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Recuadros:

Sustentables, ¿hasta cuándo?

La agricultura argentina sufre transformaciones que la han posicionado como generadora exclusiva de commodities. El nuevo sistema permite incrementar los rendimientos físicos de los cultivos de alta respuesta, pero con resultados y consecuencias ambientales, sociales y económicas que recién comienzan a evaluarse. Este sistema es presentado como única alternativa económica que permitiría aprovechar "eficientemente" nuestras tradicionales ventajas comparativas. Pero, ¿no deberían considerarse otras alternativas que con un menor costo socio-ambiental permitieran el desarrollo agrícola en un marco sustentable? ¿Podrán la agricultura argentina y sus actores escapar a la simplificación que presenta la producción de commodities y fortalecer y desarrollar nuevas alternativas productivas y sus agroindustrias para aprovechar la demanda de alimentos más sanos que el mundo reclama?

"Son los hombres los que aran su propio surco", José Ingenieros, en Las Fuerzas Morales.

"El mercado puede ser un eficiente medio de asignación de recursos pero sus invisibles manos, muchas veces, deben tener quien las oriente"1. En este sentido, la sustentabilidad excede la mera conservación de los recursos naturales y del medio ambiente para convertirse en la expresión de un desarrollo económico y social estable y equitativo. El pasaje de una agricultura convencional a una sustentable es un proceso lento, complejo, que difícilmente se da en forma natural2. Significa disponer de un conjunto de instrumentos económicos, sociales y de políticas, así como de tecnologías y conocimiento de procesos aplicables que orienten los mecanismos y señales de los mercados en función de esos objetivos.

Más allá del discurso sobre la "eficiencia productiva" argentina, comienzan a aparecer indicadores de deterioro de los recursos. En las últimas dos décadas, con la incorporación de nuevos cultivos como la soja y sus paquetes tecnológicos, la agricultura argentina, especialmente la de la Región Pampeana, cambió su típico rol productivo, de moderado consumo de insumos y rendimientos medios, hacia un nuevo umbral de producción, intensivo en capital, maquinaria, agroquímicos y ciclos agrícolas que están dejando sus secuelas de erosión, susceptibilidad en los suelos y el empobrecimiento de la biodiversidad, los ecosistemas y hasta los propios productores3.

Para intensificar la producción, se ofrecen al productor tecnologías como el riego, la fertilización sintética, maquinarias, agroquímicos para todo tipo de plagas, malezas y enfermedades, la siembra directa, las variedades transgénicas resistentes a herbicidas o plagas (como Diatraea, una oruga). Las nuevas tecnologías, especialmente las variedades transgénicas de soja y maíz, han permitido disminuir los costos de producción -menor precio del herbicida, menor gasto en insecticidas, menos mano de obra, combustibles y maquinaria- en un 15%4.

En Argentina, la soja es el cultivo más importante. Su centro productivo, caracterizado por óptimas condiciones ambientales y estructurales, es la Zona Núcleo de la Pampa Ondulada. El doble cultivo trigo-soja permitió incrementar la rentabilidad de la empresa agropecuaria y su expansión fue estimulada primero por la órbita oficial y luego por las multinacionales de la producción y el dinamismo de la industria aceitera y de los sectores comerciales, que vieron en la soja un producto con futuro5. Las oleaginosas, que incluyen el girasol, lino, maní, canola y por supuesto la soja, han tenido un aumento ininterrumpido en superficie, avanzando incluso sobre la propia frontera agropecuaria, favorecida por las nuevas variedades introducidas o desarrolladas localmente. Tal como permite prever la infraestructura instalada, el papel asignado a la Argentina como productor de granos ya no es el de país cerealero, sino de país aceitero y productor de harinas para alimento de animales, un fenómeno que podría hacer surgir otro slogan: "Argentina aceitera"6.

