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Sorprendente resurgir del comunismo checo

Durante tres cuartos de siglo checos y eslovacos fueron un único país, logrando un desarrollo sobresaliente entre sus vecinos de Europa Central. En 1993, luego de la "revolución de terciopelo", se dividieron en dos Estados. Hoy, ambos se debaten en una profunda crisis económica, social y política. En la República Checa el ascenso del Partido Comunista refleja la creciente oposición a una transición dirigida por socialdemócratas y conservadores. En Eslovaquia, entretanto, se generaliza la oposición a una frágil coalición de centroderecha.

A fines de 1999 un fantasma sobrevoló la celebración del décimo aniversario de la "revolución de terciopelo". Luego de años al margen de la vida política checa, el Partido Comunista de Bohemia y de Moravia (KSCM) duplicó sus resultados en las encuestas de opinión, con gran riesgo para el Partido Checo Social Demócrata (CSSD), en el poder desde 19981. El éxito del comunismo no es el reflejo de una nostalgia creciente por el régimen anterior a 1989. Según el presidente del KSCM, Miroslav Grebenicek, obedece simplemente a que "el flamante sistema capitalista no funciona. O, mejor dicho, funciona muy bien para los 10.000 individuos situados en lo alto de la pirámide social y muy mal para el resto de nosotros".

Cuatro promesas habían permitido la victoria del socialdemócrata Milos Zeman ante el conservador Vaclav Klaus: revertir la caída de la productividad, detener la degradación del nivel de vida, reducir el desempleo y poner fin a la delincuencia de los "empleados de cuello duro" vinculados a las privatizaciones. Los electores radicalizados seguían sintiendo repugnancia por el totalitarismo del Partido Comunista, purgado de sus alas reformistas luego de la "Primavera de Praga" de 1968 e incapaz de presentar soluciones nuevas a los problemas de un país devenido capitalista.

Así, el voto comunista parecía estancado en un 10%, la mitad debido a funcionarios del antiguo régimen opuestos a los cambios. El resto, esencialmente a jubilados, obreros sin especialización y gitanos, es decir, los "abandonados" por el nuevo sistema. El "fenómeno comunista" tenía -según proclamaban los principales medios- una solución demográfica: los nostálgicos acabarían abandonando el partido uno tras otro, o muriendo de viejos. En esa espera, los otros partidos constituyeron un "bloque democrático", rechazando cualquier cooperación con el KSCM en las administraciones locales y en el Parlamento. En el Partido Socialista (PS), los elementos más razonables ponían condiciones para aceptar trabajar con el KSCM: una autocrítica de fondo, el abandono del nombre comunista, la aceptación programática de la economía mixta y el pluralismo parlamentario como base del nuevo sistema político-económico.

Esa estrategia anticomunista condenó al KSCM al aislamiento durante los años del gobierno conservador. Pero las reglas de juego cambiaron con la elección del gobierno socialdemócrata en 1998. "Antes de las elecciones yo era ingenuo. ¡Ahora que estoy aquí, todo parece mucho más complicado!", reconoce el nuevo primer ministro, Milos Zeman2.

Paradójicamente, la victoria electoral marcó el fin del estado de gracia para los socialdemócratas. Hasta entonces, parecían ser la única corriente progresista con futuro. Pero el gobierno precedente legó una situación crítica y numerosos escándalos financieros que habían permanecido ocultos detrás de una fachada de éxitos. Vendidas las "joyas" de la industria durante la década precedente, la privatización y las inversiones extranjeras ya no alcanzaban para cubrir las crecientes deudas de las empresas, en realidad muy poco reestructuradas detrás de opacos cambios de propiedad. La Unión Europea (UE) había propuesto al gobierno precedente la privatización de los bancos. Pero esa operación hubiera podido sacar a la luz la corrupción vinculada a los hombres de negocios cercanos al poder y provocar la quiebra de 20% a 30% de las empresas privadas y semiestatales. Por esta causa no sólo se aplazó indefinidamente el aumento del nivel de vida ya prometido por el ex Primer ministro Klaus y el presidente Václav Havel, sino que las reformas liberales indoloras se hacían cada vez más difíciles. Hasta entonces, las multinacionales no podían comprar -en general- más que en las áreas donde prometían desarrollar la producción local. El costo social de la transición fue amortiguado además por el crecimiento del sector privado, que ofrecía algunos empleos -sobre todo en el comercio, el turismo, la metalúrgica- a los trabajadores "excedentes" de las empresas públicas.

