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Modelo argentino, tercer acto

Escenario de tragedia griega: Argentina es un barco devastado y a la deriva; el protagonista es el establishment financiero; la trama, la incapacidad de este modelo para sobrevivir 1. El gobierno, actor principal, asume el mandato de los dioses, que emana de los mercados y reza "¡ajustarás!", indiferente ante la involución de la economía real, la caída de la política, el desquicio de la sociedad. Este trágico final no es una fatalidad. Con realismo y voluntad política es posible instrumentar acciones que privilegien la defensa del interés nacional.

Lejos queda la edad de oro de la dictadura 1976-83, ese primer acto que permitió al sector financiero apropiarse del excedente de la Argentina industrial y evadir capitales en gran escala. Lejos, también, la edad heroica del menemismo, segundo acto sobre fondo de convertibilidad, que permitió los estupendos negocios del petróleo, las jubilaciones, el remate de las empresas públicas.

Veamos el tercer acto. Crédito Público, Canje, "Competitividad", meros intentos para perpetuar el modelo rentístico financiero. El equipo del ministerio de Economía trata ahora de instrumentar la irreversibilidad del modelo. Que Argentina siga siendo una enorme, perfecta e inapelable fuente de renta para ellos, así en este gobierno como en el próximo.

La historia argentina tiene una línea trazada en este sentido: el uso del endeudamiento externo como reaseguro permanente de las relaciones de poder, ya desde las lejanas épocas del empréstito de Baring Brothers. La innecesaria deuda externa sirvió para cambiar de modelo en 1976-83. Hoy es el oxígeno que permite subsistir a la convertibilidad, así como el medio para mantener la actual fuente de renta, sin riesgo de eventuales políticas nacionales.

Ocurre que llegados a la crisis económica terminal actual, sin ninguna perspectiva de reactivación, en medio de la corrupción generalizada y con creciente inseguridad, los signos de "fin de régimen" se acrecientan. La garantía de continuidad no puede constituirse dentro del país; sería barrida con facilidad por un gobierno popular. Cualquier ley que se dicte hoy, podría ser derogada mañana. Entonces hay que atarla al extranjero: que el sector financiero internacional sea el garante de la renta financiera, de sus propios intereses y de la sobrevida de sus socios locales. ¿Cómo hacerlo?

La ley de Crédito Público y el Canje

Como los tiempos se aceleran, el ministro de Economía actuó con rapidez: envió al Congreso un proyecto de ley de Crédito Público, que garantiza todas las operaciones de crédito público (amortizaciones e intereses) con la masa de recursos fiscales coparticipables. De tal modo, el tenedor de un bono no pagado podría presentarse al Banco de la Nación Argentina en Buenos Aires o en Nueva York, para cobrarlo sin más trámite. De este modo, sueldos, jubilaciones y participación a las provincias se realizan sobre el saldo que quede después de pagar los intereses de la deuda.

Pronto se vió que el proyecto de ley carecía de consenso, por lo que el ministro de Economía lo retiró (por ahora), a pesar de que dos días antes lo presentaba como indispensable. Hubiese sido como entrar en el túnel del tiempo. Los nostálgicos del siglo XIX podrían evocar las ocupaciones militares por países imperiales, que cuando se retiraban del país ocupado dejaban tropas y empleados en la aduana (principal lugar de recaudación de la época) para que cobraran y remesaran los impuestos pagados. Otra nostalgia, con otro sentido, se reaviva cuando se recuerda que en 1901 el presidente Julio A. Roca -por sugerencia del Dr. Carlos Pellegrini- envió al Congreso un proyecto de consolidación de 30 empréstitos en uno solo, a 4% de interés y estableciendo como garantía el depósito en el Banco de la Nación de una parte de los ingresos de la aduana, a la orden de los prestamistas. El proyecto fue aprobado en el Senado, pero nunca se consideró en la Cámara de Diputados por el movimiento de indignación que suscitó esa ingerencia de los acreedores.

La segunda maniobra, en ejecución a finales de mayo, es el canje de los bonos de la deuda externa. Aquí se presenta uno de los problemas de fondo del endeudamiento: ¿quién paga? Existen tres soluciones en consideración: la del sector financiero, la que resguarda los intereses del contribuyente estadounidense y una tercera que defiende los intereses nacionales argentinos.

La posición del sector financiero es la tradicional: el que debe pagar es el deudor, y cuando éste no puede, se realiza un salvataje a cargo de organismos financieros internacionales, a los cuales después les paga el Estado del país deudor.

Es notorio que para Argentina el pago de la deuda externa es una pesada carga. Sólo el pago de intereses implica un 21% del presupuesto nacional y supera en 30% a todos los pagos por sueldos de toda la administración pública nacional. En cuanto a las amortizaciones de capital, ya no es fácil su renovación periódica (de allí la necesidad del canje).

