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Escalada militar y peligro islámico en el Cáucaso

La campaña de bombardeos sobre la separatista Chechenia, iniciada por el gobierno de Moscú con el argumento de que las milicias islámicas son responsables de las incursiones en Daguestán y de los atentados terroristas que estremecieron las ciudades rusas de Moscú, San Petersburgo, Volgodonsk y Buinasksk (en Daguestán), se convierte en guerra abierta con el ingreso de tropas rusas terrestres en la región. El crecimiento del islam político en Daguestán es alimentado por la degradación de la situación interna, por el wahabismo de origen saudita y por miles de predicadores extranjeros.

El verano de 1999 terminó en Rusia con estrépito de bombas. Una vez más, las explosiones repercutieron en el Cáucaso del Norte. Grupos armados chechenos, dirigidos por Hamil Bassayev y su aliado, el jordano de tendencia wahabita Jabib Abd Ar-Rahman Jattab, invadieron en agosto la República del Daguestán, parte integrante de Rusia, para "liberar" a sus correligionarios de la dominación de Moscú y para ayudarlos a establecer un "Estado islámico" . Obligados en un primer momento a retirarse, no encontraron apoyo alguno en Daguestán, y volvieron al ataque en septiembre. La violenta respuesta del poder ruso, que bombardeó Chechenia durante todo el mes de septiembre, se convirtió el 30 de ese mes en la inminencia de una nueva guerra abierta en el Cáucaso, al ingresar tropas federales rusas en territorio checheno1.

Resulta inevitable el paralelo entre la escalada militar del Kremlin contra Chechenia y el ataque de la OTAN contra Belgrado, al que tanto se opuso el gobierno ruso: ampliada en la última semana de septiembre a su ciudad capital Grosni y acompañada de rumores sobre una posible ofensiva terrestre, la campaña rusa de bombardeos en nombre de la liquidación de las bases de los milicianos islámicos está destruyendo la infraestructura industrial de Chechenia, y provocando estragos entre los civiles que huyen por decenas de miles a la república de Ingushetia. Pero evita las bajas rusas.

Dentro y fuera de Rusia, hay quienes apuntan el posible efecto contraproducente de semejante campaña en la estabilidad del conjunto del Cáucaso del Norte. De acuerdo con muchos analistas y responsables políticos, Daguestán es la república clave de la región. Ya se había producido un anticipo de incursión, a principios del mes de septiembre, que dio lugar a una réplica brutal y peligrosa por parte de las tropas rusas, que bombardearon los pueblos de Kamahi y de Chabanmahi, provocando centenares de víctimas.

El Daguestán -cuyo nombre significa "el país de las montañas" - es la más extensa y la más poblada de las repúblicas que conforman el Cáucaso del Norte. Bordeado al oeste por montañas y al este por el Mar Caspio, se extiende a lo largo de 50.000 kilómetros cuadrados y cuenta con 2,1 millones de habitantes divididos en más de cuarenta grupos étnicos; de ellos, los cinco más importantes (los avars, los darguinos, los kumyks, los lezguines y los lajs) ocupan las posiciones políticas y económicas predominantes. En cuanto a los rusos, que representan menos del 10% de la población, su papel disminuye regularmente.

El Daguestán depende del gobierno central en mayor proporción que cualquier otra república de la Federación Rusa: su presupuesto es financiado en un 90% por Moscú. Sus grandes empresas funcionan a marcha lenta y el estado de su agricultura es deplorable. Los salarios son tres o cuatro veces inferiores a los del resto de Rusia. Según Madomedsalikh Gusayev, ministro de las nacionalidades y de relaciones exteriores, el 30% de los habitantes están desempleados; un porcentaje que según otras fuentes se elevaría de hecho al 80%. Este desempleo ha agravado considerablemente una situación de seguridad pública ya degradada: los enfrentamientos entre clanes criminales, traficantes de drogas y responsables de secuestros ya son moneda corriente.

La aspiración de la población en lo que concierne a mejores condiciones de vida, al orden público y al empleo ha propiciado dos fenómenos contradictorios: la popularidad de los comunistas y la creciente influencia del radicalismo islámico. En el transcurso de las elecciones parlamentarias de 1993, los comunistas lograron el 50,8% de los sufragios en el Daguestán; el 63% favorecieron a Guenady Zyuganov en la primera vuelta de la elección presidencial de 1999. Se precisaron enérgicas presiones desde el Kremlin y algunas manipulaciones "tecnológicas" para revertir este resultado en la segunda vuelta.