La misma tendencia se acentúa hoy en día con la siembra de materiales transgénicos como las sojas RR -resistentes al herbicida glifosato- que en la actual campaña alcanzaron el 80% de la superficie implantada (casi siete millones de hectáreas), pero cuya influencia -al no poder diferenciar variedades convencionales y transgénicas- representa, para la óptica de los mercados externos, el total de nuestra producción de unos 20 millones de toneladas. Sojas transgénicas, siembra directa y consumo de herbicidas -específicamente glifosato- (Cuadro Nº 1) han constituido un conjunto básico aplicado por la mayoría de los productores. La siembra directa -aplicación de semillas sin remover sustancialmente el pan de tierra- es una tecnología conservacionista que ha permitido disminuir los serios niveles de erosión de suelos, pero no puede afirmarse ligeramente que sea sustentable, si se la sostiene únicamente en el control químico de malezas, utilizando insumos derivados del petróleo. La siembra directa es uno de los pilares de la agricultura continua, que ha desplazado al tradicional planteo de rotaciones agrícolo-ganaderas de las pampas, y que ahora se sinergiza con el nuevo uso de las variedades resistentes al glifosato.

El motivo de este crecimiento exponencial de las sojas RR estriba principalmente en que se encuentran con un mercado ávido de productores deseosos de dar una "solución definitiva" al problema del manejo de las malezas y a los costos que representaban los herbicidas, aproximadamente un 30% del margen bruto. En efecto, la cantidad de principios activos utilizados se redujo de más de 30 moléculas sintéticas disponibles en casi 100 productos y formas comerciales diferentes a uno solo, el glifosato. Por un lado es cierto que, en conjunto, el monto de los agroquímicos vendidos en el país se redujo en un 16%, bajando de casi 900 millones de dólares en 1997 a 776 en 1998. Pero en volumen, se vendieron agroquímicos por el equivalente de 132 millones de litros, lo que implica una descarga mayor -del orden del 7%- sobre el medio ambiente. Por otro lado, las ventas del conjunto de herbicidas para soja se redujeron en un 10% - especialmente en "matayuyos" para gramíneas anuales o perennes como el sorgo o el gramón- pero las ventas de glifosato se duplicaron, pasando de 60 millones a 120 millones de dólares, lo que implica un fuerte cambio en el patrón de uso del herbicida. Los herbicidas representan el 70% de las ventas totales de las empresas de agroquímicos.

De seguir la tendencia actual, el consumo de glifosato seguiría creciendo, no sólo por el uso de las sojas RR, sino por la posible liberación comercial de los próximos maíces transgénicos RR, RRBt y Bt, que cerrarían el ciclo productivo con la utilización de un solo instrumento de control. Así es pertinente preguntarse acerca del manejo que se estaría dando al agroecosistema y las consecuencias de tales acciones en el mediano y largo plazo (Ver recuadro "Beneficios…").

La inyección de insumos externos incrementa el rendimiento hasta cinco veces respecto a las prácticas tradicionales, pero esta tecnología, en muchos casos mal implementada, tiene severas consecuencias. Los países desarrollados han aplicado sistemáticamente altos niveles de insumos y los resultados ambientales, sociales y económicos han hecho que muchas técnicas sean revisadas.

En este sentido, comparativamente con Francia o EE.UU., Argentina sigue siendo un país con bajos niveles de consumo de insumos. A modo de ejemplo, mientras Argentina agrega un promedio de 250 gramos de principio activo de insecticidas por hectárea/año, Francia arroja sobre sus campos 10 veces más y EE.UU. cuatro veces. En relación con el consumo de fertilizantes, sucede algo similar, Argentina aplica muy poco aún, y en producciones puntuales (unos 14 kg./ha/año), Francia 300 y EE.UU., 100. El cambio más notable se produce en el consumo de herbicidas, donde se está ya cerca de los guarismos estadounidenses (unos 1000 grs. por ha/año), lejos de Francia, que aplica el doble.

Argentina: punto de inflexión

Esta "salud agrícola" debe protegerse, mantenerse y potenciarse frente a la fuerte presión mundial por homogeneizar la producción en una sola tendencia (cierto tipo de commodities), peligrosa no sólo para los actores agrícolas, sino para la sociedad en su conjunto.

