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Recuadros:

La hipocresía de las armas no letales

Ante el horror provocado por las imágenes de las muertes infligidas por sus ejércitos en las operaciones de guerra moderna (conservación de la paz, seguridad, etc.), los occidentales desarrollaron nuevas armas, destinadas a paralizar al adversario en lugar de destruirlo. A pesar de esta retórica seductora, en realidad las armas llamadas "no letales" elevan el nivel de violencia al ampliar el abanico de las técnicas de represión y plantean un futuro orwelliano.

A fines del siglo XX, muchas guerras ya no enfrentan ejércitos en el campo de batalla. El uso de los "escudos humanos" se hizo casi sistemático: la policía y el ejército se mezclan con los civiles para evitar ser tomados como blanco. Los misiles de crucero son políticamente primitivos cuando se trata de intervenir en conflictos internos complejos. De igual modo, las bombas de fibra de carbono o las bombas de fragmentación pueden disminuir el potencial militar adverso, pero no permiten vencer. En las huellas dejadas por la guerra de Kosovo se prepara una revolución de la estrategia militar1.

El principal beneficiario de esta nueva situación es el Pentágono, al que el presidente William Clinton concedió un aumento del presupuesto de 110 mil millones de dólares en seis años. Según William Hartung, investigador en el US World Policy Institute (New York), el presupuesto militar de Estados Unidos, que supera los 260 mil millones de dólares anuales, sólo tiene sentido en términos políticos y económicos y no en función de una amenaza real contra la seguridad estadounidense. Una suma así, subraya Hartung, "es dos veces más importante que el total de los presupuestos de todos los adversarios imaginables de Estados Unidos, teniendo en cuenta potencias mayores como China y Rusia y Estados parias como Irak, Corea del Norte y Libia"2. Para Hartung, los que deciden la política extranjera y militar de los EE.UU. son los fabricantes de armamentos, abocados a preparar, en el marco de una nueva doctrina, sistemas de armas que harán estallar las fronteras entre lo militar y lo policial.

El fin de la guerra fría marcó el vuelco de los conflictos desde los enfrentamientos entre Estados hacia cuestiones de seguridad nacional o de intervención exterior. Desde entonces, los estrategas estadounidenses sueñan con una sola cosa: la "guerra limpia". El surgimiento de una generación de armas destinadas a mutilar, paralizar o inmovilizar al adversario nació de la colaboración de ingenuos escritores de ciencia ficción (Chris y Janet Morris) y de futurólogos (Alvin y Heidi Toffler), con el ex director de la CIA Ray Cline y el coronel John Alexander3.

Juntos, desarrollaron una doctrina de guerra centrada en una panoplia de armas y tácticas avanzadas "no letales". El departamento de defensa define estas últimas como "sistemas de armas concebidas y empleadas para incapacitar efectivos o materiales, minimizando las muertes, las heridas permanentes y los daños involuntarios a las propiedades y al entorno"4. La mayoría de los partidarios de esta doctrina reconocen, sin embargo, el carácter teórico de esta noción y prefieren hablar de tecnologías "menos letales".

La colaboración de los escritores con esos militares les abrió las puertas de los laboratorios de armamentos nucleares Lawrence Livermore y Los Alamos, en la búsqueda de un nuevo rol después de la guerra fría. Esta doctrina humanista de "una guerra sin muertos" presentaba una doble ventaja: a la vez que reactivaba la investigación, constituía una operación de relaciones públicas que permitía salir de una serie de episodios desastrosos (el caso Rodney King, el sitio de Waco y las humillaciones soportadas por el ejército estadounidense en Somalia).

Como comandante en jefe de los ejércitos, el presidente William Clinton sería, se dice, muy sensible a esta doctrina. Sus colaboradores señalan que sufre cuando mueren inocentes y que aún se acuerda del nombre de Laylar al-Attar, célebre pintor iraquí muerto durante los primeros bombardeos aéreos sobre Bagdad. Además, en la "era de la información", los muertos civiles y los daños colaterales, pueden tener un importante impacto sobre la opinión pública.

Se proclamó entonces que ignorar la presencia de civiles y de no combatientes en el campo de batalla ya no era realista. El ejército debe ser capaz de conducir sus misiones de acuerdo con esto. Debe poder prohibir el acceso a una zona, controlar una muchedumbre, apresar una persona o inmovilizar un vehículo.