Nadie sabe cómo votarán los daguestaníes en el escrutinio para la Duma del próximo mes de diciembre, pero puede afirmarse que los sufragios de los grupos que responden a un islam político se incrementarán. Algunos los llaman fundamentalistas o islamistas, pero la mayoría les dice "wahabitas" , en referencia a una secta puritana fundada en la Península Arábiga en el siglo XVIII por un predicador, Mohamad Ibn Abdelwahhab, que inspira a la dinastía actualmente en el poder en Arabia Saudita. Pareciera que, en el caso concreto del Daguestán, se puede diferenciar por un lado a los fundamentalistas -quienes se remiten a un "islam puro" , pero que no son políticamente activos- y por el otro a los combatientes activos, a los que cabe calificar como "islamistas".

Renacimiento islámico

Sea como fuere, una parte de la población, decepcionada por la era post-soviética, escéptica en cuanto a la posibilidad de una vuelta hacia un régimen comunista cruel pero que otorga seguridad, y con poca confianza en sus propios dirigentes, es favorable a un Estado islámico regido por la sharia, la ley islámica. Piensa que en un Estado así la justicia triunfará finalmente y que la soberanía de Alá traerá consigo esa estabilidad tan deseada.

Aunque utópico, este "proyecto islámico" , nacido y crecido en el marco de un fuerte despertar religioso, coincide con las aspiraciones de un número considerable de personas dispuestas a combatir por él. En 1999, se registran oficialmente en el Daguestán 650 escuelas religiosas y 1.670 mezquitas (que en realidad ascenderían a 5.000) contra las sólo cuarenta que había hace diez años. La mezquita más grande de Rusia fue construida en Majachkala, capital del Daguestán. Se cuentan 3.500 religiosos en la República, pero también en este caso la cifra real sería de hecho mucho más elevada.

Estas estadísticas reflejan sólo parcialmente el renacimiento islámico. Ahora la población es consciente de que es "musulmana" y que pertenece a una comunidad de 1.200 millones de seres humanos. Minoritarios en Rusia, los musulmanes del Daguestán comprenden que su influencia es mucho más importante a nivel mundial.

Si bien ciertas fuerzas actúan a nivel del Daguestán en su conjunto -especialmente el Partido del renacimiento islámico, Najdat, Jamaat-ul-Muslimin y la Unión de los Musulmanes de Rusia- centenares de grupos proislámicos, constituidos sobre una base étnica, se establecen localmente, en uno o varios pueblos. Solamente dos localidades montañosas importantes del sudoeste, Chabanmaji y Karamji, han reafirmado abiertamente su adhesión al wahabismo e instaurado la sharia.

Una nueva elite fundamentalista está en vías de consolidación. Aún le faltan estabilidad y experiencia política, pero manifiesta grandes ambiciones y aspira a ejercer una influencia decisiva sobre el porvenir del Daguestán. Los islamistas se oponen tanto a las autoridades locales, acusadas de corruptas y de estar sometidas a Moscú, como al clero conformista que apoya a las autoridades y le teme al radicalismo, amenazador para su propio prestigio y para la estabilidad del país. A principios de año, esas contradicciones culminaron con el asesinato de Said-Mohammad Abubakarov, el mufti del Daguestán, quien gozaba de una gran popularidad tanto ante la opinión pública como ante las autoridades locales y moscovitas. Se había opuesto a la radicalización y al wahabismo, pero simultáneamente se pronunciaba a favor de la introducción de la sharia, con la condición de que fuera en armonía con las leyes de la Federación Rusa.

No se puede subestimar a los factores extranjeros en el proceso de endurecimiento de los musulmanes del Daguestán. De acuerdo a cifras oficiales, 1.500 jóvenes de esta república estudian en instituciones y universidades islámicas del Cercano Oriente. Suelen volver influidos por una ideología radical, e incluso por el wahabismo de Arabia Saudita. Por otro lado en el Daguestán están presentes centenares y aun miles de predicadores extranjeros (principalmente provenientes de Pakistán, de Egipto o de Jordania), así como numerosas organizaciones, a menudo cercanas a Arabia Saudita; por ejemplo, la Organización Internacional Islámica, Taiba y la Fundación Ibrahim Al Ibrahim. De acuerdo a ciertas fuentes, el grupo de Osama Bin Laden, el opositor saudí y "enemigo número uno de Estados Unidos" también se habría infiltrado en el Daguestán.

