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"Nunca creí en la existencia de una cultura europea"

En julio de 1945, al terminar la Segunda Guerra Mundial, el autor llegó a Francia enviado por su diario, El Nacional de Caracas, para realizar una serie de grandes entrevistas a personalidades de la cultura. En París tomó contacto con André Malraux, por entonces coronel de brigada de la Resistencia. La entrevista, publicada el 4-8-45, inédita en el resto del mundo, es premonitoria de la evolución cultural de posguerra.

Célebre en todo el mundo hispánico, no sólo por sus libros -Los Conquistadores (1928); La vía real (1930); La condición humana (1933); y La esperanza (1937)- sino, sobre todo, por su compromiso en favor de los republicanos durante la Guerra Civil española (1936-1939), Malraux había participado también en la Resistencia francesa, bajo el nombre de coronel Berger, en el sudoeste del país. Comandó además la célebre brigada "Alsacia-Lorena" que participó en la defensa de Estrasburgo y en la ocupación de Alemania. Pero todavía no conocía personalmente al general Charles De Gaulle. Ese encuentro se produciría pocos días después de esta entrevista -el 4 de agosto de 1945- y en noviembre de ese año Malraux se convertiría en ministro de Información de De Gaulle. Este documento es pues la última entrevista del Malraux pre-gaullista.

-¿Me hablará usted del origen del movimiento de los resistentes y de la función que cumplió en la liberación de Francia?

-Los primeros grupos de resistentes fueron hombres a quienes la Gestapo perseguía por motivos políticos. Una vez en la ilegalidad, decidieron combatir contra los alemanes. A ese núcleo beligerante se unieron luego los que escapaban al reclutamiento para el trabajo forzado en Alemania, surgiendo así el ejército de las montañas. A medida que los alemanes intensificaban las deportaciones de trabajadores hacia sus fábricas, fueron creciendo los efectivos del ejército del monte. Al principio eran grupos muy débiles y muy mal armados. Uno de los primeros que yo conocí, en Dordoña, estaba formado por diecisiete hombres y tenía apenas tres revólveres. Por entonces no se podía contar con el apoyo de la población campesina. La colaboración sólo se estableció verdaderamente cuando los alemanes extendieron su persecución a la zona rural y se llevaron a los hijos de los campesinos.

La eficacia militar inicial de los grupos del monte era muy endeble. Las armas lanzadas en paracaídas por los aviones de los aliados iban al movimiento de resistencia en las ciudades, que estaba en contacto con el exterior, y no a los guerrilleros refugiados en los bosques. Los guerrilleros conseguían armas y aprovisionamiento asaltando a los convoyes alemanes mal protegidos. El movimiento de la Resistencia comprendió que una de sus tareas esenciales era el armamento y la organización militar de los combatientes del monte. Gracias a eso, los guerrilleros extendieron su acción y se prepararon para cumplir su misión fundamental: el sabotaje general de las comunicaciones alemanas en el momento de la invasión. Al movimiento de la Resistencia le correspondía paralizar los ferrocarriles y cortar los caminos, para retrasar la concentración de tropas alemanas en el lugar de la invasión. Así podría compensarse la superioridad militar que la proximidad de sus bases daba a los alemanes en el primer instante.

Le referiré a usted cómo se desarrolló una de las operaciones de mayor envergadura de las Fuerzas Francesas del Interior1. El hecho sucedió cuando el desembarco aliado, para impedir que una gran columna de tanques pesados alemanes llegara a Normandía. Comenzamos por minar todos los caminos de la región donde los tanques estaban concentrados. Los alemanes perdieron así algunos carros, retardaron su marcha, pero pasaron. Mientras tanto, un trecho más lejos, el movimiento había roto las líneas de los ferrocarriles. Las líneas fueron reparadas, pero los guerrilleros habían volado los túneles. El convoy se vio obligado a torcer su ruta hasta Burdeos en busca de trenes porque los tanques no podían llegar por sí mismos hasta el norte. En Burdeos, el movimiento de resistencia logró saltar todas las líneas del ferrocarril, menos la que conducía a París, que estaba formidablemente custodiada. Esa dirección fue la que tomó finalmente el convoy alemán. Pero la resistencia avisó entonces con precisión a la aviación británica la vía y hora de la salida. La Royal Air Force cayó sobre el tren y destruyó el 75% de los tanques. Eso era a mi juicio lo fundamental. Hacer perder a los alemanes minutos, horas, días, que eran preciosos en el momento del desembarco, para impedir una concentración tan superior a las tropas aliadas que pudiera hacer abortar la operación.

La resistencia de las ciudades y los campos, con sus 65 mil torturados, mantuvo puro el corazón de Francia. Ella y el Ejército de Liberación son el honor mismo de este país.

(Malraux me ha advertido que mientras permanezca en servicio activo en el Ejército francés, no puede hacer declaraciones de carácter político. Salgo pues al encuentro del artista.)

-¿Cuál es a su juicio el porvenir de la cultura europea después de esta guerra?

- Yo no he creído nunca en la existencia de una cultura europea. Ha existido una cultura vagamente europea, a ratos franco-inglesa, y otros anglo-francesa, en los siglos XVII y XVIII. Pero lo que se entiende hoy por Europa, ni posee una cultura homogénea ni tiene características similares. En la época romana y bajo el imperio bizantino, existió una cultura del Mediterráneo, que tampoco era en rigor una cultura europea. Para definir a Europa tendríamos que hacerlo con un giro negativo: lo que no es Asia. Sí creo que una nueva cultura se viene gestando: la del Atlántico. De esa cultura atlántica formará parte el Oeste de Europa, ya que en el Este se vislumbra un mundo bajo la influencia directa de Rusia. En cuanto a Francia -aun una Francia donde el comunismo juegue un gran papel- creo que su metamorfosis se orientará hacia el Atlántico.