Menú letal y público

Entre los instrumentos necesarios para estas misiones, se contabilizan municiones con impacto contundente (armas cinéticas, que no penetran en el cuerpo, pero matan); vaporizadores de agentes químicos, calmantes, granadas de percusión, descarga eléctrica, sistemas "antitracción" ultra deslizantes, fuerza acústica, madejas/redes, espumas, barreras, haces de energía, rayo láser isótropo (fuente luminosa intensa y omnidireccional), superpolímeros (para crear una niebla adhesiva, inmovilizante) y minas discapacitantes.

Las investigaciones desembocaron en un arsenal más apto para reprimir la expresión de los problemas sociales y políticos que para actuar sobre sus orígenes. Los militares admiten gustosos que la doctrina no consiste en reemplazar armas mortales por soluciones menos mortíferas, sino en aumentar la potencia mortal en situación de guerra y en "operaciones que no sean de guerra", en las cuales los blancos principales incluyen civiles. Se abrió una caja de Pandora, repleta de tecnologías concebidas para parecer humanistas, pero no para serlo. Porque, en razón del "factor CNN", las armas de represión ahora deben ser presentables ante las cámaras.

De hecho, los "progresos" en este área de innovación fueron fulgurantes. Desde 1995, el grupo de trabajo de los ejércitos estadounidenses sobre las armas no letales (US Joint Non-Lethal Weapons, JNLW) pudo testear varios tipos de artefactos de impacto contundente, irritantes químicos, tecnologías de desorientación, redes y barreras de espumas acuosas. En 1996, el grupo evaluó redes y la espuma adhesiva, las minas pasivas discapacitantes, agentes químicos para control de motines (capaces, a elección, de causar un dolor agudo, como de cegar temporalmente, de hacer vomitar o ahogar, o de adormecer), barreras deslizantes y minas de Caltrops/Volcano (que explotan cuando una persona penetra en una zona prohibida) y también un arma acústica.

Muchos de estos proyectos ya fueron llevados a cabo: sistemas destinados a detener los tiradores aislados (snipper stopper), como el SDS, comandado por el Advanced Research Projects Agency (ARPA), que sería capaz de detectar el aliento del cañón y de reaccionar5; una versión del fusil de asalto M16 modificada para disparar granadas esponjas (XM 1006) de 40 mm. (pero que conserva el uso letal de balas de 5,56 mm.); un sistema de proyectil de velocidad variable, que puede ser con una misma munición un instrumento de control de muchedumbres por impacto moderado o, en su máxima velocidad, un arma mortífera. Los láseres cegadores, cuyos prototipos fueron testeados en Somalia, hoy ya están maduros6.

La mayoría de los programas de armas "menos letales" reciben una calificación secreta, pero debido a su gran éxito comercial aparecen regularmente informaciones en la prensa especializada. Sin embargo, para hacerse una idea precisa de esos progresos, había que concurrir a las conferencias organizadas por la revista Jane´s en Londres, en 1997 y 1998.

El JNLW, en su programa de investigación para el año 1997, propuso seis áreas a los laboratorios ligados al gobierno: detectores de presencia; balas con envoltura desmenuzable; armas adaptables no letales; instrumentos de distribución de largo alcance; vehículos sin tripulación. Recibió sesenta y tres proyectos, de los cuales un jurado seleccionó tres por sus aspectos técnicos y prácticos: difusores químicos; fibras araña; pulsadores electromagnéticos (destinados a detener vehículos). El programa 1998 proponía cuatro áreas: efectos regulables discapacitantes; proyección de largo alcance; estimación de factibilidad y alternativas no letales a las minas antipersonales.

Durante la conferencia Jane´s 1997, Hildi S. Libby, directora del programa militar para los sistemas materiales no letales, abogó por una panoplia de tecnologías avanzadas destinadas a "insertarse en los programas de armas existentes". Su exposición estaba centrada, como era previsible, en las municiones que permiten aislar una zona7. En efecto, EE.UU. no quiere firmar el tratado sobre las minas antipersonales antes del año 2006, para poder desarrollar soluciones de recambio "convenientes". Libby presentó proyectos tales como: a) una mina anti-personal "no letal", basada en la mina clásica M1*A1; b) un cartucho "no letal" de 66 mm., de contención o represión de muchedumbre; c) un sistema de tiro de municiones diversas (balas de caucho, gas, minas discapacitantes, etc.); d) una mina anti-personal que encierra a su víctima en una red. Entre las "mejoras" ya testeadas de esta mina: el agregado de adhesivo, de irritantes, de electroshock, un efecto "hoja de afeitar", que obliga a las personas apuntadas a mantenerse inmóviles para limitar las laceraciones8.

