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Un terreno fértil, pero arrasado

Según el último censo de 1994, las pequeñas y medianas empresas argentinas son alrededor de 890.000. Emplean al 68% de la población activa. Su participación en la producción es del 54%. Son consideradas universalmente como "motor de la economía" , pero las "pymes" que han logrado sobrevivir a la salvaje apertura económica de los 90 deberían llevarse el mote de "milagro argentino" . Un balance peligroso para una economía en busca de mecanismos que la saquen de la recesión.

La situación de muchas pequeñas y medianas empresas (pymes) argentinas puede considerarse crítica. El conjunto de la economía argentina está sumida en una profunda recesión, pero un análisis pormenorizado permite advertir que existe una gran heterogeneidad en el comportamiento empresario, según el tamaño de las firmas.

Un claro indicador de la gravedad de la situación es la cantidad de cierres de cuentas corrientes. En los primeros siete meses de este año se han cerrado 5.495 cuentas de empresas (una altísima proporción corresponde a pymes), o sea un 54% más que el mismo período del año anterior. Las causas no derivan exclusivamente de la fuerte recesión económica iniciada en el segundo semestre de 1998. Para justificar semejante cuadro, hay que remontarse al menos hasta el inicio de esta década, cuando comienza el modelo configurado por la convertibilidad cambiaria y las reformas estructurales que la acompañaron.

La brusca apertura económica, la política de privatizaciones, la concentración de los recursos financieros y el proceso de desregulación generaron un entorno adverso para las pequeñas y medianas empresas. Una verdadera conmoción, dada la velocidad y profundidad del cambio.

Los últimos datos disponibles del sector corresponden al Censo Económico de 1994. Desde entonces, se operaron importantes transformaciones. Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) había en esa fecha 890.000 firmas pymes, correspondientes a los sectores de la industria manufacturera, el comercio y los servicios personales1. Estas empresas contribuían con el 54% de la producción y el 68% del empleo de estos sectores (ver cuadro).

En estos últimos años las pymes industriales se vieron afectadas por la apreciación del peso, la disminución de aranceles, las restricciones en el financiamiento, el elevado costo del crédito y el costo de los servicios públicos privatizados, entre otros factores. Según una encuesta realizada por Fundes Argentina entre 600 pymes, las dificultades de acceso al crédito y el elevado costo de los servicios públicos privatizados encabezan el ranking de los principales obstáculos que enfrentan estas firmas en la actualidad2.

La rápida y severa apertura económica explica por sí sola el 40% de los cierres de pymes (pequeñas y medianas empresas industriales), que se contaron por miles en esta década. Mientras que las exportaciones de pymes se multiplicaron por dos, las importaciones de los rubros donde predominan las pymes se multiplicaron por cuatro. Los rubros mas afectados fueron los de prendas de vestir, calzados, productos de caucho, plástico y goma; insumos y partes metalmecánicos3. Desde antes de la apertura, muchas pymes tenían deficiencias estructurales: escasa inversión, insuficiente innovación y actualización tecnológica, fragilidad financiera, estrecha especialización productiva y reducida cooperación con otras empresas. En esas condiciones no pudieron resistir el aluvión de productos importados, más aún teniendo en cuenta que muchos artículos entraban a precios de dumping o violando las normas aduaneras y fiscales.

También el Mercosur, con su exigencia de mayores escalas de producción, requerimientos superiores en materia de calidad y eficiencia y nuevas formas de comercialización, resultó dañino y en ocasiones letal para muchos pequeños emprendimientos. En los años en que el real brasileño sobrevaluado favorecía a los exportadores argentinos, un número considerable de pymes consiguió colocar sus productos en ese vasto mercado interno. Sin embargo, la devaluación en Brasil deterioró significativamente la competitividad de las pymes argentinas4.

No obstante, muchas pymes sortearon con éxito los obstáculos y lograron expandirse, entre ellas las 9.500 empresas pequeñas y medianas que en este período pudieron colocar sus productos en el exterior. Aun en los contextos más adversos siempre hay empresas exitosas, eficientes, que exportan. Pero estos casos no deben ocultar el panorama general.

