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Recuadros:

Crisis y confusión en Eslovaquia

Endeudamiento descontrolado, corrupción rampante, disgregación de los partidos políticos, alto desempleo y sensible malestar social, son los rasgos sobresalientes de un país que no acaba de edificar su Estado y consolidarse como tal.

Eduard Kukan, ministro eslovaco de Relaciones Exteriores, atraviesa sus mejores días: el 15-2-00 se abrieron oficialmente las negociaciones para la adhesión a la Unión Europea (UE). "Estamos entusiasmados porque emprendemos la parte decisiva del camino que nos transformará en miembros plenos de una comunidad cuyos valores compartimos", exclama. Así se cierra un desagradable paréntesis en la corta historia de la Eslovaquia independiente, anteriormente excluida del club de los candidatos por "infracciones a la democracia".

Una cosa explica la otra: en septiembre de 1998, las elecciones legislativas pusieron fin al reinado, prácticamente ininterrumpido desde la independencia en 1993, de Vladimir Meciar1. Aliviados, los responsables políticos y burócratas europeos se dejaron seducir por la nueva coalición gubernamental. Esta última supo apaciguar las tensiones nacionalistas, mejorar la calidad de vida de la minoría húngara (ver recuadro), así como las relaciones con Budapest. La coalición se consagró a la cooperación con la vecina República Checa, en actitud casi "federalista": los dos países coordinan incluso la evolución de sus sistemas jurídicos, para "impedir desfasajes nocivos en un sistema anteriormente unificado", según explica el embajador checo en Bratislava, Rudolf Slansky.

Abierto, modesto y conciliador, el estilo del primer ministro Mikulas Dzurinda contrasta con el rudo método de su predecesor. En suma, Eslovaquia fue "blanqueada" casi instantáneamente, tal como antes había sido "oscurecida". Cierto es que las cancillerías occidentales volvieron a estremecerse cuando Meciar se propuso como candidato a la presidencia. Pero el sufragio universal prefirió a Rudolf Schuster, opositor de la primera hora. La elección de este ex dignatario comunista refleja además la desaparición de los tabúes acerca de los dirigentes anteriores a la "revolución de terciopelo". La ausencia de un partido comunista fuerte explica sin lugar a dudas esta distensión. No sucede lo mismo en la República Checa, donde el PC sigue siendo muy influyente.

El fervor por la "nueva Eslovaquia" hizo olvidar temporariamente la extrema fragilidad de la mayoría, asentada en el Partido de Coalición Democrática (SDK), que reúne a cinco grupos menores2. Esta unión tuvo dos objetivos: superar el umbral mínimo del 5% de los sufragios emitidos fijado por la mayoría anterior para el ingreso de un partido en el Parlamento; y dar al poder los medios para llevar adelante reformas que son, a priori, impopulares.

Desde el punto de vista de la UE, tanto los eslovacos como sus vecinos checos pecaron por falta de determinación a la hora de ajustarse el cinturón, dada su reticencia a la terapia de choque aplicada en Polonia y Hungría a principios de los ´90. El gobierno de Meciar se esforzó por compensar su mala imagen política con "éxitos" económicos basados en el crecimiento mediante préstamos3. Esta hegemonía del Estado sobre la economía se tradujo en buenas cifras a nivel macroeconómico, pero acentuó la desconfianza de los inversores extranjeros.

Luego de múltiples vacilaciones, el gobierno de Dzurinda acometió contra los déficits del presupuesto y la balanza de pagos, pero también contra la situación malsana de las instituciones financieras y las grandes empresas. "Entre los países de Europa Central, fuimos los últimos en emprender reformas", explica Brigitta Schmögnerová, ministra de Finanzas y dirigente del Partido de Izquierda Democrática (SDL), quien lamenta haber tenido que empezar con la devaluación de la moneda (la koruna), la interrupción de ciertos trabajos de obras públicas y la aplicación -tímida- de la ley sobre quiebras. "Nuestro objetivo era reestablecer la estabilidad lo más rápidamente posible. En un año, llevamos el déficit de la balanza de pagos al 50% del de 1998".