Frente a una opción que se presenta como "única", con materias primas con precios en baja, con países que ingresarán a estas mismas producciones -vía nuevas tecnologías en semillas fácilmente adoptables-, con una necesidad de tecnología de insumos siempre creciente, con productores agropecuarios cada día más endeudados cuyo rescate -vía los Bancos Nación y Provincia- debe hacerse con tasas de refinanciación subsidiadas para que sigan produciendo, Argentina debe, por lo menos, repensar si no será necesario apoyar la diversificación de sus caminos productivos. Favorecer por ejemplo la implementación de políticas que estimulen la poliproducción integrada y la promoción a la generación de tecnología híbrida, es decir, con un fuerte componente tradicional que garantice su aceptación social y su ajuste ecológico local, además de elementos modernos que permitan la administración y comercialización exitosa entre muchas otras7.

La tendencia indica que por una cuestión de escala, sólo los grandes y medianos productores -con capacidad financiera y poder de negociación- podrán mantenerse en el mercado de commodities donde no hay cabida para el pequeño productor e incluso para muchos medianos. Para sobrevivir, deberán lisa y llanamente diversificar sus líneas productivas.

Todos estos productores -que manejan unidades económicas con un alto componente de capital, especialmente tierras y maquinaria- deberán comenzar a analizar la posibilidad de transformarse en generadores de specialities para abastecer a una demanda creciente y de alto poder adquisitivo. Es claro que con las todavía ventajas comparativas que conserva Argentina, el sector agrario tendrá que estructurar ventajas competitivas genuinas que se apropien de nichos del mercado mundial altamente exigente en productos de excelente calidad alimentaria. Asegurar mercados de este tipo que exigen calidad, cantidad y continuidad amerita la necesidad de fortalecer o crear nuevas instituciones, diseñar políticas económicas, financieras, tecnológicas y sociales que permitan al productor actuar como un empresario independiente y decidir qué hacer frente a un abanico más amplio de oportunidades.

Los specialities responden a producciones diferenciadas para mercados específicos como los alimentos orgánicos (con valor agregado natural), los productos regionales, el fortalecimiento de las denominaciones de origen y las producciones alternativas.

La producción orgánica involucra, sólo en la Unión Europea, unos 7.300 millones de dólares de un mercado mundial de 16 mil millones, al que Argentina tiene mucho para ofrecer. Generalmente más cara que la convencional, la producción orgánica justifica sus precios más altos en más mano de obra directa y menos maquinaria, menor utilización de agroquímicos y fertilizantes sintéticos, estabilidad laboral en el campo, rentabilidad para el productor y beneficios para el consumidor y el medioambiente.

La demanda de productos naturales crece exponencialmente en Europa (en el 2005 alcanzará el 10% del volumen comercializado) en detrimento de los productos convencionales y los derivados de la ingeniería genética (ver "Bioproductos…").

La producción agrícola argentina se encuentra en un punto de inflexión, que requiere definir si seguirá un solo camino o incursionará en varios senderos productivos que la alejen de la inestabilidad creciente de los mercados. Deberá demostrarle al mundo que su sistema productivo es sustentable y que está dispuesta a producir con la calidad que los mercados mundiales requieren, o bien mantenerse en la postura de que existe parte de una demanda mundial cautiva que aceptará los tipos de alimentos que "hemos decidido" ofrecerles. Pensar en este último sentido, llevaría a una posición insostenible e incierta acerca de la colocación de los excedentes argentinos exportables, así como del futuro de la agricultura en general.

  1. Norgaard, R. Primera Conferencia sobre Economía y Política Ambiental, Buenos Aires, 1999.
  2. Viglizzo, E. Desarrollo Agropecuario Sustentable. INTA-INDEC. Buenos Aires, 1994.
  3. Pengue, W. "The Agriculture´s Sustainability in Argentina", en Designing Sustainability. The Fourth Biennal Meeting of the ISEE. Boston University, Boston, 1996.
  4. Torriglia, A. et al. "Los agricultores argentinos reducen un 15% sus costos". En Gazeta Mercantil Latinoamericana. Año 4, 156. 18-4-99.
  5. Morello, J et al. "Argentina: Granero del mundo ¿Hasta cuándo?" Buenos Aires, 1997.
  6. Di Pace, M et. al. Las Utopias del Medio Ambiente. Desarrollo Sustentable en la Argentina, IIED-AL -CEA-GASE, 1992.
  7. Morello, J y Matteucci, S. "El difícil camino al manejo rural sostenible en la Argentina", en Biodiversidad y Uso de la tierra. Conceptos y ejemplos de Latinoamérica. Colección CEA, 24, Buenos Aires, 1999.