Sólo un 5% de las pymes argentinas produce en condiciones de excelencia en términos internacionales. En el otro extremo, un 30% tiene escasas posibilidades de sobrevivir en un contexto macroeconómico similar al actual. El 65%, es decir la mayoría, enfrenta desafíos de envergadura para asegurar su viabilidad5. Se deduce entonces que para la mayoría de las pymes el contexto macroeconómico y las políticas oficiales en relación al sector son decisivas para asegurar tanto su supervivencia como su desarrollo.

También las pymes del comercio y los servicios se vieron enfrentadas a severos obstáculos para su evolución. Puede estimarse que decenas de miles fueron incapaces de superarlos. En este segmento, los factores más críticos fueron el aumento explosivo de la cantidad de super e hipermercados, la brusca caída del consumo en los períodos de recesión, los cambios en las formas y canales de comercialización, las restricciones financieras, el elevado costo del crédito, el incremento en el costo de los servicios y la mayor presión impositiva. Las cámaras del comercio minorista han expuesto las numerosas ventajas diferenciales con que operan las grandes cadenas: desgravaciones de impuestos y tasas municipales y menores descuentos en los sistemas de tarjetas de crédito; además de los menores costos financieros y los precios inferiores de proveedores, obtenidos gracias a su enorme poder de negociación6.

En cuanto al sector agropecuario, para muchos pequeños y medianos productores resultaron críticos la dramática caída en los precios internacionales luego de la crisis asiática, el elevado costo financiero, el abultado endeudamiento y el aumento del costo real de los insumos, los servicios y el peaje.

Desnacionalización aguda

Las dificultades de las pymes durante estos años fueron la contracara de un formidable proceso de concentración y extranjerización de la producción, los servicios y las finanzas. Un reciente estudio del Indec aporta datos contundentes sobre este proceso. Las 500 más grandes empresas aumentaron un 10% su participación en el PBI en sólo cuatro años, hasta alcanzar el 40% del total en 1997. El capital extranjero concentra el 60% de la actividad de esas 500 firmas. Estas firmas, que aportan sólo el 4,6% del total de empleo, redujeron la cantidad de personal ocupado, lo que demuestra las limitaciones que impone la concentración empresaria para la generación de puestos de trabajo. Las 500 mayores empresas concentran el 65% de las exportaciones, obtuvieron utilidades por 11.262 millones de pesos en 1997 (un 68% superior al nivel de utilidades de 1993) y destruyeron 63.523 puestos de trabajo en ese mismo período7. En 1998, 264 grandes empresas obtuvieron utilidades que duplican en promedio el 10% considerado como un índice razonable en los países desarrollados8.

Las corporaciones transnacionales y los grupos económicos locales crecieron en un clima sumamente propicio para el desarrollo de sus negocios. Las características del proceso de privatizaciones, la expansión y concentración del mercado de capitales, el proceso de desregulación, la flexibilizacion (legal y de hecho) del mercado de trabajo, el sesgo de la política fiscal y la consolidación del Mercosur, convirtieron a la Argentina de los 90 en una localización privilegiada para estas firmas.

En la experiencia del mundo industrializado -por ejemplo la Unión Europea- los cambios estructurales, tales como transiciones entre modelos distintos de desarrollo industrial, procesos de liberalización comercial y fenómenos de integración regional, son acompañados por políticas industriales hacia las pymes que facilitan su reconversión productiva. La batería de cursos de acción comprende medidas para favorecer la asociación y cooperación entre pymes, asistencia al desarrollo tecnológico y la innovación, apoyo a la internacionalización de las empresas, financiamiento, entrenamiento, capacitación, beneficios fiscales, regímenes de compras públicas específicos para pymes y promoción para la creación de nuevas empresas9.

En Argentina, por el contrario, las pymes se vieron enfrentadas simultáneamente a cambios en el modelo de desarrollo industrial, a un proceso de liberalización comercial y a un proceso de integración regional (Mercosur), sin programas específicos para su protección y desarrollo por parte del sector público.

