Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

Recuadros:

Irlanda del Norte sigue esperando la paz

Tres años después de la firma de los acuerdos del Viernes Santo 1, la paz tropieza siempre sobre los mismos puntos: desmilitarización, reforma de la policía y desarme de los paramilitares. Muchos unionistas continúan siendo reticentes a compartir el poder. Aunque se ha instalado una cultura de paz en vastos sectores de la sociedad favorecida por la creciente integración de los católicos, perduran zonas de tensión.

El helicóptero de combate está estacionado a quince metros por encima de Crossmaglen, 3.000 habitantes. Desde la puerta lateral del vehículo, un soldado apunta con una metralleta. Con estruendo de motores, el aparato regresa al cuartel que domina el pueblo: un búnker, rematado por una torre de treinta metros erizada de micrófonos y cámaras infrarrojas. "El Gran Hermano sigue ahí". Declan, un comerciante de 40 años, está furioso, como la gran mayoría de los habitantes de South Armagh. "Cuando votamos a favor de los acuerdos de Viernes Santo, pensábamos que se marcharían. Pero no ha cambiado nada".

Las autoridades británicas no fueron nunca bien recibidas en South Armagh. Al dividirse Irlanda en 1920, aquel bastión del Ejército Republicano Irlandés (IRA), en la carretera entre Dublín y Belfast, quedó situado en el Norte. A partir de 1968, el conflicto tomó allí el cariz de una guerrilla rural, transformando las colinas de South Armagh (24.000 habitantes, en un radio de 15 kilómetros) en una trampa mortal: 123 soldados y 42 policías del Royal Ulster Constabulary (RUC) han muerto. El ejército sólo encontró un respiro relativo en el aire: sus desplazamientos se efectúan en helicóptero. La comarca está rastrillada por miles de soldados, uno cada ocho habitantes, repartidos en treinta acantonamientos.

South Armagh es la región más militarizada de Europa Occidental. Un derroche de medios que, hasta el alto el fuego, nunca frenó el ritmo de las acciones del IRA. Tampoco el silencio de las armas ha frenado la actividad del ejército. Oficialmente, su último combate fue contra los disidentes republicanos del IRA Auténtico, autores de la matanza de Omagh (treinta y un civiles muertos con un coche trampa en agosto de 1998). Pero ese grupo no tiene a South Armagh como base.

La presencia ostensible y agresiva de los soldados exaspera a la población. "Hemos contactado con Londres, que aboga por todo el mundo la desmilitarización de South Armagh. Se nos responde que eso lo decide sólo el ejército. El IRA no ha disparado una sola vez desde hace tres años: los británicos tendrían que respetar su parte del contrato", explica Declan. Al igual que en otros conflictos, el ejército parece tener aquí prioridades distintas a las políticas. De la única manera que se puede interpretar esto es que el Estado Mayor trata de dividir a los republicanos. La prensa local ha lanzado rumores, siempre desmentidos por el Sinn Fein, de una defección de la "brigada" local del IRA hacia el IRA Auténtico.

A unas decenas de kilómetros de la republicana Crossmaglen se encuentra la legalista Portadown. Otra Irlanda del Norte. Un pequeño burgo de 28.000 habitantes, que cataliza todas las tensiones:

a) conflicto de clase: el centro de la ciudad es unionista, la periferia deprimida es republicana, y durante mucho tiempo las fábricas han favorecido a los protestantes a la hora de contratar;

b) conflicto identitario: bastión de la Orden de Orange, una organización reaccionaria creada hace dos siglos para defender la supremacía protestante, Portadown acoge cada 12 de julio una controvertida marcha legalista, a través del barrio católico de Garvaghy Road;

c) conflicto paramilitar: está dominada por la milicia protestante Loyaliste Volunteer Force (LVF). En el seno de una asociación, Emmy2, una residente de Garvaghy Road, se opone a la marcha. "Vivo con miedo. Cuando doy al contacto de mi coche, cierro los ojos. Y espero.", testimonia. En marzo de 1999, Rosemary Nelson, abogada de los residentes, murió al explotar en su coche una bomba colocada por los paramilitares. Sobre elementos de la RUC pesan serias sospechas de colusión.

"Anthony Blair habla del tren de la paz. No se ha detenido en Portadown", comenta Emmy. Tres años después de los acuerdos del Viernes Santo, los católicos continúan teniendo prohibida la estancia en el centro de la ciudad: la LVF no ha disminuido nunca su presión sectaria, incluyendo la que ejerce sobre los protestantes moderados.

"Algunos unionistas nos han expresado su apoyo. Pero no pueden hacer nada. Ellos tienen también miedo". En Belfast, Paul Bew, un universitario unionista, confirma: "Yo he hablado de Portadown con David Trimble". El primer ministro de Irlanda del Norte ha calificado la situación "de purificación étnica que amenaza también a los protestantes moderados". "Trimble debería actuar en Portadown", opina Paul Bew.

