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Recuadros:

Vivir al borde de la explosión

Las grandes empresas que integran el complejo industrial petroquímico más grande de Argentina, asentado en el barrio Dock Sud, vecino a Buenos Aires, eluden impunemente todo control estatal y las más elementales normas de cuidado ambiental, ante la sospechosa indiferencia de las instancias locales de poder. A la lucha organizada de los vecinos responden con relaciones públicas y propaganda. Mientras las corporaciones hacen sus negocios, los vecinos del Dock viven en el malestar y en situación de grave riesgo.

La noche de Dock Sud tiene una particularidad: muy cerca, contra el río, puede observarse con nitidez una enorme cortina de torres y chimeneas iluminadas que rodean de punta a punta el barrio y componen el Polo Petroquímico. A menos de 3 kilómetros de la Casa de gobierno, en el corazón del partido de Avellaneda, el Doke, como lo llaman sus habitantes, es un mundo de "villas miseria", asentamientos, monoblocks y viejos barrios, muy propenso a sufrir inundaciones. En esta suerte de península de terrenos ganados al río a fuerza de rellenarlos con basura y desechos de todo tipo durante décadas, se fueron concentrando en los últimos 80 años alrededor de 36 industrias nacionales y extranjeras, que constituyen el complejo industrial petroquímico más grande del país, integrado -entre otras- por Shell, Repsol-YPF, EG3, Indupa, Union Carbide. La instalación en las 261 hectáreas del Polo de empresas que procesan productos contaminantes1 se fue dando sin diseño de urbanización industrial alguno que reglamentara la instalación de empresas que procesan productos contaminantes, ante la pasividad de las autoridades y la indignación de los vecinos.

La mayor parte de los 50.000 habitantes de Dock Sud aspiran diariamente contaminantes como tolueno, N-Pentano, N-Heptano, N-Hexano, metacrilato de metilo, acetato de etilo, plomo o dióxido de azufre y toman el agua de un río que recibe por día 68 kilogramos de cromo2. A la hora de buscar al responsable de su situación, los vecinos no dudan: señalan a las chimeneas del Polo. Por las calles siguen transitando a diario 400 camiones de hasta 40 toneladas con productos inflamables y sobre sus cabezas se despliega un cableado eléctrico con capacidad para transportar 132 mil voltios, instalado a escasos 10 metros de la pared que separa Villa Inflamable del Polo3. Esta "villa miseria" le debe su nombre a que "se levantó sobre los residuos de las refinerías, sobre los restos del craqueo (limpieza de residuos en los tanques) y sería lo primero en desaparecer en caso de una explosión", explicó Luis Mahr, vecino de la zona.

En el lugar no existen señales que indiquen dónde comienza el barrio, apenas murales que ilustran el padecimiento de la gente: "Bienvenidos al mundo de la contaminación".

Sobrevivir con miedo

"En cualquier parte del mundo puede haber una destilería, una refinería o una química. Pero no puede haber 36 juntas, en 200 hectáreas y pegadas a un barrio urbano", asegura Juan Carlos Longhi, otro habitante de este vecindario donde los problemas respiratorios son tan comunes como la venta récord de bronco-dilatadores4. Longhi agrega que "se hace difícil conseguir profesionales que avalen las presunciones. Saben que se juegan el puesto de trabajo". No existe en la Secretaría de Salud municipal una sola estadística sobre los casos de patologías respiratorias, ni sobre pacientes con cáncer pulmonar. Apenas casos puntuales, como los de la familia Brite, cuya vivienda se encuentra a escasos metros del Polo. Una de las hijas de María del Carmen Brite, Camila, figura con la historia clínica 24.337/2 en el Hospital Fiorito, donde se le diagnosticó "sufrimiento fetal crónico: intoxicación por inhalación de ácido"5. María se enteró de la mancha en el pulmón de su hija un mes antes del parto: "Pensé que era la única, pero en la guardería del Fiorito me encontré con otros vecinos". La mayoría de las consultas médicas responden a la misma causa y casi todas reciben la misma recomendación: "Tiene que mudarse de Dock Sud". Sin embargo, consultado por El Dipló el intendente Oscar Laborde expresó: "La salud de la población es un derecho constitucional, por lo que nosotros tenemos una tranquilidad de conciencia absoluta".