Las conferencias Jane´s 1997 y 1998 permitieron también dar a conocer armas secretas, como la pistola Vortex, que emite ondas de choque hacia el cuerpo humano y armas acústicas, cuyo efecto, según el experto estadounidense William Arkin, puede ser "apenas molesto" o regulado para "producir 170 decibeles, causar rupturas de órganos, crear cavidades en los tejidos humanos y causar un traumatismo potencialmente letal".

La última conferencia Jane´s presentó el "concepto de defensa en capas": las pieles exteriores de la cebolla de defensa son las menos mortíferas y al acercarse al centro, se vuelven cada vez más letales. Se difundió un video de demostración, donde las tropas usaban armas con micro ondas y a su lado personal médico curaba las víctimas comatosas.

Peligrosas contradicciones

Más allá de las posibles violaciones al juramento de Hipócrates, Steven Aftergood, director de la Federación de científicos estadounidenses, subraya el carácter extremadamente intrusivo de esas armas: "No atacan sólo el cuerpo de una persona. Están destinadas a desorientar o a desestabilizar su mente."

Tales artefactos pueden interferir los reguladores biológicos de la temperatura del cuerpo humano; las armas con frecuencia radial, por ejemplo, actúan sobre las conexiones nerviosas del cuerpo o del cerebro; los sistemas con láser inducen, a distancia, descargas eléctricas "tetanizantes" o "paralizantes"9.

Varias organizaciones no gubernamentales se opusieron a las armas no letales, subrayando la contradicción que existe entre esos términos. Se teme que en el fragor de la acción, no se usen las opciones discapacitantes si una opción más violenta está al alcance de la mano… con el riesgo de disolver la frontera entre control de muchedumbres y ejecuciones rápidas.

Estas armas pueden usarse en contextos muy diferentes de los considerados por el fabricante. El número de ejecuciones cotidianas en el conflicto ruandés se explica en parte por la técnica paralizante que consiste en cortar el tendón de Aquiles de las víctimas, para luego regresar y matarlas.

La niebla adhesiva, que adhiere a las víctimas al suelo, los productos químicos que matan muchedumbres y los sistemas paralizantes que fijan a las personas en el lugar podrían, de modo paradojal, hacer todavía más mortíferas las zonas de conflicto cuando las víctimas estén previamente anestesiadas. En Irlanda, laboratorio de primera generación de armas no letales, se produjo un efecto trinquete; el uso de esas armas nutría y exacerbaba el conflicto10.

Amnesty International dispone de testimonios sobre varios casos donde esas armas sirvieron para represiones callejeras. Sería el caso en EE.UU., donde, durante una manifestación pacífica, rociaron los ojos de ecologistas con gas de pimienta con efectos "equivalentes a la tortura". La organización denunció asimismo el uso de luz estroboscópica y sistemas de pulsación sonora en los Emiratos Arabes Unidos11.

Una vez desarrollados estos sistemas represivos, sus fabricantes satisfarán las demandas del mercado de Estados que torturan. Amnesty, que considera esta perspectiva, analiza si esas armas evidentemente abusivas debieran ser prohibidas, por ejemplo en el caso de las descargas eléctricas12. La pregunta fundamental es la siguiente: ¿en qué medida esas armas atentan contra los tratados internacionales y las legislaciones de defensa de derechos humanos?

En su programa Sirus, el comité internacional de la Cruz Roja tiene un planteo análogo13. Actualmente, la mayoría de las armas prohibidas, como los gases tóxicos, las balas explosivas, las armas cegadoras con láser y las minas, están concebidas para infligir una herida específica, de manera uniforme. Es tiempo de exigir la prohibición general de todas las armas presentadas como "no letales", que apuntan específicamente a elementos anatómicos, bioquímicos o fisiológicos.