Pero ¿es capaz? Orangista también, Trimble continúa prisionero del ala derecha de su partido, el Ulster Unionist Party (UUP). Para muchos protestantes esas marchas, conmemoración festiva de la victoria del rey Guillermo de Orange sobre los irlandeses católicos en 1690, representan el acto fundador de su identidad. "Esa ruta pertenece a todos", estima Steven King, joven consejero de Trimble. A los ojos de los católicos, esas procesiones son la expresión de la dominación política y social tricentenaria de los unionistas. En su opinión, el hecho religioso sólo es un mecanismo de control. El acuerdo de paz no ha cambiado nada en Portadown. Este verano, como todos los veranos, la ciudad tendrá sin duda su parte de violencias confesionales.

Más al norte, Belfast restaña sus heridas. El fin de los atentados del IRA ha permitido el advenimiento rápido de la sociedad de consumo. Sus habitantes descubren el shopping. "Desde 1990, Irlanda del Norte disfruta del mayor crecimiento económico de todas las regiones del Reino Unido", declara Liam O"Ruairc, del Industrial Development Board (IDB). La provincia ha registrado un aumento de su producción industrial del 35,5% en diez años, en comparación con el 4,6% en el conjunto del Reino Unido. La siempre relativa paz civil es sinónimo de bonanza económica: las inversiones extranjeras se han más que duplicado en un año hasta alcanzar los 600 millones de dólares -sobre todo en las tecnologías de punta- y el desempleo, que había llegado al 17,2% en 1986, ha caído al 5,8%3. El Ulster permanece aún lejos de los logros de la República de Irlanda y su 11% de crecimiento anual. La economía de la isla continúa resintiéndose de su partición: interland natural, el Sur sólo es el quinto país en los intercambios comerciales del Norte4.

Zonas enteras de Belfast y de Derry siguen todavía estando lejos de esa prosperidad: el desempleo supera con frecuencia el 50%. Esas comunidades, siempre separadas por los "muros de la paz", son los bastiones de los paramilitares. Allí también los acuerdos de paz continúan siendo virtuales: en el norte de Belfast, como en algunas localidades mayoritariamente protestantes en el noreste de la provincia, casi cada noche casas católicas son atacadas con cócteles Mólotov por supuestos miembros de la Ulster Defense Association (UDA), una milicia legalista que suscribió oficialmente el alto el fuego. Desde febrero de 2001, el ejército británico patrulla por las noches los barrios del norte de Belfast para poner fin a esta especie de purificación étnica. Los paramilitares controlan de hecho zonas enteras de la provincia, dedicándose a toda clase de manejos. En agosto de 2000, un conflicto entre dos milicias protestantes, la UDA y la Ulster Volunteers Force (UVF) provocó en Belfast la muerte de siete paramilitares y el exilio de 1.500 personas.

En Irlanda del Norte no hay paz, sino que el conflicto ha cambiado de dimensión. Disturbios generalizados oponen a dos identidades políticas polarizadas, la situación ha evolucionado desde el alto el fuego y los acuerdos del Viernes Santo hacia una yuxtaposición de situaciones locales diferentes, que varían desde la quietud mixta del centro de Belfast y de otras ciudades al terror sectario de Portadown, pasando por el Estado policial de South Armagh. Una cultura de paz prevalece sin embargo; la gran mayoría de los habitantes, aunque se relacionen poco -el 75% viven en barrios poblados en un 90% por sus correligionarios- aspiran no obstante a una vida cotidiana liberada de la guerra.

Gran concesión del Sinn Fein

Condenados a convivir, pesimistas en cuanto a una resolución definitiva de su conflicto, se esfuerzan en transformar el trato con un diálogo constructivo. La secularización de las nuevas generaciones tendría que contribuir a una lenta aproximación. La relación con la violencia se ha modificado: "En 1968 los católicos eran ciudadanos de segunda clase. El Estado los discriminaba, los legalistas los atacaban. El IRA era, a sus ojos, un ejército alternativo. Ahora, los católicos disponen de otros recursos ajenos a la violencia para asegurar el cambio social", explica Richard English, profesor de Ciencias Políticas de la universidad de Belfast que se define como unionista progresista. Efectivamente, incluso aunque la tasa de desempleo continúa siendo cerca del doble de la de los protestantes5, "se está constituyendo una importante clase media y superior católica. La demografía del Norte y la economía floreciente del Sur dan sentido a una reunificación", dice.