Otro ejemplo de la indefensión de los vecinos fue la muerte de siete personas a causa de un escape de gas cianhídrico que se filtró por los desagües cloacales el 27-9-1993. Ocho años después, la justicia aún no encontró culpables entre las empresas del Polo. Los informes de especialistas que denuncian la crítica situación son el único argumento con que cuentan los vecinos para golpear las puertas de las autoridades. El representante de la Fundación Tierralerta, Juan Schroeder, calificó la zona como "una bomba de tiempo" y explicó que si en el puerto de Dock Sud explota un barco y los vientos alimentan las llamas "seguro que los muertos se van a contar por cientos y no sólo por el calor, sino también por los humos tóxicos"6.

El puerto es otro problema sin solución. Se encuentra frente al canal y está dividido en dos sectores: la dársena de inflamables y el muelle de propaneros. Para Osvaldo Ramírez, miembro de la Sociedad de Fomento 9 de Julio, "con las reformas en Puerto Madero, aumentó el tránsito de buques en Dock Sud. Y ahora están dragando el suelo del río para permitir el ingreso de barcos más grandes. Están removiendo tierras que tienen residuos de petróleo y nadie dice nada". El vecino Jorge Hiquis explicó que en el caso de explotar uno solo de los 27 globos de gas propano que hay en el Polo "el radio de ignición sería cercano a los 1.000 metros", y que si se produce una tragedia los vecinos "sólo podrían huir de la zona por cuatro calles".

La instalación de la planta de conversión profunda (conocida como de coqueo retardado) de la multinacional Shell agravó la condición ambiental. El coque es un producto residual sólido, un carbón que es lo último que queda de la destilación del petróleo y que se trabaja con temperaturas que rondan los 600º. La planta que Shell trasladó a Dock Sud estaba instalada desde 1979 en Moerdijk, Holanda, donde se cerró por la presión de la población y los cambios en las normas vigentes sobre contaminación. Comenzó a construirse en el Doke en 1993 y el trámite por la autorización recién se inició en octubre de 1994, una vez invertidos 70 millones de dólares en el proyecto7. Los informes sobre la peligrosidad extrema del coque son esclarecedores. La Environmental Polution Agency de Estados Unidos y la Netherlands Emission Regulations de Holanda confirman que la exposición de una pequeña proporción de un microgramo de metro cúbico del componente soluble del benceno podría provocar cáncer a unas 600 personas en una población de un millón. Otras, como la Agencia para la Investigación del Cáncer en Francia y el Centro Canadiense para la Salud y la Seguridad Ocupacional, destacan que los componentes del coque generan graves problemas a los ojos y la piel, además de daños pulmonares8.

La respuesta de la petrolera Shell, que arrastra denuncias ambientales en varios lugares del mundo (ver recuadro) se basa en que la planta de coque "cuenta con la tecnología ambiental más moderna del país. Todos los procesos son cerrados al ambiente y cuenta con silos especiales de almacenamiento. (…) la planta no produce benceno ni ninguna otra sustancia contaminante ni cancerígena". La compañía aclaró también que la planta "operó entre 1982 y 1991 en Holanda con todas las autorizaciones correspondientes. Nunca recibió observación alguna en materia ambiental"9. Por otro lado, Shell agregó que "en diciembre de 1999 se logró la recertificación bajo normas ISO 14001 de nuestro sistema de gestión de salud, medio ambiente y seguridad otorgada por el Bureau Veritas Quality International; siendo nuestra refinería la primera en el país (…) en alcanzar ese logro en 1996"10.

De 1991 a 2000 la refinería de Shell redujo en un 43% el número de trabajadores. "En la última etapa, la empresa profundizó el trabajo bajo presión al generalizar la multifunción, los equipos autodirigidos y obligar al personal a realizar tareas de contratistas", explicó un miembro de la comisión interna, quien agregó que "con la sobrecarga de tareas, la tensión es permanente y asfixiante, lo que perjudica la seguridad de la planta y aumenta el riesgo de accidentes ambientales".

El juez Daniel Llermanos encabezó en 1996 la causa judicial contra la planta de coque, pero terminó dándole el visto bueno a la empresa: "contamina menos que un vaso de leche". Basó su fallo en que "los valores superiores a la norma de calidad de aire de ninguna manera pueden atribuirse al funcionamiento de las nuevas plantas, sino al aporte del parque industrial existente y al tránsito automotor". En el caso constan 21 mediciones de benceno en la zona, de las cuales 18 se encontraban muy por encima del límite (0,2 miligramos por metro cúbico de aire) según la legislación ambiental de la provincia, y en 6 de ellos se sobrepasó el miligramo por metro cúbico. En los análisis de tolueno, los resultados fueron similares11.