Los costos políticos de esta "solución" son evidentes y han servido para mantener el modelo neoliberal. Como no se puede pagar, hay que pedir nuevos préstamos y refinanciamientos, que se otorgan a cambio de ajustar la política económica a las exigencias del Fondo Monetario Internacional y que aumentan la deuda de modo explosivo. En el plano ideológico, se practica un terrorismo desembozado: o se paga o se va al caos.

En síntesis, el sector financiero explota al máximo la renta de que dispone, a la que se suman las operaciones normales del sistema bancario cobradas a precios exorbitantes (spreads, comisiones, entre otros); los intereses y amortizaciones de la deuda externa, que se multiplican todos los años; la renta de las AFJP (5.000 millones al año, que con anterioridad eran ingresos fiscales pero que ellas captan mientras las jubilaciones las paga la ANSES)2 ; la renta de los servicios públicos privatizados (indexadas en dólares) y de los recursos naturales que explota (Repsol, por ejemplo, extrae el barril de petróleo a costo nacional -entre 6 y 12 dólares- y lo vende en el mercado interno a precio internacional, entre 25 y 30 dólares). Esta renta perversa es la que el sector financiero defiende y defenderá hasta el final, incluso a costa de la disolución nacional.

Hay otras posibilidades

Pero esta posición del sector financiero no constituye la verdad revelada y está muy lejos de ser aceptada, aun por los sectores liberales globalizados. No sólo es rechazada por quienes quieren cambios profundos, sino por economistas conservadores estadounidenses deseosos de preservar sus intereses nacionales, amenazados por la insaciable irracionalidad de los operadores financieros. Defienden los intereses del "contribuyente estadounidense", la mítica figura del taxpayer. No obstante, proponen una solución novedosa: parten de la base de que los bancos o fondos de pensiones hacen préstamos y colocaciones a altísimas tasas de interés a gobiernos irresponsables o insolventes con la mayor tranquilidad, porque saben que de todas maneras las pérdidas eventuales serán absorbidas por un salvataje de organismos financieros internacionales, que le pagarán a los acreedores. Así ocurrió con los 50.000 millones de dólares del salvataje a México liderado por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, en 1995; en 1996 fueron los casos de Tailandia por 17.000 millones, Indonesia por 34.000 millones y Corea por 57.000 millones; en 1998, fue Rusia por 16.000 millones y Brasil por 42.000 millones; ahora son los casos de Turquía por 10.000 millones y de Argentina. En todos estos casos -excepto el de Rusia- ningún acreedor perdió un solo dólar, al tiempo que cobraban intereses como si se tratara de operaciones de alto riesgo.

Frente a esta situación se han elaborado algunas propuestas. La más conocida es la que Adam Lerrick y Allan H. Meltzer, del Gaillot Center y de la Carnegie Mellon University, presentaron al Comité Económico Conjunto del Congreso de Estados Unidos, que la respaldó. Comienza por lo que nuestros economistas neoliberales calificarían como una total herejía: distinguen claramente entre una cesación de pagos (default) destructiva y otra constructiva. Para la teología neoliberal en boga, equivale a decir que hay un infierno malo y otro bueno, pero ocurre que dos economistas del establishment estadounidense hacen la distinción.

Más aún: dicen que en caso de crisis, los acreedores deben soportar fuertes pérdidas dentro de límites predecibles. La forma de operar que proponen es la siguiente: primero, el sector oficial liderado por el FMI debe ofrecer al gobierno del país deudor un préstamo para que compre la deuda al sector privado a un precio cash fijo que sea sustancialmente menor al valor nominal; segundo, el deudor cesa todos sus pagos al sector privado; tercero: en un plazo de entre 3 y 6 meses, se reestructura la deuda de modo planificado y con un valor rebajado. Toda la deuda recomprada debe ser dada en garantía al FMI y la mitad de los ingresos por nuevos préstamos deben ser afectados al pago del préstamo (facility) del FMI. "Esto es muy superior al escenario estándar de salvataje, en el que los inversores privados no soportan ningún costo por sus errores, el país a menudo continúa con una carga insostenible y el FMI tiene crecientes demandas de un cuestionable deudor, cuyas refinanciaciones encubren incumplimientos del servicio de la deuda", sostienen3. De tal modo, concluye el informe, el sector oficial deja su papel actual de garante del capital especulativo en las economías emergentes y se convierte en un prestamista en última instancia, que responde por las fallas del mercado.

La defensa del interés nacional en el tema de la deuda externa tiene una amplia gama de instrumentos. Por supuesto, exige un requisito previo: que exista voluntad política de servir al país y no a los acreedores. Este requisito está ausente, por ahora. Sin teorizar sobre posibles medidas, señalemos la posibilidad de dos cursos de acción complementarios: la rebaja drástica de la cotización de los bonos y su posterior recompra; y el gravamen o la conversión respecto de fondos evadidos al exterior.

