Le Monde diplomatique ÍndicesBúsquedaEste cdAyuda  
Home

Reformas en Irán

El enfrentamiento en la sociedad iraní entre las interpretaciones conservadoras del islam, representadas por el alto clero shiíta y las interpretaciones reformistas encarnadas en el presidente Mohamed Jatami, es crucial para ese país y para todo el mundo musulmán. El avance de los reclamos contra la teocracia islámica consagrado en las últimas elecciones parlamentarias surge fundamentalmente de las jóvenes generaciones educadas por el régimen surgido de la revolución de 1979.

Un aire de libertad sopla sobre Irán desde la aplastante victoria del Frente de la participación en las elecciones legislativas del 18 de febrero de 2000. Se calcula que el 70% de los escaños del próximo Parlamento corresponderán a reformistas partidarios del presidente Mohamed Jatami. Luego de los triunfos de las elecciones presidencial en mayo de 1977 y municipal, en marzo de 1999, este maremoto confirma la intensidad del reclamo de cambio que manifiesta la sociedad veintiún años después de la revolución islámica.

En este sentido, los acontecimientos que se desarrollan en Irán, un país de 66 millones de habitantes, tienen importancia planetaria y conciernen muy directamente al conjunto del mundo musulmán, esa enorme media luna que va de Marruecos a Indonesia, de Kosovo a Nigeria, y que abarca a más de mil millones de personas.

Nutridas de igualitarismo, tercermundismo, antisionismo y hostilidad a Estados Unidos, las ideas universalistas del islam iraní se difundieron por todo el mundo musulmán a partir de 1979. En todos los países, y especialmente en los sectores más desfavorecidos, Teherán trató de instaurar redes de activistas y propagandistas para promover la conquista del poder por los islamistas. Irán aspiraba así a llegar a liderar un islam moderno, político, combatiente y militante, opuesto al tradicionalismo conservador de Arabia Saudita.

Ese proyecto fracasó. Y el régimen revolucionario se encuentra en plena confusión en su frente interno. Vilipendiado debido a la generalizada corrupción, denigrado por la amplitud del desastre económico, desgarrado por graves enfrentamientos internos, desacreditado por sus excesos en la represión y atacado por su conformismo reaccionario en el terreno de las costumbres. Sus tres grandes éxitos son de orden social: los desheredados se vieron favorecidos por el impulso de la revolución; también educativo: campañas de alfabetización, generalización de la enseñanza gratuita, más de 2 millones de estudiantes, en su mayoría mujeres, en la enseñanza superior y, por último, democrático: las elecciones de mayo de 1997, marzo de 1999 y febrero de 2000 se desarrollaron en condiciones de transparencia irreprochable.

Paradójicamente, estos tres logros agravan el descrédito del régimen. Transformadas en profundidad, educadas, politizadas, las jóvenes generaciones formadas por el nuevo régimen son las primeras en manifestar su frustración respecto de la revolución islámica. Una vez más se verifica la célebre constatación de Alexis de Tocqueville:

"Las grandes revoluciones que triunfan hacen desaparecer las causas que las habían producido, y su mismo éxito las vuelve incomprensibles"1.

Las mujeres, los jóvenes, los intelectuales, el conjunto del campo de los reformistas, exige una revolución en la revolución. A su modo, el presidente Mohamed Jatami hace pensar en Mijaíl Gorbachov, cuando a la cabeza de la Unión Soviética reclamaba transparencia (glasnost) y reestructuración (perestroika) para el régimen surgido de la revolución de 1917.

Los partidarios de Jatami tampoco reniegan de los acontecimientos de 1979, ni sueñan en absoluto con una restauración. Le dicen "no" al régimen de los mollah porque se oponen a que el clero shiíta, incapaz de dar al país un nuevo impulso, confisque la revolución. Y porque están hartos de la teocracia actual.

La impugnación del carácter teocrático de la República islámica está en el corazón del debate entre conservadores y reformistas2. Lo cual concierne al conjunto del mundo musulmán. Los reformistas sostienen que la institución del Velayat Faguih (literalmente magisterio del jefe religioso), que establece que la autoridad de un "Guía supremo" no elegido (actualmente el ayatola Ali Jameini) está por encima de la autoridad del Presidente elegido en las urnas, no tiene legitimidad divina. Esta posición no es sostenida solamente por los laicos, sino también por muchas personalidades religiosas de primer nivel, que temen que el islam padezca la impopularidad del régimen y que en útlima instancia sea responsabilizado de sus fracasos. Las mezquitas empiezan a vaciarse y el clero es maldecido.

En este contexto, los reformistas hicieron campaña por el fin del todopoderío del dogma religioso, la instauración de un Estado de derecho, el multipartidismo, la libertad de opinión, el derecho de intelectuales y creadores a la crítica, la ampliación del acceso de las mujeres a puestos de responsabilidad en las altas instancias administrativas y políticas. No sin riesgos, se manifestaron en cientos de nuevos diarios y revistas que dan testimonio de una efervescencia intelectual y de una abundancia creadora formidables.

En materia económica los proyectos son más vagos, aunque la situación es alarmante, con un 20% de la población activa desocupada, más del 50% de la población por debajo del nivel de pobreza y una deuda externa de 22.000 millones de dólares. Unos son partidarios de preservar un sector de Estado fuerte, en especial el de los hidrocarburos, mientras que otros promueven la privatización de las empresas nacionalizadas e incluso la liquidación de los monopolios estatales en el correo, los transportes, las telecomunicaciones, la energía y el tabaco. El campo reformista está unido contra los conservadores pero dividido en cuestiones esenciales.

De modo que la suerte no está ni remotamente echada. Los conservadores, liderados por el Guía supremo Ali Jamenei, conservan su predominio en el poder judicial, los grandes medios masivos de comunicación (televisión y radio), el poder económico y las policías, las fuerzas armadas y las milicias paramilitares.

No se puede excluir un enfrentamiento entre ambos campos. Jatami y sus partidarios reformistas tendrán que recordar que la experiencia enseña que el momento más peligroso para un gobierno que sale de un largo período de conservadurismo suele ser aquél en que empieza a modificarse.

  1. Alexis de Tocqueville, L"Ancien Régime et la Révolution, Bilbiothèque de la Pléiade, Gallimard, París.
  2. Ver Eric Rouleau, "Irán: la modernidad al acecho del Islam", Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, agosto de 1999.
Autor/es Ignacio Ramonet
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 9 - Marzo 2000
Páginas:40
Traducción Marta Vassallo
Temas Sexismo, Deuda Externa, Discriminación, Estado (Política), Geopolítica, Movimientos Sociales, Políticas Locales, Islamismo, Educación
Países Estados Unidos, Marruecos, Nigeria, Indonesia, Francia, Arabia Saudita, Irán