Por otra parte, en diciembre del año pasado Greenpeace denunció a la empresa Trieco SA por "contaminar con dioxinas y altos niveles de metales pesados". La empresa denunciada se encarga de incinerar residuos hospitalarios e industriales y fue habilitada por la Secretaría de Política Ambiental bonaerense. Greenpeace tomó muestras de las cenizas que generan las chimeneas de Trieco y detectó concentraciones altas de cromo, plomo, mercurio, cobre, níquel y zinc, todos ellos contaminantes cancerígenos. Desde la empresa, con 97 filiales en todo el mundo, se aclaró que su política empresarial "no sólo es respetuosa del medio ambiente, sino que plasma su filosofía con la práctica de operaciones ambientalmente correctas, sustentadas en la capacidad y experiencia desarrollada por el grupo a escala mundial"12

Resistencia vecinal

"Esta lucha nos dio otra esperanza de vida, nos permitió hacer algo por la sociedad", explicó Luis Mahr. Sin la lucha contra la contaminación de los vecinos organizados, que empezó el 27 de junio de 1984, se habrían multiplicado los abusos de las industrias. Aquella noche se incendió el buque Perito Moreno de YPF, con capacidad de carga de 19 mil toneladas de crudo. El fuego no sólo provocó la muerte de 8 de los 15 tripulantes de la embarcación, sino que puso en peligro a todo el Doke, a raíz de los 11 días que demoró en extinguirse. Jorge Hiquis recuerda que le extrañaba que los bomberos no apuntaran sus mangueras hacia el barco, sino que lo hicieran contra los tanques de gas que se ubicaban en las cercanías. "Mucho tiempo después supimos que si los tanques se recalentaban, explotaba todo", señaló. Los restos del buque aún permanecen semihundidos frente al puerto.

El intento por transformar la laguna natural La Saladita en un basurero de contenedores motivó otra reacción popular. La presión vecinal para defender la laguna, donde existían 17 especies distintas de peces, logró que la justicia dictara un recurso de amparo para que la zona fuera protegida. Hoy en la laguna funciona un centro de estudio ambiental de la Universidad Tecnológica Nacional, pese a los intentos de los políticos de turno de intentar sacar algún rédito económico.

Pero el punto más alto de movilización llegó en 1993, precisamente cuando se hizo público el destino de la planta de coque que Shell instaló en la zona. Multitudinarias bicicleteadas y charlas informativas en los colegios lograron la clausura transitoria de la planta, dictada por el juez Llermanos. Pero el gobierno provincial de Eduardo Duhalde autorizó su apertura con la condición de que la petrolera cancelara una deuda de 2,5 millones de dólares, que incluía la compra de la calle Tornquist. Bajo el número de expediente 20.912, folio 14, punto 3, parte segunda, se estableció que la municipalidad liberaría "en el término de 15 días todos los permisos de obra solicitados en Avellaneda". El convenio fue aprobado por el Concejo Deliberante el 12 de agosto de 1994, cuando el 80% de la planta estaba construida. Curiosamente, al mismo tiempo que Shell iniciaba los trámites, la gobernación bonaerense recibió un aporte de 750 mil dólares de la Trade Development Agency, dependiente de la Secretaría de Comercio de Estados Unidos, para realizar un estudio de factibilidad de depuración de Dock Sud13.

A partir de allí las políticas empresariales hacia la comunidad, sumadas a la dura situación del desempleo en la zona, desgastaron el trabajo de oposición contra la ofensiva contaminante del Polo. "La gente te identifica, sos referente. Pero cuando no tenés más respuestas, los huevazos te los tiran a vos, no al funcionario", reconoció Juan Carlos Longhi. Pese a ello, el trabajo no se detuvo. Cada uno de los vecinos adquirió de a poco conocimientos específicos sobre cuestiones ambientales. Lo cierto es que cuando la central termoeléctrica Dock Sud, empresa del grupo español Endesa, instaló un cableado de alta tensión sobre la calle Ponce que separa el Polo de la Villa Inflamable, los vecinos se hicieron presentes. "Por debajo de esa calle hay cientos de caños que comunican a las destilerías entre sí, sin aprobación municipal", puntualizó Osvaldo Ramírez, quien admite que la lucha se quebró "cuando la empresa les dio 10.000 pesos a los vecinos para que permitieran la instalación". En la actualidad la central no está en funcionamiento, pero se realizan pruebas diarias de puesta a punto, con el resultado de ruidos insoportables en cualquier horario.

