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Hacia una paz armada en el Cercano Oriente

Al contrario de lo anunciado por muchos pronósticos, Israel logró reafirmar su condición de aliado estratégico de Estados Unidos, mediante el desarrollo de un sistema antimisilístico compartido. No obstante los avances hacia la pacificación de la región, Washington programa una extensa red de sistemas de vigilancia y capacidad de contraataque desde Arabia Saudita hasta Turquía, con vistas a potenciales confrontaciones con Bagdad, Teherán y Damasco. ¿Guerra fría regional?

En mayo de 1994, poco después de la llegada de Yasser Arafat a Gaza, el Consejero Nacional de Seguridad del Presidente William Clinton, Tony Lake, expuso, ante el Washington Institute for Near East Policy (think-tank pro-israelita), las conexiones que los responsables políticos estadounidenses establecieron entre la guerra del Golfo y los acuerdos de Oslo. Lake explicó que la paz entre Israel y sus vecinos árabes estaba destinada a persistir como una paz armada para aislar a los "estados criminales" (rogue states)1 iraquí e iraní. El presidente Saddam Hussein debía seguir padeciendo el ostracismo de los regímenes árabes. Había que privar a Irán de su relación estratégica con Siria. También debía establecerse una coalición árabe-israelí contra el extremismo islamista, definido por Lake como "una amenaza para nuestros intereses nacionales". Según el consejero, esta estrategia representaba un "paradigma para el ingreso de nuestra nación en la posguerra fría". Estados Unidos comprometería su poder y prestigio en la confrontación entre "violencia o paz, regresión o libertad, aislamiento o diálogo".

Lejos de ser coyuntural, esta posición sería retomada por Sandy Berger, actual Consejero Nacional de Seguridad del Presidente William Clinton, el 20 de octubre de 1999, ante el Israel Forum Policy. Así lo explica Berger: "A menos que podamos resolver los problemas del proceso de paz que siguen en suspenso, fuerzas centrífugas entrarán en acción en esta región que posee un número creciente de armas de destrucción masiva. El peligro de un conflicto que involucre tales armas es real, de ahí el interés de Estados Unidos en el éxito del proceso de paz".

Efraim Halevi, responsable del Mossad (servicio de información israelí), explicó en un reciente discurso frente a diplomáticos israelíes2: "Cada uno de los aquí presentes sabe que la firma de un tratado de paz con Siria no se hará esperar". Pero agregó que el deseo de normalización de Israel no se verá nunca satisfecho, porque los países vecinos verán todo tratado de paz como un mero "cese de fuego".

Diplomáticos del Ministerio de Defensa israelí recibieron la orden de no utilizar nunca la palabra "normalización" para definir las aspiraciones de Israel en sus relaciones con los países árabes. Ahora la expresión favorita es la de una "buena vecindad"3. El cambio terminológico no es sólo una concesión a la sensibilidad árabe, sino que refleja la convicción de que la paz en Cercano Oriente será lo que el Primer Ministro israelí Ehud Barak denominó "una paz armada", caracterizada por una permanente guerra fría con los países árabes4.

Los puntos de vista que el Ministro de Relaciones Exteriores sirio, Faruk El-Chareh, expresó en la exposición más extensa sobre las posiciones sirias con respecto a su estrategia en relación a Israel, confirman esta perspectiva5. "Construir un estado de paz en el futuro significaría transformar un estado de conflicto (militar) en un conflicto (diferente) político, ideológico, económico, comercial, etc, que podría traernos un mejor estado de cosas. Debemos darle una oportunidad a este tipo de conflicto, del mismo modo en que le dimos su oportunidad al conflicto militar".

Misiles antimisiles compartidos

Israel, conforme a su dinamismo y poderío, efectuó los más vastos y elaborados preparativos para esta nueva era, tanto en el plano militar como en el ideológico. Para Ehud Barak, se trata ante todo de seguir mejorando la enorme capacidad israelí de información y combate, en particular en el campo no convencional y en el de los misiles. Un acuerdo sirio-israelí permitiría obtener una importante ayuda militar estadounidense, no para "compensar" la pérdida de Golan, sino para permitir a Israel que persiga a sus enemigos "más allá del horizonte" y que esté preparado contra las armas de destrucción masiva y los misiles.