En tres años, el Ministerio de Relaciones Exteriores detuvo a más de 40 extranjeros comprometidos en actividades ilegales, entre ellos árabes, afganos y tadjiks. También se desarrollan cooperaciones regionales, ya que en 1997 un ciudadano chino fue detenido y deportado a Pekín. Las autoridades chinas, inquietas por las actividades islamistas en el Xinkiang, agradecieron calurosamente a las autoridades rusas por esta actitud.

Esta creciente influencia del Islam y su politización deberían haber inducido al Daguestán a aliarse con Chechenia, cuyas autoridades proclamaron oficialmente un Estado islámico e introdujeron la sharia. De hecho, muchos políticos de la república rebelde sostienen el principio de una estructura común con el Daguestán, que se denominaría "imamato" . Radicales como Shamil Bassayev y Movladi Udugov, ex ministro de Relaciones Exteriores, apelaron regularmente a la guerra santa para liberar a los musulmanes de la tutela de los "infieles" , o sea de Rusia. Crearon incluso en el Daguestán un consejo islámico ("shura" ) cuyos miembros no son en verdad demasiado influyentes.

Sin embargo, todos estos esfuerzos no condujeron a nada. Porque los daguestaníes comprenden que, en el mejor de los casos, la unificación sólo redundaría en una simple redistribución de los beneficios y de los poderes de dos entidades ya muy pobres y, en el peor, en el control de su país por los chechenos. Las pequeñas naciones, como los avars, los darguinos o los lajs, no pueden aceptarlo y no quieren compartir las riquezas del Daguestán, se trate de la tierra, del petróleo o del caviar. La mayoría tampoco desea la secesión de Rusia, que sólo podría desencadenar una guerra civil y conflictos interétnicos aún más sangrientos que la guerra de Chechenia, habida cuenta de la extrema diversidad reinante en el país.

Esa guerra les enseñó a los pueblos del Cáucaso el alto precio que hay que pagar para conseguir una hipotética soberanía, sobre todo cuando se trata de un Estado/nación independiente que no fue reconocido en el extranjero y que nadie necesita. Incluso el mundo musulmán guarda reservas hacia Chechenia, cuyo presidente, Aslan Mashjadov, viaja con pasaporte ruso. Las relaciones entre Chechenia y el Daguestán siguen además impregnadas de suspicacia, dado que la primera reivindica para sí seis regiones daguestaníes.

Sin embargo, nadie es capaz de prever el desarrollo de la situación. La "campaña daguestaní"de Shamil Bassayev ¿será, tal como fue presentada en la prensa rusa, una nueva etapa de la desintegración de la Federación? La extensión del conflicto a Chechenia ¿resultará en una resistencia común contra lo que muchos consideran una intervención en sus asuntos internos? Para salir de la situación, el Kremlin deberá llevar a cabo esfuerzos considerables y dar muestras de una gran habilidad.

Además habría que aprovechar la crisis para clarificar los intereses nacionales de Rusia en la región. Los responsables ni siquiera están de acuerdo entre sí en cuanto a la necesidad de mantener por la fuerza al Cáucaso del Norte dentro del marco de la Federación, en caso de que las tendencias separatistas se consolidaran. No debe olvidarse que varios de ellos se mostraron aliviados al "deshacerse" del Asia Central musulmana cuando desapareció la Unión Soviética, en 1991.

Sin embargo, la tendencia que impera en la política de Moscú es el deseo de conservar la región del Cáucaso, de denunciar al separatismo y de restaurar la autoridad de Moscú. A fines del mes de agosto de 1999, en el transcurso de una reunión entre Boris Yeltsin y Magomedali Magomedov, presidente del Consejo de Estado del Daguestán, el presidente ruso saludó "la lealtad" de la población del Daguestán para con la Constitución rusa y prometió una ayuda financiera de 300 millones de rublos -más de 12 millones de dólares- para las reconstrucciones en la zona de frontera. Pero la extensión de los combates y la manipulación de las relaciones interétnicas podría desembocar en un caos y en la pérdida de todo control de Moscú sobre Daguestán.

  1. Marie-Claude Slick, "A Moscou, le statut de la Tchétchénie divise les experts" , Le Monde diplomatique, octubre de 1996; Karel Bartak, "Tchétchénie: une guerre sans nom" , Le Monde diplomatique, mayo de 1995 y Nina Bachkatov, "Grozny, tombeau de la Fédération de Russie" , Le Monde diplomatique, marzo de 1995.
Autor/es Alexei Malashenko
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 4 - Octubre 1999
Páginas:10, 11
Traducción Dominique Guthmann
Temas Conflictos Armados, Terrorismo, Deuda Externa, Geopolítica, Islamismo
Países Egipto, Pakistán, Rusia, Arabia Saudita, Jordania