Frente al constante reclamo vecinal, las empresas del Polo respondieron con una sistemática campaña de acercamiento a la población. "Shell formó una comisión de propaganda para salirnos al cruce", recuerda Luis Mahr. Cuando los habitantes comenzaron a organizarse y a realizar charlas en los colegios, la multinacional anglo-holandesa, que ocupa 106 hectáreas del Polo, convirtió en mecánica habitual las invitaciones a recorrer las plantas y los regalos de indumentaria a los chicos y jóvenes de Dock Sud. Además despliega todo su poderío económico: becas anuales para 500 alumnos que asisten a la escuela infantil del club Sportivo Dock Sud, equipamiento para la sala de Cardiología del Hospital Presidente Perón, construcción del laboratorio de Seguridad Biológica del Hospital Fiorito, puesta en marcha de la Unidad Sanitaria San Martín de Porres, etc.14.

Tierra de nadie

A fines de 2000, los gobiernos nacional, provincial, municipal y de la Ciudad de Buenos Aires, firmaron un convenio para terminar con el vacío de control en el Polo. En octubre de 1993 el gobierno de Carlos Menem había decidido pasar el control de la zona a manos de la provincia de Buenos Aires para no asumir el costo político que implicaba el montaje de la planta de coque. A partir de allí, las empresas que integran el Polo quedaron liberadas de cualquier tipo de control estatal, a tal punto que es casi imposible saber cuántas plantas funcionan y qué es lo que almacenan. Los organismos que tendrían que intervenir en la actualidad son la Secretaría de Política Ambiental bonaerense y la Administración Portuaria. Además, la Prefectura Naval Argentina, según lo estipulan las leyes 18.398 y 22.190, tiene la obligación de prevenir la contaminación de las aguas por vertido de hidrocarburos15. Ejemplos evidentes del incumplimiento de todo contralor por la gobernación son el estado del cauce del Riachuelo y el silencio ante el derrame de más de 100.000 litros de combustible, el 12 de enero último, en la dársena de inflamables.

Frente a la peligrosidad que engendra el Polo, el intendente de Avellaneda, Oscar Laborde, se lamentó: "Estamos limitados a actuar en caso de ruidos molestos, no tenemos ni jurisdicción ni atributos. Nosotros sólo podemos informar a la Secretaría de Medio Ambiente de la provincia, que actúa lento, tarde y poco". Mientras el jefe comunal mostró como un logro de su gestión la firma del convenio, un Plan de monitoreo continuo del aire, su secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Máximo Lanzetta, consideró cautelosamente el acuerdo como un "intento de superación al problema de jurisdicción". Lo cierto es que el Plan se limita al seguimiento de posibles escapes de gases, dejando sin control los vertidos tanto en el río como en el suelo."El Polo es un Estado dentro del Estado", denunció Jorge Hiquis dejando en claro el nulo poder de intervención que tendrá el nuevo comité que se forme a partir de la efectivización del convenio.

Cuando llega la noche a Dock Sud, falta el aire. Muy cerca, las luces del Polo Petroquímico dibujan con precisión los contornos de una fortaleza que impone las reglas: tiene bajo sus pies la vida de miles de personas. Un chispazo hace la diferencia.

  1. Héctor Mazza, "Zona de desastre ecológico", Gente del Sur, Buenos Aires, diciembre de 1996.
  2. Sergio Tomaro, "En Dock Sud se respiran combinaciones mortales", Diario Popular, Buenos Aires,4-5-97.
  3. "Algo huele mal en Dock Sud", El Espejo de Argentina y el Mundo Nº 81, Buenos Aires, abril de 2000.
  4. Sergio Tomaro, "El poder de dos bombas atómicas", Diario Popular, Buenos Aires, 12-11-95. El dato fue confirmado por el Secretario de Medio Ambiente de Avellaneda, Máximo Lanzetta.
  5. Alejandra Dandan, "Los que viven en medio del vaho", Página 12, Buenos Aires, octubre de 2000.
  6. Ibídem 5.
  7. Meriem Choukroun, "Dock Sud también existe", Ciudad Abierta, Buenos Aires, octubre de 1996.
  8. "Dock Sud, un polvorín mortal", Diario Popular, Buenos Aires, 2-4-95.
  9. Shell, "A la opinión pública", solicitada Clarín, Buenos Aires, 5-5-95.
  10. Shell, "Medio Ambiente, hechos significativos", Resumen de actividades 1999-2000, Buenos Aires, diciembre de 2000.
  11. Meriem Choukroun y Ricardo Beltrán, "Dock Sud: como éramos pocos…", Revista Humor, Buenos Aires, 1996.
  12. "Avellaneda está siendo contaminada por Trieco SA o no", Avellaneda, Buenos Aires, enero de 2001.
  13. Ibídem 12.
  14. www.shell.com.ar, "Shell en la Argentina", 28-5-00.
  15. Ibídem 1.