La adquisición de esa tecnología es posible porque Israel logró ubicarse en la intersección de dos problemáticas centrales entre las preocupaciones de la política exterior estadounidense en la aurora del siglo XXI: la instauración de una paz regional y la construcción de una infraestructura de seguridad y de información para protegerse de los misiles provenientes de "Estados criminales". El núcleo central de la relación Israel-Estados Unidos es la creación, el desarrollo y la expansión compartidos de un sistema de misiles antimisiles (Theatre Missiles Defense, TMD). Así, pese al fin de la guerra fría, se reafirmó el estatuto conseguido por Israel de aliado estratégico de Estados Unidos, contrariamente a lo que muchos observadores preveían hace una década.

El 20 de noviembre de 1999, Ehud Barak pintó del modo más explícito las amenazas y soluciones que están en la base de esta sociedad estratégica. Así lo explicó: "La proliferación de armas de destrucción masiva, los programas nucleares de los regímenes extremistas y el desarrollo del terrorismo financiado por los Estados son amenazas que apuntan directamente a Israel, a Estados Unidos, y, de hecho, a todas las democracias del mundo. La responsabilidad de toda la comunidad internacional es pues desarrollar una cooperación eficaz de seguridad para hacer frente juntos a esas amenazas. En este terreno, no hay mejor ejemplo que la multiplicación de los vínculos estratégicos y la cooperación entre Israel y Estados Unidos en el campo de la información. El Arrow (un sistema de misil antimisil) se desarrolló en nuestros dos países con el fin de contrarrestar los misiles tierra-tierra que están en manos de regímenes criminales y extremistas. Nuestros amigos de Washington saben que el apoyo a Israel es de interés nacional para Estados Unidos. Nuestra sociedad se funda en una misma comprensión de las amenazas existentes y del peligro que corre nuestro modo de vida".

En el núcleo de esta alianza, que no siempre es tan idílica como afirma Barak, encontramos el arsenal israelí de armas no convencionales. Mientras que las capacidades israelíes en este campo complicaron durante mucho tiempo la estrategia estadounidense para la región y las iniciativas internacionales para el control de armamentos, Estados Unidos reconoce hoy su aporte positivo. Israel se integra, desde un punto de vista conceptual y también práctico, a la estrategia global de defensa nuclear estadounidense.

Naciones como Irán e Irak, que procuraron desafiar la supremacía de Israel en la región o la hegemonía estadounidense, pasaron a ser adversarios estratégicos en vez de adversarios regionales, y sus vínculos con otros "Estados criminales", en particular Corea del Norte, se identificaron en Washington como un desafío estratégico, tanto regional como mundial, después del fin de la guerra fría.

Los Estados de la región situados en la periferia del enfrentamiento, entre ellos Egipto, Arabia Saudita y Siria, se enfrentan a un dilema estratégico. En tanto no cuentan con una capacidad de avanzada en materia de misiles y armas no convencionales, y por no gozar ninguno de ellos de relaciones privilegiadas con Washington, deben evaluar las ventajas de asociarse a Estados Unidos en una posición de inferioridad con respecto a Israel.

Siria, aliada de Irán, de sus proveedores de Extremo Oriente, y en cierta medida de Rusia, no dispone de las mismas ventajas tecnológicas y militares que los países alineados con Washington. El precio exigido por la paz con Israel será la ruptura con Irán. Uno de los elementos de la hegemonía israelí en la región es su resonante alianza con Turquía, descrita por Benjamin Netanyahu en tiempos de su gestión como Primer Ministro, como "el eje central" de la alianza regional para enfrentar a "los regímenes radicales de los estados que desarrollan misiles balísticos capaces de transportar armas no convencionales6".

Para los dirigentes israelíes, esta red de relaciones se develó mucho más atractiva que todo lo que podían ofrecer los acuerdos de Oslo e incluso los de Camp David. Pero los responsables sirios e iraníes ven en ella un acto de agresión en su contra. Faruk El-Chareh, Ministro sirio de Relaciones Exteriores, advirtió que "a través de Turquía, Israel apunta al Golfo"7, mientras que los iraníes ven esta colaboración como un medio para facilitar el acceso de Israel a información acerca de su país, en particular a través de la instalación de puestos de vigilancia en sus fronteras.

El apoyo estadounidense a Israel es sólo un aspecto, si bien el más dinámico, de la política de Washington en la región. Luego de insistentes esfuerzos, Egipto anunció su intención de adquirir dos lanzadores Patriot perfeccionados para defenderse de ataques con misiles. En el Golfo, en ocasión de ciertos encuentros con responsables saudíes en Washington, el Secretario de Defensa estadounidense, William Cohen, fue un incansable promotor de la Cooperative Defense Initiative (CDI), sistema de pre-alerta en gran escala contra misiles, basado en un intercambio rápido de información entre los países del Golfo y el Pentágono.

