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Vivir sano es un derecho

Mientras la desregulación de las obras sociales pone en evidencia los intereses de los distintos sectores en el "negocio" de la salud y la mercantilización de la medicina convierte a la atención médica en un servicio fast food, el Hospital de Pediatría S.A.M.I.C. (Servicios de Atención Médica para la Comunidad), "Profesor Dr. Juan P. Garrahan" es un ejemplo concreto de lo que significa "distribuir la riqueza de manera solidaria", manteniendo un alto nivel de calidad y eficacia, que contrasta con el deterioro de los demás hospitales públicos.

Héctor y Zulema vienen de Jardín de América, provincia de Misiones. Su hija, Jennifer Jacqueline, tiene apenas un mes y sufre de un problema en el corazón. Llegaron a Buenos Aires con la ayuda de la Casa de la provincia, pero él debió dejar su trabajo y quedó desempleado. Ahora viven de los pocos ahorros que les quedan y de una comida diaria que les ofrece el hospital. Sin embargo, la atención recibida de parte de los médicos y enfermeras del hospital Garrahan mantiene viva su esperanza.

A fines de los años ´60, un grupo de profesionales del Hospital Ricardo Gutiérrez, conducidos por Carlos Gianantonio, propuso crear un modelo hospitalario diferente para la atención médica infantil. Ese proyecto comenzó a realizarse en 1974, cuando se colocó la piedra fundamental del gigantesco hospital de 110.000 metros cuadrados emplazado junto a la ya vacía cárcel de Caseros. Luego, la dictadura militar concluiría la construcción del edificio con toda su tecnología, pero el hospital permaneció cerrado hasta su inauguración oficial por Raúl Alfonsín, el 25-8-1987, como centro público de referencia para la atención de la alta complejidad pedíatrica, la docencia y la investigación, para atender la demanda de todo el país.

La nueva institución buscaba ofrecer una propuesta de salud pública superadora, que incluyera un modelo de gestión diferente tanto en lo administrativo como en el ámbito de la médicina. La ley Nº 17.102 que preveía la descentralización administrativa le posibilitó gobernarse a sí mismo y usar su presupuesto de manera autártica, escapando a los avatares políticos e involucrando a sus miembros de manera directa. Se seleccionó por concurso un grupo de profesionales identificados con el nuevo proyecto, remunerados con salarios relativamente altos y que cumplen horarios de ocho horas, evitando las superposiciones con distintos establecimientos, un calvario laboral que conoce la mayoría de los médicos, enfermeros y docentes públicos argentinos.

El otro desafío consistía en mantener una relación empática con el paciente y su familia en un hospital de alta complejidad. En primer lugar, el hospital tiene como principio fundamental ser totalmente gratuito. Si un paciente tiene cobertura social, se encarga luego de cobrar el servicio, pero jamás le exige dinero. Por otra parte, ante la progresiva despersonalización de los pacientes, fragmentados por la especialización que permiten los progresos tecnológicos, un enfoque cada vez más pequeño, y una mercantilización que persigue exclusivamente la ganancia olvidándose de la persona1, el hospital decidió abandonar la organización de salas por aparatos o enfermedades, evitando aislar a los niños. La atención se centra entonces en un clínico pedíatrico, quien sintetiza la tarea de los especialistas y aporta una cara conocida a las familias que enfrentan situaciones desesperantes. Las internaciones, que cuentan con 448 camas, se realizan por cuidados progresivos, según el nivel de complejidad y necesidad de los pacientes y son los especialistas quienes van a ellos. La atención ambulatoria incorporó el hospital de día, que funciona de 8 a 20 horas y permite, además de una racionalización de los recursos, que los chicos que requieren tratamientos prolongados -como los oncológicos- puedan realizarlos durante la jornada y retornar a sus casas, manteniendo el vínculo con sus familias y su vida personal, facilitando así la recuperación.

El Garrahan se destaca por ser un centro internacional de referencia. En su corta historia, el hospital ha desarrollado proyectos de investigación de vanguardia, como el desarrollo de la transfusión de sangre de cordón umbilical para transplantes de medula ósea y la creación de un banco de sangre de cordón2. El Banco de homoinjertos -en el que se guardan válvulas cárdiacas para transplantar a chicos con enfermedades cardíacas graves- el banco de huesos y el Bioterio (centro de investigación experimental) forman parte de esos desarrollos. El año pasado un grupo de médicos del hospital realizó el primer transplante pedíatrico cardíaco en un hospital público de la Argentina3.

El hospital también instrumentó una red de interconsulta médica vía fax o modem con 50 hospitales del país y un servicio de telemedicina para agilizar el diagnostico y tratamiento, evitar la derivación exagerada y el desarraigo de los pacientes. Además, con el apoyo de su fundación ya capacitó a más de 8.000 profesionales, que completan sus prácticas en hospitales del interior del país.

El resultado es útil para los pacientes y para el cuerpo médico, que según el director médico ejecutivo Luis Alberto Dal Bó ha perfeccionado su capacidad de trabajo en equipo. Lo cierto es que varias fuentes del hospital se refieren a la mística que se percibe en sus pasillos y que se traduce en una mayor entrega hacía la institución y sus pacientes.

