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Recuadros:

La Iglesia acusa al neoliberalismo

La cruzada restauradora del Papa Juan Pablo II prácticamente erradicó de América Latina la "opción por los pobres" encarnada en la Teología de la Liberación, pero la Iglesia católica argentina reivindica su protagonismo insistiendo en la gravedad de la situación social. Posicionada como crítica implacable de la política y filosofía económicas ante un gobierno que intenta complacerla ideológicamente, se niega a ser la cara asistencial del modelo y se afianza en su tradición de dominar la vida política más allá de los partidos: en el marco de una profunda crisis que deslegitima a los políticos, lanza a la arena electoral a una figura como el sacerdote Farinello, mantiene a personajes controvertidos como el cardenal Primatesta y excluye a transgresores del conservadurismo vaticano, como el sacerdote Spagnolo.

"Si la pobreza crece, la sociedad fracasa" 

(Lema de Cáritas Argentina)

La crisis social ha ido cortando las redes y los lazos tradicionales de la sociedad argentina. Los piquetes de desocupados que cortan rutas en demanda de los Planes Trabajar1 del ministerio de Desarrollo Social que conduce Graciela Fernández Meijide, se reiteran como la principal manifestación -inorgánica, desesperada- de los sectores más afectados por la actual situación económica: los desocupados, los nuevos pobres, los jubilados pauperizados, los niños despojados. Ni el gobierno ni los partidos políticos exhiben capacidad de reacción suficiente para paliar los efectos de la desigualdad y el desamparo.

En este escenario la Iglesia católica, desde hace muchos años ocupada en la cuestión social, avanza sobre espacios que el Estado y los políticos abandonan, planteando respuestas inmediatas a la situación desde su estructura -fundamentalmente la Comisión Episcopal de Pastoral Social y Cáritas- pero también desde formas más o menos inorgánicas: los curas que trabajan en los barrios pobres, las organizaciones comunitarias, las parroquias.

La política vaticana

A primera vista, esto no tiene nada de extraño. A partir del Concilio Vaticano II, pero sobre todo del Documento de Medellín, emitido por la Conferencia del Episcopado Latinoamerican (CELAM) en 1968, la "opción por los pobres" aparece como la bandera de sectores importantes de la Iglesia y como fundamento de lo que se llamó la Teología de la Liberación (Ver "Obispos y curas comprometidos ", en pág. 7).

Pero resulta una incógnita cuáles son las verdaderas intenciones y hasta dónde llegará una Iglesia que denuncia las injusticias en el contexto de la ofensiva neoconservadora del actual papado, sobre todo en el caso de América Latina. Durante el gobierno del Papa Wojtyla el Vaticano se dedicó a centralizar el poder y condenó en 1984 a la Teología de la Liberación por miedo al "peligro comunista"; designó cardenal primado de Brasil al ultraconservador Lucas Moreira Neves para acabar con las tendencias progresistas de la Iglesia brasileña (entre otros efectos, esa política provocó la exclusión de un teólogo de renombre internacional como Leonardo Boff de su propia orden)2; retomó a través del cardenal Angelo Sodano una especie de nueva "querella de las investiduras en su defensa de la libertad de la Iglesia y del orden espiritual de los pueblos, frente a las pretensiones tiránicas del poder civil"3; beatificó al fundador del Opus Dei, monseñor José María Escrivá de Balaguer, multiplicando además el nombramiento de obispos de esa orden4, por poner sólo algunos ejemplos. Finalmente este año, a pocos días de la muy discutida beatificación de Pío IX5, publicó un documento polémico,"Dominus Iesus", firmado por el cardenal alemán Joseph Ratzinger6, donde se afirma que hay una sola Iglesia de Cristo y se califica a las protestantes como meras comunidades. El documento impactó como un balde de agua fría sobre el ecumenismo trabajosamente construido a partir del Concilio Vaticano II7.

