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Recuadros:

¿"Nueva economía", o viejos apetitos especulativos?

Setenta años después de la crisis de 1929, dos informaciones echan luz sobre un aspecto del "milagro estadounidense" . Por una parte, a contracorriente de la tendencia mundial, el tiempo de trabajo en Estados Unidos aumentó un 4% entre 1980 y 1997. Por otra, la diferencia de ingresos entre un obrero industrial y un dueño de empresa, que ya era de 1 a 42 en 1980, es ahora de 1 a 419.

El 5 de diciembre de 1996, Alan Greenspan se inquietaba de "la exuberancia irracional de los mercados" . Menos sibilinas que de costumbre, las palabras del presidente de la Reserva Federal de EE.UU. provocaron un breve pánico. Pero desde el día de esa declaración, el índice Dow Jones de valores industriales aumentó más del 70%…

La inquietud de Greenspan era legítima. El Dow Jones -creado en 1896 con la idea de reflejar de manera confiable las variaciones de la bolsa- estaba formado por 12 títulos representativos de la economía estadounidense (hoy comprende 30) y comenzó su carrera a 41 puntos. Fue necesario esperar hasta 1906 para que superara la barrera de los 100 puntos. El 3 de septiembre de 1929 alcanzó un primer récord: 381 puntos. Luego inició una lenta caída, que tomó un giro dramático cuando el 28 de octubre el índice perdió 38 puntos (13%) en una sola sesión, marcando el comienzo de la Gran Depresión. El 8 de julio de 1932, en el peor momento de la crisis, el Dow Jones cayó a 41 puntos, es decir, a su nivel de 1896.

Hubo que aguardar hasta la posguerra para ver una recuperación del mercado: el techo de 500 puntos fue alcanzado en marzo de 1956, y el de los 1.000, en noviembre de 1972. Al año siguiente, Wall Street sufrió una nueva caída, cuando el Dow Jones bajó hasta 578 puntos. En agosto de 1982 estaba en 777 y un nuevo periodo de alza se vio interrumpido por el crack del 19 de octubre de 1987, durante el cual el índice perdió el 22,6 %, pasando de 2.247 a 1.739 puntos.

Los especialistas, que habían temido la repetición de lo ocurrido en octubre de 1929, estimaron entonces que el retroceso de 1987 fue sólo una "corrección" necesaria luego de un crecimiento demasiado rápido. De su lado, el mercado retomó su marcha ascendente rumbo a nuevos récords. En abril de 1991 el Dow Jones pasó el techo de los 3.000 puntos; en febrero de 1995 superó los 4.000, y en noviembre de 1995 alcanzó los 5.000 puntos. El mercado ya parecía sobrevaluado. Pero durante todo el período 1996-1999, el índice Dow Jones no cesó de desafiar la ley de la gravedad: 6.000 puntos en octubre de 1996; 7.000 en febrero de 1997; 8.000 en julio del mismo año; 9.000 en marzo de 1998; 10.000 en marzo de 1999; 11.000 en mayo…

Desde octubre de 1990, Estados Unidos conoce el más largo período de crecimiento económico ininterrumpido de su historia. Y otros factores contribuyeron a reforzar la euforia de los mercados: las reducciones masivas de efectivos (downsizing); una avalancha de fusiones y de adquisiciones de empresas y la explosión de nuevas tecnologías (Internet, biotecnología, etc.) permitieron a las compañías estadounidenses obtener beneficios récord. La política oficial (desregulaciones, reducción del déficit presupuestario, promoción del libre intercambio, apertura de mercados exteriores, etc.) tuvo también como objetivo tranquilizar y seducir a los mercados1. Así fue que los títulos estadounidenses soportaron bien las crisis de Asia y de Rusia, y hasta sirvieron como valores-refugio en una economía mundial sacudida por fuertes convulsiones. El flujo de capitales se vio también mantenido por factores demográficos -muchos jóvenes que temen la quiebra del sistema de jubilaciones invierten sumas considerables- al igual que por la "democratización de los mercados" : los nuevos productos financieros, antaño reservados únicamente a los especialistas, están ahora al alcance de todos los ahorristas que, gracias a Internet, pueden especular sin intermediarios las 24 horas del día2.

