento del 30%. A estos montos debe agregarse el financiamiento de las inversiones israelíes en seguridad, consecutivas al acuerdo de Wye Plantation, es decir 1.200 millones de dólares.

Luego de este triunfo, el general Barak se convenció de que se encuentra en una posición de fuerza. El acuerdo de Wye Plantation, firmado por su predecesor en octubre de 1998, no había sido aplicado, especialmente en lo que se refiere al retiro israelí del 7% de Cisjordania y la liberación de setecientos prisioneros palestinos. En lugar de hacer honor a las promesas de su predecesor, lo que le hubiese otorgado un crédito importante frente a los palestinos y en el mundo árabe, el nuevo primer ministro vaciló. Fue un grave error psicológico. En efecto, el mundo árabe, y en primer lugar los palestinos, habían recibido más que favorablemente su elección. Después de tres años de congelamiento de las negociaciones y de sucesivas humillaciones, Arafat esperaba un gesto saludable, que no llegó.

Un miniestado palestino

Barak cometió luego un segundo error. Solicitó que se introdujeran modificaciones en el texto de Wye Plantation, en cuanto al calendario y a la dimensión de los retiros de Cisjordania. Inevitablemente esto chocaría a los palestinos. Para ellos, este comportamiento recordaba al de Netanyahu: tratos difíciles, luego la firma de un acuerdo, seguida por nuevas divergencias en cuanto a la implementación del texto que acaba de ser debidamente suscrito.

Para justificar sus exigencias, el nuevo primer ministro afirmaba que quería evitar eventuales incidentes entre colonos israelíes y fuerzas palestinas frente a nuevos despliegues. Los palestinos reaccionaron recordando un viejo proverbio árabe: "la excusa es peor que el pecado" . ¿Era posible que los colonos determinasen la agenda de la negociación? Una mala señal…

Sobre todo porque, pese al impacto provocado por el resultado de las elecciones, los habitantes de las ciento cuarenta y cuatro colonias de Cisjordania parecían estar entablando buenas relaciones con Barak, quien se reunió con ellos varias veces para tranquilizarlos, prometiéndoles específicamente anexar cierta cantidad de territorios en los cuales se reagrupan colonias. "¿ Acaso no puede hacerse la paz con los palestinos y a la vez conservar a Beit-Lel? ¿O Beil El (una colonia al norte de Ramallah)? Y Ofra, que ya tiene a Yenin, Naplus, Ramallah, Hebron y Belén" , se preguntó4. Simultaneamente, los dirigentes del movimiento Paz Ahora se quejaron de la negativa del primer ministro a recibirlos5.

A principios de septiembre, luego de agitadas negociaciones que recordaban la era precedente, se firmó por último un compromiso sobre la implementación del acuerdo de Wye Plantation. De hecho, se perdieron dos meses, ya que el texto firmado es muy parecido al anterior, salvo algunos detalles. Aunque el tema de la proclamación del Estado palestino no haya sido tratado, Yasser Arafat recibió garantías de la Unión Europea: luego de las negociaciones sobre el estatuto definitivo y de no haber mediado ningún acuerdo entre ambas partes, podrá proclamar el Estado palestino independiente. Por otra parte, Israel obtuvo de los palestinos que acepten aprobar, de aquí hasta el mes de febrero del 2000, un acuerdo de principio en cuanto al estatuto final, que debería ser negociado de aquí en más.

El punto de vista de Barak es conocido. Aceptó una entidad palestina (y hasta un Estado) conformada por parcelas sin continuidad territorial. La mayoría de las colonias israelíes en los territorios ocupados, así como lo esencial de la zona C serán anexadas6. Sin embargo, Cisjordania y la franja de Gaza no representan más que el 20% de la Palestina histórica. Y después del último retiro -que se llevará a cabo en febrero del 2000- los palestinos sólo dispondrán del 41% de los territorios ocupados por Israel en 1967, con una soberanía completa o parcial. Para el 59% restante, así como para los problemas pendientes (Jerusalén, los refugiados, las colonias, etc.), ambos protagonistas dispondrán hasta el 13 de septiembre del 2000 -siete años después de la declaración común de Rabin y Arafat- para ponerse de acuerdo.

El mini Estado palestino así constituido sólo detentará un poder parcial en las áreas de defensa, relaciones exteriores, economía, agua, etc. Israel podrá oponer su veto a cualquier intento de retorno hacia el Estado palestino de los refugiados de 1948-1949 y de 1967, cuya inmensa mayoría se verá pues obligada a permanecer en los países árabes. Por último, el gobierno israelí -como por otra parte la oposición- ve en Jerusalén la capital unificada y eterna de Israel, sobre la cual los palestinos no tienen ningún derecho de soberanía.

