Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

El culto Internet

La desconexión del mundo cotidiano, la búsqueda de una sociedad fraternal y comunicante, unen el actual culto de Internet y el movimiento contracultural de los años ´60 en Estados Unidos. Pero la cultura informática ha tomado de aquellos años también la exaltación de la juventud, para convertirla en instrumento de exclusión.

Es difícil no encontrar puntos de conexión entre el nuevo culto de Internet y el amplio movimiento contracultural que se convirtió en un fenómeno de masas en los años sesenta en Estados Unidos y bajo diversas formas en distintos países occidentales. Recordemos que lo que se llamó la "contracultura" -dando por supuesta una homogeneidad superior a la real- fue una vasta corriente que englobó la herencia de la beat generation; el movimiento de protesta de la juventud que desempeñó un papel decisivo durante las grandes revueltas estudiantiles; el movimiento hippy y todas las numerosas ramificaciones que nacieron en aquella nebulosa, como los movimientos "alternativos".

El movimiento de la contracultura desapareció como tal en los años setenta, pero los valores de que era portador se propagaron y han influido en las maneras de "estar en el mundo" de muchos adultos. En Estados Unidos algunos nombres célebres quedaron asociados con aquel resplandor que marcó toda esa época con su impronta, como Allen Ginsberg, Jack Kerouac, Alan Watts, Ken Kesey, Timothy Leary, Gary Snyder, Neal Cassady, Bob Dylan, sin contar muchos grupos musicales y cierta cantidad de revistas. San Francisco y la costa Oeste se convirtieron en las sedes privilegiadas de aquella "revolución de las costumbres"…

Las prácticas de la contracultura pasaron por la ruptura con el mundo (el drop out); los viajes iniciáticos a la manera de los monjes mendicantes budistas -generalmente en India, pero también por las rutas estadounidenses y europeas-; la vida en comunidades, un profundo deseo de igualdad, de influencia libertaria; la adhesión, bajo el ascendente de Gandhi, a una cultura no violenta, tanto que muchos de los protagonistas de aquel período se convirtieron al budismo zen o se incorporaron a sectas influidas por el orientalismo. Había que concebir a la sociedad como una comunidad pacífica, donde el amor y el altruismo ocupaban un espacio importante. Muchas redes de vida, generadoras de música, libros, cultivo del tiempo libre, modelos educativos, una alimentación y medicamentos específicos, formaron un vasto universo underground al que se incorporaron entonces cientos de miles de personas.

Aquella idea de un mundo nuevo tiene muchos puntos en común con el movimiento contemporáneo en torno a Internet, que está movilizando a su vez a cientos de miles de jóvenes, en busca de una sociedad más fraternal, más "comunicante", más pacífica. La continuidad de los temas es sorprendente: el mundo de Internet es underground a su manera; es el underground actual, el lugar que permite abandonar el "mundo corriente". De alguna manera, el que consagra su tiempo a Internet realiza el drop out de hoy y muchas descripciones de jóvenes internautas enteramente absortos por ese nuevo culto los presentan de manera cautivante como aquellos "vagabundos celestes" de los que hablaba Kerouac.

En los años cincuenta la iniciativa era echarse al camino, para darle otro sentido a la vida, en una perspectiva espiritual; hoy, es sumergirse en las "autopistas de la comunicación". Son muchas las analogías y a través de esa continuidad, nos sigue hablando el período de la posguerra, en una especie de fijación que apenas oculta la renovación de las formas. Como si nuestra sociedad se hubiese detenido allí y nosotros nos incorporásemos, con otras costumbres, a aquel mismo mundo…

La integración al nuevo culto se ha hecho también con los valores de un liberalismo ajeno a la contracultura de los años sesenta. De las dos grandes utopías de la segunda mitad del siglo XX -la revolucionaria y la contracultural- sólo la última sobrevivió, reencarnándose de alguna manera en el nuevo culto a Internet. La contracultura, sin dejar de ser hostil al gran capitalismo y a la sociedad de consumo e impregnada de una tradición libertaria, no llegó a romper nunca del todo con el liberalismo. Eso puede explicar que el culto de Internet haya integrado tan fácilmente sus valores1

El marco de los distintos valores y corrientes de pensamiento en los que se ha apoyado el culto de Internet estaría incompleto si no se mencionase un valor "secundario" (en comparación con las grandes motivaciones que acabamos de recordar), pero sin embargo importante: el culto a la juventud, es decir la tendencia a exaltar la juventud y sus valores y convertirlos en el modelo obligado de cualquier comportamiento.