La experiencia de Brasil en 1937, bajo la presidencia de Getulio Vargas, demuestra que es posible tirar abajo la cotización de los bonos para recomprarlos enseguida. Un artículo publicado en la revista del Banco Mundial sostiene que esto es perfectamente lícito: "la recompra de bonos depreciados por incumplimiento constituye un modo de eliminar costosos errores de préstamos. Removiendo el residuo en el mercado de bonos no redituables, se hace posible cotizar nuevas emisiones de valores en la bolsa y recomenzar el proceso de préstamos. Recompras son también reventas -es decir, transacciones voluntarias por parte de los tenedores de bonos- y como tales representan la solución de mercado al problema de cómo distribuir las pérdidas asociadas con un préstamo no satisfactorio"4.

Es sabido que esto es posible y lícito. Se suele ignorar, en cambio, que en 1992 se pudo haber recomprado la deuda externa al 18% de su valor de ese momento5. En diciembre de ese año se firmó el convenio Brady, por el cual se reestructuraban 23.000 millones de dólares del principal y 8.600 millones de dólares de atrasos de intereses. En teoría, se obtuvieron rebajas, pero mucho menores a las que ya había otorgado el mercado, al cotizar los bonos argentinos en el mercado secundario al 18% de su valor nominal, su valor pre-Brady. En el mercado, la deuda argentina valía 5.688 millones de dólares, pero en ese momento se asumieron deudas por 31.600 millones y además se pagó un bono cupón cero (que no distribuye intereses) de Estados Unidos por 3.600 millones de dólares. No parece un buen negocio, salvo para quienes lo idearon e instrumentaron, que cobraron además comisiones por la operación.

Otra posibilidad consiste en hacer pagar una parte del costo a quienes evadieron capitales y los depositaron en el extranjero. El economista estadounidense David Felix sostiene la posibilidad de que el pago recaiga en quienes tienen fondos evadidos y depositados en el extranjero, solución que a su juicio tiene una "delicada pátina de ortodoxia". En efecto: "durante la primera guerra mundial Gran Bretaña y Francia, los dos prestamistas líderes de la era del laissez-faire, obligaron a sus ciudadanos a registrar sus tenencias en el extranjero en el Tesoro, el cual las liquidaba de acuerdo con sus necesidades, pagando a los dueños en bonos en moneda nacional, y utilizando las divisas para cubrir déficit en cuenta corriente"6. Felix agrega que la Bank Secrecy Act de Estados Unidos de 1970 hace posible a los bancos el suministro de datos a los países vdeudores.

Culminar el sometimiento o construir otras soluciones

En suma, ¿cómo sigue la tragedia? Existen múltiples posibilidades. La más grave es perseverar en la economía al servicio de la deuda, el ajuste perpetuo en lo social y dar por terminada la política. Canje por decreto, "crédito público" por ley o en los hechos (mediante la privatización de la recaudación), combinado a una falaz campaña contra el gasto político, que no busca reducir los mediocres fastos de muchos dirigentes, que dan asco, sino confiscar las instituciones. Muerte de la República. Esta hipótesis no es viable sin represión: habrá que ver si la violencia legal en la Argentina acepta proteger los intereses, no ya de una clase dirigente, sino de bandas delictivas que desde 1976 buscan negociados, comisiones y renta financiera.

Pero existen otras salidas posibles. Sólo la ceguera y el fanatismo de los tecnócratas encumbrados hoy en el poder impiden considerar soluciones a la deuda externa como la de Lerrick y Meltzer, que es el "default" constructivo y consensuado con Estados Unidos, o construir poder para privilegiar la defensa nacional en el campo de la deuda. Sin ninguna fatalidad celestial que indique a la Argentina el camino a seguir, es posible encarar políticas que permitan recuperar la economía y el excedente al servicio del interés nacional, sin pelearse con nadie. Sólo con el sector financiero.

  1. Alfredo Eric Calcagno y Eric Calcagno, "¿Cuánto tiempo le queda al modelo?", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, enero 2001.
  2. Jorge Beinstein y Mario D. Lorenzo, "El saqueo de las jubilaciones", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, diciembre 1999.
  3. Ibid.
  4. Barry Eichengreen y Richard Portes, "Settling defaults in the era of bond finance", The World Bank Economic Review, 1989, vol. 3, nº 2, pág. 226.
  5. En los contratos de deuda externa se prohibía la recompra por el gobierno; pero dada la ilicitud de la deuda y la disposición de bancos y financieras internacionales a efectuar esa compra en secreto, pudo haberse efectuado.
  6. David Felix, "How to resolve Latin America debt crisis", Challenge, nº 28, noviembre-diciembre de 1985, págs. 44 a 51.
Autor/es Alfredo Eric Calcagno, Eric Calcagno
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 24 - Junio 2001
Páginas:6, 7
Temas Corrupción, Desarrollo, Deuda Externa, Mundialización (Economía), Neoliberalismo, Estado (Justicia), Estado (Política), Políticas Locales
Países Estados Unidos, México, Argentina, Brasil, Indonesia, Tailandia, Francia, Rusia, Turquía