La cara escondida del crecimiento que tanto deslumbró a Occidente resultó un compuesto de déficits, endeudamiento y bancos al borde de la quiebra. Durante años la Comisión Europea había subrayado la contradicción entre los buenos resultados macroeconómicos de Bratislava y las lagunas en la práctica democrática del poder. Según las estadísticas oficiales, en el momento de la transición -otoño de 1998- la deuda interna se elevaba a 179.000 millones de coronas (unos 4.260 millones de dólares) y el saldo negativo del PBI se acentuaba, en tanto la deuda externa había aumentado en un 300% desde 1995, debido a las necesidades de financiamiento del elevado nivel de aumento del PBI. "Agreguemos la corrupción omnipresente, el peso de la economía paralela y los lazos entre el poder y las mafias. La explicación del nerviosismo entre los corruptos está en el desmantelamiento de estas últimas, con una serie de ajustes de cuentas sanguinarios", estima Brigitta Schmögnerová.

El nuevo rigor gubernamental tiene precio. La inflación, que en 1998 seguía siendo del 7%, franqueó el umbral del 10%, alimentada por la desregulación y la liberalización de los precios de los servicios básicos, anteriormente subvencionados (los países vecinos experimentaron el mismo fenómeno a principios de los ´90). La reestructuración de las empresas acrecentó brutalmente el desempleo, que en la actualidad supera, a nivel nacional, el 20%4 y en ciertas regiones se acerca al 50%. A dieciocho meses del cambio, el estado de gracia ha terminado. "Desde el punto de vista social llegamos al límite de lo soportable. Las medidas tomadas fueron sin duda indispensables, pero somos nosotros, partido de izquierda, los que pagamos el pato", reflexiona Schmögnerová. Su esperanza es que durante la segunda mitad de su mandato el gobierno sepa cosechar los primeros frutos de los sacrificios y atraer en masa a los inversores extranjeros, seducidos por unas medidas de seguimiento generosas y con la garantía de estabilidad del país.

El temido Meciar

¿Estabilidad? Los observadores subrayan el carácter heteróclito del equipo de poder, formado por todas las corrientes tradicionalmente opuestas al ex primer ministro y frecuentemente dirigidas por… sus ex allegados. La principal amalgama de esta sorprendente familia de izquierda y centroderecha aderezada con la presencia de la minoría húngara, es el miedo a un regreso de Meciar, que la impele al compromiso, aunque no sin golpes de efecto y estados anímicos mediáticos que desdibujan un poco más la imagen de esta coalición contra natura. Un ejemplo de ésto fue la detención de Meciar, el 20 de abril, sin orden legal y con el recurso de varias decenas de policías en uniforme de combate.

Otro ejemplo: el anuncio -incomprensible para la opinión pública- realizado por Dzurinda a mediados de enero, de la creación de su propia Unión Democrática Cristiana Eslovaca (SKDU), golpe de gracia al SDK. Más aún porque luego de haber padecido diez meses de rigor con un fuerte aumento de los precios, la ciudadanía sigue esperando que las promesas electorales del actual primer ministro, en primer lugar el cese de las privatizaciones abusivas, se concreten. De hecho, sólo se reconsideraron unas cuarenta de éstas, y muy pocas fueron revisadas. "No había mucho que reprocharles desde un punto de vista jurídico, aunque se tratase, como sabíamos, de regalos a amigos políticos. Es más fácil hacer promesas que cumplirlas", admite el ministro de Justicia Jan Carnogursky.

Por ahora, los decepcionados del nuevo régimen no parecen aliarse al ex jefe de gobierno, a quien los sondeos regulares siguen acreditando un tercio de las intenciones de voto. Pero el electorado flotante, que lo abandonó en ocasión del último escrutinio, no está satisfecho con la nueva mayoría y busca una alternativa. Es lo que explica el rédito fácil del partido Smer (Dirección) de Robert Fico, disidente de la Izquierda Democrática, a pesar de carecer de programa: las últimas encuestas de opinión le dan el 13%, es decir, más que a todos los otros grupos, con excepción del Movimiento por una Eslovaquia Democrática (HZDS) de Meciar, que va a la cabeza con el 32%.