Pero el socialdemócrata Milos Zeman decidió aceptar el desafío de aumentar la productividad, al precio de una dosis de austeridad de la que hubieran estado orgullosos sus predecesores conservadores: para sobrevivir, su minoritario gobierno depende de un acuerdo con el conservador Partido Cívico y Democrático (ODS), de Klaus.

Zeman amenazó incluso con congelar los salarios de los funcionarios públicos y comenzó a preparar el sistema jubilatorio con el propósito de privatizarlo parcialmente. El nuevo jefe del gobierno espera además salvar los bancos… vendiéndolos a los extranjeros. Hoy en día parece que nada podrá impedir la quiebra de un gran número de empresas en dificultades. Peor aún: por primera vez desde el comienzo de las reformas, la tasa de desempleo superó el 10%.

En consecuencia, son los comunistas quienes se alzan con los votos de los ciudadanos frustrados por la diferencia entre las promesas y la política de los socialdemócratas. Mientras la popularidad de los socialdemócratas caía del 26% a mediados de 1998 al 15% en noviembre de 1999, el apoyo a los comunistas pasaba de 12% a 24,5% en el mismo período.

También ha cambiado el perfil del electorado del KSCM, cuyos nuevos simpatizantes no tienen lazos históricos con el partido. Son obreros con poca o ninguna especialización, de más de 40 años de edad, que aprecian el discurso combativo del KSCM en temas como el desempleo, las privatizaciones y la defensa de los derechos de los despedidos. En ese nuevo electorado, los hombres son dos veces más numerosos que las mujeres. Pero sólo el 15% de quienes votaron al KSCM en 1998 desea una vuelta al régimen anterior a 1989: con el rápido aumento de popularidad del partido, los nostálgicos stalinistas ya no son la única base social de esa cambiante formación.

Esta situación es casi ideal para el KSCM. Las manifestaciones de obreros despedidos que exigen el pago de sus últimos meses de salario incomodan seriamente a los socialdemócratas y a sus amigos que dirigen los sindicatos. Excluidos del "bloque democrático" e ignorados por los socialdemócratas, los comunistas no dudan en sumarse a ese sentimiento de cólera y frustración con una propuesta política de creación de empleos -incluso de renacionalizaciones- que refuerzan su nuevo perfil de "partido de los trabajadores". Vojtech Filip, coordinador del grupo parlamentario comunista, afirma que quieren "devolverle al Estado las empresas que necesita para jugar su papel. Preferentemente creando nuevas empresas. Pero también sería posible por medio de la recompra obligatoria. La nacionalización, si usted prefiere"3.

Para la población, el anticomunismo ya no es lo que era. Los partidos políticos de derecha sienten pánico y reiteran los llamados a reforzar el "cordón sanitario" alrededor del KSCM. Pero actualmente el 43% de los electores se manifiesta dispuesto a aceptar la participación de comunistas en el gobierno4. A pesar de seguir segregado en el mundo parlamentario, el KSCM logró superar su aislamiento respecto de la población y ya no se siente inquieto por su imagen.

El dirigente comunista Miroslav Grebenicek prepara a sus fieles para una eventual "reevaluación" de los crímenes del pasado. Pero avanzar demasiado rápido provocaría la partida de los nostálgicos rumbo a la secta neostalinista de Miroslav Stepan, ex jefe del partido en Praga, convertido luego en líder del Partido Comunista Checoslovaco (PCC)5.

La recuperación de la influencia del KSCM no es sólo signo de nostalgia por el régimen anterior a la "Revolución de terciopelo". A muchos checos no les gusta la idea de que alemanes puedan comprar casas en la zona fronteriza, una región "limpiada" de su población alemana al fin de la segunda guerra mundial. Igualmente, el estilo de vida occidental de los nuevos ricos choca con los sentimientos de muchos electores potenciales. "Usted puede rechazar tales preocupaciones por considerarlas muestras de nostalgia, pero para mí son la expresión de un sentimiento patriótico", comentó al respecto Miroslav Grebenicek en una entrevista concedida a Radio Praga durante el congreso del KSCM.