¿Todos esos elementos alcanzan para justificar una suba tan vertiginosa de las cotizaciones? ¿Esa exuberancia, es racional? Los historiadores y los economistas responden analizando los grandes episodios especulativos de la historia, en particular, el crack de 1929, del que se cumplen ahora 70 años3. Vuelven a plantearse viejas discusiones sobre la relación entre la brutal caída de la bolsa y la depresión. El crack, ¿fue un signo premonitorio, una causa de la depresión o un acontecimiento sin conexión ni consecuencia, un pánico pasajero que sólo degeneró en depresión por las decisiones equivocadas de las autoridades?4. Un célebre análisis de Milton Friedman responsabiliza de la depresión a la política de contracción monetaria orquestada por la Reserva Federal5. Otros, como John Kenneth Galbraith, vieron en la especulación financiera uno de los elementos determinantes del derrumbe de la economía real6.

Estudiando los grandes episodios de euforia financiera, Galbraith descubrió un fenómeno habitual en esos casos: la creencia de entrar en una nueva era que tornará obsoletos los principios establecidos7. Durante los años 20 todo el mundo hablaba de "la nueva era" , caracterizada por el retorno de la estabilidad política y económica y por el impulso de las nuevas tecnologías (la radio, el cine, el automóvil, la aviación, etc.). Irving Fisher, profesor de economía de la Universidad de Yale, en vísperas del crack de 1929 hizo un diagnóstico que se volvió célebre: "La bolsa ha alcanzado lo que parece ser un alto nivel permanente" ("The stock market has reached what seems like a permanently high plateau" ).

Quienes actualmente cantan loas a la "nueva economía" (o al "nuevo paradigma" ) se desgañitan proclamando que el mundo ha cambiado y que tanto los ciclos económicos de antaño como las fórmulas bursátiles conocidas ya no tienen vigencia8 Por ejemplo, Wayne Angell, ex gobernador de la Reserva Federal y uno de los economistas más escuchados de Wall Street, estimó que "No hay ninguna burbuja; simplemente hemos alcanzado la economía de la nueva era, la economía donde las tecnologías de la información y una política monetaria sana alimentan un crecimiento no inflacionario a largo plazo" . Esta nueva era, que remontaría al giro monetarista de octubre de 1979 "recién se convirtió en realidad en 1994 ", cuando "las empresas aprendieron a crear valor reduciendo sus costos" . Dado que el mercado es forzosamente racional y autoregulador, "las burbujas son generadas, no por los inversionistas, sino por las políticas gubernamentales"9.

Otros analistas sostienen que los aumentos de productividad no están bien reflejados en las estadísticas convencionales. Más aún, la revolución estaría apenas en sus comienzos. La conclusión se impone por sí sola: el mercado está subvaluado. Según un texto reciente, el Dow Jones debería estabilizarse en un nivel de 36.000 puntos10.

Lo especulativo sobre lo real

Así, la regla sacrosanta según la cual el precio de una acción es determinado por los beneficios de la empresa, ya no tendría vigencia, sobre todo cuando se trata de sociedades vinculadas a Internet. En efecto, ¿cómo evaluar la relación entre la cotización de las acciones y los beneficios de la empresa, en el caso de una firma cuya facturación es insignificante y las ganancias inexistentes? La respuesta, circular y tautológica, es que el mercado es el único juez del valor de un título. La librería virtual Amazon, una de las empresas más importantes en los negocios por Internet, vale más que todas las grandes cadenas de librerías estadounidenses juntas, a pesar de que aún es deficitaria. A su vez, Priceline.com, un servicio de venta de pasajes aéreos a precios económicos, al día siguiente de su introducción en la bolsa era evaluada en 11.700 millones de dólares, es decir, más que cualquier compañía aérea…

En síntesis, el valor de una empresa no dependería ya de datos objetivos subyacentes, sino del interés del público. Así, la acumulación de pérdidas puede hacer más atractiva una empresa, pues puede significar que invierte para obtener una parte de mercado lucrativa; para modernizarse rápidamente, o para adelantarse a sus competidores. Es decir, para convertirse en la próxima Amazon.

