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KPFA, la radio californiana que resiste

¿Conflicto de trabajo? ¿Voluntad de controlar mejor una radio demasiado indócil? La crisis que este verano movilizó a decenas de miles de estadounidenses en torno a la radio californiana KPFA se explica al menos por estos dos motivos, pero debería generar una reflexión de fondo sobre la posibilidad de resistir a la normalización ideológica, dentro y fuera de Estados Unidos.

El 13 de julio último KPFA, la radio de izquierda más conocida de Estados Unidos, con sede en Berkeley, California, interrumpía sus programas por decisión de su propietario, la fundación Pacífica. Poco después de comenzado el informativo de las seis de la tarde, los oyentes percibieron un ruido de batalla en el estudio y la voz de Dennis Bernstein, productor de KPFA. Gritaba: "tengo miedo de que ustedes me hagan daño" . La emisión se interrumpió para anunciar que Bernstein estaba de licencia. Custodios armados contratados por Pacífica trataban de arrastrarlo afuera. A partir de eso, el silencio.

Centenares de oyentes tomaron entonces sus autos para dirigirse a la sede de la radio. Algunos lograron ingresar al recinto. A las ocho de la noche, el barrio estaba cercado por vehículos policiales: unos cincuenta oficiales antitumulto se apiñaban detrás del edificio de la KPFA, donde se arremolinaban varios cientos de defensores de la radio. La policía custodiaba las puertas y no se podía ni entrar ni salir del edificio. Aplaudidos por la muchedumbre, el personal de KPFA y los defensores que lograron unírseles en el interior del edificio fueron expulsados, detenidos y encerrados en furgones por la policía.

Durante tres semanas, el edificio de KPFA fue inaccesible. El oyente que sintonizaba el 94.1 FM sólo escuchaba viejos discursos de archivo (que a veces apelaban a la resistencia contra el arbitrio patronal…) y música grabada. Cada día se organizaba una manifestación ante la radio. Cincuenta y dos personas fueron detenidas la primera noche; otras cincuenta los días subsiguientes. Los Consejos municipales de Berkeley y de la vecina ciudad de Oakland apoyaron a la radio. El 31 de julio, entre 10.000 y 15.000 personas marcharon desde el campus de Berkeley de la Universidad de California hasta el centro de la ciudad. No se veía una cosa así desde las grandes manifestaciones de oposición a la guerra de Vietnam, hace treinta años. Esta vez, sin embargo, el objetivo no era el gobierno estadounidense, sino los progresistas que dirigen la fundación Pacífica.

KPFA fue creada en 1949, en plena guerra fría, como radio local, comunitaria y alternativa por un grupo de militantes radicales y pacifistas, que crearon también la Fundación Pacífica como propietaria de la radio y de su licencia de emisión. Más tarde, grupos comunitarios organizaron otras emisoras, también controladas por Pacífica, en Nueva York, Los Angeles, Washington, Houston. De todos modos, KPFA seguía siendo la radio faro del grupo. Evolucionó: al principio constituida por opositores a la ideología estadounidense de la guerra fría y a la vez al stalinismo, en los años 60, piloteada por jóvenes programadores radicales, devino un bastión de contestación social1.

Correa de transmisión de las fuerzas progresistas de la región de la bahía de San Francisco, la radio denunció al maccarthysmo en los 50, luego participó en 1964 en la dirección del Free Speech Movement2 que sirvió de inspiración a las insurrecciones estudiantiles de esos años. Pero KPFA nunca se contentó con analizar los desarrollos de la actualidad estadounidense e internacional. Trata también, ampliamente, temas de cultura, salud y ciencia.

Muy modesto, el presupuesto de la radio está casi exclusivamente asegurado por las contribuciones de los oyentes (90% del total). Trabajar en KPFA es una forma de voluntariado y algunos de los productores lo son, a título benefactor, desde hace décadas. Para los (pocos) administradores asalariados, el salario máximo es de 35.000 dólares por año, muy poco en EE.UU. para este tipo de trabajo calificado.