"Pusimos el acento en cómo mejorar nuestra forma de trabajar juntos con el fin de contrarrestar las armas de destrucción masiva", explica William Cohen durante los encuentros en el Golfo, en noviembre de 19998. "Pre-alerta compartida, desarrollo de las defensas activa y pasiva para acabar con las armas químicas y biológicas, y las formas de hacer frente a las consecuencias potenciales de un ataque son, en su conjunto, aspectos muy importantes de la CDI".

Al contrario de Israel, todos los países del Golfo responden con escepticismo a los esfuerzos del Pentágono. Manifiestan sus dudas y se resisten a comprometerse en una estrategia que los ubica en connivencia con Israel, contra Irán e Irak, y que adopta una tecnología de varios miles de millones de dólares que aún no ha sido probada. La Cooperative Defense Initiative sigue siendo un elemento clave en el dispositivo de seguridad militar que Estados Unidos procura construir en una era de "paz armada". Esta incluye la creación de una amplia red de sistemas de vigilancia, en el Golfo y en el Cercano Oriente hasta Turquía, controlados por Estados Unidos y dirigidos contra los regímenes de Bagdad y Teherán, y, si la paz fracasa, también contra Damasco.

Luego de un exitoso ensayo del misil Arrow en noviembre de 1999, Israel está en vías de convertirse en el primer país que despliega un sistema de ese tipo, uno de los productos tecnológicos más requeridos después de la guerra fría. Turquía, Holanda y Taiwan también están interesados. En este terreno, la transferencia de tecnología israelí a China provocó una crisis en las relaciones entre Israel y Estados Unidos, aunque en contrapartida, Pekín se comprometió a no vender nuevos misiles tierra-tierra al Cercano Oriente.

Irán, aún más que Irak, sigue siendo el objetivo principal de este edificio de defensa en construcción. En agosto de 1999, el general Amos Gilad, jefe de información militar israelí, confirmó que la mayor amenaza para Israel no iba a proceder de un Estado palestino de Cisjordania y dentro de la franja de Gaza, ni de un ataque sorpresa de Siria a través de la meseta de Golan, sino de la posesión de armas nucleares por parte de los dirigentes de Bagdad y Teherán9.

Según lo explicó recientemente el Jefe de Estado Mayor adjunto Uzi Dayan: "La amenaza (nuclear) es real. Debemos tomarla en consideración muy seriamente. Esto agrega otra dimensión a nuestra reflexión en materia de seguridad".

"La respuesta a los misiles tierra-tierra y a la amenaza nuclear -prosiguió Dayan- requiere una participación activa en el desarrollo y la construcción de diferentes niveles de respuesta. Primero debemos prevenir y hacer fracasar de antemano la amenaza, reuniendo un amplio frente internacional en su contra. Paralelamente, está el poder de disuasión, luego, si la disuasión fracasa, está la posibilidad de recurrir a descargas preventivas de muy largo alcance. En último término está la posibilidad de derribar misiles, a través del sistema Arrow "10.

Apertura hacia Irán

Pese a la gran cantidad de medios desarrollados por Israel, lo constatado en la guerra del Golfo -necesidad de fuerzas estratégicas de disuasión y fracaso de Israel para desalentar a Irak en la utilización de misiles- sigue guiando la reflexión estratégica israelí.

Tan es así que Ehud Barak no logró obtener el compromiso por parte de Rusia de poner fin a su ayuda al programa de desarrollo de misiles iraníes. "Pienso que los rusos van a seguir apoyando el esfuerzo iraní para fabricar armas nucleares y misiles tierra-tierra", reconoció Barak en su visita a Moscú en julio de 199911. El 7 de mayo de 2000, el recientemente electo presidente ruso Vladimir Putin informó a la administración Clinton que no renunciará a las prerrogativas que Washington quiere guardarse para sí en la región. Anuló las restricciones secundarias impuestas al comercio ruso en materia de conocimiento y tecnología nucleares, fijadas por Boris Yeltsin en 1992. Ahora se comerciará con cualquier país que renuncie a construir armas nucleares, incluido Irán.

Sin embargo, el retiro de Israel del Líbano podría cambiar las circunstancias. El 4 de abril de 2000, en una declaración en la Universidad de Haifa, el Ministro de Justicia Yossi Beilin se convirtió en el primer oficial superior israelí que reconsideró la hostilidad en relación a la revolución iraní12. "El Irán del Presidente Khatami y el Irán posterior a las elecciones (de febrero de 2000) es un país con muchos más matices y mucha más complejidad que el que solíamos conocer. Tenemos que modificar nuestra percepción del país en función de esos cambios positivos acontecidos en Irán. Una nueva apertura está al alcance de la mano".