  1. Maurice Najman, "Les américains préparent les armes du XXI siècle", Le Monde diplomatique, febrero de 1998, y Francis Pisani, "Pensar la ciberguerra", Le Monde diplomatique, Ed. Cono Sur, septiembre de 1999.
  2. William D. Hartung, "Ready for What? The New Politics of Pentagon spending", World Policy Journal, New York, primavera de 1999.
  3. Este último participó en el programa especial Phoenix del ejército estadounidense, que dirigió en Vietnam una campaña de 20.000 asesinatos. Cf. Lobster, Hull, 25-6-93.
  4. Ver el sitio web de la escuela de la Marina de Quantico (Virginia) http://www.concepts.quantico.usmc.mil/nonleth.htm
  5. Jason Glashow, Defense News, Springfield (Virginia, Estados Unidos), enero de 1996.
  6. Scott Gourley, "Soft Option", Jane´s Defence Weekly, Londres, 17-7-96.
  7. Esquemas en la dirección http://www.dtic.mil/ndia/NLD3/libb.pdf
  8. La mina Fishok, desarrollada en 1996 por la firma Alliant (New Jersey), dispara un cabo recubierto de anzuelos sobre "una zona del tamaño de una cancha de fútbol". Tom Bierman, director de marketing de Alliant, asegura que este sistema "está destinado a estorbar, no a matar". Al menos mientras que los otros blancos no entren en pánico…
  9. El ejército británico se interesa en este "rayo paralizante". Cf. "Raygun Freezes Victims Withouy Causing Injuries", Sunday Times, Londres, 9-5-99.
  10. Steve Wright, "An Apparaisal of Technologies of Political Control", informe en el STOA, Parlamento europeo, 1998.
  11. Esta nueva forma de cámara de tortura se denominaba "House of Fun", Amnesty International, Repression Trade UK Limited, 1992.
  12. Amnesty Intenational, "Armes nouvelles au service des tortionnaires", Le Monde diplomatique, abril de 1997.
  13. Comité internacional de la Cruz Roja, El proyecto Sirus: determinar qué armas causan "males superfluos", Ginebra, 1998.

De la "guerra humanitaria"

Achcar, Gilbert

The New Military Humanism: Lessons from Kosovo, Noam Chomsky, Common Courage Press, Monroe ME, 1999. 

Al combinar como es su costumbre una indignación apasionada con un razonamiento de rigor casi matemático, el célebre lingüista del Massachusetts Institute of Technology (MIT) condensó en The New Military Humanism: Lessons from Kosovo, escrito con urgencia, una argumentación aguzada por décadas de compromiso infatigable contra la política hegemónica de los Estados Unidos y la hipocresía con que encubre sus crímenes. Sin embargo, este "nuevo humanitarismo militar" (el oxímoron está de moda), cuyo bombardeo de la República Federal de Yugoslavia con participación de la aviación turca representó el acto de fundación, es muy poco original. Sin remontarse muy lejos, el siglo que termina abunda en ejemplos de agresiones armadas que tienen tanta relación con la causa "humanitaria" que pretenden servir como la justificación de la invasión de Etiopía por las tropas de Mussolini con la lucha contra la esclavitud.

Con paciencia de jurista, Noam Chomsky desmenuza uno por uno los hechos y argumentos relativos a esta primera guerra llevada a cabo por la OTAN. La obra es con certeza una de las más impresionantes en la larga serie de escritos políticos del autor. Desarrolla una argumentación muy eficaz no sólo contra la guerra de Kosovo, sino también y sobre todo contra este "derecho de intervención" que se arrogan las potencias más ricas del planeta. A este unilateralismo imperial que compete a la ley de la jungla, el autor opone el derecho internacional y sus instituciones existentes, que aunque lejos de ser perfectas, siguen siendo la mejor opción disponible en materia de relaciones internacionales. Es de esperar que esta obra sea traducida cuanto antes. Mientras, existe una muestra de la misma argumentación en una colección consagrada a la guerra de Kosovo publicada bajo el título Maîtres du monde?1. Esta colección de artículos, muchos de ellos traducidos del inglés, cubre diversos aspectos del conflicto reciente y pone el acento sobre hechos ampliamente ocultados. A tal título, es una obra útil, que choca sin embargo contra un escollo que Noam Chomsky evitó cuidadosamente: el de minimizar, absolver en ciertos artículos la política de "limpieza étnica" perpetrada por el poder de Belgrado. Lo que Noam Chomsky alcanza a demostrar brillantemente en su pequeño libro es que la misma indignación ética que lleva a execrar los crímenes de Slobodan Milosevic (si está bien informada y es verdaderamente sincera, y no un avatar de la "ignorancia voluntaria") debe llevar a aborrecer los crímenes de aquellos que "desangran el mundo".

  1. Maîtres du monde? Ou les dessous de la guerre des Balkans, Le temps des cerises, Pantin, 1999.


Autor/es Steve Wright
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 6 - Diciembre 1999
Páginas:10, 11
Traducción Yanina Guthmann
Temas Tecnologías, Armamentismo, Conflictos Armados, Derechos Humanos, Estado (Justicia), Justicia Internacional, Estado (Política), Geopolítica, Salud
Países Estados Unidos, Irak, Etiopía, Somalia, China, Corea del Norte, Vietnam, Inglaterra, Irlanda, Rusia, Yugoslavia, Emiratos Arabes Unidos