Los republicanos del Sinn Fein, al reconocer de facto que Irlanda sólo se reunificará con el consentimiento de una mayoría de habitantes de los seis condados del Norte -el "veto unionista"- han hecho una gran concesión ideológica, contraria a todo lo que habían sostenido antes y a su ethos. Eso al precio de disensiones internas que exacerba la débil materialización de los acuerdos: la influencia de los disidentes del IRA Auténtico y del Continuity IRA parece progresar. Incluso se va a presentar una lista contra Gerry Adams en su bastión de Belfast Oeste. Además, figuras del IRA, opuestas tanto a los acuerdos como a la reanudación de la "lucha armada", están multiplicando las críticas. "El Sinn Fein ha aceptado la participación y está gestionando los seis condados para Londres. Es inaceptable", denuncian antiguos "voluntarios" como Brendan Hugues, uno de los fundadores del IRA actual, así como Tommy Gorman y Anthony McIntyre. Las tensiones son reales en el seno del movimiento republicano: al día siguiente de entrevistarle en su domicilio, McIntyre fue agredido y amenazado de muerte.

"Hemos ganado. Conservamos nuestro derecho de veto, podríamos hacer concesiones", analiza el unionista Steven King. Para los partidarios del Primer ministro norirlandés, la única garantía de una preservación de Irlanda del Norte reside en la reforma, en el reparto del poder con los católicos. Esa voluntad encuentra sin embargo resistencias: "Los unionistas tienden a oponerse a unos cambios que van en su contra", reconoce Richard English. Muchos protestantes han desarrollado una cultura de sitiados en una isla mayoritariamente católica. Su identidad se define oponiéndose a un mundo que perciben como hostil: los católicos del Norte, la República, Londres, el lobby irlandés estadounidense. Cada concesión les parece un paso suplementario hacia la reunificación y el final de su singularidad. De ahí su intransigencia. Muchos rechazan la reforma de su policía, la RUC, un 92% protestante; "Reformar la RUC significa para algunos reconocer sus abusos pasados y aportar entonces una legitimidad a posteriori a la violencia del IRA contra sus agentes, pero la policía encarna la legitimidad de un Estado cotidianamente. Sólo cuando la policía esté legitimada a los ojos de las dos comunidades estará garantizada la existencia del Norte", analiza Richard English.

Nacida de la descolonización de Irlanda, la entidad política del Norte ha visto sucederse un poder que aseguraba la hegemonía de los protestantes. La responsabilidad de Gran Bretaña, agravada además por la tutela de Londres desde octubre de 2000, plantea una labor histórica que Blair no puede eludir. No puede capitalizar los beneficios políticos de los acuerdos de paz sin aplicar su texto. El Sinn Fein ha renunciado a la reunificación por la violencia y se contenta, al igual que los nacionalistas moderados del SDLP, con un reparto del poder. Al Primer ministro británico corresponde hacer admitir a las unionistas más conservadores que el tiempo de la ley del más fuerte ha pasado.

  1. Firmados el 10 de abril de 1998, los acuerdos prevén entre otras cosas una asamblea y un gobierno biconfesional; instancias Norte-Sur; desmilitarización de la provincia; desarme de los paramilitares y reforma de la policía. Ver Cédric Gouverner, "Paz sin reconciliación en Irlanda del Norte", Le Monde diplomatique, Edición Cono Sur, enero de 2000.
  2. Por razones de seguridad el nombre de este testigo ha sido modificado.
  3. Fuente: Industrial Development Board.
  4. Idem.
  5. Fuente: Conflict archives on Internet, base de datos universitaria sobre Irlanda del Norte: http:/www.cain.ulst.ac.uk

Cronología reciente del conflicto

1993. Entrevistas secretas entre Gerry Adams, presidente del Sinn Fein, y John Major, primer ministro británico. En septiembre, Adams y John Hume, dirigente del SLDP (partido católico moderado), anuncian una iniciativa común de paz.

15 de diciembre de 1993. Declaración conjunta anglo-irlandesa que vincula la perspectiva de una reunificación de la isla con un cambio constitucional por voluntad de la mayoría.

31 de agosto de 1994. Anuncio de la suspensión de las operaciones militares del IRA, después de veinticinco años de conflicto. El 14 de octubre, los grupos paramilitares legalistas (protestantes) abandonan, a su vez, las armas.

Mayo de 1996. Elecciones para la asamblea regional (Forum) que se ocupará de las negociaciones futuras. El Sinn Fein consigue el 15,5% de los votos.

10 de abril de 1998. Firma del acuerdo conocido como del "Viernes Santo", que prevé un ejecutivo mixto, una asamblea semiautónoma, una reforma de la policía, el desarme de los paramilitares, la liberación de sus presos, una cooperación con Dublín e inversiones económicas.

29 de noviembre de 1999. Formación de un gobierno semi autónomo en Belfast.

2000. Suspensión de las instituciones políticas vigentes en Belfast (11 de febrero) y crisis del proceso de paz, a causa de la oposición del Partido Unionista (DUP) y de la dificultad de desarmar a las fuerzas paramilitares.


Autor/es Cédric Gouverneur
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 22 - Abril 2001
Páginas:22, 23
Temas Armamentismo, Conflictos Armados, Movimientos de Liberación, Terrorismo, Políticas Locales, Iglesia Católica, Seguridad
Países España, Irlanda, Irlanda del Norte