Los gurúes y los impostores tienen un papel importante en esta nueva fiebre del oro, caracterizada por frecuentes manipulaciones y engaños. La exageración, las grandes promesas y los superlativos alimentan la locura especulativa. A raíz de un falso rumor lanzado por Internet (y del que la prensa se hizo eco) una sociedad vio subir sus acciones 31%. En ese mundo virtual las palabras pesan muy a menudo más que las cosas. Basta que una sociedad agregue a su razón social el sufijo ".com" o el prefijo "e-"para que sus acciones aumenten inmediatamente de precio11.

Hay un furor del cybersquatting (que consiste en registrar una dirección Internet con el nombre de un producto de base, o de una sociedad o personalidad conocidas, para revenderla a buen precio). La denominación "drugs.com" fue comprada en 824.000 dólares por una sociedad que proyecta hacer un "site" de productos farmacéuticos. Por otra parte, las nuevas sociedades que funcionan en Internet aprovechan sus extraordinarias valorizaciones bursátiles para realizar grandes adquisiciones. Yahoo! (el valor de cuyas acciones se multiplicó 250 veces en un año) acaba de pagar 5.700 millones de dólares por Broadcast.com, una sociedad cuya facturación es de apenas 22 millones de dólares, y cuyas pérdidas se elevan a 16 millones. Se trata en este caso "de una transacción que representa en los papeles el valor virtual de una empresa virtual"12.

¿Hacia un nuevo crack?

Pero semejante castillo de naipes ¿no corre el riesgo de derrumbarse en cualquier momento? Periódicamente, el presidente de la Reserva Federal expresa sus temores. El Fondo Monetario Internacional, en su informe anual sobre la economía de Estados Unidos, evoca el peligro de "una caída abrupta y sustancial" de la bolsa. La comparación entre la evolución actual de las acciones vedette America Online y el comportamiento en el pasado de las acciones de Radio Corporation of América (RCA, que entre 1921 y 1929 pasaron de 1 a 573 dólares), resulta suficientemente llamativa: en ambos casos se trata de las sociedades más representativas de las nuevas tecnologías de sus respectivas épocas13.

¿Vamos hacia una repetición de lo que pasó en 1929? Los más optimistas aseguran que actualmente existen muchas medidas preventivas. En los años 20, la reglamentación del mercado era casi inexistente; la SEC (Securities and Exchange Commission), gendarme de la bolsa, fue creada recién en 1934. Antes era posible comprar acciones pagando apenas un anticipo del 10% (ese mínimo ahora es del 50%). Pero gracias a la desregulación del mercado, fondos especulativos como el Long-Term Capital Management han invertido sobre la base de una relación capitales propios/deudas de 1/10014. En cuanto a los falsos rumores, ilegales desde la legislación de los años 30, alcanzaron una amplitud sin precedentes gracias a Internet.

El elemento más inquietante sigue siendo, sin embargo, la parte creciente de la economía financiera en la economía real. Mientras que en 1988 la capitalización bursátil representaba solo el 50% del producto bruto interno estadounidense, actualmente representa el 150%. Las carteras bursátiles representan el 25% de los activos de los estadounidenses, en tanto que en 1984 llegaban a sólo el 8%15. En 1997, el 43% de los estadounidenses adultos invertían en la bolsa, contra el 21 % en 1990. Y el monto de sus títulos bursátiles, que en 1990 era de 13.000 millones, alcanza hoy en día 231.000 millones16.

La prensa relata habitualmente historias sorprendentes sobre el auge de las inversiones bursátiles. El caso del barrendero que recibe como pago acciones de una empresa desconocida, y que se vuelve millonario el día que la misma comienza a cotizarse en la bolsa; la modesta secretaria que gracias al sistema de stock options, logra hacerse de una suntuosa jubilación. Entusiasmados, muchos estadounidenses renuncian a su trabajo para consagrarse únicamente a la especulación, siguiendo minuto a minuto la evolución de sus títulos. Los choferes de taxis y los peluqueros discuten sus teorías, y hasta dan consejos de inversión a sus clientes. Hasta la cantante Barbra Streisand revela a las revistas financieras los secretos que le permitieron hacer fructificar su cartera de acciones.

