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La híbrida identidad de la generación 99

En una sociedad donde la juventud es minoritaria y los adultos usurpan sus estilos y modos de expresión, la "generación 99" parece caracterizarse por la búsqueda del placer individual, la ansiedad por integrarse al sistema social, el respeto por la militancia a favor de los derechos humanos y el medio ambiente y la repulsión por la dirigencia política.

De regreso a casa, cuatro escolares evocan los oficios soñados. Tres de ellos eligieron: piloto, jugador de fútbol, técnico en informática. El cuarto desaprueba y anuncia: "¡Yo voy a ser abuelo!"A la objeción de que" eso no es un oficio" , replica: "No importa. Mi abuelo no hace nada y sin embargo siempre tiene plata. "

El diálogo, ficticio, fue tomado de un corto publicitario concebido por un grupo financiero para vender un seguro de vida privado. En un ensayo editado por la Fundación para los Derechos de las Generaciones Futuras, el joven diputado social-demócrata Hans-Martin Bury lo reproduce. Aunque ya pasó la curva de los treinta, Bury se presenta como campeón del combate entre los jóvenes y la codiciosa alianza de seniors ávidos de placeres y dotados de una larga esperanza de vida. Los mismos que durante el otoño preparan sus largas vacaciones en las Seychelles, mientras los jóvenes se estremecen ante la cercanía de un invierno que es sinónimo de funestas expectativas…

Si el diputado no ha sido devorado por la nueva ola en materia de conflicto generacional, sus ataques expresan una tendencia original. Como las relaciones entre jóvenes y "viejos" están sometidas a presiones económicas crecientes, los "conflictos de reparto" se agregan a las simples luchas generacionales de otros tiempos. Dos debates políticos ilustran a las claras este cambio de clima: la reforma jubilatoria y la deuda pública.

En Alemania, el sistema jubilatorio se basa en el principio de la redistribución: los aportes de los activos se vierten para los jubilados. La jubilación se determina a partir de los derechos adquiridos durante el período de actividad, con un ajuste sistemático en función del ingreso promedio. No obstante, los que empiezan a aportar ahora tienen la sensación de que más adelante no cobrarán en proporción a sus depósitos: no sólo los mayores viven mucho tiempo, sino que cada vez nacen menos niños. Sin embargo, cada intento de desacelerar el aumento de las jubilaciones choca, según Bury y otros heraldos del conflicto intergeneracional, con la resistencia encarnizada de los privilegiados, cuyos representantes imperan en el sistema político. El mismo principio interviene en la deuda pública: las generaciones futuras tendrán que pagar las deudas contraídas por los adultos.

Los "expertos en juventud" de la sociedad de consumo se apuran a etiquetar a las generaciones que, según estiman, se suceden cada vez más rápido. Lo cual no impide que a partir de la segunda guerra mundial en adelante algunas se destaquen. Sociólogos y periodistas identifican en primer lugar a la generación que después de vivir la guerra durante su adolescencia (y de adherir a menudo con entusiasmo a las Juventudes Hitleristas), eludió todo adoctrinamiento. Junto a sus sucesores de los años 50, fueron catalogados por el sociólogo Helmut Schelsky como la "generación escéptica" : no se trata de una posición general de principio, sino del rechazo a toda ideología de masas, ya sea roja o parda. Alemania debe su reconstrucción de posguerra a estas dos generaciones, más la de los sobrevivientes del conflicto.

Después vienen los jóvenes del 68. Forzaron a sus padres a romper el silencio en relación al período nazi, rechazaron los valores del "milagro" económico y, a semejanza de sus contemporáneos franceses, se entregaron a la lucha por una sociedad solidaria, incluso socialista. Del proyecto inicial quedó solamente una liberalización de las costumbres y un cierto "avance democrático" , gracias a los cuales la RFA pudo civilizarse un poco.

El '68 y después

Si los jóvenes del ´68 creyeron que todo era posible, la generación de la década siguiente creció bajo la amenaza de un apocalipsis ecológico. Sus representantes descubrieron la naturaleza y sus ciclos, rechazaron el fetichismo del crecimiento, defendieron el ideal de la no-violencia (contrariamente a los militantes de 1968) y elevaron el sentido de responsabilidad al nivel de un valor moral. Al mismo tiempo, alimentaron una hostilidad latente hacia la civilización, a la manera de la juventud alemana de las primeras décadas del siglo.

Lo que tienen en común las generaciones del ´60 y del ´70 es el compromiso a favor de una alternativa radical al orden social vigente, la voluntad de combatir en pos del interés general. Para ambas, la conquista de la felicidad debe ser colectiva. En eso, precisamente, se distinguen de las generaciones siguientes.

La juventud de 1989 -la que creció durante la unificación del país- se define por su realismo y por su buena disposición hacia los valores del capitalismo puro y duro. Capturada por la ideología del éxito individual, está lista para la competencia y critica con gusto, cuando no agresivamente, las utopías de sus padres. No obstante, sus contornos son relativamente difusos, como si el núcleo yuppie no hubiese sido capaz de impregnar a la totalidad de sus congéneres. Por lo demás, esta generación casi desapareció sin dejar huellas.

