Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

Recuadros:

Sudamérica es el camino

Se perfilan ya los rasgos del orden mundial en el siglo XXI. Los hechos indican que un país, Estados Unidos, dominará la escena, pero fuertemente contrarrestado por bloques de países con integraciones acordes a sus recursos, historia, cultura y voluntad política: América del Norte, la Unión Europea, Asia-Japón, China, Rusia (¿quizá China-Rusia?), los países árabo-musulmanes… ¿Y América del Sur? Ante la inconveniencia de someterse a la hegemonía estadounidense, queda el recurso de la integración regional.

Los lazos lingüísticos, históricos y culturales entre países latinoamericanos son evidentes, ¿pero qué de su existencia política? Aquí entra a jugar el papel de Sudamérica, puesto que México ha decidido ya integrarse con EE.UU. y Canadá en el vigente Tratado de Libre Comercio y los países de América Central y el Caribe (con excepción de Cuba, ver pág. 10) están -con variantes- por un lado muy próximos a la atracción de ese bloque, si no integrados a él en los hechos y, por otro, deberán decidir su destino cuando los países del sur ofrezcan otra opción… si es que se deciden a hacerlo (ver pág. 3).

¿Es conveniente y posible una opción sudamericana? ¿Cómo estructurar este bloque para darle objetivos comunes y unidad de acción? ¿Cómo conseguir el margen operativo para aplicar políticas independientes? ¿Cómo definir y aplicar esas políticas? Desde esta perspectiva, la reunión de presidentes en Brasilia, en agosto pasado, es sólo el puntapié inicial de un partido en el que Sudamérica debe decidir algunas reglas del juego, antes de que se las impongan.

Lo que se decidirá en los próximos años excede a la mayor o menor prosperidad -o pobreza- que pueda obtenerse con la pertenencia a uno u otro esquema de integración. Estará en juego la subsistencia de los países sudamericanos como naciones soberanas. Se trata de la alternativa entre el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA, ver recuadro) o Mercosur/Comunidad Andina, que supera lo económico y tiene un claro significado político. Es muy diferente una integración entre iguales a una unión del más poderoso con un grupo de débiles: EE.UU. tiene un PBI 6,3 veces mayor que todos los países sudamericanos (ver cuadro 2) y más de 5 veces mayor que todos los latinoamericanos, sin mencionar la abismal brecha científico-tecnológica o de infraestructura financiera, comercial, entre otros.

La incorporación a un esquema de integración no tiene sólo aspectos institucionales y políticos. Napoleón decía que "los países tienen la política de su geografía", pero hoy debe decirse "de su estructura económica" (vér cuadro 1), ya que los países desarrollados no conquistan territorio, sino mercados1. Debe tenerse en cuenta el tipo de comercio exterior así como la estructura productiva que resultaría de la adhesión a ALCA o a Sudamérica. La opción es país exportador de productos primarios o país desarrollado.

Conviene entonces analizar lo real. De las exportaciones sudamericanas, el 55,4% de las manufacturas "nuevas" de origen industrial -las de mayor complejidad tecnológica2- se exportan a la misma Sudamérica; el 20,6% a EE.UU. y el 11,6% a la Unión Europea (UE). En el caso de Argentina, más del 85% de las exportaciones industriales va a Sudamérica; a Estados Unidos menos del 5%. Si se considera el total de las exportaciones argentinas, Sudamérica absorbe casi la mitad de ellas (el 47,9%) y EE.UU. nada más que un 8%.

El cuadro 1 muestra la estructura del comercio de bienes de Sudamérica. Se advierte que el 75% de las exportaciones a EE.UU. consisten en materias primas, manufacturas de origen agropecuario e insumos básicos y que ese porcentaje se eleva al 85% en el caso de la UE. Respecto a las importaciones desde EE.UU, el 67% son manufacturas; ese porcentaje es del 72% para la UE.

Es evidente que el intercambio con los países centrales es entre sectores económicos (Sudamérica exporta productos primarios e importa manufacturas), mientras que entre los países de la región el comercio es entre ramas de los mismos sectores. Argentina vende oleaginosas, carne y cereales a Europa, y Venezuela petróleo a Estados Unidos; desde los países desarrollados, ambos importan manufacturas. Pero Argentina y Brasil, por ejemplo, tienen un comercio recíproco de autopartes y vehículos terminados, que les permite desarrollar una capacidad de exportación hacia fuera del propio Mercosur. Es otro cantar en términos de valor agregado y de manejo de tecnología.