Yo sé que Francia teme la "influencia estadounidense" . Pero no se trata simplemente de influencia. No solamente porque la influencia supone un sentido de reciprocidad -Grecia sobre Roma, Persia sobre Arabia- sino también porque las nuevas culturas no son la suma de las precedentes, sino su metamorfosis. Este panorama no implica forzosamente una orientación de la política francesa hacia América. La política juega un gran papel en la evolución de la cultura, pero por vías imprevistas y poco racionales. Los problemas de cultura se plantean en términos de destino. Los de la política son diferentes, aunque Napoleón pensara erróneamente que la política era el destino.

Ciertos países de América Latina ejercerán en esa nueva cultura una influencia de tipo espiritual e indirecto. Estados Unidos se perfila como eje de esa cultura del Atlántico. Pero otros elementos entrarán en ese crisol, tales como la extraordinaria fibra plástica de México y la sensibilidad de raíz indígena que encontramos en diversos pueblos de América. Así como también ese signo cósmico del animal y de la tierra que pervive en vuestros pueblos.

En las relaciones culturales de Estados Unidos con sus vecinos del Sur, observamos ya ese carácter recíproco de la influencia cultural que he mencionado. La novela estadounidense ha adquirido en los últimos tiempos una proyección más profunda, un contacto más firme con la realidad brutal, un atisbo de la tragedia griega. Posiblemente hayan tenido parte en esa nueva orientación los novelistas de América Latina. Me refiero particularmente a esos libros donde la muerte y el sentido cósmico del mundo están siempre presentes, como Los de abajo (1916) del mexicano Mariano Azuela; La Vorágine (1924) de José Eustasio Rivera, y dos grandes novelas de los llanos venezolanos, cuyos nombres no recuerdo.

- Doña Bárbara (1929), y Cantaclaro (1934), las dos de Rómulo Gallegos.

- Esas mismas. En cuanto a Don Segundo Sombra (1926), del argentino Ricardo Güiraldes, a pesar del paisaje gaucho, es el reflejo de una sensibilidad europea, francesa. No es ése el aporte de América.

- ¿Y que papel le asigna usted a España?

- Usted me obliga a hablar de política. Porque la verdad es que Franco le impide cumplir a España su verdadero destino cultural. El arte español buscaba con paso certero nuevas formas, particularmente en pintura y escultura, cuando se tropezó con el advenimiento de Franco. Toda la raíz de la cultura española está en contradicción con el franquismo. De aquí que la misión de España en la nueva cultura esté íntimamente ligada a su liberación política.

(Confieso que me siento un tanto desconcertado ante este concepto de una nueva civilización que estaba lejos de sospechar en André Malraux. Voy pensando en ello, mientras el novelista me lleva en su auto hasta mi hotel, salvándome de una larga caminata en un París sin transportes. Mientras cruzamos la avenida Champs-Elysées, Malraux condensa su opinión en estas últimas palabras):

- Mire usted. Hay alguna cosa profunda que se acuerda sutilmente entre América, Inglaterra, Francia, Portugal y España. Ese elemento es el futuro de una nueva cultura. Después de la guerra del 14, la humanidad se imaginó que el acontecimiento más trascendente había sido la batalla de Verdún2. Y sin embargo lo fue la Revolución Rusa de 1917. Asimismo, nada tendría de extraño que cuando se haga la historia de esta guerra, se descubra que el acontecimiento más influyente para el destino del mundo no fue la batalla de Stalingrado, ni la invasión a Francia, ni el colapso militar del nazismo, sino la Conferencia de Río de Janeiro3, primer síntoma de la Unidad americana.

  1. A partir de 1944, todas las formaciones militares de la Resistencia quedaron reunidas bajo la denominación de Fuerzas Francesas del Interior (FFI).
  2. La batalla de Verdún, considerada la más grande y prolongada de la historia de la guerra, tuvo lugar entre el 21-2-16 y el 19-12-16 entre Francia y Alemania, en un campo de batalla de apenas diez kilómetros cuadrados. Dejó 700 mil víctimas entre muertos, heridos y desaparecidos. El vencedor fue el general francés Philippe Pétain, luego jefe del gobierno colaboracionista francés de Vichy.
  3. En enero de 1942, luego del ataque japonés contra Pearl Harbour, tuvo lugar en Río de Janeiro una conferencia de ministros de relaciones exteriores del continente americano, para expresar su solidaridad con Estados Unidos y condenar a los países del Eje (Alemania, Italia y Japón). Luego de una conferencia en México (acta de Chapultepec), los países americanos se reunieron el 2-9-47, en Río de Janeiro, para dotarse de un mecanismo de defensa mutua. El 30-4-48, en Bogotá, se creó la Organización de Estados Americanos (OEA).
Autor/es Miguel Otero Silva
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 3 - Septiembre 1999
Páginas:34, 35
Temas Historia, Mundialización (Cultura), Conflictos Armados, Movimientos de Liberación, Unión Europea
Países Estados Unidos, México, Japón, Alemania (ex RDA y RFA), España, Francia, Grecia, Inglaterra, Italia, Portugal, Rusia