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La Cienciología vs. la RepúblicaEl actual juicio por estafa a miembros de la Iglesia de la Cienciología, la desaparición de fojas judiciales y las conclusiones de la investigación parlamentaria en Francia, reanimaron el debate sobre las sectas. ¿Cuál es el límite entre libertad de cultos y la protección hacia aquellos que se dejan atrapar por grupos "religiosos" que los explotan más de lo que los sostienen?La reciente investigación parlamentaria sobre las sectas en Francia y sus relaciones con las empresas concluyó que el fenómeno sectario "perdió en espiritualidad lo que ganó en mercantilismo" y que "su nocividad creció en consecuencia"1. La Iglesia de la Cienciología es la primera en la mira. Su proselitismo agresivo (centros de formación, movilización de estrellas del espectáculo o de ídolos del deporte) y su influencia preocupan -como se pudo observar en ocasión del juicio de París, en octubre de 1998, cuando desapareció un tomo y medio del sumario de instrucción- y al parecer el mundo político se pone de acuerdo para considerar a esta Iglesia como el grupo más nocivo. El "éxito" de la Cienciología revela ciertas tendencias pesadas de la modernidad mercantil y es en este punto un objeto de estudio interesante. Culto de la técnica, mística de la institución: la iglesia de la Cienciología considera que el problema, en el hombre, es el hombre mismo. Habría que "liberarlo" de sus imperfecciones, de sus dependencias, de sus debilidades… en resumen, de su humanidad misma. Para rehabilitar a la humanidad, para reemplazar al homo sapiens por el homo novis, la Cienciología pretende imbuírlo de técnicas ("tec") que supuestamente liberan la potencia. Existen "tec" para pensar, para comunicar, para vender, para la pareja, etc. Las "tec" son obra de un estadounidense, Lafayette Ronald Hubbard (1911-1986), prolífico autor de novelas de ciencia ficción, pero también genio mitómano2. Sería el único en haber encontrado, poniendo en riesgo su vida, el "camino hacia la libertad total". La "tec estándar", que extrajo de esta experiencia, sería "liberadora". Pero desemboca, de hecho, en la servidumbre. Reduce al individuo a un conjunto de técnicas, transformándolo en un ejemplar de una identidad fundada sobre normas. La Cienciología profana así lo que generalmente se considera sagrado (lo humano, el vínculo social) y en cambio sacraliza lo profano (el dinero, la técnica, el mercado). En este sentido, la nocividad de la Cienciología no reside tanto en su alteridad como en su capacidad para reforzar una visión social "moderna". Se trata de volver más capaz a la gente capaz, de estandarizar toda actividad y normalizar a las personas. Así, la Cienciología explica que el cansancio en el trabajo se debe a problemas personales. Propone "tecs" con el objetivo de "evitar juegos irracionales como las huelgas, que perturban la producción o las buenas relaciones sociales dentro de la empresa". Este tipo de discurso es bien recibido en numerosas multinacionales, como demuestra la larga lista de clientes que usan, según ella, su "tec" del estudio -General Motors, Citroën, Lancôme, Perrier, Mobil Oil, Epson-Estados Unidos, Volkswagen, etc.3- o de empresas que sostendrían su Fundación del Camino de la Felicidad: Coca Cola, McDonald´s, etc.4. Los diecisiete colegios "Hubbard" de administración, destinados a enseñar la "tec" de gestión, están llenos. Después de Estados Unidos, el Reino Unido, Australia y Suiza, Rusia ya cuenta con cuatro de estos colegios, que forman alrededor de 350 ejecutivos por mes. Así, en el mundo, 175.000 ejecutivos habrían sido formados por la Cienciología. En el ámbito local, los adeptos se reagrupan en las "org", constituidas en filiales o en franquicias comerciales de la organización madre. El conjunto de las "org" actúa de manera "estándar", aplicando los mismos procedimientos. Las "org" de base (denominadas de "clase V") venden los servicios de introducción (de "pre-aclarado" a "aclarado"). Las "org avanzadas" comercializan los niveles secretos. La Iglesia reivindica seis millones de adeptos en el mundo, pero contabiliza a todos los consumidores de cualquiera de sus productos (libros, formación): sólo algunas decenas de miles han alcanzado los niveles secretos. La Cienciología tiene un solo objetivo: concebir, fabricar y vender bienes de salvación. Un recorrido completo cuesta como mínimo 80.000 dólares. Los adeptos son formados para reclutar. Aprenden, paralelamente, a allanar sus propias reticencias a comprar productos. Algunos cursos -igualmente propuestos a las grandes empresas- enseñan la "venta sagrada". Aquí, la felicidad (religiosa) es proporcional al consumo (mercantil). Detrás de su fachada religiosa, la Cienciología vive una militarización creciente. La dianética se presenta en 1950 como una disciplina científica y terapéutica, provocando rápidamente la oposición del cuerpo médico, en particular el psiquiátrico. Hubbard desarrolla por lo tanto la dimensión religiosa, con el fin de beneficiarse de la protección de la primera enmienda de la Constitución estadounidense y, por supuesto, de la exención fiscal. Adopta entonces todo un catálogo de signos religiosos (credo, plegarias). Luego de haber abandonado, en 1966, la dirección administrativa para dedicarse a sus investigaciones, se embarca a bordo de una flotilla