El Papa Karol Wojtyla ha estado produciendo cambios dentro de la estructura del gobierno de la Santa Sede, algunos de los cuales se relacionan con la Iglesia argentina: por ejemplo, el nombramiento como Sustituto (un cargo que equivale al de ministro del Interior del Vaticano), del arzobispo argentino Leonardo Sandri. A partir de ahora Sandri, que desde marzo se desempeñaba como Nuncio apostólico en México, depende directamente del "primer ministro" de Juan Pablo II, el cardenal Sodano, pero tiene influencia directa en las cuestiones más importantes de la Iglesia y estrecha relación con el Papa, por lo que puede asegurarse que es el prelado argentino que ha llegado a la posición concreta más importante en la Curia Romana.

Estos cambios influirán en el Consistorio que el Papa va a anunciar en enero o febrero próximos, con el ordenamiento de numerosos cardenales, entre ellos dos argentinos: el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge Bergoglio, y el archivista y bibliotecario de la Santa Iglesia Romana, monseñor Jorge Mejía.

A esta relevancia otorgada a algunos prelados argentinos, se agrega una atención especial a la estructura de la Iglesia argentina que se manifiesta en la creación de nuevas diócesis en la provincia de Buenos Aires: división de la diócesis de San Justo (1.500.000 fieles, en su mayoría pertenecientes al partido de La Matanza) y creación de la diócesis de Gregorio de Laferrere, que contendrá a casi la mitad de los fieles que tenía la de San Justo. Se trata de la continuación de una política vaticana comenzada hace cuatro años con la división de la diócesis de Morón, a cargo de monseñor Justo Laguna -que también contaba con una enorme población- de la que surgió la diócesis de Moreno-Merlo, al frente de la cual fue designado monseñor Fernando Bargalló. Se especula que la próxima diócesis a ser dividida será la de Lomas de Zamora. Estas nuevas diócesis se crean en regiones muy densamente pobladas, donde la crisis se hace sentir con fuerza.

Paralelamente, el papa Juan Pablo II designó obispo de Posadas (Misiones) a monseñor Juan Martínez, de 47 años, y obispo de Avellaneda (Buenos Aires) a monseñor Rubén Frassia, de 55. Ambos pertenecen a una nueva camada de obispos críticos del modelo económico neoliberal y alejados de los entuertos políticos, una corriente que ya es mayoritaria dentro del Episcopado.

La Conferencia Episcopal

Desde su última reunión, en noviembre pasado, la Asamblea Episcopal endureció sus críticas a la gestión de un gobierno en pérdida de credibilidad8, sumándose así a la oposición de las tres centrales obreras. Es significativo que esta toma de distancia de la Iglesia resulte inmune a los esfuerzos del presidente De la Rúa y parte de su gabinete por complacerla. Ni el exhorbitante (y escandaloso) número de representantes argentinos en el Jubileo de los políticos en Roma (500 personas) que convirtó a la delegación argentina en la más numerosa; ni la reunión del Presidente con los ovispos para explicar las medidas ecónomicas del último ajuste; ni las explicaciones anticipadas en una nota enviada a monseñor Estanislao Karlic; ni la próxima visita al Vaticano; ni las muestras permanentes de fervoroso catolicismo practicante por parte del Presidente y su esposa, tanto en el país como en las giras por el exterior, consiguen aplacar la preocupación eclesial.

Después de haber participado en el plenario de la Conferencia Episcopal, el obispo de San Isidro y presidente de Cáritas, Jorge Casaretto, sostuvo que la crisis del país es moral y afirmó que "sin dudas que hay condicionamientos de afuera, que la Argentina no es un país que pueda hacer lo que quiera, pero así y todo nosotros (los obispos) afirmamos que no podemos refugiarnos en eso, como que todo lo que pasa, pasa porque nos presionan"9. Y Casaretto no está solo. Luego de la Conferencia Episcopal, monseñor Estanislao Karlic, su presidente, dijo que "se opondrá con firmeza a la injusticia en todas sus formas"; monseñor Fernán Mirás afirmó que como está la situación "el hilo se puede cortar en cualquier momento, porque hay muchos desocupados"; monseñor Carmelo Giaquinta, señaló que "salvo los enquistados en el poder, hasta el más ignorante entiende que por el camino actual la Argentina es una nación sin futuro, con conflictos imprevisibles"; el obispo de Mar del Plata, monseñor José María Arancedo, hizo declaraciones en las que mostró una actitud comprensiva ante los cortes de ruta…10.