El 13 de septiembre de 1999, día de la ceremonia inaugural de las negociaciones sobre la solución definitiva del conflicto, Barak declaraba frente al comité ministerial para Jerusalén que su gobierno haría todo lo necesario para fortalecer la soberanía israelí en su capital. Un mensaje claro y decepcionante para los palestinos.

Si un acuerdo entre ambas partes resulta imposible -tal como pronostican muchos observadores- Barak desea que se firme un nuevo convenio interino de larga duración. Por supuesto, el gobierno israelí desea firmar una paz definitiva con los países árabes, pero sin embargo parece dispuesto a conformarse con soluciones interinas con los palestinos por temor a pagar el precio necesario para la paz, es decir la restitución del conjunto de los territorios ocupados, como lo prevé la resolución 242 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Esta es la filosofía del sucesor de Netanyahu.

No obstante, existen otros actores que intervienen en la escena política y diplomática. Egipto aporta a los palestinos una ayuda apreciable, así como, aunque en menor medida, Jordania. Aun Washington, en el caso de un flagrante injusticia, podría reafirmar la postura. que asumió ante Netanyahu. Martin Indyk, adjunto de Madeleine Albright en los asuntos de Medio Oriente, reprochó a Barak, durante una visita a Jerusalén, haber propuesto modificaciones al acuerdo de Wye Plantation. Enojado y amargo, éste replicó: "Aquí, ustedes deben expresarse de otra manera"7. Pero dentro de poco EE. UU. estará en plena campaña electoral presidencial y a la administración le resultará más difícil intervenir en el Medio Oriente.

Barak tampoco demuestra demasiado coraje en las negociaciones con Siria. Ciertamente, ha alabado en varias oportunidades al presidente Hafez El Asad: "el presidente Asad es un líder fuerte, un hombre de honor, cumple al pie de la letra con todas sus promesas"8. Pero todavía no ha declarado públicamente que restituiría el Golán a Damasco. Sin embargo, la opinión israelí ha evolucionado; la paz merece el "sacrificio" de las alturas del Golán, cuyos colonos han apoyado mayoritariamente a Barak con sus votos. Además el derrumbe en las últimas elecciones legislativas de la "Tercera vía" , un partido creado para "defender" al Golán, refleja esta evolución. De acuerdo a ciertas fuentes, hasta Netanyahu habría aceptado esta posibilidad en el transcurso de negociaciones secretas anteriores a la campaña electoral9.

Las divergencias entre Israel y Siria conciernen específicamente la frontera entre ambos países. ¿Se tomará en cuenta la frontera trazada al término de la primera guerra mundial entre Palestina y Siria o los límites del armisticio de 1949, válidos hasta la guerra de 1967?10 Siria se pronuncia a favor del retorno a las fronteras del 4 de junio de 1967 -lo que la llevaría hasta la ribera oriental del lago de Tiberíades- y reclama un compromiso claro de Israel en esta materia. Barak rechaza esto antes del inicio de las negociaciones.

Por cierto, existe una diferencia de interpretación en lo que respecta a las negociaciones desarrolladas entre ambos países hasta febrero de 1996. Damasco afirma que el 3 de agosto de 1993, Itzhak Rabin había prometido, por intermedio del secretario de Estado estadounidense Warren Christopher, un retiro hasta los límites del 4 de junio de 1967. Para Israel, Rabin sólo le habría dicho a Christopher : "Pregúntele a Asad. Si Israel implementara un retiro definitivo del Golán, ¿Siria estaría dispuesta a acordar, en contrapartida, una paz definitiva, incluyendo fronteras abiertas y relaciones diplomáticas? Por favor, mencionen esto como una idea suya, y no nuestra"11.

El primer ministro anunció que en caso de estancamiento, Israel se retiraría unilateralmente del sur del Líbano, a más tardar en junio del 2000. Aun así, es poco probable que retorne la calma en la frontera con el Líbano. Todo el mundo sabe que la paz con Beirut pasa también por un retiro del Golán. Porque, al firmar la paz con Siria, el general Barak pretende matar tres pájaros de un tiro. En primer lugar, neutralizar al único país árabe que, con sus misiles de medio alcance y sus armas químicas, representa un peligro militar para Israel. En segundo lugar liberarse de la trampa del sur del Líbano, donde caen regularmente soldados israelíes. De hecho, la paz con Siria conllevaría necesariamente la paz con el Líbano y con todos los Estados árabes fronterizos. Finalmente, un punto de gran importancia que el sucesor de Netanyahu no ha evocado en público, pero en el que cree firmemente: a los ojos de la comunidad internacional, la paz con el presidente Asad concluiría el proceso de paz entre Israel y el mundo árabe.