El problema no son sólo las exportaciones, sino también las importaciones: con el arancel cero del ALCA, las manufacturas estadounidenses barrerán del mercado sudamericano a los productos nacionales. Se terminará así toda veleidad industrializadora y volveremos al redil de los productores de materias primas y mano de obra barata, a excepción de las actividades que las empresas transnacionales consideren que cuesta menos desarrollar en Sudamérica. Ni siquiera podremos entrar en la industrialización de cuarta categoría que es la maquila3, porque lo que es viable en México y Centroamérica no lo es en Sudamérica, dada la lejanía geográfica con EE.UU. Las consecuencias económicas del ALCA nos condenarían a ser proveedores de materias primas o manufacturas elementales, mientras utilizamos productos industriales de mediana o alta complejidad fabricados en otra parte.

Pero el principal problema es político. En el magma de la globalización, es fundamental defender la identidad de cada país y su subsistencia como nación soberana. Se trata nada menos que de definir la independencia o retroceder casi dos siglos, por supuesto en un contexto totalmente diferente. Es otro el imperio dominante y los modos de vivir y producir no admiten comparación; pero perduran la naturaleza humana y los rasgos esenciales de la política y reaparece agravada la relación de dependencia.

Integración entre iguales

¿Por qué este tema trasciende lo económico y se instala en lo político? Para que una nación gravite en el contexto internacional, es fundamental que la jerarquía de su sistema productivo sea elevada. No es lo mismo un país agrícola o minero, que vive de la venta de sus materias primas y su mano de obra barata, que otro que ha llegado a altos niveles de productividad, con mayor crecimiento, con un mercado interno poderoso y menos vulnerabilidad externa; que genere empleo calificado y exporte más valor agregado que materias primas. Para llegar a este objetivo se debe consolidar un mercado nacional y regional amplio y una capacidad de oferta diversificada. En otras palabras, poseer empleos de buena calidad y una distribución del ingreso que desarrolle ese mercado, todo lo cual implica la provisión nacional y regional de insumos y servicios necesarios para la producción. Para Argentina y Brasil esta es la única alternativa de desarrollo sustentable. Otros países, más pequeños, pueden especializarse con relativo éxito en exportaciones de materias primas elaboradas (como Chile) o en la maquila (Centroamérica y algunas zonas de México), aunque seguirán muy vulnerables a los avatares de los precios de las materias primas y del nivel de actividad de EE.UU.

Se trata de establecer un programa de integración sudamericana. No de aspirar a la autarquía, sino de evitar estrangulamientos que impidan crecer; esos que surgen cuando sólo se producen y exportan materias primas y manufacturas elementales. Tampoco se trata de reconstruir la industria de hace dos décadas. Los principios de entonces siguen siendo válidos: industrialización, difusión del progreso técnico, expansión del mercado interno, creación de empleos menos precarios y de mayor productividad, integración, mayor comunicación, diversificación de exportaciones; pero los medios para lograrlos son muy diferentes.

Una agenda posible es formalizar una integración entre iguales, con total respeto a las decisiones políticas y económicas de cada país. Esta agenda es viable, puesto que por ejemplo en el plano del comercio exterior no hay que inventar nada, sino coordinar y poner en funcionamiento al Mercosur y a la Comunidad Andina, así como hacer efectiva la incorporación de Chile, Guyana y Surinam. Para no establecer dependencias internas como las que se trata de evitar en el plano internacional, es fundamental establecer acuerdos para la exportación recíproca de manufacturas, con lo cual aumentaría la jerarquía de los sistemas productivos nacionales. Otro elemento constitutivo pueden ser obras internacionales de integración de la infraestructura4, cuya instrumentación constituyó uno de los objetivos de la reunión de Brasilia. Con esa base económica, llegará el tiempo de establecer algún mecanismo institucional que oriente, promueva y dé continuidad a la integración, al modo en que ha ido sucediendo en la UE.

El cuadro 2 muestra que Sudamérica tiene la magnitud requerida para constituirse en un bloque que participe en la política mundial. Su población es del tamaño de la de EE.UU. y la UE. Aunque el producto global es 13 veces menor al de ambos, existe una masa crítica como para gravitar en un contexto mundial multipolar.

En el siglo XXI podrían existir dos formas de distribución del poder mundial. La primera, la hegemonía de EE.UU. con todos los demás países subordinados en diferente grado, según su importancia relativa. La segunda, la multipolaridad. En este caso, es probable que EE.UU. continúe siendo la mayor potencia, pero habrá otras que participarán de un sistema mundial más complejo: la UE, China, Rusia, India, Japón, países musulmanes, cada uno enraizado en su estilo de civilización. En cualquier hipótesis, la constitución de una Sudamérica integrada, es esencial tanto para negociar mejor con la potencia hegemónica como para aspirar a convertirse en uno de los grandes bloques mundiales.