La presión comercial

Desde hace unas décadas, los medios públicos estadounidenses también sufren la presión comercial. En busca de más oyentes y recursos, National Public Radio bajó la guardia ante los compromisos empresariales y su orientación política se acercó al "centro"3. Como todas las radios del grupo Pacífica, KPFA rechaza el ingreso del sector de empresas. Contrariamente a las que edulcoraron su programación para aumentar su audiencia, mantiene su radicalismo inicial. La radio procura además el 17% de los ingresos de Pacífica, gracias al apoyo de sus oyentes y contribuyentes.

¿Cómo explicar entonces el enfrentamiento? La crisis se incubaba desde hace varios meses. El 31 de marzo último, sin dar motivos sobre su decisión, la directora ejecutiva de Pacífica despedía a la responsable de KPFA, Nicole Sawaya, que cuestionaba la utilización de los fondos de la empresa. El despido de Sawaya consternó a la mayoría de los empleados de la emisora. En Pacífica, una "ley mordaza" prohibe discutir al aire asuntos de la empresa, pero seis miembros del personal de KPFA la violaron al protestar contra el despido de Sawaya. Dos de ellos fueron despedidos: Larry Bensky, el analista de noticias más conocido del conjunto de radios de Pacífica, con 30 años en la KPFA, y Robbie Osman, animadora de un programa de música folk, con 22 años de servicio. Los defensores de la emisora rodearon entonces el edificio, impidiendo el acceso.

La policía de Berkeley, reacia en principio a las detenciones, se vio obligada a proceder a ellas tras un llamado del Ministerio de Justicia. La directora del consejo de administración de Pacífica, Mary Frances Berry, es también directora de la Comisión de Derechos Cívicos de EE.UU. y miembro de la administración Clinton. Fue ella quien logró la intervención del Ministerio de Justicia ante la policía.

El 12 de julio, el grupo de manifestantes que había sido detenido por la policía dio una explosiva conferencia de prensa, en la que hizo público el texto de un mensaje electrónico enviado, por error, a un defensor de KPFA. Destinado a Mary Frances Berry y redactado por un miembro del consejo de administración de Pacífica, evocaba una discusión sobre la venta de KPFA. Las perspectivas comerciales de la radio debían ser excelentes, ya que estaba previsto cederla por un precio que oscilaba entre los 65 y 75 millones de dólares.

Al día siguiente de la conferencia de prensa, las relaciones entre Pacífica y la KPFA estallaron. Pacífica recordó a los empleados de KPFA la "ley mordaza" , pero admitió que el asunto, que ya ocupaba la primeras planas de la prensa local, no se podía silenciar. Durante el informativo de la tarde de ese famoso 13 de julio, Dennis Bernstein difundió una grabación de la conferencia de prensa del día anterior. Cuando se iba de la radio, el gerente de KPFA, Garland Ganter le informó que tenía licencia. Bernstein entró de nuevo corriendo en la sala del informativo, seguido de Garland y dos custodios armados que Pacífica había instalado en la emisora. Los custodios lo apresaron. Ganter se dio cuenta de que la pelea estaba difundiéndose por la emisora y la desconectó.

Luego de semanas de manifestaciones, de innumerables testimonios de solidaridad de la región y del conjunto del país, KPFA ha vuelto a transmitir. Están en curso negociaciones con Pacífica, que aceptó suspender la "ley mordaza" durante un "período de ensayo" de seis meses, pero no dio marcha atrás respecto al despido de Larry Bensky y de Robbie Osman, ni se comprometió a no vender KPFA.