Ninguno de estos obispos puede ser considerado como representante del ala más integrista ni menemista del Episcopado, a la que pertenece en cambio el Presidente de la influyente Comisión de Pastoral Social, monseñor Raúl Primatesta, un prelado de notorias vinculaciones con la dictadura militar cuyas actitudes actuales empiezan a ser cuestionadas desde la misma Iglesia11. El enfrentamiento de esta ala integrista con el gobierno aparece ya mucho más claro y frontal, lo mismo que las estrategias alternativas. El secretario de Culto, Norberto Padilla, envió una carta a Karlic para que "clarifique" el papel del colaborador de Primatesta, Guillermo García Caliendo, ya que se cree que estaría formando un frente sindical-empresarial contra el Gobierno, en referencia a la Mesa de Consenso (compuesta por representantes de la Unión Industrial Argentina, varias entidades representantes de la Pequeña y Mediana Empresa, de la CGT oficial y de la CGT disidente,) que con el paso del tiempo se fue convirtiendo en un polo de severas críticas al modelo económico. La Mesa del Consenso, por su parte, envió una carta a los prelados pidiendo que endurecieran sus críticas a las recetas neoliberales y exigiendo que la Iglesia no se limite al asistencialismo, sino que cuestione el modelo. Este documento fue entregado también al Papa por García Caliendo y Luis Cejas (sindicalista de la CGT oficial), gracias a las gestiones de Sandri. A mediados de diciembre, la Mesa realizó una reunión, de la que también participó la Confederación de Trabajadores Argentinos (CTA) encabezada por Víctor De Gennaro, en la que ratificó la oposición al modelo neoliberal al mismo tiempo que se agudizó el cuestionamiento a Primatesta12.

La última Asamblea Plenaria del Episcopado, además de un diagnóstico muy duro de la situación económica y social de la Argentina, decidió que Cáritas tenga rango de Comisión del Episcopado13, acorde con la declaración del arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, en el sentido de que "no se pueden fabricar pobres por una economía salvaje y luego pedirle a la Iglesia que los atienda"14.

La Iglesia católica argentina se niega a ser la cara del modelo en la asistencia a los pobres. Desde Cáritas, el vocal Juan De Cesaris, lo confirma: "El Estado nos requiere para que la asistencia llegue más rápido y también para blanquear su imagen. Los gobiernos tienden a achicar el Estado y a privatizar la pobreza. Y lo que no queremos es ser cómplices de esto. Vamos a mantener nuestra identidad", dice, marcando distancias con conducciones anteriores de la Conferencia Episcopal que aparecían francamente pegadas a los gobiernos de turno15. El obispo Jorge Casaretto, al frente de Cáritas, insistió recientemente ante la ministra de Desarrollo Social, Graciela Fernández Meijide en que la institución es autónoma y por lo tanto elige dónde cooperar.

Es interesante subrayar que Cáritas es una institución sólida y en crecimiento. Según Monseñor Rafael Rey16, Obispo de Zárate-Campana y su ex presidente, la institución tiene 23.000 voluntarios y recibe del Estado 8.000.000 de pesos anuales. El resto de los recursos se obtienen de empresas, fundaciones, particulares y colectas. En los últimos tiempos ha empezado a adecuarse a las normas de funcionamiento de las empresas privadas y actualmente el 7% de sus miembros es rentado. Entre 1997 y 1999 Cáritas financió 385 proyectos con fondos privados y colectas e invirtió 1.500.000 pesos. La colecta anual "Más por Menos" del año 2000 reunió aproximadamente unos 3 millones de pesos, según dijeron voceros oficiales de la organización. Esto significa un 21% más que en 1998 y confirma un aumento progresivo del 13% en los últimos tres años.