Bioproductos y mercados

"La ciencia sigue al mercado"

J. Sachs, The Economist, 1999.

Las compañías de biotecnología agrícola cometieron un grosero error estratégico al considerar como su único objetivo a los productores agropecuarios, sin tener en cuenta a los consumidores. Esta situación, especialmente el manifiesto interés de los compradores e importadores de identificar la producción, puso en apuros las colocaciones de los principales países exportadores de OGM (Organismos Genéticamente Modificados). Por el momento, la producción argentina de soja pudo escapar a esta situación dado que sus exportaciones involucran principalmente derivados -harinas y aceites- que no requerirían identificación y granos que la demanda europea estaba obligada a comprar (este año, Argentina ya embarcó 7.800.000 toneladas de harina, un 25% más que en 1998 y 1.200.000 toneladas de soja sin procesar, similar al año anterior), para mantener el funcionamiento de sus plantas procesadoras. De todas formas, se deben prever en el mediano plazo las necesidades y deseos de la UE, dado que allí no quieren granos transgénicos y buscarán seguramente proveedores alternativos como Brasil, que no permite aún la producción transgénica comercial, o la seguridad del mercado estadounidense, que está trabajando contra reloj para dar garantías del tipo de producción que genera, ya sea OGM o no.

En el caso del maíz, la situación es distinta. Al ser grano directo el exportado, Argentina aprovechó hasta el año pasado el espacio dejado por EE.UU., que no pudo abastecer la demanda europea de no-OGM1. Pero en esta campaña, Argentina tiene parte de su producción transgénica (maíces Bt, los mismos eventos aprobados que en Europa) y no le resulta posible garantizar a ciencia cierta cuánto maíz es producido como semillas transgénicas y cuánto con semillas tradicionales, pues nadie se preparó para la contingencia. Así, la lista de los destinos de exportación se redujo de más de 30 países con España, Japón y Corea del Sur a la cabeza, a menos de 15. Otro problema que enfrenta la producción argentina es la presión de los mercados compradores y las estrategias comerciales de cada país, en el sentido de que los productos se identifiquen.

Con un Protocolo sobre Bioseguridad2 que pesará muy fuerte en las negociaciones internacionales (al ponerse en vigencia el llamado Principio de Precaución y el derecho del importador a conocer si ingresará productos que contengan "potencialmente organismos genéticamente modificados"), Argentina deberá comenzar a tener en cuenta la tendencia y el deseo de los mercados compradores, exigencia que se ha acentuado firmemente en Europa, con las exigencias de identificación de este último mes3.

Es posible que con las nuevas producciones nutracéuticas -productos con concentraciones especiales, vitaminas, vacunas, etc.- las mismas empresas dejarán de resistirse a la identificación y pasarán a cumplir, en su propio beneficio y el del mercado, con estos requisitos.

La presión de los consumidores también se hizo sentir en las Bolsas "donde el furor contra los cultivos alterados biológicamente ha arrasado las acciones de Monsanto"4. Asustados por el alboroto sobre los cultivos modificados genéticamente, los inversionistas recientemente disminuyeron en 1.000 millones de dólares la valoración del rentable negocio agrícola de la compañía, que factura 5.000 millones de dólares anuales, según James Wilbur. La principal amenaza es la posibilidad de que la moda de los alimentos no modificados eche raíces en EE.UU. y los productores ya se están preparando para tal contingencia.

"El tema también está generando preocupación entre algunos de los principales colosos estadounidenses de la industria alimenticia. Aunque la mayoría de los consumidores estadounidenses no lo saben, los ingredientes de cultivos genéticamente alterados están presentes en varios productos fabricados por Coca Cola Co., Kellog Co., General Mills, Quaker Oats Co. y McDonald´s, entre otras"5.