En el inicio de todo proceso histórico se vislumbra una realidad futura. Imaginemos la hipótesis "independentista", de aquí a veinte años. En lo político, América del Sur es uno de los bloques que participan en la elaboración de las decisiones mundiales. Es parte del G-7 ampliado y tiene su asiento en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Sus Estados nacionales ejercen una soberanía compartida sobre emprendimientos regionales: tecnología, infraestuctura, transporte, comunicaciones, energía. En lo económico, existe un mercado común con elevado grado de industrialización, obtenido sobre la base del abastecimiento a los mercados internos de los países sudamericanos (lo cual a su vez permite un aumento extraordinario de las exportaciones). En lo científico, tecnológico y cultural, la vinculación y el trabajo en común entre los países hace posible acceder a otro nivel de excelencia.

En el extremo opuesto, ¿qué podría ocurrir con el modelo neoliberal y la integración con EE.UU.? Dentro de veinte años, se mantendría el esquema básico de funcionamiento de la economía y la sociedad. Los resultados ya son conocidos. Tal como ahora, el dinamismo se basará en el mantenimiento de una situación de renta de los sectores dominantes. La mayor fuente de riqueza no surgirá del beneficio empresario, sino de la posición dominante que otorgan la propiedad, el monopolio -u oligopolio- de explotación (por ejemplo, la concesión de servicios públicos) y el control del mercado. Se trata de la antítesis del capitalismo productivo, aunque es la situación ideal para las empresas transnacionales prestadoras de servicios y los bancos internacionales. La generación de empleos se mantendrá insuficiente en cantidad y calidad y se acentuará la estratificación social. Cada país seguirá siendo exportador de productos básicos y procesador de manufacturas elementales (para Argentina ver cuadro 3). Sin embargo, lo importante estará a salvo: la renta se seguirá cobrando. Las excepciones serían las implantaciones de empresas transnacionales que produzcan con alta tecnología y poca ocupación de mano de obra. En el plano político, no habría otra opción que el acatamiento de las decisiones de EE.UU.

Los imperios, por definición son ahora "globalitarios"5. Los países absorbidos y subordinados tienen graves dificultades para preservar su identidad nacional. Las naciones dominantes, de acuerdo con las modalidades de cada época, atienden a su exclusivo beneficio. Antes, conquistaban territorios. Ahora absorben la riqueza y la inteligencia de los demás de manera diferente; para eso utilizan el dinero, el conocimiento, la tecnología y las comunicaciones. Sus armas decisivas son el poder económico, financiero, político y llegado el caso, militar. Frente a esta corriente avasalladora, ¿es posible optar por la independencia o no queda otra alternativa que disolverse en el imperio? De elegir la independencia, ¿qué hacer en lo inmediato ante las fuertes presiones para constituir el ALCA?

La necesidad de actuar en conjunto es obvia: la relación de fuerzas mejora si negocia un grupo de países en lugar de un país aislado. En una etapa en la que las políticas neoliberales cercenaron de modo sistemático las sociedades nacionales6, es posible reconstruir lo perdido en un nivel superior. Un aspecto fundamental es la realización de emprendimientos conjuntos regionales y generar nuevas formas de soberanía supranacional mediante actividades de inversión y de creación de empresas plurinacionales conjuntas de países sudamericanos7. Seguir, con modalidades y tiempos propios, el ejemplo de los países europeos, que fundamentaron su unidad no sólo en el comercio, sino también en emprendimientos conjuntos, del tipo de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero , el Centro Europeo para la Investigación Nuclear , la Agencia Espacial Europea y el Programa Eureka.

Muy diferente sería la historia de la deuda externa si se la hubiera enfrentado coordinadamente. La irrupción en el plano internacional de un grupo sudamericano coherente le otorgaría un poder de negociación ahora inexistente. Sobre todo, restituiría a cada país su independencia en un haz común: Sudamérica.

  1. Ignacio Ramonet, "Efectos de la globalización en los países en desarrollo", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, agosto 2000.
  2. Sobre todo bienes de capital, material de transporte yproductos farmacéuticos.
  3. Las maquiladoras son empresas de propiedad extranjera, que exportan a un país subdesarrollado materias primas, piezas y equipamiento, libres de impuestos; allí los ensamblan o procesan, y después exportan. Aprovechan así los bajos costos de la mano de obra.
  4. Alfredo Eric Calcagno y Eric Calcagno,"¿Adonde va el Mercosur", en Le Monde diplomatique, Ed. Cono Sur, abril de 2000.
  5. Ignacio Ramonet, op. cit.
  6. A la hora de negociar es importante el poderpolítico y económico que respalda a cada país. En la Argentina, los neoliberales se encargaron de cercenar ese poder con pasmosa eficiencia: quiebres institucionales en el decenio de 1960, incluída la destrucción de la Universidad en 1966; dictadura, desindustrialización y deuda externa en el período 1976-1983;debilitamiento del Estado, aumento de la deuda y venta del patrimonio nacionalen el decenio de 1990.
  7. Samuel Pinheiro Guimaraes, "A ALCA e o fim doMercosul", en Alca e Mercosul riscos e oportunidades para o Brasil, Samuel Pinheiro Guimaraes organizador, IPRI-FUNAG, Brasilia,1999.