En el año 1992 se restableció la Subsecretaría de Pequeña y Mediana Empresa. En 1997 se le dio rango de Secretaría de Estado, según lo dispuesto por la Ley 24.467, de Promoción de las pymes. Esta norma legal fue sancionada en marzo de 1995, al calor de la campaña por la reelección del presidente Carlos Menem.

Sin embargo, el gobierno careció de una política integral destinada a facilitar la reconversión y expansión de este segmento de empresas. Sólo se instrumentaron medidas aisladas, entre las que pueden mencionarse un régimen de subsidio a las tasas de interés, líneas de crédito de la banca pública, la creación de las Sociedades de Garantía Recíproca, programas de apoyo tecnológico por parte del Instituto Nacional de Tecnología Industrial, del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria y del Fondo Tecnológico Argentino; la creación del monotributo y diversas actividades de información, asesoramiento y capacitación. Pero estas iniciativas resultaron por completo insuficientes para contrarrestar el ambiente negativo para el sector. Además de no tener un carácter integral, los recursos involucrados fueron notoriamente escasos y el número de pymes involucradas en las iniciativas fue relativamente pequeño.

Una reforma crucial

En realidad, la falta de una adecuada política pública hacia las pymes tiene una raíz más profunda en la concepción ideológica del gobierno. Para el pensamiento neoliberal, el libre funcionamiento de los mercados, la iniciativa privada y un marco de estabilidad macroeconómica son suficientes para asegurar el crecimiento económico y el desarrollo social. La propia noción de "políticas activas" era hasta hace poco severamente criticada por los principales funcionarios económicos y sus mentores ideológicos.

La actitud opuesta de promover políticas industriales y de apoyo a las pymes se fundamenta en la convicción de que existen fallas en el funcionamiento de los mercados que, en ausencia de esas políticas públicas, conducen a una excesiva concentración económica, a una ineficiente asignación de recursos, a un mayor desempleo y a una distribucion más regresiva del ingreso.

En el actual debate económico electoral la problemática pyme tiene una participación preponderante. De los seis puntos del programa de Concertación expuesto por el candidato oficialista del Partido Justicialista, Eduardo Duhalde, dos se refieren específicamente al tema (exención impositiva durante un año para las nuevas pymes y refinanciación de las deudas bancarias del sector) y los otros cuatro tendrían -de aplicarse- también un impacto positivo sobre las firmas de menor tamaño.

En el programa de la opositora Alianza existen definiciones categóricas, que supondrán un compromiso serio para su eventual gestión de gobierno. El impulso a las pymes aparece como uno de los ejes de la guía de políticas: "(…) se implementarán políticas efectivas que apunten a expandir y a fortalecer al empresariado nacional, y en especial a las pequeñas y medianas empresas, que serán la palanca del crecimiento argentino" . El programa expone en detalle las herramientas para mejorar el acceso al crédito y a los servicios técnicos, integrar a las pymes en las estructuras productivas locales y promover sus exportaciones10.

Cambiar de rumbo económico

Revitalizar a las pymes y asegurar su crecimiento es esencial para contribuir a superar buena parte de las deficiencias estructurales de la sociedad argentina. Su aporte resulta decisivo en la generación de empleos, en el aumento de la producción, en el desarrollo regional, en la innovación tecnológica, en la democratización del poder económico y en el mejoramiento de la distribución del ingreso.

Pero eso es imposible sin adoptar un rumbo económico en muchos aspectos en los antípodas del recorrido en la "era menemista" . La nueva orientación debe contemplar, entre otros elementos, una protección razonable del valor agregado y el empleo nacional, abordar los desequilibrios existentes en el seno del Mercosur, una legislación antimonopólica que ponga un límite al poder de las grandes corporaciones (incluyendo la particular situación de los servicios públicos privatizados y de las grandes cadenas comerciales), un sistema financiero que potencie la actividad de la banca pública y cooperativa, un régimen tributario progresivo y una reducción de la transferencia de recursos que provoca el endeudamiento público externo.

