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Control ciudadano de los medios

El Observatorio Internacional de Medios de Comunicación, denominado por Ignacio Ramonet “el quinto poder”, creado con el objetivo de contrapesar los excesos del poder mediático en la era de la globalización, es una de las manifestaciones más claras de la resistencia contra el papel antidemocrático de un reducido grupo de gigantescas empresas mediáticas, identificadas con los intereses del establishment mundial.

El cuestionamiento al orden mediático se extiende a un número creciente de países 1. Sus objetivos: la concentración de los medios de comunicación, la prostitución de la información y de la cultura en los mercados financieros. En Francia desde hace varios años las reuniones públicas se multiplican. Las salas están casi siempre llenas, los debates son apasionados. En las movilizaciones contra las regresiones neoliberales, los medios de comunicación de la arrogancia y del desprecio social son fuertemente cuestionados.

Simultáneamente, las acciones contra la polución publicitaria del espacio público ponen en tela de juicio la influencia de la publicidad sobre el espacio mediático; las luchas que los trabajadores temporarios del espectáculo y los trabajadores precarios de la cultura, documentalistas y guionistas libran contra una producción audiovisual sumisa a los accionistas y publicistas, sugieren posibles convergencias con la resistencia de los periodistas refractarios y de los medios de comunicación independientes y cooperativos.

Los medios de comunicación dominantes prefieren ignorar este cuestionamiento multiforme. Para sus dirigentes, como lo peor está siempre en otra parte (o detrás de nosotros), aquí todo funciona muy bien, o casi. Se dedican pues a consolidar su propio poder (con el pretexto de defender la independencia del periodismo), a promover la competencia de las "marcas" (con la excusa de promover el pluralismo) y a reservarse el cuasi-monopolio del derecho a informar y debatir (a modo de defensa del derecho a la información).

Y se impone la comprobación de que se benefician de silencios complacientes. De parte de las fuerzas políticas instaladas en el poder, cuando las derechas "piensan" que los mercados proponen y las políticas disponen; o cuando las izquierdas limitan su ambición a tratar de regular una supuesta fatalidad. También contribuye el mutismo que se advierte en muchos contestatarios que, lamentablemente, prefieren intentar hacerse un pequeño lugar en los medios de comunicación dominantes antes que juzgarlos por lo que son: actores y propagandistas del orden que cuestionan.

Estos silencios bastarían para justificar la multiplicación de las publicaciones y asociaciones que, de un modo u otro, interpelan a los medios de comunicación dominantes, a quienes los dirigen, a quienes los financian... y a quienes dejan hacer. Los objetivos de estas interpelaciones pueden definirse fácilmente: informar sobre la información y la cultura (en lugar de ceder su cuasi-monopolio a los medios mismos); cuestionar el orden mediático (en lugar de acompañar sus desvíos con algunos suspiros); proponer alternativas (en lugar de refugiarse en silencios piadosos).

No faltan los intentos de desarticular protestas y cuestionamientos. El más corriente consiste en transformar la crítica a los medios de comunicación en producto mediático común, puesto a disposición de discusiones convencionales y correctas, "responsables" y estériles, cuya principal "eficacia" consiste en obtener una acreditación ante los gerentes de los medios de comunicación. Pero la creación del Observatorio Francés de Medios de Comunicación precipitó la reacción más virulenta. Para protegerse de toda crítica independiente, algunos periodistas lo denunciaron de inmediato como un intento de instaurar un orden pétainista de control de los periodistas, e incluso como una verdadera policía de la prensa. La crítica a los medios de comunicación constituiría pues una intolerable amenaza contra la democracia 2.

Semejante exageración causa perplejidad. Esta defensa belicosa de las buenas costumbres mediáticas apunta a proteger de la crítica a las prácticas del periodismo, contra toda injerencia "externa", incluso cuando proviene de periodistas indisciplinados, a quienes entonces se despide de inmediato o se amenaza con una demanda judicial 3. Los guardianes del orden mediático pretenden reservar la crítica exclusivamente a los profesionales de la profesión, a los investigadores que éstos designan y... a las cartas de lectores.

O mejor dicho algunos de ellos. En efecto, esta crítica "interna", indispensable cuando proviene de sindicatos rebeldes o de algunas sociedades de redactores que aún conservan su autonomía, corre el riesgo de ser confiscada por el sector editorial y el poder financiero, que pretenden hacer olvidar que las empresas mediáticas son empresas como las demás, a menudo peores que las demás.

Jerarquía todopoderosa (cruzada con el management moderno), represión antisindical, extorsión laboral: los defensores y beneficiarios de un funcionamiento semejante -es comprensible- se niegan a ser tratados como "chivos expiatorios" de un sistema que no cuestionan, ya que sólo son sus engranajes y sus instrumentos. Con la colaboración de algunos ensayistas multimedia, se consideran víctimas de una supuesta "teoría del complot" que atribuyen generosamente a cualquiera que -de Noam Chomsky a Pierre Bourdieu- se atreva a llamar a las instituciones y a sus guardianes por su nombre.

Que se queden tranquilos: la crítica a los medios de comunicación no tiene como objetivo perseguirlos. Y en la resistencia al orden mediático se juegan cosas que los superan. Mientras luchan contra la crítica a los medios de comunicación, Dassault y Lagardère 4 se apoderan de nuevos sectores de la prensa y la edición. El sector audiovisual público hace que sus trabajadores precarios paguen su falta de financiamiento y, al depender de la publicidad, compite con el sector privado en su propio terreno: la audiencia instantánea y cuantitativa a cualquier precio. En cuanto a la prensa gráfica considerada "seria", corre tras los publicistas (y tras un número de lectores decreciente) con las armas de la prensa abiertamente comercial. ¿Alguien puede creer que bastaría con algunos ajustes menores cuando lo que se necesita es una reestructuración del espacio mediático?

Desde 1981, un enorme agujero negro devoró los proyectos de transformación y apropiación democráticas de los medios de comunicación, mientras su concentración, su desarrollo multinacional y multimedia, su financiarización y su sumisión a la lógica del lucro los convertía en actores y celadores de la mundialización liberal. La resistencia al orden mediático tiene como objetivo redefinir estos proyectos.

  1. Respecto de Estados Unidos, Eric Klinenberg, "Un movimiento contra el orden mediático", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, abril de 2004.
  2. Por ejemplo, Philippe Val, "La presse a besoin de flics", Charlie Hebdo, París, 24-12-03; Charles Jaigu, "La police des médias", Le Point, París, 9-1-04; Nicolas Weill, "Le journalisme au-delà du mépris", Le Monde des livres, París, 25-03-04. Este último artículo, al referirse a obras de Serge Halimi, Pierre Bourdieu y Jacques Bouveresse, las acusa de "antidemocráticas" y sugiere su relación con el antisemitismo.
  3. Daniel Schneidermann (Le Monde), Alain Hertoghe (La Croix) y Antoine Peillon (Le Pèlerin Magazine) fueron despedidos por criticar a sus diarios. Philippe Cohen y Pierre Péan fueron demandados judicialmente por periodistas, mientras que François Ruffin, responsable de una publicación bimestral sin fines de lucro, es perseguido por Le Courrier picard, que apeló el fallo que desestimaba sus reclamos. Está además la cohorte invisible de periodistas silenciados.
  4. N. de la r.: Nombre de dos megaempresas francesas que en los últimos años han adquirido medios de comunicación. Dassault es un conocido fabricante de aviones de combate...
Autor/es Henri Maler
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 59 - Mayo 2004
Páginas:36
Traducción Gustavo Recalde
Temas Medios de comunicación, Monopolios