Subsiste la pregunta: ¿alrededor de qué gira este conflicto? Mary Frances Berry, directora de Pacífica, ridiculizó al personal de KPFA diciendo que son mayoritariamente varones, blancos y de más de 50 años y dijo que su objetivo es un público más amplio y diversificado. Pero los programadores de color de KPFA enviaron cartas abiertas a Berry, en las que defienden la diversidad de la emisora y se oponen a sus políticas. Las cartas no tuvieron respuesta. El 25% de los oyentes de KPFA se definen como miembros de minorías y las manifestaciones de apoyo incluyeron grandes cantidades de gente de color, entre ellos muchos jóvenes. El acento puesto por Pacífica en la necesidad de un público más amplio y "diversificado" se explica en parte por las nuevas reglas que gobiernan la radio pública estadounidense: para continuar recibiendo subvenciones, una radio o televisión debe demostrar que cuenta con un gran público o con altos niveles de donaciones, salvo que se defina como emisora minoritaria, en cuyo caso las exigencias de público se reducen al 50 por ciento.

En los ámbitos progresistas estadounidenses la imputación de "racismo" suele bastar para frenar un debate. Pero en este caso esa carta no funcionó. Los responsables de KPFA admitieron que debería haber más negros e hispanos en los puestos de dirección, pero agregaron que la estación era más "diversa" que la mayoría de la competencia. Durante la primera manifestación delante del edifico de KPFA, un productor de origen filipino explicó: "Este es un movimiento de gente de todas las razas, de hombres y mujeres, de jóvenes y viejos. Sí, hay hombres de más de cincuenta años entre nosotros, pero estamos felices. El apoyo de todos no estará de más para el movimiento progresista" . En una intervención ante el consejo municipal de Berkeley, un militante afroamericano de derechos civiles dijo que las imputaciones de racismo de Mary Frances Berry eran hipócritas. Y que ni él ni otra gente de color iba a dejarse usar.

Si el conflicto entre KPFA y Pacífica no se debe a la diversidad, ¿por qué es? Las razones incluyen el actual liderazgo autocrático de Pacífica y un proceso de consolidación del poder de la Fundación a costa de las radios locales. Mary Frances Berry es una afroamericana con trayectoria en el movimiento de derechos civiles. Al parecer creyó que eso bastaría para silenciar impunemente las críticas a su política. En 1964, Clark Kerr, presidente de la universidad de California, cometió el mismo error con el líder estudiantil Mario Savio y sus compañeros, en los que no percibió más que una banda de agitadores. El resultado fue el Free Speech Movement y la contestación estudiantil de los años 60. Berkeley no olvidó el movimiento por la libertad de expresión y la lucha por el derecho al disenso sigue siendo un motivo de orgullo. KPFA se inscribe en esta tradición. La manera en que Pacífica trató al personal de KPFA escandalizó no sólo a la izquierda local sino a sectores más amplios, uniéndolos en una solidaridad sin precedentes. Las tres últimas semanas fueron uno de esos raros y asombrosos momentos en que miles de personas se encuentran alrededor de un objetivo común y extraen de su acción colectiva una fuerza suplementaria.

Pero así como la arrogancia de Clark Kerr no habría desencadenado por sí sola el Free Speech Movement, la crisis entre KPFA y Pacífica tiene raíces más profundas que el comportamiento autocrático de Mary Frances Berry. Desde los años 80 el poder se desplaza de las emisoras locales hacia el Consejo de Administración nacional. A mediados de los 90, en nombre del profesionalismo, se despidió a varios miembros de la KPFA y de su emisora hermana en Los Angeles. Algunas de estas decisiones eran sin duda justificadas, pero la búsqueda de profesionalismo puede fácilmente derivar en un esfuerzo por doblegar el radicalismo. En 1995, Pacífica cesó de divulgar el estado de sus cuentas a las emisoras locales. Cuatro años más tarde, en febrero último, el consejo de administración nacional suprimía de su seno toda representación de los consejos de administración locales. Luego, la instancia de control de las radios públicas reclamó que estos últimos fueran abolidos. La respuesta de los representantes de las emisoras locales ante el consejo nacional fue votar por salirse de los consejos locales, dando fin a todo control local sobre el consejo nacional. Esta acción ahora tiene un proceso legal en su contra.