y funda la "Sea Org" (organización marítima), verdadera agrupación paramilitar. La flota es desarticulada en 1976 y el estado mayor se instala definitivamente en Estados Unidos. La totalidad de los puestos de dirección permanecen sin embargo bajo el control de estos monjes-soldados. David Miscavige, hijo de cienciólogos y miembro de los "mensajeros del comandante", denuncia pronto la alteración de la "tec" por el presunto delfín de Hubbard, David Mayo, y consigue alejar a los dirigentes luego de que estos fueran condenados por la justicia estadounidense a causa de espionaje. Desde entonces, Estados Unidos adoptó una actitud muy complaciente respecto de la Cienciología, mientras que Alemania la enfrenta agresivamente. El estado mayor actual ejerce a través del comité de vigilancia (Watchdog Committee), que controla la actividad de los once sectores de organización, y su servicio de seguridad, la Oficina Internacional de Asuntos Especiales (OSAI). Esta mística de la organización ofrece una manera de sostener a sujetos vulnerables. La fragilidad de los adeptos es generada por una infinidad de mecanismos. Un sistema interno de estadísticas obliga a cada uno a hacer cada vez más, un objetivo condenado obviamente al fracaso. Se le agregan mecanismos constantes de vigilancia y delación: son obligatorios veinte tipos de informes, además de la delación voluntaria (informes de daños, de pérdidas, de desobediencia, de falso informe, de no-informe, etc.). Estas informaciones se agregan, en la "bio" del adepto, a las obtenidas por confesión. Un mecanismo con efectos parecidos a los de la política de moda de la "calidad total", donde el asalariado es constantemente requerido, reducido a una función, incapaz de descansar. En la cosmogonía de la Iglesia, los hombres serían "thetáns" (principio espiritual inmortal), que luego de crear el universo habrían quedado pegados a su propia creación. El "thetán" nuevamente "operante" ("OT"), dominaría materia, energía, espacio y tiempo. El adepto debe para ello purificarse de sus toxinas, drogas y radiaciones; luego de sus "falsos objetivos" (objetivos "no-tec"), de sus "valores" (identidad cultural, imágenes impuestas en el marco familiar, amistades "no-tec"). Descubre entonces, durante los "niveles secretos", que no es el único en su ser, sino que miles de otras identidades se le pegaron hace "tres mil millones de años". Deberá deshacerse de ellas por medio de una especie de exorcismo "tec" sin fin. Más tarde descubrirá que el "pasaje del muro de fuego" (OT III) fracasó. Otras entidades adormecidas ("clusters") están incrustadas en él, y partes de él están en otros lados… Esta doctrina cuestiona los fundamentos mismos del sentimiento de individualidad, ataca los límites entre interior y exterior, entre yo y otro, pasado y presente. Puede conducir a una forma de descomposición de la identidad. El adepto corre el riesgo de refugiarse en la locura (consagrada por la expresión ciencióloga "partir en rueda libre") o de identificarse por completo con el grupo. La Cienciología distingue entre la élite, el sospechoso y el inadaptado. Opone en primer lugar los "buenos" a los "supresivos", aquellos que le son hostiles. Existe además una tercera categoría, más problemática, pues está compuesta por las "posibles fuentes de desorden" (en inglés: PTS). Los PTS son aquellos que presentan variaciones de vigor (accidente, enfermedad, herejía, etc.). Bajo esta categoría, en realidad la humanidad entera se encuentra en decadencia. La Cienciología difunde una ideología de rechazo a la debilidad, de desprecio hacia lo débil. Lógicamente extrae de ella una crítica al Estado providencia y al sindicalismo, pero también propuestas para la gestión de empresas. Se dice apolítica, pero predica un ultraliberalismo no democrático. Considera en efecto a la democracia (el pensamiento colectivo) como una manifestación de la "mente reactiva" (de cierta forma de nuestra sub-humanidad). Como todas las evaluaciones cienciológicas, las apreciaciones políticas se encuentran resumidas en un valor númerico en la "escala de tonos". El dominio de cuarenta "niveles de tono" permite influir sobre el estado psíquico de los sujetos. La gente situada por debajo del nivel 2,0 debería verse privada de sus derechos civiles. La subversión "roja" ocupa el lugar más bajo de la escala (entre 1,1 y 1,3 en la escala de tonos) ya que postula sistemas de asistencia dañinos para la iniciativa privada y la riqueza. La izquierda promete libertad e igualdad pero aplasta a los ricos: por lo tanto, perjudica la supervivencia. Es la religión del débil, de aquel a quien no se puede ayudar, salvo para acelerar su caída y su muerte: "No es necesario producir un mundo de aclarados para lograr una sociedad razonable y válida", escribía Hubbard. Alcanza con eliminar a todas las personas que se situán en 2,0 o por debajo, sea "auditándolas" lo suficiente para llevarlas por encima de 2,0, sea poniendólas en cuarentena de la sociedad"5. La iglesia de la Cienciología es por lo tanto una máquina de guerra contra el humanismo y el pacto republicano. El laboratorio de un mundo posible. Nuestra sociedad debe favorecer modos de acceso diferenciados a lo universal, ¿pero quiere decir eso que debe tolerar un cuestionamiento radical de sus grandes principios fundadores?
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