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La amenaza

El incidente en la usina atómica japonesa de Tokaimura, la negativa del Senado de Estados Unidos a ratificar la prohibición total de las pruebas nucleares, la consecuente amenaza de rearme por parte de Rusia y el golpe militar en Pakistán, el único país potencia nuclear, renovaron en el último mes de octubre el temor internacional ante los múltiples riesgos.

Hay meses nefastos en la historia del mundo. El mes de octubre de 1999 fue testigo del regreso de un miedo olvidado desde 1989 y el final de la guerra fría: el pánico nuclear. Primero fue el accidente de la usina de Tokaimura en Japón, el primer día del mes. La opinión pública descubrió estupefacta que incluso en un país famoso por su alto nivel técnico se transgredían sistemáticamente principios elementales de seguridad, poniendo en peligro la salud y la vida de cientos de miles de personas. Esto relanzó en todas partes el debate sobre los riesgos del uso civil de la energía nuclear.

Siguió, el 13 de octubre, la increíble decisión del Senado de Estados Unidos de rechazar, contra el criterio del presidente William Clinton, la ratificación del Tratado de Prohibición Total de los Ensayos Nucleares (TITEN). Esta negativa, fundada en argumentos políticos mezquinos, es de una gravedad extraordinaria. Un verdadero desastre para la seguridad del planeta, ya que es pasible de interpretarse como una autorización para reanudar de manera general las pruebas atómicas. Por añadidura, afecta el principio de no proliferación nuclear1 y quita legitimidad de ahora en más a toda presión de Washington sobre los Estados que tienen la bomba o se disponen a tenerla para que detengan los ensayos atómicos.

Después de esta negativa del Senado, a Washington le costará convencer a Moscú para renegociar el tratado de 1982 (que limita el despliegue de misiles antibalísticos, ABM) y prevenir los progresos en materia balística de algunos países asiáticos, entre ellos Pakistán. Los rusos han interpretado la negativa como un relanzamiento de la carrera de armamentos y una incitación a perfeccionar su arsenal atómico2. Existe el riesgo de que Rusia y China, que todavía no ratificaron el Tratado de Prohibición Total de las Pruebas Nucleares, encuentren un pretexto para reanudarlas con objeto de miniaturizar sus proyectiles, como hizo Francia en 1995.

El primer ministro francés Lionel Jospin, que de ahora en más "toma en cuenta las armas balísticas y de destrucción masiva que poseen ciertas potencias", se manifestó dispuesto a encarar la "modernización" y "modificación" del arsenal nuclear de Francia con el objetivo de "oponerse a la materialización de una amenaza contra sus intereses vitales, cualesquiera sean su origen, su índole o su forma"3. El jefe de gobierno pensaba sin duda entre otras cosas en Pakistán, flamante potencia nuclear cuyas autoridades civiles, democráticamente electas, fueron destituídas por el ejército el 12 de octubre.

Si hay un país con una trágica tradición política, es Pakistán. Ningún jefe del ejecutivo de este estado de 140 millones de habitantes abandonó el poder voluntariamente. Nacido en 1947 de la división del imperio de las Indias, que vio huir a millones de musulmanes e hindúes en condiciones apocalípticas de las regiones donde eran respectivamente minoritarios, Pakistán, "el país de los puros", es el primer Estado creado sobre una base confesional: el islam.

Con el tiempo, este cimiento religioso demostró ser inepto para constituir una nación. A partir de 1971, la separación de Pakistán oriental, convertido en Bangladesh, mostró que los criterios étnicos pueden ser más fuertes que los religiosos. El otro elemento de cohesión, el odio a la India, exhibió también sus límites en todas las guerras que Pakistán libró y perdió con aquél país. El último enfrentamiento, por el control de las alturas de Kargil, en Cachemira, tuvo lugar en julio de 1999. Esa región de mayoría musulmana fue ocupada en parte desde 1948 por la India, que en la actualidad afronta allí una viva resistencia islámica ampliamente alentada por Pakistán. Tanto Islamabad como Nueva Delhi, por razones diferentes, hacen de Cachemira una cuestión vital, donde se jugaría la identidad de una y otra nación.

La derrota militar pakistaní en verano de 1999, seguida de la humillante retirada de las fuerzas invasoras que exigió Washington, antiguo aliado de Islamabad, determinó sin duda la caída del primer ministro Nawaz Sharif, derrocado por el general Pervez Musharraf.

Es la primera vez, desde que terminó la guerra fría, que se produce un golpe militar en un gran país, y sobre todo en un Estado que es dueño de armas nucleares; el único islámico que posee la bomba. Se trata de una potencia situada en una zona sumamente peligrosa: Pakistán debe afrontar la hostilidad de dos de sus vecinos, India e Irán; la nueva desconfianza de un antiguo aliado, China, y la actividad extremista de un Estado amigo, Afganistán, cuya influencia sobre las redes islámicas alentadas por Arabia Saudita, otro aliado de Islamabad, se extiende hasta el Asia central ex soviética y hasta el Cáucaso del norte (Daguestán y Chechenia, (ver págs. 10 y 11).

Además, Pakistán sigue siendo una de las principales plataformas mundiales del fundamentalismo musulmán y está al borde de la bancarrota. En el plano interno es un polvorín, debido a su enorme inestabilidad. Está dividido por conflictos religiosos entre sunnitas y chiítas (el 20% de la población); por enfrentamientos étnicos entre pashtunes, baluches, sindis y punyabis y por desigualdades sociales: el 40% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza y hay alrededor de 20 millones de niños esclavos… Por último, es uno de los países más corrompidos del mundo: según la ONU, la economía criminal, esto es, la surgida del contrabando, el tráfico de drogas y el tráfico de mujeres, superaría a la economía legal en valores absolutos.

Si añadimos que este Estado en disolución, ahora dominado por militares, va a disponer pronto de misiles que pueden transportar cargas nucleares a una distancia de 1.500 km ¿no hay bastantes motivos para alarmarse?

  1. Este principio está garantizado desde 1995 por el Tratado de no proliferación (TNP) que reconoce a los cinco miembros permanentes del Consejo de seguridad de las Naciones Unidas - China, Estados Unidos, Reino Unido y Rusia - como las únicas potencias nucleares autorizadas del planeta. Los únicos que no lo firmaron son Cuba, India, Israel y Pakistán.
  2. Luis Matías López, "Rusia amenaza con el rearme nuclear si EE.UU. viola en tratado", El País, Madrid, 27-10-99.
  3. Declaraciones en el Instituto de altos estudios de la defensa nacional, París, 22 de octubre de 1999.
Autor/es Ignacio Ramonet
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 5 - Noviembre 1999
Páginas:40
Traducción Marta Vassallo
Temas Tecnologías, Armamentismo, Conflictos Armados, Militares, Geopolítica
Países Estados Unidos, Afganistán, Cuba, Bangladesh, China, India, Japón, Pakistán, Francia, Rusia, Arabia Saudita, Israel