"Quedarse quieto es retroceder"

Pero el Garrahan no escapa a la realidad de ajuste que vive el país. Todos los años emprende una lucha para aumentar su presupuesto, que en un 70% debe destinarse a salarios y deja poco margen para los avances tecnológicos, la investigación y la docencia. Ello no impidió que el nuevo consejo de administración, en una de sus primeras medidas intentara aumentarse el sueldo de 6.000 a 8.800 pesos, aunque tras una denuncia de la Asociación de Profesionales del hospital y la consecuente movilización del personal debió dar marcha atrás. En el 2001 el hospital recibirá aproximadamente 85 millones de pesos por parte del gobierno de la Nación y el gobierno de la Ciudad Autonóma de Buenos Aires, lejos aún de los 102 millones que reclama para poder cumplir sus proyectos y de los 95 millones que considera necesarios para seguir funcionando normalmente. Desde 1997 el Garrahan recibió aproximadamente 80 millones por año y cubrió su deficit gracias a un colchón financiero, resultado de ahorros anteriores, que de a poco se va consumiendo. El hospital también mantiene una deuda a su favor de 27 millones de pesos por parte de las obras sociales4. Los recortes afectarían entonces el reequipamiento, el mantenimiento y las obras civiles, como la refacción del techo del edificio que ya presenta numerosas filtraciones. No está en peligro el funcionamiento básico del hospital, pero sí su progreso. "Los establecimientos de alta complejidad se mueven frente a un horizonte que se desplaza todos los días, quedarse quieto implica retroceder" afirma Dal Bó.

Para la Asociación de Profesionales del Garrahan es necesario replantear la autogestión. El hospital debería fijar objetivos presupuestarios de largo plazo, tener mayor creatividad y usar mejor sus recursos. Aseguran que el límite son los sueldos y la calidad del servicio. Si se tocan esas variables, la base sobre la que funciona el Garrahan se derrumba. Pero la decisión final sigue siendo política, pues cuanto más problemas resuelve el hospital, más gente se puede atender. El objetivo no es, por supuesto, restringir la entrada.

Es que el nivel de pacientes y de complejidad no se detiene, sobre todo cuando la atención primaria no cumple su papel de prevención. Iván tiene trece años y está afectado por un tumor cerebral. Hace cinco años vino por primera vez al Garrahan y su situación mejoró, pero su mamá Adelma cuenta que es la quinta vez que tienen que volver porque en el servicio de la localidad José C. Paz, donde viven, los médicos cambian constantemente y hasta han extraviado la historía clínica. Finalmente Iván términa recayendo y vuelve al Garrahan para que le hagan un nuevo seguimiento. Desde 1993 a 1999 la cantidad de consultas por año pasó de 204 a 262 mil.

Asistencia a los más desprotegidos

"La fundación existe para ayudar a sostener una población de alto riesgo que realmente está viviendo situaciones límites" señala Fernando Matera, presidente de la Fundación Garrahan. Creada el 21-3-98 para apoyar las tareas de investigación científica y de capacitación de recursos humanos, la fundación tuvo una participación muy importante tanto en las tareas de docencia, como en el desarrollo de cirugía experimental en trasplantes y en el equipamiento del bioterio, además de editar la revista Medicina Infantil. Pero su mayor orgullo es la Casa Garrahan. Este establecimiento, inaugurado en marzo de 1995 gracias al aporte de más de 200 empresarios y particulares, aloja a los chicos menores de 16 años y sus mamás que no tengan recursos, vivan a más de 100 km. de la capital y reciban tratamiento en el Garrahan, el hospital Gutiérrez o el Pedro de Elizalde. Sus 30 habitaciones están equipadas con dos camas, armarios y baño privado y tienen acceso a cocina, lavadero, sala de juegos, patio y biblioteca. Cada habitación se financia gracias al patrocinio de una empresa o de un privado. En la Casa trabaja un grupo de mujeres voluntarias que atienden con gran dedicación a los chicos y sus madres. Mientras su hijo, quien recibe un tratamiento oncológico, juega en el patio, Luisa, de la localidad de Lincoln, afirma que "siempre hay un hombro donde apoyarse… nos enseñan a cocinar, a cuidarse, a lavarse…". Esto podrá parecer extraño, pero el 40% de los niños menores de 6 años de la Argentina carecen de un baño instalado en sus hogares5.

Consultado sobre la reforma de la salud, Matera responde que el problema es muy simple: "la salud o es un bien, o es un derecho".

  1. Pedro de Sarasqueta, "La pediatría todavía resiste", Clarín, Buenos Aires, 9-10-00.
  2. La Nación, Buenos Aires, 19-10-00.
  3. La Nación, Buenos Aires, 4-10-00.
  4. Pablo Rosendo González, "S.O.S. Garrahan", 3 Puntos, Nº175, Buenos Aires, 2-11-00.
  5. Alejandro M. O" Donnell, "Pobreza y Salud", Medicina Infantil, Buenos Aires, marzo de 2000.
Autor/es Pablo Stancanelli
Publicado en Edición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 21 - Marzo 2001
Páginas:13, 14
Temas Deuda Externa, Neoliberalismo, Derechos Humanos, Políticas Locales, Salud
Países Argentina