Este hombre, que para la opinión pública llevó a la Eslovaquia independiente a las fuentes bautismales, se convierte poco a poco en una suerte de "padre de la patria", aunque sigue dividiéndola profundamente. Después de un período de eclipse, se muestra ahora más combativo que nunca. Con el apoyo de los sectores populares, sobre todo los de edad más avanzada y los menos instruidos de Eslovaquia central, ya inició su hostigamiento al poder establecido, lanzándose incluso a recolectar firmas a favor de un referéndum para la realización de elecciones anticipadas.

Por el momento no va a hacer nada antes de la decisión de la cúspide europea de Helsinki en torno a la candidatura eslovaca, para no menguar las chances de su país. Pero acto seguido embestirá contra el poder: "El gobierno actual excede los límites del estado de derecho y se orienta hacia una política de terror policial que nada tiene que ver con la democracia", asegura, acusando especialmente al poder por la exclusión de los representantes del HZDS de los medios de comunicación estatales -él mismo reinó antes sobre ellos en forma plenipotenciaria- y por el encubrimiento de sus actos criminales, en alusión al asesinato no dilucidado del ex ministro de economía, Jan Ducky…

Esta historia siniestra comienza en 1995, con el secuestro del hijo de Michal Kovac, en ese entonces presidente de la República y enemigo jurado de Meciar, quien luego aministió a autores y cómplices. Kovac, por su parte, había amnistiado a su hijo y a sus amigos cuando se los acusó de fraude y malversación de fondos en varios países y se los hizo objeto, por esta causa, de órdenes de arresto internacionales. Kovac junior fue transportado clandestinamente a Austria para ser detenido allí, lo cual finalmente no sucedió. La implicación del entorno de Meciar no parecía presentar dudas, lo cual explica la amnistía y, de ahí en más, la impresión de que el jefe del HZDS teme el descubrimiento de pruebas de su propia participación en el asunto.

"Meciar tiene miedo. Si se prueba su complicidad, todo su movimiento pierde legitimidad, ya que él es la misma encarnación del HZDS", explica Grigorij Meseznikov, director del Instituto (independiente) de Asuntos Públicos.

El "fundador de la patria" no se arrepiente de nada, o de muy poco. Bajo su reinado, Eslovaquia se transformaba en un país próspero y feliz. Si los actuales dirigentes no quisieron cooperar con él en el momento de la privatización, es decir, de la redistribución de las riquezas, los equivocados son ellos. No obstante, reconoce haber descuidado su propia imagen en el exterior. "Pensaba ingenuamente que bastaba con hacer las cosas bien, obtener resultados; y subestimé el rol de los medios. Fuimos satanizados; nos disfrazaron de lobos". En suma, si en el exterior el HZDS fue blanco de alguna sospecha, esto no se debió a su obrar político, sino a la campaña llevada adelante por sus enemigos, bajo la dirección de los partidos europeos. Y asegura: "No repetiremos este error"; a la vez que promete la transformación de su movimiento en un "partido popular" de centroderecha que entraría en la familia de la Unión Democrática Europea.

Carnogursky, jefe de la Democracia Cristiana, que ya la integra, replica: "Jamás lo permitiremos". Otros, por el contrario, confían en que una transformación semejante será fatal para Meciar. Es el caso de Meseznikov, para quien "desde el momento en que se afiance en la derecha, los electores de izquierda podrán alejarse de él. Hasta ahora su fuerza radicó en dirigirse a todos, tanto a la izquierda como a la derecha".

Por el momento, si bien Meciar conduce la organización política más fuerte, su aislamiento parece completo. Nadie lo sigue en su exigencia de elecciones anticipadas, con la única excepción del Partido Nacional Eslovaco (SNS), salvajemente "patriótico", léase fascista. Pero el ex Primer Ministro sabe que si quiere restablecer su buena salud frente a Europa occidental no debería comprometerse con un partido que se opone a la entrada del país en la Alianza Atlántica así como a toda transferencia de soberanía a la Unión Europea. Por lo demás, Meciar le escribió recientemente a Romano Prodi para exponerle sus convicciones pro-europeas.

