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Piedad para la condición humana

Un best seller de 1932 resulta ser de una sorprendente actualidad: presenta un mundo que no da cabida al azar, donde las personas se producen en serie, tienen garantizado el confort y la satisfacción de los únicos deseos que están condicionados a experimentar, pero donde se ha perdido la razón para vivir.

¿Hay que releer hoy Un mundo feliz?1 ¿Hay que releer un libro escrito hace alrededor de 70 años, en una época tan lejana que ni siquiera se había inventado la televisión? ¿Es esta obra algo más que una curiosidad sociológica, un best seller común y efímero, que en 1932, el año de su publicación, vendió más de un millón de ejemplares?

Estas preguntas son tanto más pertinentes en la medida en que el género al que pertenece la obra -fábula de anticipación, utopía tecno-científica, ciencia ficción social- tiene un grado sumamente alto de caducidad. Nada envejece más rápido que el futuro. Sobre todo en literatura.

Y sin embargo, todos los que venciendo esas reticencias vuelvan a sumergirse en las páginas de Un mundo feliz quedarán estupefactos ante su sorprendente actualidad. Podrán verificar que, por una vez al menos, el presente alcanzó al pasado.

Esta novela, que se convirtió en un gran clásico del siglo XX, narra una historia que ocurre en un futuro muy lejano, hacia el 2500, o más precisamente, "hacia el año 600 de la era fordiana". Homenaje satírico a Henry Ford (1863-1947), pionero estadounidense de la industria automotriz cuyo nombre sigue designando una célebre marca de vehículos; inventor de un método de organización del trabajo de producción en serie y de la estandarización de las piezas.

Imaginada por Ford en los años ´20, esta técnica transformaba a los trabajadores en autómatas, en robots que repetían a lo largo del día el mismo movimiento. A pesar de su carácter inhumano, fue una verdadera revolución en el universo industrial y rápidamente fue adoptada, desde Alemania hasta la Unión Soviética, en todas las grandes fábricas de construcción mecánica del mundo. En el mundo sindical y obrero, pero también entre los intelectuales, el fordismo suscitó violentas críticas que artistas y creadores de la época hicieron suyas, a veces con un indiscutible talento caústico. Por ejemplo, el Fritz Lang de Metrópolis, o el Charles Chaplin de Tiempos modernos.

El autor de Un mundo feliz, Aldous Leonard Huxley (1894-1963), era un hombre impregnado de cultura; en particular de cultura científica. El clásico intelectual, omnisciente, seductor y con opinión sobre casi todo. Nacido en una familia inglesa en cuyo seno abundaban las personalidades célebres, Aldous Huxley era pariente por parte de su madre del escritor Mathew Arnold (1822-1888), autor dramático, crítico, humanista, gran viajero y profesor de poesía en la universidad de Oxford. Su abuelo, Thomas Henry Huxley (1825-1975), era un naturalista muy conocido, defensor de las teorías evolucionistas de Darwin y autor de un libro famoso sobre el origen de la especie humana (El lugar del hombre en la naturaleza, 1863). Su hermano Julian Huxley (1887-1975) era un biólogo y filósofo, también defensor de la teoría de la evolución de Darwin, experto en genética, que criticó muy pertinentemente las concepciones fantasiosas del genetista soviético Lyssenko. Desde 1946 a 1948, fue el primer director general de la Unesco.

Por cierto, Aldous Huxley estudió en Eton y Oxford, esos grandes "centros de adiestramiento" de las elites británicas. Había pensado hacer también estudios científicos, pero una grave enfermedad de la vista se lo impidió. Casi ciego a los veinte años, sólo lograba leer con una gruesa lupa y tuvo que aprender el método braille. A pesar de esa dolorosa discapacidad, que lo acompañaría toda su vida, Huxley publicó, desde la edad de veinticinco años, sus primeros libros de poemas y comenzó a manifestar, después de los horrores de la primera guerra mundial (1914-1918), una visión irónica y desencantada del mundo.

A la vuelta de un viaje a India, anuda una fuerte amistad con el escritor D.H. Lawrence (autor de la célebre novela El Amante de Lady Chatterley, 1928) que, tuberculoso y en la cercanía de su muerte, en Vence, ejerció sobre él una importante y prolongada influencia.

En sus primeras novelas (Crome yellow, 1921; Antic hay, 1923; Those barrens leaves, 1925; Point counter point, 1928), Aldous Huxley presenta un universo donde la cultura y el humanismo peligran gracias a la acción de quienes más deberían protegerlos. Escritos con una cruel sinceridad, esos libros son sátiras de aguda inteligencia, que expresan las debilidades y desilusiones de "la generación perdida". Muestra una comicidad fría, cortante, paradojal, a la manera de un Jonathan Swift, para evocar, con escepticismo, la sociedad de los años ´20. En este sentido Un mundo feliz, el libro más representativo de este período, sería más bien un cuento filosófico al modo de los de Voltaire, en el cual el talento del escritor es superado por el temperamento del moralista.

Esta visión pesimista del porvenir y feroz crítica al culto positivista de la ciencia fue escrito en un momento en que las consecuencias sociales de la gran crisis de 1929 afectaban directamente a las sociedades occidentales; en el que la credibilidad de los regímenes democráticos capitalistas parecía vacilar. Antes de la llegada de Adolf Hitler al poder (1933), Un mundo feliz denuncia la perspectiva pesadillesca de una sociedad totalitaria fascinada por el progreso científico y convencida de poder brindar a sus ciudadanos una felicidad obligatoria. Presenta una visión alucinada de una humanidad deshumanizada por el condicionamiento de Pavlov2 y por el placer al alcance de una píldora (el "soma"). En un mundo horriblemente perfecto, la sociedad disoció totalmente, con fines eugenésicos y productivistas, la sexualidad de la procreación.