Desde hace dos años, dirigentes, investigadores y publicistas apuntan sus proyectores sobre los de entre 18 y 25 años: la generación ´99. Los nuevos lobos de la política les consagran ásperos debates. ¿Los ayudan así a tomar la palabra? Hay algo que desconcierta en el análisis de los datos empíricos: la noción misma de "juventud" parece cada vez más inasible. Antes, correspondía al período protegido del aprendizaje escolar y profesional. Ahora, sus contornos se desdibujan: la formación se diversifica prolongándose hasta bastante después de los veinte años; el trabajo ilegal, los trabajos temporarios y las ayudas familiares retrasan el ingreso a la vida activa.

Siendo el acceso a la independencia financiera cada vez más difícil, los comportamientos de dependencia afectiva hacia los padres perduran: la permanencia en el capullo familiar se extiende más de lo razonable y la constitución de un hogar propio se posterga en similar medida. En esta sociedad donde los jóvenes son minoría pero la idea de juventud es preponderante, se pierde hasta la referencia biológica y los rasgos específicos de esa etapa de la vida. Un mundo de adultos obsesionados por la juventud acapara sus atributos, sus estilos, sus formas de expresión.

Bajo la presión de la desocupación masiva, se atraviesa este período con la angustia por el futuro profesional. "La crisis social alcanzó a los jóvenes" , dice un estudio del departamento especializado del instituto Shell, realizado en 1997. Una fosa de considerables dimensiones se abre entre las experiencias profesionales, ulteriores a la formación, y el tiempo libre compartido con el grupo reducido de amistades. En otros tiempos, la regla era aprovechar este tiempo para forjarse una personalidad. Actualmente, esta búsqueda parece cada vez más ardua. Tanto los jóvenes como quienes los observan evocan una identidad apañada, especie de "híbrido" que incide también en la división de roles entre hombres y mujeres, antes claramente definidos.

Así surge la imagen de una juventud aparentemente insatisfecha con el mundo que va descubriendo, deseosa sin embargo de integrarse a él de uno u otro modo. Si bien el mundo de los adultos pertenece a "la vereda de enfrente" , esta juventud no los elude de un modo agresivo, sobre todo si se trata de los padres. El compromiso de aquellos de entre estos últimos que pasaban por rebeldes hace veinte años y que siguen militando en los bandos rojo o verde, es considerado por sus hijos con indulgente ironía, a tal punto se encuentra a años luz de los modos de vida que predominan actualmente. En la escala de valores de los jóvenes, lo primero es la familia, luego la amistad, después el amor1.

Otra característica es el rechazo muy pronunciado por los dirigentes y los partidos políticos. Incluso el muy compacto tejido asociativo tradicional alemán parece disolverse inexorablemente. En cambio, crece la actividad en defensa de los derechos humanos, del medio ambiente, o multicultural. Estudios cualitativos subrayan que para los jóvenes esa militancia debe traer reconocimiento social, pero sobre todo debe procurar placer, alegría de vivir, humor, distensión, y también creatividad en la invención de formas de acción originales y autónomas, propia de la gente de la misma edad. Condiciones todas que no cumplen los partidos contemporáneos y sus movimientos juveniles…

Jóvenes contra políticos

"Cuando haces algo, no lo haces como forma de reacción contra la sociedad, sino porque te da placer. La provocación gratuita ya no es actual" , comenta una joven adepta a las fiestas nocturnas con música tecno, entrevistada para el estudio Shell. Reflejando al mismo tiempo el abandono de toda visión social de conjunto y la prioridad otorgada a un cálculo de felicidad individual. Lo cual excluye todo verdadero compromiso: de hecho, incluso la participación en iniciativas espontáneas -típica de los jóvenes de los ´60 y ´70- se vuelve muy escasa. Florecen los clubes de fans de todo tipo, desde los amantes de las motos hasta los locos de la informática. Unas pocas causas nobles imponen respeto: en el mejor de los casos, los jóvenes se sienten identificados con los valores que encarnan los militantes del medio ambiente o de derechos humanos; y como mínimo, les muestran algo de simpatía.

En lo político, las encuestas indican un particular apego a la democracia como forma de Estado y al ideal de una convivencia pacífica -incluso entre culturas diferentes- en el seno de la sociedad alemana. Desgraciadamente, dicen muy poco sobre la visión que los jóvenes alemanes tienen de los extranjeros que crecieron en el país, y viceversa. Algunos sostienen que la joven generación turca estaría sometida a la influencia creciente de las ideologías fundamentalistas (religiosas o nacionalistas) e incluso que se alejaría del objetivo de la integración. Según los mismos sociólogos, los jóvenes alemanes reaccionarían a esta radicalización con miedo o rechazo. Sea como sea, los neonazis y los skinheads siguen siendo los que más repugnan a los jóvenes alemanes.

