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Medio siglo de búsquedas de identidad americana

De acuerdo con la entrevista que otorga a Otero Silva, en 1945 André Malraux vislumbra una cultura occidental protagonizada por las Américas, a la que denomina "cultura atlántica". Retrospectivamente, resulta difícil no asociar su inesperada propuesta con el movimiento cultural que en el curso de los año 60 y comienzos de los 70 colocaría a la literatura latinoamericana en un lugar mundial prominente; era la época en que los intelectuales europeos de la estirpe de Malraux tendían a ver a América Latina como el continente del futuro, de la esperanza.

Muy pocos años después de esta entrevista se publicarían El reino de este mundo, del escritor cubano Alejo Carpentier (1948)1 y Hombres de maíz, del guatemalteco Miguel Angel Asturias, residente por entonces en Buenos Aires (1949)2. La casi simultánea aparición de estas dos novelas bien puede interpretarse como el punto de partida de una literatura latinoamericana que marca la irrupción espectacular de una "alteridad" como forma de "resistencia", categorías que son la clave de la cultura hispanoamericana, según el crítico italiano Antonio Melis3.

En la novela de Carpentier es tan significativa su historia de una sublevación de esclavos en las Antillas al mando de Makandal -cuya capacidad para metamorfosearse en animales diversos lo salva de ser capturado- como el célebre prólogo donde el autor opone "lo real maravilloso americano" a los deplorables esfuerzos de los surrealistas europeos por suscitar lo maravilloso desde el descreimiento y mediante trucos de prestidigitación. Por su parte, Hombres de maíz está elaborada como una suerte de fuga con variaciones en torno de motivos mitológicos quichés, a propósito del conflicto cultural que estalla en torno del maíz, sagrado para los nativos y objeto de lucro para los criollos.

A través de la erudición histórica y antropológica, estos escritores y quienes avanzan en la brecha que ellos abrieron, desde Juan Rulfo a Augusto Roa Bastos, desde José María Arguedas a Daniel Moyano, dejan atrás las diversas formas del realismo naturalista, que en América había tomado los nombres de indigenismo, nativismo, criollismo, para asumir la cosmovisión de etnias y sectores sociales que habian poblado la literatura naturalista cosificados por una mirada ajena, pero sin ingresar en tanto sujetos en ella.

El crítico Ángel Rama apuntó efectivamente que las "operaciones transculturadoras" de estos autores responden innovadoramente a la tensión entre regionalismo y cosmopolitismo que hasta mediados del siglo recorría obsesivamente la literatura latinoamericana, mediante un pensar mítico y un lenguaje sincrético.

Literatura y crítica latinoamericanas tuvieron en aquella década la notoria característica de verse a sí mismas -y ser vistas- como la señal inequívoca de una posible autonomía y protagonismo americano que trascendía ampliamente el campo de la literatura para desbordar sobre la cultura histórica, social y política. Las lecturas y estudios de esa narrativa significaban, más allá del registro de sucesivas generaciones literarias, más allá del laborioso rastreo de un sistema a deducir de su desconcertante vitalidad, la búsqueda de la cifra de un destino social común, la apropiación de un territorio enajenado.

"Es indudable que el éxito de la literatura latinoamericana en torno del sesenta se vincula con la convicción -compartida tanto en el subcontinente como fuera de él- de que su tormentosa historia había entrado en una etapa resolutiva. Ello da eficacia nueva a motivos nada nuevos en la conciencia latinoamericana -como el que postula una unidad de raíz y destino para la región- y por otra parte contribuye a extender dentro y fuera de America Latina una curiosidad nueva por las peculiaridades de una fracción del planeta de la que se espera está a punto de ingresar como inetrlocutora de pleno derecho en la historia universal", escribe Tulio Halperin Donghi4.

Como corresponde a un fabulador, el escritor argentino Daniel Moyano dice algo semejante de manera más condensada y vivencial: "En América la novela, especie de brujería, es por ahora nuestra ciencia para intentar saber qué somos"5.