Existe por cierto, un proceso de desaceleración en la carrera biotecnológica, que podría ser útil para cumplimentar con los requisitos de más estudios e investigación sobre los temas aún no profundizados.

Pero más allá de las promesas o potencialidades de la ingeniería genética, hasta ahora la mayoría de las investigaciones han sido desarrolladas para los productores ricos de los países ricos o ciertos segmentos de productores de países en desarrollo que venden al mercado global (resistencia a herbicidas, insecticidas, calidad), haciendo especial hincapié tanto en los países de la OCDE como extra OCDE (Australia, China, Israel, Sud Africa, Argentina, Chile, Cuba, Guatemala, México) en los herbicidas, que representan casi un 40% de las experiencias mundiales. De estos, las tolerancias al glifosato y al glufosinato son casi un 80% del total de ensayos para herbicidas (Cuadro Nº 2).

Pero por otro lado, los caracteres que permitirían la verdadera lucha contra el hambre y las enfermedades en los países pobres, ocupan una ínfima porción de esos ensayos en el ámbito mundial. La búsqueda de caracteres resistentes a la sequía o a otros tipos de estrés, la mejora de la productividad de variedades de interés local o regional, la lucha contra las enfermedades y plagas de la agricultura especialmente tropical y subtropical, constituyen el verdadero interés de los países más pobres, que no pueden abastecerse de alimentos por falta de recursos: esta sí que es una necesidad básica que la biotecnología agrícola podría contribuir a paliar.

En este último sentido, los esfuerzos internacionales deberán orientarse a brindar apoyo a este tipo de investigaciones, que permitirían a muchas regiones pobres del mundo resolver parte de sus problemas de alimentación y salud, con el manejo y propiedad de la tecnología y los productos que de ella deriven. "Considerar que la falta de alimentos en el mundo es un problema de distribución es ingenuo, pues es un hecho que los países ricos no han dado ninguna señal para distribuir su riqueza, mientras por otro lado, en general, la ayuda a los países en desarrollo está disminuyendo rápidamente"6.

  1. Pengue, W. "Maíces en su nicho" en ¿Qué comeremos el siglo que viene?, Mercado Rural, Nº 13, octubre 1999.
  2. Montreal, Protocolo de Bioseguridad. 2000. http://www.biodiv.org/biosafe/BIOSAFETY-PROTOCOL.htm
  3. "Bruselas pone en vigor el etiquetado obligatorio para los alimentos transgénicos", El País, Madrid, 11-4-00.
  4. Stipp, D. "Una mala cosecha para la biotecnología de Monsanto." Fortune Americas, en Ambito Financiero, 2-3-2000.
  5. Kelman, S. "Alimentos biotecnológicos quitan el sueño a las multinacionales" en The Wall Street Journal Americas para La Nación, Buenos Aires, 8-10-99.
  6. Conway, G. El árbitro en la pelea de los bioalimentos. Fortune Americas, 2-3-2000.


Beneficios y Riesgos de la Biotecnología

"Si el hombre puede producir, y seguramente ha producido, grandes resultados con sus modos metódicos o inconscientes de selección.¿Qué no podrá efectuar la selección natural?"

Charles Darwin, El origen de las especies. 

A diferencia de la revolución verde, que nace en la esfera gubernamental y se difunde por las agencias internacionales de fomento, la biorevolución emerge casi desde sus orígenes de las grandes compañías privadas, que invirtiendo cifras multimillonarias en investigación y desarrollo buscan apropiarse velozmente de los beneficios.

En EE.UU. sólo el 45% de la investigación biotecnológica se desarrolla en universidades y centros de investigación, mientras la mayoría de las patentes comerciales pertenecen a las compañías multinacionales. La tendencia indica que existe un evidente intento de privatizar los esfuerzos de la ciencia y la tecnología1, que de no mediar un marco regulatorio estricto de protección de recursos y distribución equilibrada de beneficios, podría contribuir a aumentar la brecha ya creciente entre países ricos y pobres. Mientras las empresas compiten por poner un producto en el mercado en el menor tiempo posible, es el Estado quien debe garantizar mediante ese marco -que evolucionará constantemente con los nuevos descubrimientos- la eficiente asignación de los beneficios privados y sociales.

