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El rostro de la nueva Serbia

En las elecciones del 24 de septiembre, en Belgrado, la resistencia al carácter represivo y corrupto del gobierno de Slobodan Milosevic y a las penosas condiciones socioeconómicas se canalizó a través del voto a la Oposición Democrática de Serbia (DOS), una coalición de 18 partidos cuyos postulados económicos se contradicen con los sociales. Estos últimos resultan prioritarios en la actual situación.

"Nadie creía que sería tan fácil"… El comentario está en todas las bocas. En agosto de 2000, el régimen había destituido a veintiún jueces de sus funciones por haber defendido a Miroslav Todorovic, del movimiento de jóvenes "Otpor" (Resistencia); dado órdenes a los rectores para que se les persiguiese en las universidades1, y multiplicado el despido de periodistas… Pero he aquí que en el transcurso de diez días que conmocionaron Serbia, después de las elecciones del 24 de septiembre el "poder fuerte" de Belgrado pareció sorprendentemente ausente de las calles de la capital, donde inmensos carteles proclamaban la victoria de Vojislav Kostunica, mientras concentraciones diarias y manifestaciones potentemente sonorizadas propagaban el humor devastador de Otpor, ayudando a superar el miedo.

Expresando la reticencia de las tropas a hacerse linchar cuando el poder titubea, la modestia del dispositivo policial limitó los enfrentamientos, y mediante algunas acciones violentas que permitieron a los manifestantes hacer saltar las barreras y apoderarse de la televisión del Estado, facilitó la confraternización de algunos de los batallones con la muchedumbre alborozada: el conjunto reflejaba la profundidad del rechazo popular al régimen.

Hombre de poder, pero también de cierta legalidad, Slobodan Milosevic contaba con que las elecciones lo consolidarían una vez más. Pero las formaciones de la oposición tenían observadores en más del 90 % de las circunscripciones. "Las elecciones estuvieron muy vigiladas, hasta que el domingo, a las dos de la madrugada, llegaron los sobres del ejército: había votado masivamente por Kostunica", explica el sociólogo Milo Petrovic. "Las autoridades, presas de pánico, echaron a los observadores del recuento, pero éstos conocían ya lo esencial de los resultados". Es decir que la coalición en el poder se había equivocado sobre la amplitud de un bandazo que en el lapso de unos meses afectó a toda la sociedad y también, por tanto, a los aparatos del régimen.

La represión desplegada a partir de mayo de 2000 contra los jóvenes de Otpor, cuando se atrevieron a apoderarse del bastión de la pareja presidencial, Pozarevac, catalizó el hartazgo popular. "No cantaré mientras sigan golpeando a los jóvenes", declaró el cantante Djordje Balasevic2. Anuló el concierto que tenía previsto dar en Nis, el pasado junio, explicando: "El público viene al concierto con camisetas de "Otpor". Los jóvenes se reconocen fácilmente entre ellos gracias a esos símbolos, pero desgraciadamente la policía les reconoce también"3. Y añadió, de forma premonitoria: "Me sorprende que nadie en este país… haya tenido la idea de decir: somos todos de Otpor".

Hoy, en los kioskos de la avenida peatonal del centro de Belgrado, se disputan su disco compacto con la canción Vivir en libertad, de la que todos conocen la frase "Mi corazón late al ritmo de la resistencia (otpor)". Exasperado por los juegos del poder que dividían a la oposición, este movimiento de jóvenes con insignias y pegatinas corrosivas, desde el puño levantado al famoso "¡Está perdido!" (Gotov je) dio ampliamente su impronta al Octubre serbio.