Contaminación sin fronteras

La expansión internacional representa una ventajosa salida para las empresas que necesitan multiplicar sus ganancias y, a la vez, eludir los rígidos límites de producción en los países centrales. Así, la instalación de industrias en lugares recónditos del globo no es una novedad y las huellas que dejan allí, tampoco. Dos de las compañías instaladas en Dock Sud, Royal Dutch Shell y Union Carbide, cuentan con un pasado repleto de desastres naturales en países del Tercer Mundo tan pobres como permisivos.

El 3 de diciembre de 1984, en la planta de la Union Carbide en Bhopal, India, se generó una pérdida de isocianato metílico que mató a 3.000 personas y representó el peor desastre ambiental de la historia hasta Chernobyl. La tragedia conmovió al mundo porque pudo haberse evitado, ya que una inspección previa realizada en la planta gemela de la Carbide en West Virgina, advirtió el riesgo1. La catástrofe de Bhopal es el caso modelo que identifica a la Union Carbide, pero en Estados Unidos se registraron varias denuncias más por la muerte de obreros en West Virginia y por una injustificada mortalidad por cáncer cerebral en Texas, en 1977. Los vecinos del Doke aseguran que el producto químico que mató a 3.000 indios en Bhopal, "es el mismo que hoy se produce en la planta de la Union en Dock Sud".

La influencia de Shell en el mundo quedó evidenciada en Nigeria, donde nueve dirigentes de la etnia Ogoni fueron juzgados por defender el ecosistema en el delta del río Níger y ahorcados por la junta militar gobernante en 19952. En ese lugar estaba instalada una planta de Shell. Uno de los condenados a muerte fue el escritor Ken Saro-Wiwa, quien escribió: "Lo que la Shell y la Chevron han hecho al pueblo ogoni, a sus tierras y a sus ríos, a sus arroyos, a su atmósfera, llega al nivel de genocidio"3. Si bien Shell negó presiones sobre el gobierno ("El holding envió personalmente una carta al jefe de Estado pidiendo clemencia para los acusados")4, el gerente general de la empresa en Nigeria, Naemeka Achebe, opinó tres meses antes del juicio que "para una empresa comercial que se propone realizar inversiones, es necesario un ambiente de estabilidad. Las dictaduras ofrecen eso"5. Shell aclaró que era "absolutamente falso que las fuerzas ocupantes en la tierra Ogoni fueran llamadas por la empresa". La horca no alcanzó para silenciar el alegato de Saro-Wiwa, que es hoy un símbolo para los ecologistas de todo el mundo: "Todos nos enfrentamos un día al juicio de la historia (…). Mis compañeros y yo no somos los únicos en este proceso. También se juzga aquí a la Shell, y si bien la compañía logró eludir este proceso, su día llegará. No tengo ninguna duda de que un día se le pedirán cuentas por la guerra ecológica que realizó en el delta, y que deberá pagar por sus crímenes".

  1. Rogelio García Lupo, "Una pila de muertes", El Periodista, Buenos Aires, marzo de 1985.
  2. Roland-Pierre Paringaux, "Business, petróleo y derechos humanos", Le Monde diplomatique edición Cono Sur, Buenos Aires, diciembre de 2000.
  3. Eduardo Galeano, "El petróleo dicta lecciones de impunidad", Página 12, Buenos Aires, 15-2-98.
  4. Malcom T. Willams (apoyo de Asuntos y Desarrollos de Capacitación, Planeamiento Ambiental y Asuntos Exteriores de Shell), comunicado a las ONG"s de Argentina, 1996.
  5. Ibídem 3.


Autor/es Martín Latorraca, Hugo Montero
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 22 - Abril 2001
Páginas:14, 15
Temas Deuda Externa, Derechos Humanos, Estado (Justicia), Movimientos Sociales, Políticas Locales, Medioambiente, Salud
Países Estados Unidos, Argentina, Níger, Nigeria, India, Francia, Holanda (Países Bajos)