La relación de la Iglesia con los pobres se torna así más estrecha y contribuye a modificar los vínculos de la jerarquía católica con el poder político, que necesita cada vez más de la acción de la Iglesia para calmar las necesidades de los excluidos17. Es que con la desaparición del Estado y del trabajo como redes de contención sólo parece quedar la Iglesia… o las Iglesias, porque si bien la Iglesia católica encuentra y ocupa espacios dejados vacantes por el Estado, también es cierto que en los últimos años ha perdido el cuasi monopolio religioso que ostentaba en Argentina, debido al crecimiento de la Iglesia evangélica. A tal punto que en Córdoba, arquidiócesis de la que proviene Primatesta, se realizó una controvertida campaña publicitaria en la que el "producto" es nada menos que Dios. El aggiornamento de una Iglesia en retroceso en la sociedad, luego de su actitud ante la represión militar, se expresa entonces en preocupación social, creciente ingerencia en política y estrategias mediáticas y de mercado.

¿Cómo puede disputar la Iglesia católica el espacio de las estrategias para con los pobres? Puede esperanzarse en un resurgimiento emocional y carismático, desarrollar una estrategia de ampliación de redes o reforzar el integrismo antimoderno vaticano, que se expresa, de manera contradictoria y confusa, en el discurso contra el neoliberalismo y el capitalismo salvaje.

Comunidades de base

En esa urdimbre que la Iglesia católica ha ido tejiendo en los últimos tiempos -"la Santa Red"- se detectan no obstante otras estrategias sociales: por ejemplo, las Comunidades Eclesiales de Base (CEB), que parecen haber adquirido un nuevo impulso al rigor de la crisis. Esa experiencia que surgió en América Latina a principios de los años sesenta y que tuvo especial impacto en Brasil18, está sirviendo como recurso solidario y de contención en muchos de los barrios pobres del Gran Buenos Aires. La idea que sustenta a estas organizaciones es reunir a creyentes procedentes de los estratos más humildes, que además de su práctica religiosa, asumen tareas para enfrentar los problemas sociales comunes a la colectividad en que viven. No tienen comedores, ni jardines de infantes, ni aportes de empresas privadas, ni una gran estructura por detrás que las sustente: las CEB practican la ayuda comunitaria de pobres a pobres. Es por eso que, desde la visión de algunos sectores de la Iglesia, corren el riesgo de derivar en planteos políticos radicalizados.

Un ejemplo -sin precedentes en los útimos 20 años- es el caso del sacerdote Alberto Spagnolo. "El padre Alberto", como se lo conoce en la parroquia Nuestra Señora de las Lágrimas, de San Francisco Solano, se puso a la cabeza de un movimiento de desocupados denominado "Teresa Rodríguez" que reclama tierras en la zona. Este sacerdote no sólo lideró el movimiento, sino que participó en cortes de rutas, administró una radio de frecuencia modulada (esto es bastante frecuente en las CEB) y manejó un plan de salud y planificación familiar en el que repartía preservativos entre los jóvenes de la villa. Esta última iniciativa resultó altamente irritativa para la jerarquía, ya que la política vaticana de los últimos 20 años sustituyó la opción por los pobres de la Teología de la Liberación por una atención preferencial a la moral sexual. Lo paradójico del caso es que Jorge Novak, uno de los obispos del Episcopado argentino más coherentemente comprometido con los pobres, terminó suspendiendo a Spagnolo y trasladándolo de la parroquia, orden que el cura no acató, por lo que debió ser desalojado por la policía.

En el último mes se produjo también una novedad notable: Luis Farinello, un cura que trabaja hace muchos años en una parroquia cercana a la Villa Luján de la Diócesis de Quilmes, consiguió el permiso de su obispo para ser candidato a diputado en las elecciones del 2001. Frente a Spagnolo, Farinello se perfila como un miembro de la Iglesia susceptible de ser legitimado como político por la sociedad civil, sin desmarcarse de las estrategias de la jerarquía. Según Farinello, es la primera vez que Novak le da permiso y licencia para ser candidato, porque hasta ahora las propuestas que le habían llegado habían provenido de los grandes partidos políticos. En cambio ahora va a ser candidato del Polo Social, un movimiento formado por radicales, socialistas, justicialistas, frepasistas, demócratas cristianos… y evangelistas, "muchos evangelistas", según dice el propio Farinello19.