Para Barak, el problema palestino no constituye el nudo del conflicto israelo-árabe. Estima incluso que la paz con Damasco permitirá reducir el precio que deberá pagarse a los palestinos; que éstos se verán acorralados y que la comunidad internacional calificará entonces sus reivindicaciones de inoportunas.

En su campaña electoral, el candidato Barak había prometido que dedicaría todos sus esfuerzos a resolver los problemas sociales. "Resulta inadmisible dejar a los enfermos en los pasillos de los hospitales, como lo he visto con mis propios ojos" , declaró indignado en el transcurso de una visita a Naharia. Ahora bien, su presupuesto para el año 2000 incluye claros recortes en áreas sociales -tales como la salud, la educación, etc.- acompañados por incrementos en los impuestos. Mientras el gobierno se compromete a continuar con las privatizaciones, la cantidad de desempleados alcanza los 200.000, o sea el 9% de la población activa.

En camio, el general Barak no escatima en gastos militares. La adquisición -objetada por ciertos expertos- de 50 cazas bombarderos F-16 I, por la coqueta suma de 2.500 millones de dólares, pesa excesivamente en el presupuesto. El primer ministro se fijó como objetivo la lucha contra Irak que "con Saddam a la cabeza, representa una seria amenaza para Israel" . El jefe israelí de informaciones militares hizo amplia referencia a este problema en su visita a Washington, en julio de 1999.

Ciertos dirigentes árabes que habían visto con buenos ojos la victoria laborista del mes de mayo, empiezan a hablar de "paz armada" y vuelven a poner sobre el tapete el arsenal nuclear de Israel. Egipto hasta ha amenazado con iniciar una carrera hacia las armas químicas y biológicas si Israel no acepta un control sobre sus instalaciones nucleares. Respuesta de Barak: un "no" rotundo12.

Sin embargo, al escribirse este artículo, sobre finales de septiembre, la prensa internacional dio cuenta de una sorpresiva reunión clandestina (el ministro de exteriores israeli, David Levi, manifestó su desagrado por no haber sido informado) entre Barak y Arafat, nada menos que en Tel Aviv, en la que habrían fijado un cronograma para llegar a un acuerdo marco de paz en febrero del 2000 y a un tratado definitivo en septiembre de ese año13.

Nadie puede lamentar la victoria de Barak. Pero para tener éxito, el primer ministro israelí debe darle un nuevo impulso al país. Para no decepcionar, debe evitar seguir los dos consejos que le diera Netanyahu antes de abandonar su despacho de primer ministro. "Tenga cortos a Arafat y Assad" , y "No le haga concesiones a los árabes. Hay que crear conflictos con ellos"14.

  1. Serge Halimi, "Asesores políticos sin fronteras" , Le Monde diplomatique, París, septiembre de 1999.
  2. Haîr, Tel Aviv, 27-8-99.
  3. Haaretz, Tel Aviv, 31-8-99.
  4. Haaretz, Tel Aviv, 18-6-99.
  5. Maariv, Tel Aviv, 22-8-99.
  6. Los acuerdos de Oslo dividieron a Cisjordania en tres zonas: A, bajo el total control palestino; B, donde la autoridad civil es palestina, pero Israel conserva la responsabilidad de la seguridad; C, bajo el total control israelí.
  7. Maariv, Tel Aviv, 8-9-99.
  8. Maariv, Tel Aviv, 10-9-99.
  9. De acuerdo a las revelaciones de Zeev Schiff, corresponsal para los asuntos militares de Haaretz, Tel Aviv, 28-5-99.
  10. Entre 1948 y 1967, Israel "mordisqueó"regularmente territorios en la zona desmilitarizada.
  11. Yediot Aharonot, Tel Aviv, 3-9-99.
  12. Haaretz, Tel Aviv, 19-8-99 y 14-9-99.
  13. Ferrán Sales, "Barak y Arafat se reúnen por sorpresa… ", El País, Madrid, 18-12-99.
  14. Yediot Aharonot, Tel Aviv, 2-6-99.
Autor/es Amnon Kapeliuk
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 4 - Octubre 1999
Páginas:14, 15
Traducción Dominique Guthmann
Temas Conflictos Armados, Minorías, Desarrollo, Estado (Política), Geopolítica, Políticas Locales
Países Estados Unidos, Irak, Egipto, Cisjordania (ver Autoridades Palestinas), Gaza (ver Autonomías Palestinas), Israel, Jordania, Líbano, Palestina, Siria