El ALCA

Los Jefes de Estado de 34 países americanos reunidos en Miami (EE.UU.) en diciembre de 1994 en la "Cumbre de las Américas", resolvieron iniciar las negociaciones para la creación de un Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA). El tema esencial es el libre acceso a los mercados, pero además se consideran materias tales como servicios, propiedad intelectual, inversiones, políticas de competencia, compras del sector público y solución de controversias. En la segunda Cumbre, realizada en Santiago de Chile en abril de 1998, se adoptó un Plan de Acción que estableció que las negociaciones deberán concluir a más tardar en 2005.

El ALCA tiene un objetivo declarado -el libre comercio- y otro real, que consiste en estructurar la primacía de EE.UU. Plantea primero la finalidad económica: América entera como territorio de libre circulación de bienes, servicios y capitales -pero no de personas1 -; el dólar adoptado como moneda de todos los países (si fuera posible, con exclusión de la moneda nacional); apertura externa irrestricta; disminución de las funciones del Estado; privatización de los servicios públicos y desregulación de la actividad económica. Como esquema de integración es en esencia heterogéneo, puesto que rigen las mismas leyes para El Salvador y Brasil, para Belice y Argentina. Así, no habrá mercado interno que resista. Las filiales de empresas extranjeras, en especial estadounidenses, ejecutan la actividad económica en las áreas más importantes de casi todos los países sudamericanos; para comprobarlo basta con enumerar los centenares de empresas regionales, públicas y privadas, que han sido compradas por compañías transnacionales, gran parte de las cuales no tienen como finalidad la inversión capitalista en un marco de competencia, sino la apropiación de la renta de determinados sectores sociales. Lejos de contribuir a sociedades más homogéneas, la actividad productiva queda relegada a funciones parasitarias, con el agravamiento de las desigualdades sociales.

Además se trata de una alternativa excluyente: la implantación del ALCA implica la desaparición del Mercosur y de la Comunidad Andina. En el plano del comercio, al eliminarse la tarifa externa común existiría un solo mercado continental, manejado por EE.UU. También se suprimirían las preferencias establecidas por la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), con lo cual disminuirían las exportaciones latinoamericanas a los demás países de la región, en especial las industriales. Asimismo, se perdería el incentivo para invertir dentro de los países con el fin de evitar barreras de protección, porque esas barreras no existirán; y aun si se instalaran, las empresas transnacionales importarían sus insumos de los países sede, con arancel cero2. La contrapartida, que es la entrada recíproca de manufacturas, se parece mucho a una cláusula de los tratados del siglo XIX entre Inglaterra y Argentina, que fijaba el criterio igualitario que la flota inglesa podía navegar libremente en los ríos argentinos y la flota argentina en los ríos británicos. Sólo que la flota argentina… no existía.

El ALCA supone la desaparición de cualquier esquema de integración sudamericano, con excepción -quizá- de la Federación Sudamericana de Fútbol.

  1. El electo presidente mexicano Vicente Fox visitó recientemente EE.UU., donde propuso la "eliminación de las fronteras" también para las personas entre los dos países, recibiendo una tajante negativa de Al Gore y George Bush, los candidatos demócrata y republicano a la presidencia, y una respuesta evasiva del presidente saliente, Bill Clinton. Patrice de Beer, "Vicente Fox souhaite l´abaissement de la frontière américano-mexicaine", Le Monde, Paris, 26-8-00. La gente con baja calificación se quedará en su país y sólo emigrarán los técnicos de alta capacitación (a finales de agosto, en Argentina, una empresa consultora estadounidense entrevistaba a los físicos atómicos recién egresados del Instituto Balseiro para llevarlos a EE.UU.).
  2. Samuel Pinheiro Guimaraes, "A ALCA e o fim do Mercosul", en Alca e Mercosul riscos e oportunidades para o Brasil, Samuel Pinheiro Guimaraes organizador, IPRI-FUNAG, Brasilia, 1999.


Autor/es Alfredo Eric Calcagno, Eric Calcagno
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 15 - Septiembre 2000
Páginas:6, 7, 8
Temas Deuda Externa, Mundialización (Economía), Geopolítica, Mercosur y ALCA
Países Canadá, Estados Unidos, México, Argentina, Brasil, Cuba, Belice, Chile, Guyana, Surinam, Venezuela, China, India, Japón, Francia, Inglaterra, Rusia