Este sacerdote afirma que su vocación de estar con los pobres y la relación que hizo entre sus preocupaciones sociales y la política nació cuando empezó a ir a las reuniones del Movimento de Sacerdotes para el Tercer Mundo en Córdoba20. Solo que esta vez el proyecto contempla la participación directa en la lucha electoral de la democracia y no la "construcción del socialismo nacional", vinculado al peronismo, propio de fines de los años sesenta y principios de los setenta.

En su larga trayectoria de cura entre los pobres (se ordenó en 1964), Farinello parece haber adquirido la experiencia necesaria y su dimensión mediática le dio la popularidad imprescindible para ser candidato. Farinello "mide bien" en las encuestas, cuando casi todos los políticos argentinos "miden mal". Y aunque no es una figura típica del catolicismo argentino, ya que mantiene relaciones con el dirigente sindical de izquierdas Carlos "Perro" Santillán y admite "hablar con todos" (desde el gobernador justicialista de la provincia de Buenos Aires, Carlos Ruckauf, hasta integristas como García Caliendo y el ex embajador del menemismo en el Vaticano Esteban Caselli), parece adecuarse bien a las estrategias actuales de un Episcopado que pretende alejarse de la política de los políticos, pero que precisa acercarse como sea a la escena pública.

  1. Los Planes Trabajar son empleos temporarios por los que se cobran de 120 a 160 pesos mensuales.
  2. Ver Michael Löwy, Guerra de dioses. Religión y política en América Latina, México, Siglo XXI, 1999.
  3. Angelo Sodano es el secretario de Estado, cargo equivalente al de "primer ministro" del Vaticano. Julio Algañaraz, "El Papa decidió nuevos cambios en la Curia Romana", Clarín, Buenos Aires, 26-11-00. Ver también Giancarlo Zizola, "Jean Paul II à Cuba. Les nouvelles armes du Vatican", Le Monde diplomatique, Francia, enero 1998.
  4. Ver "El poder del Opus Dei", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, enero 2000.
  5. El papa Mastai (Pio IX) luchó en el siglo XIX contra la unidad italiana, aplicó la pena de muerte, enfatizó el poder temporal del Papa como un monarca absoluto, persiguió a los judíos y condenó las ideas modernas en la encíclica Sillabus.
  6. Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe; el ex Santo Oficio y anteriormente la Inquisición.
  7. Sobre la política de Juan Pablo II, ver Paolo Flores d´Arcais, El poder obscurantista, Anagrama, Barcelona. Reseña en Le Monde diplomatique, Edición Cono Sur, enero de 2000.
  8. Según un sondeo realizado por Graciela Römer y Asociados el 72% de los encuestados opina que el gobierno va por el camino incorrecto y un 63% teme perder su empleo, Página 12, 10-12-00.
  9. "Crisis moral", Clarín, Buenos Aires, 13-11-00.
  10. "Inquietud de los obispos", Clarín, 9-11-00.
  11. El obispo de Morón, monseñor Justo Laguna, afirmó que "Hay tensiones con Primatesta, que lleva las cosas a su manera y sin consultar a la comisión". Sergio Rubín, "La mesa de la desconfianza", Clarín, Buenos Aires, 18-12-00.
  12. Ibid.
  13. Después de la 2º Guerra Mundial las acciones sociales de la Iglesia pasaron a constituir un Organismo Oficial de Caridad, llamado Cáritas, en el año 1950. Desde entonces, la Sede Internacional se encuentra en Roma. En la Argentina, Cáritas se constituyó en 1956.
  14. "La situacion social: mensaje directo a los actores politicos, economicos y sociales", Clarín, Bs. As., 12-11-00.
  15. "Mantenemos la identidad", Clarín, Bs. As., 8-10-00.
  16. Carlos Leavy y Walter Zarza, El péndulo de la fe. La Iglesia argentina y el cristianismo a 2000 años del nacimiento de Jesús, Buenos Aires, Norma, 1999.
  17. Eduardo de Miguel, "Los panes y los peces de la santa red", Clarín, Suplemento Zona, Buenos Aires, 8-10-00.
  18. Ver Gaspar Montagne González y Jorge Ramírez Calzadilla, Formas religiosas populares en América Latina, La Habana, Políticam, 1994.
  19. Romina Calderaro,"Que la gente me escupa si hago algo que no debo", Página 12, Buenos Aires, 3-12-00.
  20. Luis Farinello, La mesa vacía. Desocupación y pobreza en la Argentina, Buenos Aires, Carlos Serrano Editor, 1996.