El culto de Internet es un culto joven, de jóvenes y para jóvenes. Está concebido como una especie de proceso de "revolución permanente", donde son los jóvenes los que determinan la dirección del movimiento. Nicolás Negroponte es el autor que va más lejos en la puesta en escena de ese culto a la juventud: "Veo esa misma mentalidad de descentralización en marcha en nuestra sociedad, bajo el impulso de la juventud del mundo digital. La visión centralizadora tradicional se está convirtiendo en una cosa del pasado. La noción de Estado está sufriendo una mutación radical… Mientras que los políticos se debaten con la herencia de la Historia, una nueva generación, liberada de los viejos prejuicios, emerge del paisaje digital… La tecnología digital puede ser una fuerza natural que atraiga a la gente a una mayor armonía mundial"2

Negroponte subraya el papel que la juventud está desempeñando en la instauración de una "contracultura frente al establishment de la informática. Nuestro soporte no era una disciplina, sino una creencia en que los computadores modificarían y transformarían de manera espectacular la calidad de la vida por su ubicuidad, no sólo en las ciencias sino en todos los aspectos de lo cotidiano". Es uno de los muchos defensores de la idea de que los niños serían "por naturaleza" aptos para la informática. "Se trate de la población de Internet, del uso del Nintendo o de Sega, o de la penetración de los microordenadores, lo importante ya no será pertenecer a una u otra categoría social, racial o económica, sino a la generación adecuada. Los ricos son hoy los jóvenes y los desposeídos los viejos", afirma.

Como puede verse, el culto a la juventud no está desprovisto de demagogia. En todo caso, el culto de Internet se apoya en las capas más jóvenes de la población. Microsoft, que busca actualmente negociar un viraje que lo aproxime a Internet, no duda en reclutar a gente muy joven para orientar su estrategia. "La empresa estima que esos jóvenes estarán conectados de manera permanente con Internet… Por eso la firma encargó a dos adolescentes que expliquen a sus dirigentes de edad mediana su nueva filosofía del trabajo y del tiempo libre"3. Uno de ellos explicó que "los períodos de educación, de trabajo, de jubilación, antes diferentes y sucesivos, están hoy entremezclados".

En el marco del culto a la juventud se encuentra la apología sistemática de la "velocidad", convertida en una nueva creencia: lo que va rápido es mejor, más cercano al mundo del espíritu. La velocidad es lo que nos libera del cuerpo y nos aproxima a los otros constantemente. "La realidad de la información está contenida enteramente en su rapidez de propagación", dice Paul Virilio4. Comentando con aplomo el proceso al dirigente campesino francés José Bové y sus compañeros en julio de 2000 en Millau, uno de los defensores liberales de Internet, Alan Madelin, afirmó: "En realidad, el nuevo mundo que se avecina trae consigo una extraordinaria oportunidad de renacimiento de una sociedad a la medida humana, y en ese nuevo mundo no son los grandes quienes triunfan sobre los pequeños, sino los rápidos frente a los lentos"5.

Cabe preguntarse, leyendo algunos artículos y algunas declaraciones, qué lugar deja el "nuevo mundo" a los viejos (a partir de los 35 años). Un estudio que hemos realizado para Caja Nacional de Seguros para la Vejez de Francia muestra la existencia de un auténtico discurso de exclusión de las personas de edad en el dominio de las nuevas tecnologías de la información6, debido esencialmente al culto a la juventud sobre el que se apoya este medio.

  1. A. Mattelart, "Cómo nació el mito de Internet", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur,8-2000.
  2. Nicholas Negroponte, Ser digital, Atlántida, Buenos Aires, 1995.
  3. Le Monde, París, 6-5-00.
  4. Paul Virilio, L"art du moteur, Galilée, París, 1993.
  5. Le Monde, 2/3-7-00.
  6. Annie Bousquet y Philippe Breton, "La place des personnes âgées dans l´argumentaire et le discours d´accompagnement des nouvelles technologies de communication", Rapport de recherche MIRE-CNAV, París, marzo de 1998.
Autor/es Philippe Breton
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 16 - Octubre 2000
Páginas:33
Temas Internet, Tecnologías
Países Estados Unidos, India, Francia