Pero Milosevic no hubiera estado "perdido" si la oposición hubiese mantenido la imagen que tenía a comienzos del verano: desacreditada y dividida, incluso frente a la nueva ley electoral que acentuaba el carácter "unitarista" del país, provocando el boicot de la mayoría de los montenegrinos y permitiendo a Slobodan Milosevic presentarse a las elecciones por sufragio universal sin necesidad de reunir una mayoría calificada para ser elegido. El dueño de Belgrado contaba con la abstención masiva y la dispersión del voto para hacerse reelegir. Lo que no había previsto era que dieciocho partidos formarían en agosto pasado la Oposición Democrática de Serbia (DOS) y que un Zoran Djinjic buscaría, para encabezar la candidatura de DOS en las elecciones presidenciales, a un Vojoslav Kostunica, tan opuesto a sus propias posiciones4

El candidato

"Es una coalición técnica", comenta el sociólogo Bora Kuzmanovic, nuevo diputado de la DOS y miembro de la socialdemocracia de Serbia, fundada por el ex general Vuk Obradovic. "Antes del verano, hicimos encuestas con medios sofisticados entre la población", precisaba, para explicar cómo la oposición recurrió a sondeos para elegir el perfil de su candidato: "Los resultados revelaron muy claramente que Vojislav Kostunica (cuyo partido, marginal, se había quedado fuera de las coaliciones de la oposición) sería el más apropiado".

Y con razón. ¡La prensa del poder había popularizado su postura, constantemente hostil a los bombardeos de la OTAN! Su notorio rechazo de las subvenciones y de la "ayuda" estadounidense, su modo de vida modesto, hicieron de él un candidato sobre el que resbalaban los ataques del régimen (contra los "espías y vendidos a la OTAN"). Ni Milosevic, ni la OTAN y no a la corrupción, venga de donde venga: esa fue la identidad "adecuada", según los sondeos, confirmados después en las urnas.

¡Qué fracaso para la coalición dirigida por Djinjic, que bajo la presión de Estados Unidos había pensado incluso en boicotear las elecciones para no "legitimar" a Milosevic! Tuvieron sin embargo la inteligencia política de agarrar al vuelo esa oportunidad y unirse a esa candidatura "de transición". "El cambio hará posible otros cambios": el propio presidente Kostunica reafirmó ese objetivo en la nueva televisión del Estado, la misma tarde del 5 de octubre: "No me eligieron para que me quedara en el poder, sino para organizar cuanto antes nuevas elecciones".

Otro acto de inteligencia política de la oposición: en la víspera de ese "día D", mientras se esperaba todavía el veredicto del Tribunal Constitucional (también el posicionamiento del ejército, de Rusia y por tanto de Milosevic), dio su apoyo a los mineros de Kolubara, en el sur de Belgrado, que protestaban contra el falseamiento de su voluntad electoral. Mientras el poder llamado "socialista" enviaba sus tropas de elite y ordenaba la detención del comité de huelga por "sabotaje", la DOS llamaba a apoyar masivamente a los mineros.

Sobre el propio terreno, el 4 de octubre, uno de sus dirigentes, Dragoljub Micunovic, recibió a los millares de manifestantes llegados de los alrededores, a los que pronto se incorporó el propio Kostunica. En estos bastiones obreros, muchos de los antiguos electores de Milosevic se habían pasado a la oposición. Se sentía ya la atmósfera que prevalecería al día siguiente en Belgrado, cuando el ejército confraternizó con una sociedad civil (cuya existencia había sido negada por Occidente cuando se oponía a los bombardeos de la OTAN) masivamente movilizada contra el régimen casi un año y medio después del final de la guerra.

El presidente "federal" fue elegido por el pueblo serbio, en un escrutinio boicoteado por los dos tercios de los montenegrinos y la totalidad de los albaneses de Kosovo. Pero apenas elegido, Kostunica se volvió hacia los partidarios de Milosevic en Montenegro para consolidar su mayoría, mientras que Djinjic apoyaba las propuestas del actual presidente montenegrino, Milo Dyucanovic, a favor de una unión confederal de los dos Estados. Durante su primera alocución, el 5 de octubre, Kostunica subrayó la necesidad del diálogo con "los dos Montenegro" y de una discusión sobre las relaciones entre los pueblos "que no deben depender de las fluctuaciones electorales". Renunciando a la tesis de la "continuidad" sostenida hasta entonces por Belgrado, admitió que Yugoslavia había dejado prácticamente de existir en 1991, abriendo también la puerta a la idea de una comunidad de dos Estados.