Cuando especialmente las ONGs y los científicos independientes comenzaron a preguntar sobre los riesgos potenciales de ciertos tipos de nuevas tecnologías, EE.UU. reaccionó velozmente a la inquietud de los mercados y decidió revisar2 su política biotecnológica tomando en cuenta las genuinas aspiraciones del público sobre la identificación de la producción y los estudios de sus efectos sobre el ambiente y la salud, en el largo plazo.

Entre los riesgos mencionados, que necesitan ser contrastados ampliamente caso por caso, se cuentan la posibilidad de escape de genes implantados hacia otras especies3, los cambios de patrón en el uso de los herbicidas, la aparición de resistencias en insectos4, la resistencia en malezas a los herbicidas5, la desaparición de los genes susceptibles6, la aparición de alergias7, la posible asociación de nuevas enfermedades (caso del EMS), las pérdidas de la producción orgánica8. Situaciones que indican entonces que para aprovechar más seguramente los beneficios de la biotecnología se deberán fortalecer los estudios, especialmente los impactos ambientales en el largo plazo, realizados por organismos independientes y cuyos intereses sean de neutralidad comprobable. Podría ser conveniente para Argentina reorientar parte de sus investigaciones en biotecnología (aprovechando a través de sus empresas y organismos nacionales los nichos residuales dejados por las multinacionales) y fomentar la investigación en aquellas áreas de verdadero interés para el desarrollo regional tales como la resistencia a plagas localizadas (mal de Rio IV), resistencia a la sequía, mejora de la calidad, dejando de lado el papel que ahora ocupa como campo experimental de las investigaciones de terceros países.

Agrupar los intereses regionales y discutir más ampliamente cómo llevar adelante una política común en este sentido, definir necesidades científicas para juzgar más claramente la conveniencia y momento de aplicación de nuevos instrumentos tecnológicos, es una discusión que recién se esboza en el principal bloque regional, el Mercosur.

Para recuperar su atraso Argentina deberá dejar de lado las políticas reactivas y coyunturales acostumbradas y confrontar su desarrollo sustentable con políticas estructurales que, a través de la utilización de instrumentos económicos y regulaciones para el cambio, permitan integrar las distintas políticas sectoriales.

  1. Morello, J. y Pengue, W. "Economía Ecológica y Biodiversidad: Un enfoque desde el sur." Primera Conferencia sobre Economía y Política Ambiental, Buenos Aires, 1999.
  2. Glickman, D. "Discurso del Secretario de Agricultura de los EE.UU. sobre Transgénicos." Panorama Agrario Mundial. Pergamino, Año 23, 207, noviembre 1999.
  3. Mikkelsen et al. "The risks of crop transgene spread." Nature, 380:31. EE.UU., 1996; y Ellstrand, N. y Arrila, P. "Biologists predict catastrophe from crop to weed gene flow". McGraw Hill's Biotechnology Newswatch. P.22. Athens, Georgia, 1996.
  4. Mellon, M. "What's the rush", en The Gene Exchange. Vol 6, 2-3. Washington, 1995.
  5. Pratley et al. Glyphosate resistance in annual ryegrass. Proc. Eleventh Annual Conference Grassld. Sc, NSW p 122. Sidney, 1996
  6. Whalon, M. Bacillus thuringiensis transgenic plants: Will resistance kill the promise? Commercialization of transgenic crops. Bureau of Resource Sciences. P. 245. Washington, 1997.
  7. Goldwin, B. et al. "Urgent appeal to all goverments to revoke the market aproval of Monsanto´s RR soybean" Working Group. UN Convention on Biological Diversity, Montreal, 1997.
  8. NOSB. National Organic Standards Board, 1995.


Autor/es Walter Alberto Pengue
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 11 - Mayo 2000
Páginas:25, 26, 27
Temas Agricultura, Deuda Externa, Neoliberalismo, Mercosur y ALCA
Países México, Argentina, Brasil, Cuba, Australia, Guatemala, Chile, China, Corea del Sur, Japón, España, Francia, Georgia, Israel