Movilización general

El apoyo excepcional que los habitantes de la región aportaron a su emisora radial refleja un sentimiento: la radio pertenece a sus oyentes, no a Pacífica. KPFA difundió voces disidentes reducidas al silencio, cumplió un rol crucial en todos los movimientos progresistas que en los últimos cincuenta años sacudieron el islote contestatario estadounidense de San Francisco-Berkeley y Oakland4. Sin esta radio, la vida de la región sería más pobre.

El apoyo a KPFA tiene que ver también con el rechazo al abuso del poder. En mayo último Peter Franck, presidente de Pacífica de 1980 a 1984, explicaba cómo había evolucionado el poder. Durante los años de desregulación de Reagan, señaló, las emisoras no comerciales ganaron el derecho a alquilar frecuencias a grupos comerciales. Pacífica administró esos alquileres y acrecentó sus ingresos. "Fue entonces cuando se produjo el desplazamiento de poder de las emisoras locales a la administración central de Pacífica, que se fortaleció. Entonces aumentó la presión de Washington y del órgano de reglamentación federal para que las radios se hicieran más convencionales, a cambio de las subvenciones. Los medios y el poder de la información pueden revelarse muy subversivos, sobre todo si se quiere crear consenso y se posee una cadena nacional que alcanza a la cuarta parte de la población de EE.UU. para decirle que el emperador Clinton está desnudo. La tendencia de Washington será hacerlo callar. Ahora bien, la directora del consejo de administración de Pacífica, Mary Mary Frances Berry, es una funcionaria de Washington…. ", concluyó Franck.

Para David Adelson, que dirige el consejo de administración KPFA-Los Angeles, la idea de que éxito es igual a más público contradice los valores básicos de KPFA: "Intentan imponer un modelo comercial que asimila relevancia a cantidad de oyentes. Quieren adoptar las técnicas desarrolladas por lo privado para maximizar la tasa de audiencia. La ética inicial de Pacífica era en cambio procurar una voz a los desposeídos, a los analistas críticos que no se pueden escuchar en otro lado. Y comprender que una simple comunicación ética es incompatible con una política de audiencia".

Cuando los manifestantes se hayan callado, cuando el período de ensayo de seis meses esté concluido, Pacífica tal vez venda KPFA. La lucha para salvarla no es otra cosa que la voluntad de conservar una voz radical en un universo mediático casi enteramente comercializado. La voluntad de oponerse a la difusión de un modelo de poder en la empresa y de los valores de mercado que lo acompañan.

Es una lucha llena de significado.

  1. Matthew Lasar, Pacífica Radio: The Rise of an Alternative Network, Temple University, 1999.
  2. En septiembre de 1964, una manifestación que al principio reclamaba solamente más libertad de expresión política (free speech) en el campus de Berkeley desencadenó un movimiento nacional de revuelta estudiantil que exigió el fin de la conscripción y de la guerra de Vietnam. Cf., Todd Gitlin, The Sixties, Bantam Books, New York, 1987. También S. Halimi, "Les guerres de trente ans d´un journaliste militant" , Le Monde diplomatique, noviembre de 1995.
  3. La revista de critica de los medios Extra! (130 West 25th Street, New York, NY 10001) frecuentemente documentó esta evolución. Site Internet: http://www.fair.org/extra/
  4. Oakland fue uno de los feudos de los Panteras Negras. M. A. Combesque, "Comment le FBI a liquidé les Panthères noires" , Le Monde diplomatique, agosto de 1995.
Autor/es Bárbara Epstein
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 4 - Octubre 1999
Páginas:34, 35
Traducción Yanina Guthmann
Temas Radio, Neoliberalismo, Movimientos Sociales, Clase obrera
Países Estados Unidos, Vietnam