Urgencias sociales

En lo que se refiere a Kosovo, el nuevo presidente reclama la aplicación de la resolución 1244 de Naciones Unidas. Una resolución completamente ambigua, que la considera una provincia de Yugoslavia y no de Serbia… Los conflictos albano-albaneses, que no aportan la perspectiva de una gran Albania atractiva; el balance desastroso de las políticas de la Gran Serbia; la evolución de la Croacia pos Tudjman; la dimisión de Alia Izetbegovic y el vaciamiento de su partido en Bosnia: todos esos elementos podrían confluir para modificar las conciencias, permitiendo una última descomposición-recomposición de lazos entre Estados y pueblos soberanos en los Balcanes, en un pie de igualdad. "Los serbios de Kosovo deberían llamarse kosovares": una joven serbia de 23 años, apodada Tweety, que lleva a cabo entusiasta un trabajo con las organizaciones feministas albanesas, pronuncia estas palabras excepcionales. Realista, añade sin embargo: "Harán falta veinte años para vencer los odios recíprocos".

"Según indican todos los sondeos, las cuestiones sociales son prioritarias respecto de las cuestiones nacionales", señala el nuevo diputado Bora Kuzmanovic. Nada sorprendente. Un año después de los bombardeos, la reconstrucción llevada a cabo por el poder se evalúa en un 5 % de los daños directos y un 9 % en lo que se refiere a alojamientos5. La producción industrial ha caído un 201 % en relación con 1998 y los salarios un 34 % en relación con 1999. Cabe añadir que el salario medio es inferior a 40 dólares, que una cuarta parte de los desocupados (y sin duda también "asalariados" en vacaciones forzosas) sólo perciben 4 dólares y que una parte de los 1.200.000 jubilados reciben apenas 12 dólares.

Por la mañana temprano, los que no tienen medios para aprovisionarse en el mercado negro deben hacer colas interminables para comprar el azúcar, la leche y el aceite subvencionado. Cierto que antes de las elecciones el poder puso en funcionamiento la máquina de hacer billetes para distribuir algunos salarios retrasados y subsidios, dado que su electorado más fiel se recluta en las capas sociales de más edad y entre los más pobres, así como en el campo. Pero el enriquecimiento mafioso de los dirigentes, de su entorno y de la red clientelista sobre la que se apoyan han desencadenado la cólera popular.

La DOS denuncia enérgicamente esas malversaciones mafiosas, al tiempo que preconiza… la aceleración de las privatizaciones, lo cual no le impide apelar a la "autogestión obrera" para destituir a los actuales directivos de las empresas. Propuesto para primer ministro, Miroljub Labus, miembro del grupo de economistas neoliberales llamado G 17, explicó el pasado 24 de septiembre, en el semanario de Belgrado Nin: "Invertir en las infraestructuras es una forma elegante de hacer pagar a los occidentales los daños de los bombardeos, y eso en el interés de Europa".

En cuanto al presidente Kostunica, había denunciado siempre las sanciones occidentales y logró luego su levantamiento, suscitando esperanzas en inversiones extranjeras masivas y en una inserción de Serbia en el Pacto de estabilidad para el sudeste de Europa. Pero esa perspectiva tropieza, por una parte con el carácter irrisorio, respecto a las necesidades, de los presupuestos desbloqueados por la Unión Europea, y por otra con la lógica económica cara a Bruselas, socialmente portadora de disgregación.

Solicitado por la DOS para hacerse cargo de la educación, el profesor Ivo Ivic se muestra reticente: "La parte económica del programa es contradictoria con la parte social, que los economistas sin duda no han leído. La primera preconiza reducciones de impuestos. ¿Pero cómo satisfacer entonces las necesidades sociales, especialmente en materia de enseñanza, cómo se encaja con la segunda?". Cualquiera puede juzgar lo que pasa desde 1995 tanto en Bosnia como en los países vecinos "sostenidos" por esas políticas. Lo prueba un sondeo publicado por Nin el 14 de septiembre sobre la capacidad de los principales candidatos para mejorar el nivel de vida: Milosevic recogía el 26,5 % de las respuestas positivas, contra el 30 % de Kostunica, mientras que un 39 % no sabía…

"El voto contra Milosevic no fue un voto a favor de la oposición. Serbia vivió una revolución democrática apoyada en los jóvenes, los pobres y los trabajadores. La oposición democrática fue sólo el factor que organizó ese voto. Pero los partidos que la componen son demasiado débiles para responder a las expectativas" comenta el escritor y ex presidente yugoslavo Dobrica Cosic, que sin embargo apoyó a la DOS.