Por otra parte, sienten horror ante la violencia como método político. Aunque una encuesta demuestra que la ex RDA experimenta una cierta disposición a la violencia y a veces incluso una especie de indulgencia ante las acciones terroristas de los movimientos de extrema derecha. Por lo demás, los puntos de vista y las expectativas de los jóvenes de los dos lados del ex-muro parecen acercarse. En el Este también se piensa que cada uno debe ser artesano de su felicidad, ya que nada cabe esperar de la acción colectiva.

Asimismo, la "generación ´99"se caracteriza por una tal diversidad de estilos y de formas de expresión que no resulta fácil dibujar un retrato de conjunto. El abordaje a partir de categorías sociales también se revela engañoso: la apariencia antes característica de los jóvenes más pobres, el look de los adeptos del skateboard o el hip-hop de los raperos fueron adoptados desde hace tiempo por jóvenes de todos los medios sociales. Todos estos modos de expresión inter-clases tienen dos puntos comunes: son comercializados a ultranza y ningún discurso coherente pretende justificarlos.

La interpretación de esas especificidades suscita vivas controversias en los ámbitos de la ciencia y la política. Los observadores que pertenecen a las generaciones de 1969 y 1978 detectan un fondo de apoliticismo, de conformismo y de apetito consumista en esta "ausencia de verbalización" de sus hijos y nietos: se trataría de unos monitos egocéntricos que se exhiben obsesivamente. Así Joschka Fischer, tras un largo camino que lo condujo desde la revolución al reformismo ecológico y luego al gobierno, acusa a la "generación ´99"de apatía y de falta de espíritu militante en relación a su porvenir. A pesar -o a causa- de su habilidad en el trato con las realidades, la élite de las generaciones otrora rebeldes le exige a la juventud un arranque político. ¿No le corresponde, como había afirmado Hannah Arendt, "volver a empezar" ?

Pero los mismos críticos y predicadores que controlan lo que se dice sobre la juventud sacan partido de su posición de fuerza, eligen el terreno de la polémica y establecen sus reglas. Deciden arbitrariamente lo que es política y lo que no. Por esa razón, estos arrogantes agentes de decisión son el blanco del contraataque lanzado por los defensores de la generación joven, o mejor dicho, por aquellos que buscan explicar lo mejor posible su modo de funcionamiento: según ellos, no son los jóvenes quienes detestan la política, sino al revés. La negativa a expresarse políticamente constituiría una forma de resistencia al caudal de palabras omnipresentes y omniscientes de los fósiles políticos.

Cuerpos en escena

Los jóvenes contraponen la puesta en escena de sus propios cuerpos a la del discurso dominante. En un ensayo brillante, Les vibrations électroniques, la bailarina y socióloga Gabriele Klein analiza las fiestas como uno de los pocos espacios donde "los jóvenes pueden resguardarse de los efectos miméticos que el mercado ejerce sobre sus padres" . Después del "cuerpo político" de 1968 y del "cuerpo natural" de 1978, he aquí el "cuerpo artístico" de la generación ´99. Porque el cuerpo no sólo nos ha sido dado: corresponde trabajarlo sin descanso. Es, según explica Gabriele Klein, "una garantía de singularidad y autenticidad, el último substrato material asible, donde pueden albergarse los recuerdos y al que el momento presente otorga una tangibilidad inmediata".

La contradicción entre reivindicación política y deseo de una auténtica representación de sí mismo estalla ruidosamente en la controversia en torno a la Love Parade, esa gigantesca exhibición de cuerpos que tiene lugar anualmente en Berlín. Aunque ahora se realizan varias en Europa, esta manifestación es ciento por ciento berlinesa: nacida hace una década en UFO, una discoteca local, su original propuesta festiva tuvo un éxito espectacular, al punto que las últimas realizadas en la capital alemana congregaron más de un millón de jóvenes. De todos modos, los "ravers" (adeptos a fiestas "tecno nómades" , es decir que tienen lugar en distintos sitios, cuyas estrellas son los variados disc-jockeys y de las que la Love Parade es su punto culminante anual) pueden ser identificados con la generación ´99. Y los defensores del regreso a la política se consolarán pensando que los cuerpos artísticos también se marchitan: llegará el día en que, a su turno, deberán ceder el lugar a una generación nueva. A juzgar por lo que sabemos de ella, la actual generación se resignará a su suerte sin resistencias…

  1. En el sondeo sobre los jóvenes de 15 a 25 años publicado por el semanario Der Spiegel (Berlín) el 12-7-99, la respuesta a la pregunta "¿qué es lo más importante en la vida?"fue en un 62% de los casos "la familia" ; 51% "la amistad" ; 46% "la salud" ; 44% "el amor" ; 21% "la carrera" y 20% "la justicia" . Interrogados sobre "qué hay que combatir" , el 95% menciona "la destrucción del medio ambiente" ; 90% "la injusticia social" ; 83% "los dictadores" ; 56% "la hostilidad de la sociedad al placer" ; 44% "los dirigentes políticos" y 26% "el autoritarismo de los padres".
Autor/es Christian Semler
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 4 - Octubre 1999
Páginas:7, 8
Traducción Patricia Minarrieta
Temas Derechos Humanos, Movimientos Sociales, Políticas Locales, Medioambiente
Países Islas Seychelles, Alemania (ex RDA y RFA)