A mediados de marzo, el Ministro alemán de Relaciones Exteriores, Joschka Fischer, trasmitió un mensaje de Irán a su homólogo israelí, David Levy, subrayando que una solución en Líbano aportará un cambio significativo en el clima reinante entre los dos países.

Las observaciones de Beilin prueban que habría una solución alternativa a la visión predominante en Israel: el reconocimiento de Irán como socio. La idea de una "estrategia de periferia", una alianza de los países no árabes de la región, "tiene partidarios silenciosos en Irán", según un iraní cercano a los reformadores.

Pero aún no se ha llegado a esa situación. Irán fortaleció su potencial de disuasión contra Israel al proveer al Hezbollah, en febrero de 2000, de misiles tierra-tierra Al Fajr 3 y 5, actualmente en depósito en Líbano, presumiblemente en Bekaa, bajo control iraní o sirio. Según fuentes militares israelíes, esos misiles, cuyo alcance es de 70 km, pueden llegar a toda la zona norte de Israel. Representan un cambio en la ecuación estratégica de la región y reflejan, no sólo una política combativa iraní, de afirmación de la perpetuidad de sus intereses en Líbano, sino también el intento de generar una disuasión estratégica en contra de los ataques masivos israelíes contra Irán.

Barak, que ya no califica a Irán como "enemigo" sino como "amenaza", piensa que los iraníes todavía no están listos para reconsiderar sus relaciones con Israel. "Mientras Irán siga dotándose de armas nucleares y no convencionales, no hay posibilidad de cambiar de política", según observó su portavoz después del discurso de Beilin13.

Incluso quienes son partidarios, como este último, de un cambio en la política israelí, aceptan el consenso en torno a la modernización de los misiles, así como de las fuerzas de pre-alerta y de disuasión, en total coordinación con Washington, y también la prosecución de los esfuerzos para canalizar el flujo de materiales "de uso doble" provenientes de China, de Corea del Norte, de Rusia y otros estados de la CEI, hacia el Cercano Oriente.

Uno de los argumentos principales en las deliberaciones internas israelíes sobre las relaciones con Irán es la necesidad de no frenar el impulso de Estados Unidos desarrollar una nueva generación de tecnología de punta y sistemas de armamento contra la amenaza de los misiles y las armas no convencionales por parte de los "Estados criminales". Hacer pasar a Irán por un enemigo implacable sigue siendo importante dentro de la tentativa israelí de ganar la "ayuda de seguridad" evaluada en 17.000 millones, que acompañará al acuerdo de paz con Siria. Si el acuerdo con Damasco fracasa, Israel deberá encontrar otros argumentos que le permitan gozar del beneficio de este extraordinario maná.

  1. Los términos "Estado-criminal", "Estado fuera de la ley" y también "Estado paria" se excluyeron del lenguaje diplomático estadounidense en junio 2000, para reemplazarlos por "Estado fuente de inquietud" (state of concern), Le Monde, 21-6-00.
  2. Yediot Aharonot, Tel-Aviv, 21-1-00.
  3. Maariv, Tel-Aviv, 25-1-00.
  4. Haaretz, Tel-Aviv, 3-8-1999.
  5. As-Safir, Beirut, 12-1-2000, reproducido por Middle East Media and Research Institute, 15-2-00.
  6. Véase Haaretz, 2-9-1996. Véase también Alain Gresh, "Souffles guerriers sur le Proche-Orient" , Le Monde diplomatique, París, 11-1996.
  7. Televisión árabe siria, 17-8-1998.
  8. News Briefing, Office of the US Secretary of Defense, 2-11-1999.
  9. Haaretz, 16-9-1999.
  10. Haaretz, 17-9-1999.
  11. Yediot Aharonot, 4-8-1999.
  12. Haaretz, 5-4-00.
  13. Jerusalem Post, 5-4-00.
Autor/es Geoffrey Aronson
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 13 - Julio 2000
Páginas:24, 25
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Armamentismo, Conflictos Armados, Geopolítica
Países Estados Unidos, Irak, Egipto, China, Corea del Norte, Holanda (Países Bajos), Rusia, Turquía, Arabia Saudita, Cisjordania (ver Autoridades Palestinas), Gaza (ver Autonomías Palestinas), Irán, Israel, Líbano, Siria