Quizás conciente de sus propias contradicciones, el ex boxeador pone cara de tirar la toalla: "Una vez que haya creado un nuevo partido y ganado las elecciones, desapareceré. Ya no seré Primer Ministro. Me contentaré con una posición de segundo plano". Difícil de creer. "Miente tanto como respira. Siempre encontrará militantes para rogarle que vuelva a ejercer el poder…", declara con sorna Marian Lesko, editorialista del diario Sme.

  1. Meciar ya efectuó una breve terapia de oposición entre febrero y septiembre de 1994.
  2. El SDK está compuesto por el Movimiento demócrata cristiano, el Partido de Centro Democrático, el Partido Democrático, la Unión Democrática, y los Verdes. La coalición gubernamental también comprende al Partido de Izquierda Democrática, el Partido de la Coalición Húngara y el Partido de la Reconciliación Nacional.
  3. "La Slovaquie, mauvais élève de l'Europe", Le Monde diplomatique, París, mayo de 1997.
  4. 22% según las estadísticas eslovacas, alrededor del 18%, según la metodología de la Unión Europea.

Las minorías, rompecabezas eslovaco

Primicia: los 400.000 húngaros de Eslovaquia están representados en el gobierno mediante el Partido de la Coalición Húngara (SMK). "Es una experiencia formidable -explica Imre Bugar- presidente del SMK y vicepresidente del Parlamento. Los eslovacos caen en la cuenta de que pueden contar con nosotros, que nosotros nos situamos fuera de sus querellas y por ende podemos constituir un polo de estabilidad". Como prueba de su buena voluntad Bugar cita la ley sobre los idiomas minoritarios, cuya adopción fue exigida por Bruselas: los diputados húngaros permitieron su adopción, a pesar de las reservas de su comunidad acerca del contenido.

Pero el discurso anti húngaro no desaparece por milagro, sobre todo en las regiones exclusivamente eslovacas del centro del país. "Los húngaros nunca estarán conformes con su estatuto, si bien es más respetable que el de las minorías de Europa Occidental", advierte Anna Malikova, presidenta del Partido Nacional Eslovaco (nacionalista, 8% de intenciones de voto). "Seguirán peleando por la igualdad de su lengua con el eslovaco, lo cual es inadmisible", agrega. Pese a esta controversia, la actividad cultural de los húngaros se desarrollará libremente. Por el contrario, la creación de una Universidad propia sigue siendo un tema tabú, a riesgo de que en una futura Unión Europea que los abarque, los eslovacos de origen húngaro se vuelvan más en contra de la "madre-patria"…

Por su parte, la cuestión gitana es candente, pero de otro modo. La intensa emigración de los gitanos eslovacos llevó a varios países de la UE a reimplantar las visas. Resultado: vuelven a hacer cola delante de la embajada británica en Bratislava. Para intentar contener el fenómeno, las autoridades multiplican los programas dirigidos a esta minoría, a la cual confían con más frecuencia puestos de responsabilidad. En vano: "No sabemos qué hacer. Su estilo de vida es tan diferente del nuestro, su aversión a toda integración es tal, que la fosa entre ellos y el resto de la población se mantiene inmodificada", explica el ministro de Justicia, Jan Carnogursky. Según él los gitanos representan menos del 10% de los habitantes, pero más del 30% de la población carcelaria.

A excepción de la extrema derecha, todos los políticos se encuentran sensibilizados. Los gitanos, grupo socialmente desfavorecido, son los grandes perdedores del cambio de régimen: asistidos ayer por el comunismo, hoy se ven marginados por el capitalismo. "Sin subestimar las dimensiones sociales, demográficas y culturales, muy preocupantes, la educación sigue siendo primordial: ella resolverá el problema a largo plazo, en dos o tres generaciones", estima Pavol Hamzik, vice Primer Ministro. "Mientras tanto, tendremos que entrar en la UE y por ende intentar nivelar los ángulos más pronunciados de este fenómeno".


Autor/es Karel Bartak
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 11 - Mayo 2000
Páginas:17, 18
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Corrupción, Desarrollo, Deuda Externa, Estado (Política), Políticas Locales
Países Austria, Eslovaquia (ex Checoslovaquia), Hungría, Polonia, República Checa (ex Checoslovaquia)