Por último, el anticomunismo no está enraizado entre los jóvenes de menos de veinticinco años, que no vivieron bajo el antiguo régimen. Una minoría creciente se siente incluso atraída por la idea comunista, su ética y su compromiso. Los anarquistas de Praga se suman cada vez más a los militantes del KSCM en las movilizaciones contra el aumento de los alquileres y en las protestas por la falta de servicios para los habitantes del centro de la capital, consagrado casi exclusivamente a los turistas.

"De hecho, hay varios pasados comunistas. Luego de nuestra independencia (con la caída del imperio austro-húngaro en 1918) y hasta la invasión nazi (en 1938), los partidos comunistas y socialdemócratas checos se contaban entre los más fuertes de Europa. Luego, en los años ´60 (en la época de Alexander Dubcek, durante la "primavera de Praga"), hemos creado una tradición comunista pluralista, rica, transformadora y profundamente democrática. ¡Veinte años antes que Gorbachov! Entonces, cuando hablamos del pasado comunista, hablemos también de esas otras experiencias", confía Grebenicek.

Paradójicamente, el ascenso del partido en las encuestas hace menos probable la renovación del programa y de los símbolos comunistas que impiden la colaboración con los socialdemócratas. La impresión de aislamiento que domina al partido desde 1990 estuvo ausente en el congreso de diciembre de 19996; pero desapareció también la urgencia por "hacer algo" para salir de aquel aislamiento. Una mayor democracia en el interior del partido, al igual que más atención al feminismo y a la ecología, ayudarían a la apertura del KSCM y hasta podrían atraer corrientes de izquierda desde el partido socialdemócrata. Sin embargo, la dirección comunista no está convencida.

"De todas formas, los socialdemócratas no quieren oír hablar de un bloque de izquierda. Pero quizás eso cambie cuando juntos tengamos el 51% en las encuestas", afirma Grebenicek. En realidad, los socialdemócratas no tienen ninguna intención de romper el "bloque democrático" para aliarse con un KSCM más fuerte que ellos. El primer ministro Milos Zeman sabe que cualquier signo de apertura en dirección de los comunistas podría romper su frágil acuerdo con Klaus y el ODS. Desde 1996 ambos tratan de convertirse en los pilares de un sistema político bipartidista. Esta colaboración utilitaria enfurece a amplias corrientes de la derecha ultraliberal y antisocialista. Así, en diciembre de 1999, unas 70.000 personas se reunieron en la plaza Wenceslao para pedir la renuncia de Zeman y de Klaus; nuevas elecciones que permitieran la formación de un gobierno de derecha, y "verdaderas" reformas económicas. Más de 200.000 checos firmaron un petitorio en tal sentido…

Pero esa alianza irrita también a los demócratas, que ven en ella un acaparamiento malsano de la vida política. Esto último a su vez hace más atractivo al KSCM, pese a su condición de heredero de la normalización posterior a 1968, que se tradujo en la represión de las fuerzas vinculadas a la "primavera de Praga". El KSCM difícilmente pueda pesar hoy en el gran debate sobre el mantenimiento o el abandono de la estrategia de reformas graduales. Pero sin voluntad de apertura de parte de los socialdemócratas, los comunistas no tendrán ningún motivo para modificar su estrategia de oposición sistemática.

  1. El Partido Checo Social Demócrata es una de las formaciones nacidas del Foro Cívico (OF), el enorme movimiento popular que derribó el régimen stalinista en 1989. Tiene por lo tanto poco en común con los partidos del mismo nombre de los países vecinos, que son en su mayor parte ex partidos comunistas, transformados y rebautizados.
  2. Právo, Praga, 23-12-99.
  3. Lidove noviny, Praga, 4-12-99
  4. Encuesta de Sofres-Factum para el diario MF Dnes, Praga, 4-12-99.
  5. Stepan fue excluido del Partido Comunista luego de su encarcelamiento en 1990 por su participación en la represión de las manifestaciones de agosto de 1989.
  6. Tuvo lugar en Zdar nad Sazavou, cerca de Praga, el 4 y 5 de diciembre de 1999. Los documentos de ese congreso se pueden consultar en Internet, en la dirección: http://www.kscm.cz/index.htm (el sitio es en checo, pero con un sumario y algunos textos en inglés).
Autor/es Adam Novak
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 11 - Mayo 2000
Páginas:16, 17
Traducción Carlos Alberto Zito
Temas Deuda Externa, Neoliberalismo, Estado (Política), Políticas Locales, Socialdemocracia
Países Eslovaquia (ex Checoslovaquia), República Checa (ex Checoslovaquia)