El perfil de las políticas activas hacia las pymes debe contemplar -como enseña la experiencia internacional- el desarrollo de programas descentralizados (más cercanos a las necesidades regionales y locales), el impulso a la formación de redes de empresas, cámaras empresarias, universidades y municipios y la promocion de proyectos asociativos y de colaboración empresaria (cooperativas, consorcios, etc.).

En este sentido se deben instrumentar medidas concretas, tales como líneas de créditos especiales y sistemas de garantías que comprometan recursos públicos, participación prioritaria en compras del sector público, programas de información, capacitación, asistencia tecnológica y promoción de exportaciones.

Pero es necesario advertir que para transformar estos proyectos en realidad hay que superar importantes obstáculos. No sólo se requieren organismos estatales capacitados y eficientes -lo que en muchos casos implicará una ardua tarea de reconstrucción sobre tierra arrasada- sino también una cantidad considerable de recursos fiscales, algo no tan sencillo cuando las declaraciones de los referentes económicos de los principales candidatos permiten augurar un período de severo ajuste.

La alternativa para evitar la repetición de un nuevo ajuste tradicional requiere obtener los recursos entre los sectores que en los últimos años aumentaron su riqueza y su participación en el ingreso: los grandes grupos económicos extranjeros y locales, los acreedores externos, las personas físicas de altos ingresos, los grandes evasores y los corruptos.

  1. Se considera Pymes (en realidad micro, pequeñas y medianas empresas) a las firmas industriales de comercio y servicios de hasta 50 personas ocupadas. Se computan sólo los rubros de servicios personales, por lo que no se incluyen los servicios públicos privatizados ni los servicios financieros.La definición de "empresa pequeña y mediana" es objeto de debate metodológico. El Ministerio de Economía ha adoptado como clasificación una fórmula polinómica que toma en cuenta tres atributos: personal ocupado, valor de las ventas anuales y valor de los activos productivos ( Resoluciones Nº 401/89 298/93 y 52/94). El criterio del Ministerio de Economía es más abarcativo que el utilizado en esta nota.
  2. El Cronista, Buenos Aires, 26-3-99.
  3. Francisco Gatto, "Las pequeñas y medianas empresas en el 2000"en Las Pymes. Clave del Crecimiento con equidad, Socma, 1998.
  4. La devaluación brasileña afectó con particular intensidad a las empresas de pequeña y mediana dimensión, ya que las grandes empresas tienen mayores recursos y vías alternativas de acción para afrontar esta desventaja relativa. Salvatore, N. "Impacto de la crisis brasileña en los sectores de actividad económica" , Realidad Económica Nº164, 1999.
  5. Bernardo Kosacoff y Andrés López, "Cambios organizacionales y tecnológicos en las pequeñas y medianas empresas" en Las Pymes. Clave del Crecimiento con equidad, Socma, 1998.
  6. En la Argentina han desembarcado y están en plena expansión los gigantes de la comercialización minorista mundial. Entre ellos, los dos más grandes: Wal Mart de EE.UU., con ventas por 160.000 millones de dólares anuales y Carrefour-Promodes de Francia, con ventas por 78.970 millones.
  7. "Grandes Empresas en la Argentina 1993-1997 ", Indec, 1999. Ver asimismo Ismael Bermúdez, Sebastián Campanario, "El good bye a las empresas nacionales" , Clarín, Suplemento económico, Buenos Aires, 12-9-99.
  8. Pablo Ferreira, "Superganancias de las empresas en la mira" , Página 12, Buenos Aires, 12-8-99.
  9. Alberto Ford, Política industrial y pymes, Mimeo, 1999.
  10. Guía de Políticas de la Alianza. mayo de 1999.
Autor/es Leonardo Bleger
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 4 - Octubre 1999
Páginas:26, 27
Temas Agricultura, Deuda Externa, Mundialización (Economía), Neoliberalismo, Estado (Política), Políticas Locales
Países Argentina, Brasil, Francia