Historia de la Iglesia Argentina. Desde la conquista hasta fines del siglo XX

Roberto Di Stefano y Loris Zanatta

Grijalbo Mondadori; Buenos Aires, 2000. 604 páginas.

Este libro se presenta como una puesta a punto de los conocimientos históricos existentes sobre el catolicismo y la Iglesia en la Argentina. Los autores -un especialista en la Iglesia de las últimas décadas del siglo XVIII y principios del XIX y el otro en las décadas de 1930 y 1940- producen una muy buena obra de divulgación, que evita la caída tanto en la "leyenda negra" como en la "leyenda rosa" de la Iglesia, riesgos recurrentes en estudios sobre este tema.

El libro está dividido en tres partes: una primera que va desde 1530 hasta 1830, momento que se considera el fin del siglo XVIII religioso y de la Iglesia colonial; una segunda entre 1830 y 1865, en la que se analizan las transformaciones que se producen a partir de la independencia, con el giro de una Iglesia dependiente de España a una Iglesia directamente dependiente de la Santa Sede y un catolicismo que se aleja del racionalismo del siglo XVIII; y finalmente la tercera etapa, que se desarrolla desde 1865 -elevación arzobispal de la Diócesis de Buenos Aires- hasta 1983, donde se analiza el proceso de conformación de la Iglesia argentina como institución cada vez más autónoma de la esfera secular, que se constituye en medio de los conflictos y transformaciones de fines del siglo XIX y se va preparando para influir con fuerza sobre el curso de la historia nacional.

Si bien Di Stefano y Zanatta no se proponen escribir un libro erudito -no tiene citas al pie de página y se explicita que gran parte de la obra está basada en bibliografía- ofrecen un ensayo bibliográfico, ordenado cronológica y temáticamente, que permite al lector interesado seguir las pistas de la bibliografía existente y la orientación de la misma. Logran armar un panorama completo y complejo de la Iglesia como institución y del catolicismo como confesión religiosa, sin ulteriores propósitos de exaltación ni de desmedro de esa institución.


Descarnada condena de un obispo

"¿Es lícito que comulgue un cristiano que, de hecho, asume la ideología neoliberal que engendra una situación de muerte para con millones de habitantes?". Con esta pregunta retórica, monseñor Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma, marcó el nivel hasta ahora más alto de confrontación eclesial con el presidente Fernando de la Rúa. "Todos los actos de su gobierno han sido en favor de los mercados -principalmente extranjeros- y en contra del pueblo" afirma Hesayne en una carta hecha pública el 21 de diciembre. "Sumemos estos hechos a los ajustes para pagar la deuda externa -que causan por día un centenar de niños muertos- ¿puede comulgar con la conciencia tranquila el responsable directo o indirecto de tantas muertes?" dice el obispo, quien agrega apuntando a la propia jerarquía: "tenemos que terminar con el escándalo dentro de la Iglesia de que tanto el victimario como la víctima se acercan a comulgar".


Autor/es María Laura Lenci
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 19 - Enero 2001
Páginas:4, 5, 6
Temas Historia, Deuda Externa, Neoliberalismo, Políticas Locales, Iglesia Católica
Países México, Argentina, Brasil, Cuba, España, Francia, Vaticano