En Un mundo feliz, la estadounización del planeta ha culminado, todo ha sido estandarizado y fordizado, tanto la producción de los seres humanos, resultado de puras manipulaciones genético-químicas, como la identidad de las personas, producida durante el sueño por hipnosis auditiva: la "hipnopedia", que un personaje del libro califica como "la mayor fuerza socializante y moralizante de todos los tiempos".

Se "producen" seres humanos, en el sentido industrial del término, en fábricas especializadas -los "centros de incubación y condicionamiento"- según modelos variados, que dependen de las tareas muy especializadas que serán asignadas a cada uno y que son indispensables para una sociedad obsesionada por la estabilidad.

Gracias al "procedimiento Bokanovsky" (que permite producir hasta noventa y seis seres humanos allí donde antes se obtenía uno), en el momento de su fabricación en una probeta, cada óvulo y luego cada embrión reciben dosis más o menos importantes de impulsiones físicas e ingredientes químicos. Esas dosis van a condicionar definitivamente sus capacidades intelectuales y determinar, por orden decreciente, a qué categoría, a qué casta pertenecerán: Alfa, Beta, Delta, Gama, Epsilon… Según que la actividad profesional a la cual estén destinados sea más o menos compleja.

Desde su nacimiento, cada ser humano es además educado en esos "centros de condicionamiento del Estado" en función de los valores específicos de su grupo, mediante el recurso masivo a la hipnopedia para manipular su espíritu, crear en él "reflejos condicionados definitivos" y hacerle aceptar su destino. "Cien ensayos tres noches por semana, durante cuatro años. Sesenta y dos mil ensayos crean la verdad", declara un especialista en hipnopedia.

Aldous Huxley ilustraba así en esta obra los riesgos implícitos en las tesis que venía formulando desde 1924 John Watson, el padre del "conductismo", esa "ciencia de la observación y control del comportamiento". Watson afirmaba con frialdad que podía elegir al azar en la calle a un niño saludable y transformarlo, a su elección, en un doctor, un abogado, un artista, un mendigo o un ladrón, cualquiera fuera su talento, sus inclinaciones, sus capacidades, sus gustos y el origen de sus ancestros.

En Un mundo feliz, que es fundamentalmente un manifiesto humanista, algunos vieron también, con razón, una crítica ácida a la sociedad estalinista, a la utopía soviética construida con mano de hierro. Pero también hay, claramente, una sátira a la nueva sociedad mecanizada, estandarizada, automatizada que se montaba en esa época en Estados Unidos, en nombre de la modernidad técnica.

Sumamente inteligente y admirador de la ciencia, Huxley expresa sin embargo, en esta novela, un profundo escepticismo respecto de la idea de progreso, una desconfianza hacia la razón. Frente a la invasión del materialismo, entabla una interpelación feroz a las amenazas del cientificismo, el maquinismo y el desprecio a la dignidad individual. Claro que la técnica asegurará a los seres humanos un confort exterior total, de notable perfección, estima con desesperada lucidez. Todo deseo, en la medida que podrá ser expresado y sentido, será satisfecho. Pero los hombres habrán perdido su razón de ser. Se habrán transformado a sí mismos en máquinas. No se podrá hablar en sentido estricto de condición humana.

El título original, Brave new world (literalmente: "maravilloso mundo nuevo") está inspirado en una de las últimas obras de William Shakspeare, La Tempestad (1611). Miranda ve desembarcar a los príncipes de Nápoles del barco naufragado, y exclama: "¡Humanidad espléndida, maravilloso mundo nuevo que puede nutrir seres tan perfectos!"

En el espíritu de Huxley, ese título es una antífrasis, ya que el mundo que describe no tiene nada de maravilloso. Es una sociedad de castas inmutable, perenne, donde todo esta programado y donde ya no hay lugar para el azar. Tal como lo recomienda la Internacional y como lo consuma de hecho la cultura de masas, se ha hecho tabla rasa del pasado. Los monumentos clásicos de todas las civilizaciones fueron demolidos, la literatura fue incinerada, los museos destruidos, la historia borrada.

¿Exceso de pesimismo o simple lucidez? De hecho Huxley hizo gala en este libro de un sentido de la anticipación excepcional. La historia reciente mostró que sus profecías más oscuras se cumplían y que, en materia de manipulaciones, supo prever la llegada de nuevas amenazas.

Pesimista y sombrío, el futuro visto por Aldous Huxley nos sirve de advertencia y nos alienta, en la época de las manipulaciones genéticas, de la clonación y la revolución de lo viviente, a vigilar de cerca los actuales progresos científicos y sus potenciales efectos destructivos. Un mundo feliz nos ayuda a comprender mejor el alcance de los riesgos y peligros que se presentan ante nosotros cuando de nuevo, en todos lados, "progresos científicos y técnicos" nos enfrentan a desafíos ecológicos que hacen peligrar el futuro del planeta. Y de la especie humana.

  1. Aldous Huxley, Un mundo feliz, Plaza y Janés, Madrid, 1999.
  2. El ruso Iván Pavlov (1849-1936) es conocido especialmente por sus descubrimientos sobre la psicología de la digestión: las experiencias de Pavlov le permitieron particularmente condicionar, en el perro, el reflejo salivar.
Autor/es Ignacio Ramonet
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 15 - Septiembre 2000
Páginas:34, 35
Traducción Yanina Guthmann
Temas Tecnologías, Neoliberalismo, Estado (Política), Literatura
Países Estados Unidos, India, Alemania (ex RDA y RFA), Francia