El profesor Ivic, que rechazó los contratos de subordinación a los decanos del poder, cuenta cómo "al lado de los procedimientos electorales y legales, los métodos directos de cambio de poder se propagan, tanto en las fábricas como en las universidades". Describe cómo acaba de ser destituido el decano de la facultad de filosofía y sigue después con Genex, el vasto conglomerado que asegura los intercambios con la exURSS, cuyo director, Radovan Bozevic, "ex ministro, con su guardia privada, su enriquecimiento mafioso y sus prácticas hostiles a cualquier diálogo", acaba de ser "obligado a dimitir por los trabajadores".

Los mineros de Kolubara siguen con su huelga, esta vez contra la dirección ejecutiva de la empresa. Y su ejemplo está siendo seguido en muchas otras empresas, que han visto los derechos de autogestión asfixiados por la crisis. Excluido de la Liga de los Comunistas a comienzos de los años setenta por haber defendido a los filósofos de la revista Praxis contra la represión titista, el profesor Ivic considera que Milosevic "sólo ha conservado del titismo los aspectos represivos, desacreditando la noción misma de izquierda a los ojos de las nuevas generaciones". Por eso votó "por un cambio que abra un nuevo espacio para una verdadera izquierda". Trabaja para UNICEF y anima un Forum para la educación, se declara inquieto "por los que, en la DOS, están dispuestos a someterse a las recetas occidentales, en todos los terrenos, con el pretexto de que no es necesario inventar la pólvora". Y añade: "Hay que abrirse a los intercambios, pero también inventar la pólvora, movilizando nuestros propios recursos".

El acuerdo para la celebración de nuevas elecciones en Serbia el 24 de diciembre, mientras que la Asamblea de la república continúa en manos de la antigua mayoría, confirma que, en las filas mismas del partido en el poder, se perfilan grandes fracturas y se preparan cambios de camiseta. Esa evolución contribuirá sin duda a apartar del poder a Milosevic y a su esposa, Mira Markovic, especialmente desacreditada por sus prácticas clientelistas.

En cuanto a los crímenes cometidos, será vital para la sociedad que sean juzgados por los propios serbios, como exige el Fondo para el derecho humanitario de Natacha Kandic. El Tribunal Penal Internacional especial de La Haya para la ex Yugoslavia podría desempeñar un rol pacificador, a condición de tratar todos los crímenes cometidos en el espacio yugoslavo.

  1. "L"opposition serbe au piège de la reconstruction", Le Monde diplomatique, París, febrero de 2000.
  2. Vreme, 1-7-00, recogido en Le Courrier des Balkans,
  3. Idem.
  4. En la DOS existen tres corrientes: una, nacional liberal; otra, ultraliberal, con Zorna Djinjic del Partido Democrático; finalmente, otra socialdemócrata. El Partido Serbio de Renovación, de VukDraskovic se mantuvo al margen, lo que le ha costado su marginación radical.
  5. Vreme, 24-6-00, reproducido en Le Courrier des Balkans, 28-6-00.
Autor/es Catherine Samary
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 17 - Noviembre 2000
Páginas:11, 12
Temas Conflictos Armados, Corrupción, Deuda Externa, Derechos Humanos, Justicia Internacional, Estado (Política), Movimientos Sociales, Políticas Locales, Unión Europea
Países Estados Unidos, Albania, Serbia (ver Yugoslavia), Croacia (ex Yugoslavia), Montenegro (ver Yugoslavia), Rusia, Yugoslavia