Concomitante con esta evolución social y estética se dio el fenómeno del boom comercial de la literatura latinoamericana. Aunque no necesariamente consagró a las mejores obras, ni la significación de escritores como Gabriel García Márquez o Mario Vargas Llosa se mide por la cantidad de ejemplares vendidos de sus libros, ese boom fue síntoma de un momento de considerable ampliación del mercado de lectores y de fuerza de la industria editorial del continente. Sobre todo, logró transmitir al mundo la coyuntura que enmarcada en hechos políticos resonantes, desde el triunfo de la revolución cubana castrista en 1959 a la derrota de Estados Unidos en Vietnam en 1975, hizo que América Latina viviera a su modo el clima de vísperas que en EE.UU. correspondió al desarrollo de la "contracultura" y en Europa al estallido de mayo del 68.

Los movimientos constitutivos de la "contracultura" de EE.UU. (el movimiento por los derechos civiles y contra la segregación racial, la oposicion a la guerra de Vietnam, el feminismo, el cuestionamiento a la productividad ilimitada y a la degradacion del ambiente), favorecieron en ese país una fuerte empatía hacia las manifestaciones de la cultura latinoamericana, cuya prodigiosa energía latente parecía haber iniciado un salto hacia el acto.

Pero prolongadas guerras internas e invasiones estadounidenses en los países de América central y el Caribe y las dictaduras militares terroristas del Cono Sur cambiarían irreversiblemente el panorama en el curso de los años 70, dando lugar a una bifurcación en la actividad cultural, distribuida entre los exilios y el interior de los países silenciados; al repliegue de cada sociedad en sí misma y al perfeccionamiento de la representación oblicua y alegórica. "Más que el viejo debate entre arte y política, el problema que atraviesa (la literatura argentina durante la última dictadura militar) es aproximar respuestas a menudo altamente figuradas a la pregunta sobre la historia argentina y las experiencas de los últimos años", escribe Beatriz Sarlo6.

Invasiones, dictaduras y guerras prepararon el terreno para las profundas transformaciones políticas y económicas a favor de las cuales desaparecieron las condiciones necesarias para que América Latina pueda verse -y ser vista- como potencial unidad. En lugar de debatir una proyección autónoma en el futuro, los países de la región debaten ahora su propia viabilidad. Resulta demasiado arriesgado aventurar una interpretación de la nueva producción cultural de los 90, pero no sería raro que lleve el sello de la desagregación, y que su proteica fuerza se concentre en dar testimonio de superviviente.

En cuanto a las figuras ya consagradas, que persisten más allá de la euforia del boom y de los gritos del naufragio: A. Bryce Echenique, Augusto Roa Bastos, Augusto Monterroso, Jorge Luis Borges, la mirada de la crítica local y exterior los presenta curiosamente desasidos del mundo tumultuoso y desgarrado de donde emergieron. El caso de Borges es proverbial: ungido único escritor nacional durante la última dictadura militar argentina, la fama y los múltiples estudios que se le dedican insisten en la tarea imposible de representarlo como un escritor solipsista, sin interlocutores, nacido de las palabras y los libros. Ignoran el constante, insidioso diálogo que durante casi un siglo entabló Borges con la historia, las tradiciones y la cultura argentinas.

  1. Alejo Carpentier, El reino de este mundo, Arca, Montevideo, 1966.
  2. Miguel A. Asturias, Hombres de maíz, Losada, Buenos Aires, 1966.
  3. Antonio Melis, "Figure del rovesciamento e figure dell"alterità", en Il linguaggio, il corpo, la festa, Milán 1983.
  4. Tulio Halperin Donghi, "Nueva narrativa y ciencias sociales hispanoamericanas en la década del sesenta" en Ángel Rama y otros, Más allá del boom: literatura y mercado, Folio Ediciones, Buenos Aires, 1984.
  5. La historia de la literatura argentina, Capítulo 135, CEAL, 1982.
  6. Beatriz Sarlo, "Política, ideología y figuración literaria" en Ficción y política, Alianza Editorial, Buenos Aires, Madrid, 1987.
Autor/es Marta Vassallo
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 3 - Septiembre 1999
Páginas:35
Temas Historia, Conflictos Armados, Movimientos de Liberación, Movimientos Sociales, Literatura
Países Estados Unidos, Argentina, Vietnam