Reflexionando sobre un fenómeno similar, Joseph Kennedy (padre del presidente John Kennedy), salvó su fortuna hace setenta años. Una mañana de 1929, el hombre que cada día le lustraba los zapatos le dio un consejo para invertir en la bolsa. El veterano especulador hizo entonces el siguiente razonamiento: "Si mi lustrabotas sabe más que yo de este tema, hay algo que no funciona en el mundo de las finanzas" . El mismo día vendió todas sus acciones.

  1. Bob Woodward, The Agenda; Inside the Clinton White House, Simon and Schuster, 1994. También "Maison blanche et mur d´argent" , Le Monde diplomatique, octubre de 1994.
  2. Joseph Nocera, A Piece of the Action; How the Middle Class Joined the Money Class, Simon and Schuster, Nueva York, 1994.
  3. Edward Chancellor, Devil Take the Hindmost : A History of Financial Speculation, Farrar, Straus and Giroux, Nueva York, 1999.
  4. Paul Krugman, De vuelta a la economía de la Gran Depresión, Ed. Norma, 1999.
  5. Milton Friedman y Anna Jacobson Schwartz, A Monetary History of the United States 1867-1960, Princeton University Press, 1963.
  6. John Kenneth Galbraith, The Great Crash 1929, Houghton Mifflin, 1997.
  7. John Kenneth Galbraith, A Short History of Financial Euphoria, Viking, 1990.
  8. Martin Wolf, "Not so new economy" , Financial Times, Londres, 4-8-99, y James Surowiecki, "Is the New Economy Over? ", Slate, 5-8-99.
  9. Wayne D. Angell, "The Bubble Won´t Burst" , The Wall Street Journal, Nueva York, 3-2-99.
  10. James K. Glassman y Kevin A. Hassett, DOW 36,000 : The New Strategy for Profiting from the Coming Rise in the Stock Market, Times Books.
  11. San Francisco Examiner, 17-8-99.
  12. Financial Times, 8-4-99.
  13. Robert Sobel, « Mania Milestone », Barron´s, 22-2-99.
  14. Ibrahim Warde, "LTCM, un fonds au-dessus de tout soupçon" , Le Monde diplomatique, febrero de 1999.
  15. The Wall Street Journal, 30-3-99.
  16. The Washington Post, 2-2-99.

Crisis del dominio de EE.UU.

Husson, Michel

Isaac Johsua La crise de 1929 et l´émergence américaine Presses Universitaires de France, colección "Actuel Marx confrontation" , París, 311 páginas, 24 dólares.

El libro de Isaac Johsua sobre la crisis de 1929 es una contribución útil en varios sentidos. En primer término, constituye un bien estructurado análisis crítico sobre las diferentes interpretaciones teóricas de la Gran Crisis. El autor asesta duros golpes a la visión regulacionista, mostrando que el retraso de los salarios es visible en la industria pero no en la totalidad de la economía, de manera que no se puede hablar de sub-consumo. La idea simétrica de una sobreinversión es igualmente rechazada.Pero el interés del libro reside sobre todo en la original tesis que presenta, según la cual la crisis de 1929 es una crisis de la emergencia norteamericana. En el plano interno, marca el fin de la "frontera" , con la extensión de un régimen de salarios que se sustituye de manera rápida y brutal a la figura del empresario individual. En el plano externo, la profundidad de la crisis y su lógica de propagación, ampliamente estudiada, remiten a la repentina necesidad de Estados Unidos de ocupar el papel de potencia dominante. La tesis se apoya en una impresionante masa de materiales que Johsua presenta de una manera muy clara y convincente.


Autor/es Ibrahim Warde
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 4 - Octubre 1999
Páginas:36, 37
Traducción Carlos Zito
Temas Deuda Externa, Mundialización (Economía), Neoliberalismo, Nueva Economía
Países Estados Unidos, Rusia